Tras el dama blanco en Cerro Nevado

Sergio Barbosa

 

En esta oportunidad todo comenzó con la llamada de mi buen amigo y gran cazador Pastor Carranza, allá por principios de Abril de este año. Luego de los mutuos saludos cordiales y un grato intercambio de noticias, me comenta que en su coto, llamado “Cerro Nevado” y estratégicamente muy bien ubicado en la agreste e inexplorada zona de Santa Isabel, en la Provincia de La Pampa, donde me dice le han quedado ciervos dama de excelente sangre y por demás está decir de prominentes y proporcionadas cornamentas. Y me dice “le han quedado” porque después de los contingentes de americanos, españoles y franceses, que pulularon por el coto en ésta brama, los mejores trofeos de colorado partieron hacia el hemisferio norte, con sus felices poseedores. Pero me confirma que con los dama, la cosa no fue tan fácil, porque con las grandes extensiones con las que cuenta este coto, y sumado a la habilidad de escabullirse de estos cuadrúpedos, que con un considerable menor tamaño que el colorado, tienen todas las de ganar, si la dupla guía-cazador no hace el mejor de sus esfuerzos, así y todo, como ustedes saben nada esta garantizado en la cacería de rececho, a pesar de que se haga todo bien.

Pastor me comenta que, de entre todo los damas, hay uno que tiene reservado exclusivamente para mi, confirmando el alto aprecio que tiene éste hombre de campo hacia mi persona. Para mi sorpresa y posterior alegría, me dice que se trata de un ciervo dama “blanco”, de preciosas astas, que seguramente debe ser puntuable como oro. También me dice que no me alegre tanto, porque no será tarea nada simple dar con éste bello ejemplar, ya que lo que la naturaleza le quitó por un lado (me refiero al camuflaje), le ha brindado por otro, ya que naturalmente éste blanco animal, es mucho más desconfiado y escurridizo que sus congéneres zainos, por razones obvias por supuesto, ya que algo tan inmaculadamente blanco en el monte, es mas que llamativo, no solo para los predadores, sino para cualquier especie que lo divise.

Como no podía ser de otra manera, y ante la magnitud de tal ofrecimiento, Pastor tuvo la confirmación inmediata de mi parte de que en los próximos días viajaba hacia allá, con todas las intenciones de poder hacerme de tan valorado trofeo, luego de una justa lucha como marcan los cánones, donde los sentidos y las experiencias previas, iban a jugar un papel preponderante. Y como bien sabía, desde ese mismo instante empezaba la cacería, ya que los preparativos previos los disfruto a pleno, siempre intentando vaticinar los momentos que voy a vivir en el monte, para poder decidir mejor que elementos puedo llegar a necesitar.

El día del arribo, soy afectuosamente recibido por Pastor y sus socios en éste laborioso emprendimiento, que son César Domizi y Mariano Gervasoni, ambos también acérrimos amantes de las actividades cinegéticas y las aventuras al aire libre.

Debido a la enorme ansiedad que traigo a cuestas desde Mendoza, mi tierra natal, ellos lo notan y sin más rodeos, inmediatamente los tres me van dando una idea del tipo de cacería que me espera, de cómo conviene proyectarla y sobre todo cuales son los cuadros donde consideran tiene querencia tan llamativo animal.

Luego de tener un panorama completo y despejar todas las dudas que me surgían antes y durante el viaje, Pastor y César se ofrecen a acompañarme, y a sabiendas del empeño y pasión que le ponen a la labor de guía, acepto de sobremanera, y quedamos de acuerdo que a las 4:00 desayunamos en las cómodas y cálidas instalaciones del coto e inmediatamente partimos en busca de la aventura.

A la hora señalada partimos los tres en dirección del cuadro que estimamos se encuentran los damas, primero en una de las 4x4 del coto, y luego a pie. Ya en el medio del monte, y mucho antes de amanecer, empezamos a escuchar de a ratos y a la distancia, los bramidos de éstos cérvidos, que por cierto, emiten un sonido distinto al de los colorados y muy característico. Intentamos sin pérdida de tiempo, y al amparo de la oscuridad que se disuelve lentamente, acercarnos lo más posible hacia donde nos orientan los bramidos, que todavía muy lejos, siguen intermitentes, y nos dan una idea de la cantidad de damas que hay en la zona.

