Pequeño homenaje a Paco «Chorreones»

JGR

 

Cuando llegué a mi nuevo empleo te vi como a uno más de los trabajadores de allí. No llamabas especialmente la atención, más bien creo que te gustaba pasar inadvertido. Poco a poco comencé a oír tu apodo que por llamativo se me quedó grabado. Te veía deambular por los pasillos y pabellones de la residencia siempre silencioso y con el mismo semblante del que no le pide grandes cosas a la vida.

Un día nos presentaron cuando ya estaba organizada la primera salida de la cuadrilla a pescar, primera para mí, no para vosotros que ya llevabais unos años haciéndolo. Desde entonces todos los años era como un ritual la llegada del tercer domingo de marzo.

Sabía que volver a ese río sin ti no iba a ser lo mismo. Y así fue. Nada volvería a ser como antes pero por eso de que la vida sigue, ahí estábamos los que quedábamos de la cuadrilla de pesca, que por unas causas o por otras ya íbamos quedando pocos, en ese río que tantas veces ha sido testigo de nuestros lances de pesqueros.

El recuerdo de la última temporada que nos acompañaste me venía una y otra vez durante la jornada pero me producía especial e inmenso dolor la imagen de verte sentado en aquel banco junto al río intentando robarle al aire el puñado de oxígeno que a ti te faltaba.

Estabas ya muy deteriorado a causa de la enfermedad y yo sabía que era el último marzo que nos acompañabas, sé que tú también lo sabías. Ya no compartiré contigo los fuertes desayunos al alba, acompañados con alguna copa de anís, antes de partir hacia nuestros ríos, ni la amena charla en tu compañía, ni el bocadillo campestre a mediodía.

No puedo recordar, simplemente porque no la hubo, discusión alguna entre nosotros y sí recuerdo todos los buenos momentos vividos a tu lado en el campo y en el trabajo. ¿ Por cierto? ¿ Tienes algún enemigo?. Creo que no. Y es que desde que te conocí vi en ti sinceridad, bondad, ternura y sobre todo amistad. No me fallaste nunca y eso es mucho, yo sin embargo me quedo aquí con la sensación de que podía haberte dado más, sobre todo en los momentos más difíciles de tu vida.

Siempre me intrigó el origen de tu apodo "Chorreones" y me lo explicaste muchas veces, las mismas que yo siempre olvidaba y aún hoy tampoco recuerdo porque te llamaban así.

También hemos vivido algunas jornadas de caza, siempre inolvidables, a pesar de no haber cazado pieza alguna las veces que lo hemos hecho juntos pero es que no hacía falta porque el mero hecho de tenerte a mi lado, tu compañía, ya era un lujo para mí.

Poder compartir contigo un rato de charla, de bromas, de risas y una copa de vino de ese que tanto te gustaba es mucho y me siento orgulloso de haber sido uno de los que han compartido contigo unos años de tu existencia, no muchos pero que han dejado en mí tu impronta.

Tu último año en nuestro río no hubo foto porque mi cámara estaba averiada aunque pienso que quizás fuera mejor así que mirarte en una fotografía en la que la enfermedad ya hacía mella en tu físico.

Este año sí hay foto. En ella estoy con dos truchas, las más grandes que he pescado nunca. ¿Me las pusiste tú en el anzuelo?.

Pero falta algo en esa foto, faltas tú.