Rececho alpino

Valhalla

 

Sábado 4 de marzo de 2006

A las 6 de la mañana, implacable, me levanta el despertador, no… no es así, vuelvo a empezar.

A las 6 de la mañana, enfurecida, me levanta mi mujer recriminándome que jamás oigo el despertador y es ella quien se levanta para despertarme a codazos… sí, fue así.

Embobado subo a prepararme un café, no me ducho pues voy de rececho y no he encontrado aún jabones sin aromatizantes, con calma preparo mi mochila Millet creada técnicamente para el rececho de montaña cuando Millet aún tenía interés por la caza, en ella pongo unas polainas Reserva de cordura Dupond, unos guantes Nord Face de WindStopper, con un sistema de apertura del dedo índice en el guante derecho, justo para cuando toca disparar, una cajita de 5 Hirtenberger premium del 6,5x57R en 105 grains, una braga de seda y un gorro de WindStopper de la casa Mountain Hardwear, en la trasera cuelgo unos crampones Black Diamond semiautomáticos, los bastones telescópicos Leki, mi viejo Charlet Moser técnico y las raquetas TSL, por último y desmontado entra de forma ceremoniosa el Merkel k1, el visor un Swarovski AV 3*10*42 y los prismáticos Zeiss Victory en 8*40.

Voy vestido para la ocasión, colores grises claros siempre, la experiencia propia y de otros me ha demostrado sobradamente cual debe ser el color de la ropa en un rececho alpino, no tengo dudas, debe ser gris, botas Millet en Gore semi-cramponables, pantalón y chaqueta Haglöf, sin duda de la gama Shark Pro, debajo una simple térmica en Hard de Nord Face.

Son las 6:30 y salgo de casa con la intención de recechar una polémica hembra de corzo con los guardas, digo polémico por ser hembra y por estar en marzo, pero polémicas aparte, un envite no se rechaza nunca, a las 7:00 no encontramos en las oficinas de los guardas y salimos hacia el punto donde pretendemos avistar los corzos.

El día no puede presentarse peor, nos dirigimos a la frontera con Francia, detrás del Pas de la Casa, nos acaban de decir, tomando otro café, que el telesilla de la estación de esquí del Pas no abrirá al registrarse rachas de viento de 184 km/h, está nevando, el termómetro arroja –12 ºC y la visibilidad es evidentemente escasa, con todo ello, y puesto que el guarda que viene conmigo es un consumado deportista invernal al que un buen reto le apasiona, y una vez ha revisado mi equipo y ha entendido que tampoco yo voy descalzo, decidimos intentarlo.

Añadir el dato del cálculo de sensación térmica: T aparente(°C) = 33 + (T aire- 33)*(0.474 + 0.454v(v)-0.0454.v), que en total arroja –24,17ºC.

Tardamos un poco en equiparnos y salimos, punto de partida 1.457 metros de altitud según el Suunto, sólo entrar en un pronunciado barranco que hay que cruzar para comenzar a ascender la ladera a cazar nos damos cuenta de la cantidad de nieve acumulada, pues de los pinos sólo se ven las copas y se nos hace difícil andar incluso con raquetas de nieve, en ese instante me doy cuenta que me he olvidado las gafas, y que sin ellas es absurdo seguir pues dificultan más, si cabe, el reto matutino que incoherentemente nos hemos impuesto, ante el envite de retirada el guarda me presta unas que él tenía de más, y seguimos.

Una vez cruzado el barranco nos detenemos a descansar agazapados del viento tumbados tras una roca, sobre la nieve, entrevemos que las condiciones climáticas tienden a mejorar levemente y que si seguimos tendremos opciones de cobrar una pieza, eso hacemos, nos ponemos en marcha y, sí, claramente el viento amaina y deja de ser una tormenta pasando a ser simplemente viento, deja de nevar y entre nubes se vislumbra el Sol, dejando como único contratiempo la ventisca típica del sobrante de una tormenta de nieve, estamos ya, tras dos horas a 1.648 metros de altura.

Volvemos a detenernos, esta vez reponemos fuerzas con unas galletas y hacemos uso por primera vez de los prismáticos, buscando entre la ladera ventada algún rebaño de corzos, y los localizamos, un rebaño de 8 ejemplares en total, 5 hembras entre ellos, seguimos oteando la ladera, pues no es la primera vez que dando por bueno un objetivo, al salir tras él levantamos alguna otra pieza no localizada que arrastra al rebaño en su huida, y así es, entre unas canales localizamos dos hembras solas, mucho más a la derecha del rebaño.

