Un equipo fenomenal

Héctor Boix

 

Somos una pareja que vive en Fanzara, pueblo de la provincia de Castellón, no hay mucha caza pero bueno, si conoces el coto puedes tener suerte y encontrarte con algún bando de perdices o con una pequeña percha de zorzales, aunque normalmente a partir de mitad de noviembre poca caza nos encontramos en el monte.

Nosotros vivimos con entusiasmo todas las épocas del años, ya que en Marzo recolectamos espárragos trigueros, luego vienen cuatro o cinco meses de caracoles y, hacia final del año, la caza y la recolección de robellones, la verdad que cada época tiene su magia.

Bien, la historia que voy a contaros, aunque para vosotros no tenga mucha importancia, ha sido por la situación en que ha ocurrido la mejor escena de caza de mi vida.

Fue el día 06 de enero de 2007, como muchos fines de semana fui a cazar al otro coto del que soy socio, San Mateo (Capital del Maestrazgo), un coto en el que hay abundancia de zorzal; pues bueno, como iba contando, a las siete y media de la mañana ya estaba en el puesto esperando la bajada del tordo, que es el momento que se hace de día y donde hay mucha abundancia de tordo. El día fue bastante bueno consiguiendo una buena percha de zorzales.

Hacia las doce, como todos los sábados, marché hacia Fanzara, ya que teníamos organizada una comida en un trozo de terreno que tenemos en la montaña, hicimos una buena paella a leña, degustamos un buen vino del terreno y luego de comer estuvimos sembrando unas verduras.

Sobre las cinco de la tarde le propuse a Merche ir a por nuestro pointer (Roy) y darnos una vuelta para ver si podíamos abatir algún zorzal a última hora de la tarde.

Roy es nuestro pointer, desgraciadamente a principio del año pasado se rompió una pata y no había salido a cazar desde entonces, ya que lo operamos y hasta ahora no se le habían curado las heridas.

Pues así fue, cogimos nuestro viejo Range Rover, fuimos a por Roy, pillé la escopeta y nos fuimos a una parte del coto que le llaman La Partida, donde hay una presa enorme y por donde pasa el hermoso Mijares; una vez allí soltamos a Roy y, aunque andaba bastante cojo, se notó que echaba de menos la montaña. Cargué mi escopeta y nos fuimos bordeando el río por el lado de la montaña, no alcanzamos a ver ni un solo zorzal pero sólo el olor a jara y el ver las bandadas de pinzones que pasaban por encima y el estar de nuevo al lado de nuestro Roy ya era suficiente para disfrutar de un buen paseo por el monte viendo como caía el atardecer.

Al rato de estar paseando, y cuando ya me imaginaba que no iba ni a disparar, escuchamos cantar un pato dentro del río, estuvimos mirando un buen rato pero no se veía nada, ya que este es un río que a su paso por estos pueblos está lleno de cañaverales y mucha zarza.

Para poder disparar a un pato aquí hay que tener mucha suerte, en toda mi vida habré abatido cuatro o cinco, así que teníamos que ingeniar alguna manera para por lo menos poder ver esa hermosa pieza de caza que es tan escasa en esta zona.

De repente se me ocurrió que Merche se fuese un buen tramo más abajo por la montaña, por si de esta manera levantaba el vuelo el pato, y yo me pondría unos 100 metros más arriba justo al lado inverso de donde ella estaba.

Así lo hicimos. Roy y yo nos situamos en una zona en la que si volaba algo tenía que pasar por allí. Merche se fue un buen tramo de río más abajo para de esta manera intentar que alzase el vuelo el pato. Yo ya estaba situado y no hacía más que imaginarme un pato venir cara hacia mí, cambie los cartuchos de perdigón del 9 y cargué tres cartuchos de plomo del 6.

Cual fue mi sorpresa cuando veo venir un pato a buena altura y cara hacía mí sin desviarse, de repente veo otro que iba por dentro del río, aunque yo sólo tenía ojos para el que venía directo a mí, cuando estuvo a buen tiro le apunté y le solté un zumbido que lo dejó totalmente muerto en el aire, me giré y vi al otro todavía por dentro del río; no le tiré, ya que si cae dentro es imposible entrar a por él, así que esperé a que saliese, un poco más arriba giró hacia la montaña, aprovechando el momento para soltarle un tiro que también lo dejó totalmente seco.

Cómo se iba a imaginar Roy que las dos primeras piezas que iba a cobrar después de un año de sufrimiento sin salir iban a ser dos enormes machos de ánade real de cuatros años de edad cada uno, las plumas enroscadas de la parte trasera indican la edad del ánade real (según lo que tengo entendido). El cobro del primero no fue dificultoso, pero el segundo hizo una espectacular muestra en unos zarzales entrando dentro para cobrarlo, como siempre nuestro Roy había vuelto a ser espectacular y había cobrado las dos piezas no olvidando su afán por la caza.

Al cabo de rato apareció Merche alucinando con las dos hermosas piezas que luego estuvimos enseñando a todos nuestros amigos del pueblo, ya que es bastante inusual en esta zona.

Pues nada, esta es nuestra historia, que sobre todo va dedicada a nuestro Roy —conocido por muchos cazadores de la zona—, sólo deciros que, cuando operamos a Roy, el veterinario nos dijo que era la fractura más difícil de operar que había visto en su vida y que no sabía cómo iba a salir; le dijimos que el perro siempre nos había sido fiel y que nosotros también íbamos a serlo con él. Lo operamos, lo hemos pasado bastante mal para cuidarlo, pero bueno, ya veis que al final todo da su fruto. Así pues os recomiendo que cuando vuestro perro sufra algún tipo de lesión grave o enfermedad luchéis hasta el final porque vale la pena.

Y sin más, un saludo para todos los amantes de los perros y de la caza.