Abrazo de la muerte

Hidalgo Reyes

 

Allá cuando el sol se hamaca. Entre los árboles altos hay un saludo de mirlos, de calandrias y de icanchos y salen a espiar las siestas las chuñas y los lagartos y el carpintero golpea en los trocos su cansancio.

Arriba, el cielo, las nubes, la cima que el viento talla, la flor del aire y los nidos columpiándose en las ramas. Abajo, los valles verdes, las oscuras hondonadas, los caminos polvorientos perdiéndose en lontananzas. Y le sombrean las crenchas de los quebrachos, las faldas y los cardones sus brazos, en muda oración levantan. En tanto el silencio rompe la voz rural de las vacas y el confuso griterío de las cotorras espantadas (parte de un poema de dalmiro coronel lugones)…

Y me encuentro en silencio en ese maravilloso mundo gutural del bosque yo, mi caballo y mi perro Buey. Trilogía suficiente para desandar el monte del pago, buscando a la mora con cría que hace días que no vuelve al rodeo, seguro que al ver débil al ternero en monte sucio y tupido sea quedao. Cuando la tarde se va durmiendo renace la sombras, y el crespín anuncia el manto de estrellas de la noche que va venir. Una noche más, a la luz del sereno, mientras un leño arde, carcajadas de fuego, tormento del silencio, mate amargo pa un solitario del tiempo.

La quietud se despierta con luz del alba, parece que será el día un infierno de fuego. Me pongo en movimiento, desando la picada del oso, larga como el tiempo. Busco huellas de la mora y su cría y nada, será que fue a un jagüel del monte que está más al sur, me decía como pa asegurarme en la búsqueda y quede pensando… Vuelvo a mi realidad… será en cuanto tiempo 15, 20, minutos como ido no sé pero… Buey no estaba. Sigo por la picada, clavo la mirada al piso y encuentro lo que buscaba, rastro de la mora y su cría, digo esto porque la pata delantera izquierda punta de pezuña rota, era la mora, y estaba a 25 km del puesto, más o menos.

Sigo más adelante; veo rastro de leona con cachorros jugueteando en todo el sitio. Trato de entender el lenguaje de huellas, mapa futurista del campo… todo va y todo viene… veo a la distancia… el viento norte baila un guayra —muyo de presentimientos—. Y luego, a lo lejos se escucha un torido de perro, a que cuchi a parao, mi Buey (dogo con mastin)…??? Sera majan o lion? Qué será? apuro a mi tobiano, cuando falta unos 200 m me apio, y ato al caballo. Manoteo mi Winchester 44 y el caronero con mango de plata del agüelo (120 años de antigüedad, hermoso recuerdo) y dentro al monte, ahí nomas la encuentro a la mora lastimada y al ternero muerto, mierda de rabia… busco el barullo más adelante, me paro y escucho… era Buey peliando en silencio… león carajo!!! bramido terrible del gato.

Otra disparada por medio del chaguar y garabatos… más adelante… Buey le corta la salida al árbol. No queda más que abrazarse con el gato… atropella el perro… al cogote… pega un salto el león… y otro y otro… Yo quedo enganchao en un churqui, monte sucio, todo pa 4 pies, espectador en ese momento, no era pa tiro, prudente con mi perro, conozco lo capaz que es… mi Buey… alma corazon y vida… Vamos Buey… TA TA TA TA TA… PECHE CARAJO… PECHE TA TA TA… MATE AL LADINO. VAMOS BUEY META DIENTE NOMAS… MATE MATE… TA TA TA TA.

Y así nomás fue, Buey no soltó, bien agarrao del cogote al león. Solamente tenía Buey: dos manotazos en la panza, como grietas, que curé con la peonada y todos los mimos al gran gladiador. Salvo a la vaca, y hoy sigue en el campo, respetado y querido por la peonada como El Gladiador que mató al león.


Abrazo de la muerte: Porque este gato cuando pelea (cuerpo a cuerpo) y se ve disminuido suele pelear de espalda, pa desgarrar la parte baja del perro y destripar, un dogo paleador, se afirma bien al cuello del gato y se coloca perpendicular a su víctima y evitar de esa manera las garras traseras del felino. Esta forma de pelear del Dogo se enseña, para este tipo de caza.