Los novios de mi escopeta

Evaristo Espada Moliner

 

Hola, buenos días. Me llamo Arrieta Crown Sabel, y soy una escopeta paralela del calibre 12–70. Nací en Elgóibar (Guipúzcoa) sede de Manufacturas Arrieta, y mientras estuve allí, el señor Manuel Santos fue mi relaciones públicas.

Mi primer amo quiso cazar conmigo, pero no entendió lo que era vivir un ojeo de perdices en mi compañía, se equivocó pensando que yo no le servía, y decidió cambiarme por una Beretta Urika, dejándome desconsolada en una armería.

Al poco tiempo, un señor vino a comprar allí otra escopeta elegante, se fijó en mi juventud, y aseguró que volvería a buscarme para llevarme con él a Zaragoza, así que como mi novio prometía mucho, le esperé totalmente emocionada.

Pero mientras tanto, los azares del destino hicieron que ese verano un cazador turolense quedara entusiasmado con mi belleza y calidad, y decidiera llevarme consigo a su casa del Bajo Aragón. Alfonso, el interventor de armas, alabó su buen gusto porque nunca había visto un arma como yo, y le entregó la guía de pertenencia a mi nuevo y legítimo dueño. Me colocó con delicadeza en el armero, y pasé a ser el centro de atención de otras dos armas suyas, una semiautomática FN–Browning, y una superpuesta AYA mucho más hermosa que yo.

Así continué dos años, hasta que mi propietario se dio cuenta de que yo quería cazar mucho, él me utilizaba muy poco, y como no deseaba tener armas para no cazar con ellas, decidió venderme para que pudiera hacerlo a gusto con otro amo. Hizo publicidad en revistas de caza, y en un rastrillo para intercambiar armas en el cual quedé muy bien anunciada, porque como estaba tan solo estrenada, mi relación calidad–precio era de las mejores del mercado. A partir de aquí supe lo que era tener muchos novios, pero podréis comprobar que no todos pensaban decirme «te quiero» de verdad, como le gusta oír a una bella dama.

El primero fue Salvador. Muy pronto, mientras averiguaba como eran mis cualidades técnicas, solo se le ocurrió ofrecerle a mi dueño otra escopeta vieja y mal cuidada, que como era normal rechazó. Por lo visto llevaba un despiste de campeonato.

Chuki fue otro pretendiente que se interesó por mí. El jefe le envió mis características técnicas, pero nunca supimos nada más de él. Y desaprovechó su derecho al roce.

A mediados de Octubre, fui ofrecida a una armería importante de Madrid. Un día más tarde, José contestó diciendo que como yo no tenía una hermana gemela para hacer pareja de ojeo, era muy difícil mi adopción, y fue una lástima no poder hacer dúo con ella. Aquello me decepcionó, porque suponía el salto hacia la fama en la capital de España. Pero pronto comprendí que debía ilusionar a más solteros empedernidos.

A todo esto, mi amo observó el anuncio de otro cazador que quería comprar un arma idéntica. Solo ponía una condición, que yo residiera en la provincia de Granada para ver y comprobar mis cualidades. Como yo vivía lejos de Andalucía, mi dueño le informó con varias fotografías, demostrando mi impecable belleza y conservación, pero Antonio no demostró tener interés por mí. Probablemente le traicionó su timidez.

Nunca hubiera imaginado lo que sucedería con Torcuato, mi nuevo prometido, porque se las trajo bien traídas el hombre. Tomó el teléfono y llamó, Emilio, el armero de mi jefe, quiso enviarme hasta él para que comprobara en vivo si le hacía tilín antes de la compra. Me dejó sola, olvidada, y ni corto ni perezoso, me devolvió sin decir que no me quería o no le interesaba. Lo que tiene una que ver hoy en día en este país.

Mientras, Pedro fue otro novio a quien gusté a principios de Enero. Quiso fotos mías y consultó los datos técnicos, que se le hicieron llegar con agrado, y pidió un número de teléfono y la dirección para formalizar el trato. Mi amo le informó del conflicto con mi anterior pretendiente, y de la demora debido a la palabra dada, que se respetó, y ya no tuvimos contacto con él. Yo creo que en el fondo pensó que le tomábamos el pelo, pero no fue así amigo Pedro, el pelo lo toman los peluqueros.

Casi sin asimilarlo, otro prometido llamado Juan se sintió atraído por mis fotografías y especificaciones técnicas. Le fueron gustosamente remitidas, y contestó diciendo que lo consideráramos en lista de espera para comprarme cuando le llegara su turno. Todo y que lo respetamos escrupulosamente, se echó atrás incumpliendo lo asegurado. La verdad es que no sabe lo que se perdió.