Sin discutir mucho decidimos entrar al rebaño, siendo más difícil, pues hay más ojos y hocicos, pero mucho más próximo a nuestra ubicación, cautelosamente nos acercamos, no me gusta, no hay ninguno tumbado, debemos estar a unos 400 metros cuando salen en estampida hacia la cumbre, dejándonos con un palmo de narices.

Sin dar nada por perdido nos deslizamos horizontalmente por la ladera en busca de la canal donde hemos visto las otras dos, esta vez usamos los crampones debido a que la traza en horizontal en pared vertical y nieve dura hace peligroso seguir confiando en las raquetas.

Justo cuando estamos sobre ellas, con una buena entrada contra viento descubrimos que están de pié mirando fijamente a su este, vaya las tenemos de espaldas a unos 300 metros y… arrancan desesperadamente hacia la cresta, nosotros nos quedamos, literalmente, helados pues nos veíamos superados por la mala fortuna, y nos volvimos a sentar a descansar, en medio de la pared helada.

Al rato vimos el motivo de la fuga de las corzas, estaban ascendiendo la ladera dos esquiadores de randonee (esquí de montaña), lo que nos dejó perplejos, al acercarse a nosotros vi que uno de ellos saludaba al guarda efusivamente, se conocían, resulta que eran dos Guides de Chamonix, pocos pirados saldrían con esas condiciones salvo un cazador imprudente, su guarda y la flor y nata de los guías de alta montaña, los Guides de Chamonix, considerados el no va más en guías invernales, algo así como el Rossi pero sin moto, sobre esquís, impresionante la ascensión que realizaron tras hablar un rato con nosotros, simplemente de una magnitud física implacable y rítmica, no es de extrañar que su escuela tenga la condición de «formadores de élite».

Pasamos un buen rato sentados a 1.900 metros, a saber a qué temperatura pues el Suunto bajo la ropa y en contacto con mi piel marcaba +10ºC, con lo que «fuera» debíamos estar a –15 ºC con total seguridad, mientras estábamos en silencio el guarda me pega un codazo, ha visto algo… justo en una loma que precede la cresta le ha parecido ver movimiento, los dos clavamos los prismáticos en ella y al cabo de un rato vemos una cabeza asomar, dos… tres… y las tres hembras… decidimos hacer el último intento del día y nos acercamos por el interior de una canal donde no podemos ser vistos.

Llegamos a un punto donde seguir significa, aparte de peligro vertical, ser vistos sin ninguna duda, el guarda mira con el telémetro… 286 metros… demasiado viento… de abajo a arriba… 105 grains… pongo la corza en la mira, tumbado en la vertical, tras un meticuloso apoyo en la mochila y una seguridad firme en la base de mis pies y… no lo veo claro, me vuelvo a sentar… el guarda y yo hablamos, discutimos de la posible aproximación lateral, ladeando nuestra posición al este mientras ascendemos progresivamente, el tema no está claro, al final decidimos que yo me aproxime de esa forma y que él quedará en la posición para avisarme si las cabras huyen y así dar por finalizado el día.

El tema está complicado, la pared es muy vertical, estoy cansado, llevamos 4 horas en malas condiciones, pero la caza es la caza y empiezo a ascender, siempre a cuatro patas, a gatas, intento evitar que los corzos, en caso de verme, me identifiquen con una silueta humana, por lo menos lo intento, las rodillas me arden, el Charlet empieza a trabajar en mi diestra ayudándome en la ascensión, la nieve ya no está dura, el escaso sol la empieza a ablandar, con lo que hay que pegar fuerte con los crampones para ascender y el cuerpo nota que no es seguro, pero sigue.

