Karamojo Bell

270 WBy Mag

 

Karamojo Bell nació en Edimburgo, Escocia en 1.880 y llegó al África en 1.897, cuando había terminado la era de la exploración y comenzaba la de explotación. Su infancia fue solitaria y difícil, porque su madre murió el solo tenía dos años y su padre murió 4 años más tarde y dejó huérfanos a 10 hermanos, de los cuales solamente Florence le brindó apoyo y fue su confidente para discutir sus planes futuros, donde la caza mayor tenía siempre un papel importante y principal. A los 13 años se empleó de grumete en un barco mercante y llegó hasta Australia y Nueva Zelanda. Un año después regresó a Inglaterra, viajó a Alemania en otro barco y continuó presionando a su familia con su proyecto africano. Finalmente obtuvo la autorización de los que llamó “sus guardianes” y embarcó para Kenya, donde llegó a los 17 años.

La línea ferroviaria de Mombasa-Nairobi, estaba en construcción y hacia sus oficinas se dirigió el joven escocés en busca de empleo. Al llegar al Río Voi cerca de Tsavo, en Kenya la primera noticia que recibió fue que un león había sacado de su tienda a un ingeniero y lo había devorado tranquilamente, suceso nada raro si se trabajaba en ese lugar. Los británicos ante la imposibilidad de conseguir la colaboración de los africanos, que se negaban a efectuar una labor diaria y monótona, habían importado gran número de “COOLIES” (Obreros Hindúes) y ya muchos de ellos habían pasado a mejor vida por la acción de los felinos. En el campamento reinaba el terror y su primera misión fue la de acompañar a un grupo de mulas y de coolies, armado de un rifle, más para darle confianza que para ofrecerles una protección eficiente, porque era un novato total. Esto es otra historia verdadera en la construcción de esta vía ferroviaria, la cual es muy trágica.

Después de unos meses, la situación empeoró para Bell, que se vio obligado a regresar a Inglaterra en busca de fondos que usó para una corta expedición al Yucón en Canadá, atraído por la fiebre del oro. Su permanencia en América tampoco fue fructífera y resolvió alistarse en las fuerzas británicas que luchaban contra los Boers, en Sur África. Finalizado el conflicto y un poco más maduro, regresó a Kenya y adquirió las armas necesarias para comenzar su carrera de cazador de elefantes.

Desde el comienzo, Bell fue un estudioso de las posibilidades de cada rifle y de sus proyectiles y concluyó que, al menos para él, lo importante no era el tamaño ni la velocidad de la punta sino el sitio donde tocaba la presa. En esa forma daba más importancia a la puntería que a los demás factores muy probablemente porque estaba seguro de poseerla. Consecuente con esa idea, desechó los grandes calibres y adquirió dos rifles en calibre 303 Brithish que usó con puntas sólidas de gran penetración. Más tarde redujo el calibre y su preferido era un Manlincher en 6.5, una escogencia muy peligrosa para la inmensa mayoría de los cazadores porque exige una precisión absoluta.

Al principio de su carrera no tenía conocimientos de la anatomía de los paquidermos y pensó que el cerebro debía ser grande y que estaba situado en el medio de la enorme cabeza. Relata que sus primeros disparos parecían no tener efecto alguno, porque aún cuando acertaba en el cráneo, los animales seguían su camino o continuaban su alimentación sin manifestar alarma alguna. En medio de su frustración, el aprendiz de profesional, resolvió hacer un estudio a fondo del problema, se compró una gran sierra y en la primera oportunidad corto el cráneo de un elefante en sentido longitudinal, o sea en el medio de los dos colmillos, para conocer con precisión el tamaño y ubicación del cerebro. Para su sorpresa el cerebro pesaba sólo unos 2 kilos y estaba bien oculto en la parte infero-posterior de la masa de huesos que formaban como una torre los ojos del animal.

Karamojo Bell realizó dibujos de los cortes realizados al la cabeza del elefante como un método investigativo. Estos datos aprendidos de un estudio post mortem, lo ayudo a desarrollar una técnica de caza depurada y dibujo varios esquemas para ilustrar los ángulos de tiro que debía usar, de acuerdo con la altitud y posición de los paquidermos: frontal, de lado, en retirada y con típicos movimientos laterales de la cabeza.

Su habilidad y práctica constante transformaron a Bell en un increíble y mortífero tirador. El gran comercio era por el marfil; Bell mató más de 1000 elefantes. Cuando cambiaron las cosas y la ley llegó hasta sus zonas de casería, él trató de buscar otras manadas hacia el Oeste de Africa y llegó hasta Liberia, pero los resultados fueron pobres. Volvió a Kenya donde permaneció hasta el año 1.932 fecha en que decidió regresar a Escocia. Hizo algunas expediciones en el Sahara y el Sudán y luego adquirió en su patria, una embarcación llamada el “Trenchemer”, donde navegó con frecuencia hasta 1.948, año de su primer ataque cardiaco. En el año de 1.951, su corazón dejó de latir. Por fortuna existe una obra escrita y magníficos dibujos que han permitido conocer las condiciones imperantes en el Africa de su tiempo y las aventuras de este hombre excepcional.