Un cuento para época de veda

Eleno

 

Érase un joven macho de perdiz que, en una calurosa mañana de octubre, fue desalado de un disparo mientras intentaba cruzas a la otra orilla de aquel río que hacía frontera natural con el país vecino. Cayó de costado en el agua de donde salió a nado escondiéndose después entre las las pizarras de la orilla. Aquello dificultó la búsqueda durante largo tiempo y jamás hubiese sido localizado si el viento no hubiese dejado de soplar hacia el agua, llevando su olor ahora a tierra donde los perros buscaban sus emanaciones.

Érase una mañana neblinosa de mediados de febrero. La niebla estuvo presente durante toda la noche y aún permanecía después del amanecer. Fue tornándose más liviana cuando el sol hizo presencia por el cerro que dominaba la atalaya en la que había sido colgada la jaula de aquel pollo de perdiz.

Al ser liberado de la cobija que impedía su visión permaneció quieto. Únicamente movía los músculos del cuello para observar a su alrededor y orientarse de la ubicación. La niebla le hizo recordar algunas mañanas de finales de septiembre cuando careaba por el fondo del valle hacia el río. Le hizo recordar cuando subido en lo alto de las pizarras dirigiéndose a sus hermanos les hacia saber que él quería ser lider.

Aquella idea le liderazgo nunca se le fue de la cabeza y viéndose en similiar paraje en lo alto de una piedra tapada por jaras quiso conquistar el territorio que tenía a la vista, poco territorio era y por ello salió con cortas embuchadas reclamando para él la tierra que le rodeaba:

. Desde esta postura reclamo para mi esta heredad.
. ¿Hay alguien que reclame ser titular de este cerro?
. Desde ahora soy dueño y señor de estos pagos, desde mi postura hasta donde alcanza mi voz.
. Si alguien la quiere para sí tendrá que retarme. No consentiré ser expulsado de esta tierra. Tierra que quiero para mí y para la perdicilla que escuchando mi llamada quiera acompañarme.

Se dio cuenta aquel pollo que perdigón alguno escuchaba sus reivindicaciones o que escuchándolas ninguno osó retarle, por lo cual se atrevió a la ampliación del, hasta entonces, su pequeño dominio. Comenzó a elevar su voz para interpelar a sus posibles oyentes, si es que lo hubiera, que diesen explicaciones de su oposición al nuevo propietario. Al no escuchar resistencia alguna a tal exploración tomó apoderamiento del lugar.

. Ya que nadie reclama el derecho a esta propiedad, pasa a ser mi jurisdicción.
. Ya que si alguno escucha mis imposiciones y no da la cada es que ha quedado claro quien manda.

La confianza en sí mismo crecía la mismo ritmo que la niebla se esfumaba por el calorcillo del sol que encontraba ayuda en la ligera y fresca brisa. Al desaparecer por completo la niebla, la visión que tenía aquel pollo de perdiz, desde su colgadero, se extendía a muy larga distancia. Se dio cuenta que su reino tenía jaras suficientes para ofrecer cobertura ante las rapaces y que frente al jaral se abría una enorme siembra de trigo que daría proteccióna un futuro nido y alimento suficiente para él y su familia. Pero desde su elevada posición vio que faltaba agua. giró su cuerpo lentamente y se dio cuenta que había una charca al Oeste de su linde, pero estaba fuera de la tierra conquistada, ello le hizo reanudar su trabajo con cantos de mayor utilizando para ello todo el aire que sus pulmones podrían contener.

. Reclamo la soberanía y por tanto, impongo mi mandato en este mi reino, que desde este momento tiene sus lindes por el Norte con el final de la siembra, por el Sur con los cabezos del río, por el Este con la cañada y por el Oeste con el primer bujío, lo que incluye la orilla Este de la charca.

Era necesario tomar posesión, al menos de una de las orillas. Sabía que sin agua su reino no tendría valor alguno. sin importarle el coste que ello conllevara repitió una y otra vez la toma de posesión. Sentía un enorme cremimiento emocional tal como lo sentiría un consquistador español al desembarcar en el nuevo mundo.

En la lejanía, a este lado del cordel que durante muchos años sirvió de vía trashumante, un arrogante macho de perdiz reclamó sus bienes a quien indebidamense se habría apropiado de ellos. Sorprendido el pollo, invasor a todos los efectos, mantubo estática su figura. Silenció durante un corto espacio de tiempo para escuchar. Por identico comportamiento optó el nativo. Se alternaban los curicheos con silencios. La batalla, en un principio, fue dialéctica intentando las dos partes evitar el enfrentameinto cuerpo a cuerpo dejando esa opción como último recurso.

