Un fin de semana que pudo ser y no fue

perdizM98

 

Sábado, 6 de Noviembre de 2.005

Todo empezó el sábado por la mañana cuando el despertador no sonó a la hora convenida 7:30 am, mi padre despertó a las 8:00 am y me llamó apresuradamente ¡Que ya vamos tarde, anda que empezamos bien el día! Nos vestimos con más prisa de lo habitual, mi padre salió a la calle a comprar el pan y me dijo que hacía bastante "rasca" por lo que me puse dos camisetas, un jersey y en marcha.

Llegamos tarde al bar, claro, y nos tomamos el café con prisas y a la faena, nos montamos en el coche y al campo, que las perdices esperaban. Aquí empezó nuestro calvario, preparamos las cananas, las escopetas y andando, no habíamos andado tres cerros cuando empecé a notar calor pero seguí cazando, al dar la vuelta a un "cerrete" perdí de vista a mi padre, él iba por abajo y yo por arriba cuando de repente pum, pum, pum, yo me quedé quieto por si venía algo hacia mí y en ese momento entre las retamas vi "racear" una liebre así que encaré la escopeta y disparé, la liebre hizo un quiebro y no la corté un pelo pero en el segundo tiro me quedé con ella, pensé ¡Pues empezamos bien, un liebrita al zurrón y acabamos de empezar! Qué iluso, en ese momento no sabía lo que nos tenía deparado el día de caza, me colgué la liebre y seguimos cazando. Dimos algunas vuelta sin ver nada más así que decidimos para a descansar un rato en unos "canchitos" ya que tenía un calor horrible y mi padre andaba con la tripa suelta, dejamos las escopetas en el suelo y mientras mi padre "aliviaba" yo aproveché para quitarme una camiseta, pues en el momento que me la estaba quitando y mi padre seguía a lo suyo se arrancó una rabona a dos metros de mis pies tiré la camiseta al suelo corrí hacia la escopeta y cuando la quise encarar la liebre trasponía el cerro y no pude tirar, juramos en hebreo, cómo no la hemos visto, si era más difícil no verla que verla, ya lo dice el refrán, donde menos lo esperas salta la...

Después de lo acontecido, lamentándonos de la mala suerte continuamos cazando, dimos unas cuantas manitas cuando ¡brrrrrrrrrrr! a un metro que digo a un metro si casi la piso se levantó una patirroja, de las de verdad, voló con un par de c..., encaré presto mi paralela la dejé volar un poco por no estropearla y yo creo que no ha parado todavía, pum, pum, a criar, volví a jurar en hebreo y tiré la gorra al suelo por el cabreo y encima tuve que aguantar la coña de mi padre ¡Límpiate, que esa te ha "cagao" la gorra, bueno la gorra, el chaleco y la escopeta! y yo aguantando como se podía.

Seguimos la marcha, vueltas y más vueltas, y sólo vimos alguna que otra perdiz que se levantaron a medio kilómetro pero nosotros a por ellas, en un momento decidí dar la vuelta a un "cerrete" por si le volaba alguna a mi padre ¡Ponte ahí que voy a dar la vuelta! dicho y hecho cuando iba dando la vuelta se levantaron dos perdices largas en dirección a mi padre sentí un disparo, a continuación otro y me dije ¡Bueno, alguna va "p’alante"! cuando me junté con mi padre le dije ¿Qué, ya te cagaron la gorra? Y me dijo ¡Anda ve a por aquella que está allí! ¿Y la otra? ¡A criar que vuelan muy deprisa! Hicimos un descansito y comentamos los lances.

Como era un poco tarde y estábamos bastante lejos decidimos seguir cazando en dirección a la casa, un poco más arriba se me arrancó una "matacana" enorme y otros dos castañazos y a criar y gorra al suelo otra vez ¡Vaya día que llevo, menos mal que no me ha visto mi padre, le diré que ha salido algo larga porque sino cualquiera le aguanta! No habíamos andado 100 m cuando le oigo ¡Ahí va la perdiz! y vi un torpedo a 300 km/h, encaré y sólo me dio tiempo de tirar una vez y a criar en ese momento lamenté las copas de la noche anterior y haber dormido escasamente una hora, ya me lo decía mi padre ¡Vente pronto, que las perdices se acuestan temprano! y una vez más tenía razón porque no estaba fresco ni rápido y las perdices estaban frescas no, fresquísimas y rápidas tampoco, rapidísimas.

Continuamos con nuestras dichas y desdichas, más esto segundo, y casi llegando a la casa a mi padre le entraron ganas de "echar una meadita" cuando en ese preciso momento se arrancó una liebre entre unas retamas y no pudo parar de mear, se encaró la escopeta y pum, no la cortó ni un pelo, la liebre hizo un quiebro y salió a un clarito y cuando fue a disparar no sale el tiro, ¡vaya por Dios! se había atrancado la escopeta, ¡No se atranca nunca y lo hace ahora me ca...! se lamentó mi padre, la liebre a criar y el pantalón mojado, yo creía que me daba algo de la risa ¡Vaya día! Así que nos fuimos a casa de mal humor a comer y hasta el día siguiente.

Domingo, 7 de Noviembre de 2.005

Nos levantamos a nuestra hora, hoy sí, y al bar a tomar el primer café del día y a la faena, hoy decidimos dar unas manitas en lo más llano porque estábamos cansados del día anterior y nos esperaba la vuelta a Madrid, 300 km, salimos en mano con ilusión a pesar del sábado, dimos unas manitas sin ver nada, dado que estaban cazando en los cotos de alrededor mi padre me advirtió que cazara un rinconcito muy querencioso donde se "amonan" las liebre rehuidas de los cotos colindantes, no había terminado de advertírmelo cuando del sitio que me dijo se arrancó una liebre larga sin posibilidad de tirarla, ¡Pues vaya, el domingo igual que el sábado, si no te digo nada te sale de los pies! me dijo mi padre después de jurar en hebreo, y seguimos cazando lamentándonos de nuestra mala suerte, estaba claro que ese no era nuestro fin de semana, continuamos por una cerquita muy querenciosa para las liebres, dimos varias manos y nada de nada, salimos de la cerca, mi padre echó el seguro de su repetidora y yo abrí mi paralela, estuvimos hablando si dar una última mano o irnos para el coche dada la suerte que habíamos tenido, mientras decidíamos qué hacer a unos 10 o 15 metros en un sitio increíble salió otra liebre que rápidamente traspuso una loma sin dar nuevamente posibilidad de tirarla, mi padre con el seguro echado y yo con la escopeta abierta así que después de eso decidimos irnos al coche definitivamente aunque creíamos que iba a terminar todo ahí el día todavía nos tenía deparada una última sorpresa, llegamos al coche guardamos las escopetas, las cananas, los chalecos y nos disponíamos a marcharnos cuando en un coto colindante sonaron tres disparos seguidos, pum, pum, pum, nos quedamos quietos y en un segundo nos pasó una perdiz por la cabeza para colmo de nuestras desdichas, la gota que colmó el vaso ¡Vámonos de una vez que nos es nuestro fin de semana!


PD. Este relato puede parecer exagerado pero es absolutamente cierto, tuvimos un fin de semana negro y que hizo cierto el refrán que repitió mi padre ¡Lo que no es para ti, se queda ahí! Así que volveremos con ilusión otro día que seguro que tendremos más suerte, un saludo de un padre y un hijo con mucha ilusión y muy mala suerte, otra vez será, espero que os haya gustado.

PerdizM98