«Escurrío», un sueño

Makis

 

Postrimerías de la veda, una de las pocas tardes agradables que tuvimos después del temporal de agua, viento y frío que padecimos este año, cuelgo a «Don Escurrío» en un cerrete, justamente en la linde de un trigo bastante grandecete, son casi las cinco de la tarde, pues ya los días se alargan y no es conveniente colgar tan temprano.

Lo cuelgo y me despido de él como siempre, con unas pitas con los dedos, a lo que él me responde con unos picotazos suaves, del que sabe a lo que va, para acto seguido empezar con un cuchichío bajito en espera de que yo llegue al interior del aguardo; una vez dentro de éste, ya lo siento «por alto» buscando y pregonando a los cuatro vientos que hay un nuevo sheriff en el lugar.

El pájaro alterna su repertorio con algunas paradas cortas, con el fin de intentar oír al campo, pero sin obtener respuestas, ya que parece que las perdices están apáticas, quizás debido al calor un poco pegajoso de hoy ayudado por la humedad de las últimas lluvias.

Cuando lleva unos 45 minutos enfrascado y deleitándome con su canto, se escucha una pájara a unos 200 metros a mi derecha, a lo que él responde emitiendo un rinrineo y dando un par de bulanas «que no cabía ni en la jaula». Seguidamente empieza de recibo suave y le contesta un macho de voz ronca, que sitúo muy cerca de donde está la pájara, se tira un buen rato enzarzado con el macho y de vez en cuando con la hembra y aprecio por los sonidos que se acercan, aunque yo no puedo verlos.

Escurrío se pone como una estatua y en un recibo «gorgojero» que es una delicia contemplarlo.

Por fin acierto a verlos, pero prácticamente cuando hacen su aparición en las cercanías de la plaza, y cual es mi sorpresa cuando veo que se trata de un machaco acompañado de dos pájaras, las cuales venían bastante buenas, pero su hasta ahora dueño no quería pelea, sino que todo su afán era llevarse sus hembras, para lo cual no duda en embestirles a una y otra con el ala a rastras en su afán de apartarlas de aquel galán que amenaza dejarlo sin harén.

Pero el galán sabe lo que hace y le da sus arrumacos tanto a una como a otra, ante la desesperación del Sultán que, cuando saca a una de la plaza, la otra ya la tiene otra vez dentro, y así varias veces a cada una, haciéndome disfrutar de uno de los puestos más bonitos de este año.

Escurrío, como buen caballero, a lo suyo, teniendo cameladas perfectamente a las dos concubinas que están rendidas a su encantos. El macho, harto de corretear, emite una fuerte riña y se aleja del pulpitillo queriendo llevarse a sus pájaras. Éstas, en vez de hacerle caso, se ponen una casi debajo del trono que encumbra a su nuevo rey y la otra un poco por detrás. Mientras Escurrío atendía las dos al unísono, se ponen las dos en línea y decido tirar la carambola, con la particularidad de que la de atrás se queda seca y la que estaba delante, prácticamente en el pulpitillo, sale dando varios botes y se muere unos tres o cuatro metros delante de él, las cosas de las carambolas.

A lo que mi pájaro respondió con un no cortar el tiro y un embelesado entierro, que no subió de tono hasta que el destronado Sultán, que no había volado y se encontraba a pocos metros de allí, hiciera su entrada en plaza como un obús.

Y ahora, pues lo esperado: echaron los dos una pelea de más de 15 minutos tras lo cual, y después de tener al nuevo rey totalmente borracho y embebido en la lucha, decidí acabar honrosamente con «el moro caído» y se lo abatí seco un metro delante de su vencedor, a lo que éste correspondió con un entierro de los de quitar la respiración, con el consiguiente «orgasmo» del allí espectador.

Dejé transcurrir unos minutos y procedí a quitarlo, pues los dos habíamos disfrutado de una faena de categoría, y no necesitábamos más, aunque sé que de querer él hubiera seguido lo que hubiera hecho falta.

Gracias compañero. ¡Eres grande! Y tú y yo lo sabemos.


Dedicado por mi parte a todos los compañeros en general y en particular a Benja, para que levante el ánimo. Me dice Escurrío muy bajito en el oído que de la suya, cómo no, a Tibi y a su Hermano del Alma «Marchena».

Un abrazo a todos

Enrique

Makis. Abril de 2009