En medio de la contienda se escuchó el acelerado reclamo de una hembra de perdiz.

. Go… go… go… pronunció el pollo, invadido por la intensa emoción al escuchar a la perdicilla, mientras dio un giro en su jaula al darse cuenta que la nueva tierra tenía una hembra. Eso le hizo engallarse pues ahora tendría que exponer aún más razones en el litigio.

El oriundo pájaro piñoneaba para hacer saber a su atacante que tenía bien puestos sus espolones y para sujetar a su compañera. Con los mismos argumentos era contestado desde aquella piedra rodeada de jaras emitiendo, algunas veces, con más suavidad los piñones, simulando besitos, para atraer a la hembra.

La hembra, que lógicamente por no estar aún apareada, no tenía intención alguna de quedarse con un macho o con otro. Su verdadera determinación era quedarse en ese territorio fuese quien fuese el propieterio. Por ello se vino hacia el lugar desde el que se pretendía usurpar.

Se escucharon los atropellados cantos de la hembra a corta distancia del colgadero, lo que provocó el imperativo silencio ordenado por el pollo.

. Gooo, goooo, goooo. Silencio.
. Gooo, goooo, goooo. Calla, silencio. Te ordeno silencio.

La imposición de enmudecer no era por machismo, no era por disciplinar al otro sexo, no era por autoritarismo. La preocupación del pollo es que a los reclamos de ella pudiesen acudir, además del titular, otros machos. Por ello ese afán de ocultar sus manifestaciones sonoras.

Con requiebros zalameros sobre sus intenciones y alabanzas fingidas intentaba una y otra vez atraerla hacia él. Utilizaba suavísimos curicheos alternos con piñones:

. Ven junto a mi. No seré tu amo, tu serás la reina.
. Seré tu guardaespaldas. Defenderé para ti esta tierra de cuantos quieran invadirla.
. Ven junto a mí. Cuando te veas amenazada por el halcón yo volaré para llevármelo lejos de ti y de los pollos.
. Desde mi atalaya velaré noche y día tu tranquilidad durante la incubación. . Comprobaré si está libre de depredadores el camino que lleva al abrevadero.
. Ven junto amí. No descansaré y ni desfalleceré por vuestra seguridad.
. Él no te está defenciendo. No le importas nada. Ha dejado que vengas a buscarme y sigue allí eludiendo la pelea.

En medio de aquel arrullo se presentó el, hasta ese momento, consorte. Pájaro éste curtido en multitud de batallas. Pájaro que bajo sus plumas llevaba antiguas cicatrices de espolonazos. Se presentó arrastrando el ala derecha, con sus plumas romas por los continuos roces en el suelo durante las batallas por la supremacía del bando familiar, por el caudillaje del bando de invierno, por la conquista de sus domisnios. Entró belicoso hasta el punto que al joven se le doblaron sus patas en amago de aplastarse. Con las plumas ahuecadas luciendo el flanco izquierdo como el cabo luce su banderín en el cañón de su fusil al entrar en combate. Se mostraba enfadado, rijoso presto a la lucha cuerpo a cuerpo.

La hembra, que hasta entonces, se mostraba simulando desinterés y apatía corrió a colocarse pegada a la cola del que ella suponía vencedor al final del combate.

El imponente macho se dio cuenta que no tenía rival. El responsable de semejante altercado silenciaba. El pollo no terminaba de aplastarse pero tampoco conseguía ponerse erguido. El macho altivo por su triunfo se machaban léntamente del campo de batalla convencido que allí quedaba derrotado su rival.

