Cazador ciego con perro blanco

Hidalgo Reyes

 

Y digo: «Allá donde el sol se hamaca, entre los árboles altos hay un saludo de catas de calandrias y de icanchos y salen a espiar las siestas las chuñas y los lagartos y el carpintero golpea en los troncos su cansancio, es el verde país milenario del bosque de mi pago».

Con la mañana fresca me levanto. Yango (dogo) como presintiendo ya despierto, ya esperando, anuncia con su cola una montería, un presagio. Despacio voy armando el avío porque la jornada será larga; rumores de león (puma) “come cabras” llegan al paraje de San Antonio, ayer llegó de paso el Chiqui, trampero, con cinco perros “cuscos”, todos medianos de la zona, como quien descansar y comentó que hace mas de un mes que viene siguiendo al maldito gato, todos están alborotados porque le esta haciendo mucho daño a la majada y corrió la voz del hombre con el perro blanco de la escuela.

Esa noche me invitó a participar, que gustoso acepté, pero que lleve el perro blanco. Luego de unos cuantos mates partimos a caballo, yo repasando mentalmente mi arsenal, un puñal, un colt 38 largo ”Caballito”, el silbato (de baja frecuencia infrasonido llamador) y mi Yango ,que me seguía pacíficamente al lado como paseando. Los otros perros adelante como en abanico ocupando toda la picada. No era de extrañar anoche nomás ya se hizo respetar, porque Yango echado ni se movió cuando llegó el Chiqui y su jauría, solo los miro y cuando dos perros quisieron olfatearlo apenas hizo un pequeño gruñido y se terminó la joda. Luego reposó su cabeza en mi rodilla como buscando aprobación y se echó al lado mío en su mundo. ¡Capo ese blanco, ¿no?! ¡Hay, no sé!, le conteste al gaucho. Todo eso recordaba como una manera de acortar los 8km de trayecto hasta la trampa bien disimulada para el ladino.

Luego de una hora más o menos ya estábamos cerca, se deja los caballos bien atados bajo la sombra de un quebracho. Los perros ya cambiaron de actitud, Chiqui Montes me dice que algo pasa porque los cuscos van y vienen, apure, me parece que está trampiao el bicho. Comenzamos a gatear largo tiempo en semejante fachinal; solamente de a cuatro pies se podía andar, de los perros no sé dónde andaban, de a rato me paraba para secarme y refregar los ojos lleno de transpiración, muchas veces, y no se escuchaba nada.

Llegamos al lugar; era una pequeña senda de corzuela bien rastrillada. Cerquita de un polear había estado colocada la trampa, que el león la arranco; mano derecha le prendió toda la lectura, me cantaba Chiqui en voz muy baja, luego se vio cómo pegó el salto y todo lo que desmontó. La trampa, muy resistente, tenía un chicote de cadena de metro y medio y en la punta un perno de 15cm para que en la corrida por el monte sucio se agarre en alguna horqueta o tronco seco y termine su viaje. Luego comenzamos a rastrear, visible era el rastro de la cadena y su perno, perfecta la marca que nos llevaría al lance final. De estar se escuchó lejos los toridos, apuramos el paso y Chiqui, en la gateada, ya me sacó como 50m y lo perdí; porque me quedé ciego, imposible carajo y mil puteadas no puede ser, decía; un ardor irresistible en los ojos que me hacia llorar y no podía ver nada. Lo peor, no podía avisar porque era importante el silencio; el ladrar del perro sí; voz de humano no tolera; el gato se manda a mudar y arruinaría todo. Me quede totalmente ciego y solo. Soy alérgico al yuyo llamado ortiga, después descubrí gracias a un doctor amigo, en ese momento no lo sabia y estaba loco de dolor visual, paralizado. Seguramente me toqué los ojos varias veces cuando gateaba y no me di cuenta, la cuestión es que estaba ciego e inmóvil en semejante lance y desprotegido totalmente en el monte.

Luego de un rato me dediqué a escuchar todo el barullo y, mordiendo el ardor que no le desearía ni a mi peor enemigo, te juro hermano que era una situación desesperante y muy triste, totalmente quebrado, yo, Hidalgo Reyes, un cazador que se la conocía a todas y lejano de un Dios. Ese Dios que no existe cuando reina el dinero, que todo lo puede. Es vil mentira, ¿sabes, amigo?, qué pequeños somos y tan frágil la vida en alguna circunstancia límite. Comencé a rezar, ¿sabes?, algo que me enseñó mi madre hace mucho tiempo y dice “Dios Padre, hazme oír en buena hora la palabra de tu misericordia porque yo espero de ti”. Sin saber para dónde ir, solo escuchar y llorar como un niño cuando pierde a su madre, ese era yo.

Luego traté de calmarme, claro que sí, y me acordé de mi Yango, mi perro fiel amigo. Comencé a llamarlo con el silbato (ultrasonido), solo lo percibe él, no sé cuánto pasó, pero ante tanta soledad escuché un trote y el jadeo característico de Yango que me lamió y lo abracé como nunca, rodamos juntos como dos chicos, el monte fue testigo de esa alegría. Mientras lo acariciaba toqué todas las heridas, algunas con coágulos, zona de la costilla, nada en garganta, me alegré más.

Me cuenta Chiqui que el león estaba enredado a un churqui (arbol pequeño y duro), sentado peleaba con los cachi; le mató dos perros, los otros le ladraban nomás y muy atentos a ellos no vio la llegada de atrás del perro blanco que se lanzó como un cometa a la nuca, volaron los dos, el perro prendido con un golpe seco partió la nuca del puma. Terminó la pelea y dice que el perro dejó solito la presa y salió disparado para el poniente, para donde estaban los caballos, él no entendía qué le pasaba, luego comprendió todo. Por eso Yango fue ese día mi perro guía. Cazador ciego con perro blanco.

Espero que le haya gustado esta historia. «Y cuando el cazador de sueños se duerme vencido al astro. Y la tarde huye en un silbo de perdiz hacia el ocaso, hay un sosiego profundo de voz dormida en un vano. Y el bosque todo se puebla de dioses imaginarios». Un abrazo a todos. Me emocioné… me acordé de esos momentos, perdón. ¡CAZADOR CIEGO CON PERRO BLANCO…!