Tardo una media hora en ascender 70 metros, los justos para quedar «tapado» de la visión de las corzas, siguen allí, entonces acelero la marcha aprovechando que ya no estoy en zona vertical, sino más bien en llano irregular, es entonces cuando la pierna derecha coge un «falso» y se me hunde en la nieve justo cuando escucho un «CROC» y los pelos se me ponen de punta, en esos casos hay que estirarse para ganar superficie en el «falso», y jamás ejercer presión con la pierna libre para liberar la hundida, jamás, hay que subirla cogida por debajo de la rodilla con las dos manos para repartir la fuerza sobre el piso en todo tu cuerpo, y una vez fuera, salir a rastras hasta donde uno se cree mas seguro, al final solo fue un golpe seco en la espinilla, lo suficiente para pronosticar un jodido descenso, pero… de momento hay que tirarle a una corza, luego ya se verá.

Supongo que estoy en la horizontal de las cabras tapado por una pequeña laderita de nieve, al asomarme a ella con lentitud repito el acondicionado de posición de tiro, hundiendo rodillas y codos en la nieve, la mochila no me sirve porque me deja el tiro demasiado alto, no veo las corzas… sí que están, por el visor le veo las orejas a una, de repente se sienten acosadas, no sé si por mi presencia o por su intuición empiezan a marchar, sigo a la primera con la cruz… solo se ve la cabeza… pasa entre dos peñas, solo un instante y desaparece, la segunda tras ella hace lo mismo, casi le tiro… y la tercera al pasar entre las peñas se para un instante, suficiente, el Merkel suena en el monte y la corza se despeña tras un salto espectacular que indica no sólo que está tocada, sino que está bien tocada, y como un trineo sin control se desliza inerte ladera abajo unos 200 metros, cuando la vi bajar recordé mi espinilla y lo que representa un paso en falso.

El guarda grita como si hubiese cazado él, está contento, muy contento, la jornada lo vale, no es una simple hembra, no es ese el valor de la caza, es otro que está por encima y que no os puedo narrar, sólo lo noto, lo cierto es que me puse en pié y cerré el puño en alto con los dientes prietos, sin gritar, Dios… uno de mis mejores recechos, os lo aseguro.

El guarda llegó antes que yo a la pieza, y mientras yo bajaba me preguntó:
—¿Dónde has apuntado?
—Al cuello, como siempre, ya lo sabes— respondí, y con una gran sonrisa y emoción me respondió:
—Pues le has dado joputa— y cierto, tenía un impacto precioso de menos de medio centímetro de entrada y un par de centímetros de salida, justo en el centro del cuello, tanto en horizontal como en vertical, concretamente eso me hizo volver a apretar los dientes, y demasiado cansado me senté.

Le conté al guarda mi golpe en la espinilla, son cosas que en montaña jamás se deben ocultar, me subí el pantalón y vi que estaba muy hinchada y el tono viraba a violeta, sangraba algo, pero en caliente me dolía poco, se ofreció a cargar la corza y después de anillarla, rellenar el formulario, vaciarla y tomar siete muestras en sendas bolsitas la cargo en su mochila, partimos.

El guarda iba delante y veía que me costaba seguirle, hacía seis horas que salimos de los coches… al llegar al barranco el guarda me miró, me preguntó si podría subir la otra ladera hasta los coches, a lo que yo respondí que no, que lo veía muy justo, realmente me dolía cada vez mas… el guarda sacó el teléfono y llamó al despacho para que solicitaran un permiso especial para que un coche oficial de los guardas cruzase la frontera con Francia y nos recogiese dentro de territorio francés, explicándoles las condiciones del rececho, el porte de dos armas y de una corza anillada, las autoridades francesas accedieron sin ningún problema y en vez de ascender la ladera hacia los coches seguimos descendiendo en llano por el barranco una hora más, hasta encontrar la carretera que lleva a Andorra por el lado francés, donde nos esperaba una patrulla de guardas que, después de hacernos explicar el rececho, nos acompañó hasta los coches.

Total, 7 horas 30 minutos de alpinismo crudo, con un desnivel acumulado de 837 metros, con una corza tirada a 2.136 metros a unos –15ºC, cifras que sin ser presuntuoso diré que no están al alcance de muchos, y menos de aquellos que han visto la nieve por televisión y se aventuran a criticar la caza alpina esgrimiendo argumentos tales como «ventajista»… «antideportiva»… a los que les rogaría que antes de pronunciar tales falsedades hicieran una reflexión profunda del significado de las palabras que van a usar, y en caso de seguir con la intención de crítica pues… así se pillen los hu… con la tapa de un piano.

Valhalla