Mientras, el tiempo permanecía quieto, el sol se paró no queriendo ponerse tras la encina y dar sombra a los sentimientos del joven que se veía desprovisto de unos acontecimientos que no fueron más que ilusiones. Veía como a paso lento se alejaba la que pudo ser su compañera. Su pequeño cerebro no se atrevío a defender su futuro pero no queriendo tener un porvenir errático su corazón le hizo ponerse en pie y lanzan una ahuecadísima embuchada que hizo volverse al salvaje hacia él, esta vez sin arrastar su ala se colocó junto a la piedra que sostenía al joven y comenzó de forma alocada a afilarse el pico mientras de reojo miraba como subir y expulsar para siembre de sus dominios a quien nunca debió estar allí. De un salto y ayudado por sus alas sonsiguió subir y colocarse al lado. El joven nos se amedrentó y tanto el uno como el otro se tiraban continuos picotazos mientras se grilleban el uno al otro. En uno de esos picotazos Goliat perdió el equilibrio cayendo al suelo, flexionó sus patas para, de nuevo, impulsarse a subir cuando sonó en las cercanía un estruendo quedando el berraco inerte para siempre a los pies de David, que no escuchó nada dado que su mente estaba inmersa en el combate, continuó con su grilleo transformándolo poco a poco es un casi imperceptible curicheo. Se dio cuenta que había ganado la pelea y que aquel primer miedo no era más que el miedo que invade a los valientes. Ahora realmente si era el REY de SU territorio.

Tan absorto se encontraba en su victoria, que se hacía interminable el epitafio dedicado a su rival en el que incluia el debido respeto hacia el vencido. Fue la llamada de la hembra el único acontecimiento que fue capaz de sacarlo de su idílico momento, instante éste en que los relojes del munco volvieron a ponerse en marcha y el sol pudo continuar su lento camino por detrás de la encina.

El responso había sido tan poco audible que la hembra, desde la siembra, no había escuchado nada después del trueno. Por el motivo de no saber nada de lo que acontecía, ella suponía un resultado opuesto a la realidad y sumergida en su imaginción, dándo por terminada la discusión, llamaba a su consorte despreciando al supuesto vencido.

Al escucharla el pollo lanzó al viento unos largísimos cantos de cañón para comunicar al mundo su victoria a la vez que le manifestaba a ella su intención de celebrar esponsales dado que aun permanecía en estado de soltería.

La hembra callaba mientras se desplazaba hasta colocarse detrás del pulpitillo y permanecer allí en espera de acontecimientos. Él la buscaba con reclamos y curicheos, hasta verla ahora subirse en una piedra a su izquierda. Hecho un ovillo al verla cerca de él giró varias veces en la jaula picando la esterilla mientras la invitaba a grano, lo que aceptó dirigiéndose, muy espigada, hacia el colgadero. Una vez estuvo en el lugar al que era llamada voló inmediatamente para llevarselo con ella emitiendo el pichoooo, pichooooo…. Al comprobar que no la seguía tomó tierra a los pocos metros reclamando desde allí siendo mandada a callar cada vez que lo llamaba. Los piñones se intercalaban con suaves curicheos haciendola dirigirse al pollo nuevamente para antes de llegar a él correr hacia la piedra que antes le sirivió de percha. Los regaños eran cavez más frecuentes. Ella continuamente finguía acercarse para posteriormente volar o correr de un lado a otro sin aquerenciarse junto al pretendiente. Él cogió, con el pico un trocito de jara y titeando de forma continuada le decía:

. Ven junto a mí. Te hago entrega de este presente en señal de nuestra unión.

Ella no se movía permaneciendo embolada. Al darse cuenta que no aceptaba el ofrecimiento, nuestro protagonista optó por simular un desprecio dándole la espalda, ignorándola y cantando por alto para hacerla creer que buscaba otra hembra abandonándola a ella. A esa hembra no le importaba que su pareja fuese un macho u otro. Su interés era quedarse en aquel territorio y ese era el motivo de no poder consentir la presencia de otra. Ese fue el detonante que le hizo bajarse con rapidez y dirigirse presurosa junto al apuesto perdigón pero al comprobar que los arrumacos volvian a ser hacia ella corrió hasta internarse en el jaral haciendo pequeñas asomadas simulando desinteres, poniéndose dura y correosa, haciendo trabajar a quién tuviese la idea de desposarla. El pollo comenzaba a desesperarse y cuando la perdía de vista pensaba que no sería capaz de atraerla y se le ocurrió que sería mejor seguirla y comenzó a dar saltos e intentar meter la cabeza entre los barrotes que impedian su salida calmándose cada vez que hacía alguna aparición en el claro.

Se acordó de cuando era pollo y correteando tras los saltamontes no escuchaba las llamada de su madre ésta ahucando las plumas lo llamaba con cloqueos para arroparlo. Como último recurso opto por reclamarla de esa forma consiguiendo con ello que se colocase rendida a los pies del trono del un verdadero REY quedándo allí para siempre mientras él continuaba con sus cloqueos hasta darse cuenta de su situación victoriosa y pasó por todo lo alto a comunicárselo al mundo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.