Yo estaba en racha, dos días más tarde, Juan, un señor de Sevilla, quiso hacerse con mis servicios de manera seria y real. Primero pidió fotos mías, y después cualidades, pero mis cañones medían 68,50 centímetros, y él los quería de 71, además era zurdo, y esto no tenía solución, mi dueño le dijo que con esa culata no cazaría bien, como si utilizara un zapato del pié derecho en el izquierdo. Fue el final de una cordial compraventa.

En Febrero me di a conocer en una armería de Zaragoza. Respondieron diciendo que yo era una escopeta muy buena, y que tendrían en cuenta la oferta si un cliente les pedía un arma similar. Pero ninguno se atrevió a conquistarme de tú a tú.

Ese mismo día, mi jefe hizo lo propio con otra de la capital del Ebro. Fue mucho peor, me ignoraron totalmente y ni contestaron. No pienso volver allí ni en sueños.

Después, un correo electrónico fue cursado a otro pretendiente anónimo, pero quería comprarse nada menos que un trío de escopetas para los ojeos de perdiz. Y como yo sola le resulté muy pobre, se negó a festejar conmigo.

El rastrillo funcionó de nuevo con José Luís. Se le enviaron fotos para poder conocerme y opinar de mí, y estuvo de acuerdo con una condición, cambiarme por otra colega Beretta Silver Pigeon III del calibre 20 Mágnum, y abonar la diferencia de precio a mi favor que él creyó había entre nosotras. Se le comunicó muy amablemente, que esto hubiera sido posible en los tiempos de juventud de mi amo, en el calibre 12, su favorito. Yo estuve muy coqueta, y aún así, evitaron especulaciones.

De nuevo a través de él, Fernando, también intentó conquistarme. Pidió verme en fotografías, preguntó mis apellidos, y la edad. Recibió la información, y opinó sobre lo que yo valía, pero dijo que encargaría una Zubillaga nueva a su antojo, quiso conocer a mi dueño, y le felicitó por tenerme con él. Por fin me alegré de encontrar una persona que entendía de armas paralelas, y aunque decidió estrenar esa compañera, no me importó. Contra gustos no hay nada escrito. Gracias por ese sentimiento tan sincero.

Así estaban las cosas, y sin ánimo de pararlas, mi propietario insertó dos anuncios vía Internet, uno en Barcelona, y otro en Zaragoza. El siguiente que deseó ligar conmigo fue Luis, que me quería pero con cañones de 60 centímetros, y ya no le resulté atractiva. Has de saber que por muy extraño que te parezca, la longitud del cañón no influye en el alcance efectivo de las escopetas. Y no es intuición femenina.

Daniele fue un seductor muy particular. Preguntó de mí, modelo, longitud de cañones, y demás cualidades técnicas. Se le contestó con mucho cariño, y él también lo hizo de igual manera, pidiendo que mi amo le llamara por teléfono. Le llamó, y se vieron un sábado para hablar de mí, ya me conocía de la armería, y me quería sin prisa por menos dinero, pero yo no estaba dispuesta a rebajar mi caché, ni mi dueño que alguna cosa sabe de armas tampoco. El trato acabó bien, y mi soltería continuó también.

A continuación fue Kiko quien se anunció en el rastrillo, buscando fotografías para comprar una moza como yo. Se le mandaron varias, y por lo visto no le hice tilín, como no contestó, jamás sabremos si me encontró guapa. Creo que no me valoró con gusto.

Pero como la Primavera la sangre altera, en Marzo sonó el teléfono en casa de Emilio, y la sorpresa fue mayúscula, Juan Antonio estaba al habla deseándome a mí. Solo él dijo que me quería a toda costa, y confirmando su pasión le concedí el deseo de estar diez días conmigo, para probarme gustosamente a su capricho. Yo sentí un repelús tan grande en mi cuerpo, que no pude dormir aquella noche. El 29 partí hacia tierras castellano-manchegas para encontrarme con mi amor, realizar nuestro anhelado viaje de novios, y quedarme a vivir con él.

Estamos de enhorabuena, ya hemos matado dos pájaros de un tiro, y los que mataremos en el futuro cuando iguale mi nivel de forma el actual jefe. Porque yo aguanto varios cientos de miles de tiros sin «despeinarme».



Dedicado a Miguel Francisco Soler Mateo, un cazador de menor amante de las escopetas paralelas, y del calibre 20.