Cuando recién está empezando a aclarar el nuevo día, nos encontrábamos en el medio de éste cuadro, con añejos ejemplares de caldén y algarrobo por doquier y una espesura bastante alta. El hecho de encontrarnos en un lugar tan particular por lo salvaje y tan lleno de vida, era ya motivo de alegría para mi corazón, y rebozaba de felicidad al escuchar los bramidos de los dama.

Estábamos en el lugar correcto. Los bramidos nos indicaban que los machos estaban en disputa de las hembras en ése sector, lo cual era bueno, pero que de todos los machos que nos rodeaban, estuviera el “blanco” era otra muy distinta.

Y a partir de ahí, empezaría a entender, que también dependeríamos del factor suerte, como si no hubiera en este tipo de lances, un montón de factores de los cuales dependíamos para llegar al éxito de la cacería.

Si a eso le sumábamos, los relatos que venían a mi mente que adjudican al dama blanco características fantasmagóricas, y que literalmente desaparece como por arte de magia ante los ojos de los cazadores, entonces, me daba cuenta que, esto iba ser de todo menos fácil, y que el asunto iba para largo.

A eso de las 7:30 y guiados por Pastor, empezamos a acercarnos a una parte de monte sucio, desde donde suponíamos salían los bramidos que escuchábamos. Siempre buscando el viento y con mucho cuidado al pisar para tratar de no emitir ningún sonido, que alertara a las bestias ensimismadas en tan noble ritual.

Nos tomó más de hora y media, poder dar con los machos, y cuando finalmente los vimos, a más de 250 metros, pudimos comprobar prismáticos mediante, que los que estaban bramando, eran dos zainos, que sin divisarse todavía entre ellos, caminaban en direcciones opuestas, buscándose, provocándose con sus bramidos, y que si las condiciones no cambiaban, íbamos a ser espectadores privilegiados de una fiera lucha que estaba a punto de comenzar.

Mientras observamos inmóviles, Cesar me comenta susurrando, que si hay algo que distingue a los dama de otros cérvidos, es la agresividad con la que presentan batalla entre ellos, y que a pesar de su tamaño reducido con respecto al colorado, el espectáculo de sus batallas, es más violento que el de sus parientes.

Como era de esperarse, cuando se encontraron y sin mucha vuelta, se atacaron directamente, y el ruido que hacían sus astas al chocarse llegaba hasta nosotros nítidamente.

Pero el dama blanco, brillaba por su ausencia, y se encontraba ajeno a todo esto, valla saber uno por donde…

Luego de más de veinte minutos de pelea, uno de los ciervos entendió, que llevaba las de perder, y decidió emprender retirada. Por nuestro lado, todo el tiempo estuvimos prismatiqueando todo el monte, para ver si en las cercanías no estaban las hembras, otros machos y sobre todo, nuestro ansiado blanco.

Pero nada de nada, y ya promediaba la media mañana, la brama se había cortado, y ya no había más que hacer que emprender el regreso a la calidez del coto, donde arribaríamos al mediodía, y donde seguramente nos esperarían con suculenta comida, preparada por el chef Néstor, capaz de satisfacer sin problemas, las sofisticadas exigencias gastronómicas de los extranjeros, y siendo todos los movimientos concernientes a la estadia, supervisados por el famoso en la zona “piojo” Williams, quien hace y deshace, encargándose que al cazador realmente no le falte nada.

Luego del apetecible almuerzo entre amigos de años, como son todos los nombrados, y del merecido descanso, decidimos hacer otra entrada en el monte por la tarde, para probar suerte e ir agotando posibilidades.

Al atardecer, el sol se escondía de a poco, mientras ya hacía rato estábamos internados en el monte, pero esta vez por mucho que caminamos y rastreamos, ni siquiera pudimos ver los ciervos a la distancia, y sin saberlo en ese momento, la acción no se iba a dar hasta la mañana siguiente.

El día empezó a la madrugada como de costumbre, y a eso de las 6:00 hs. ya estábamos en otro sitio con probabilidades, pero ésta vez el que bramaba era uno solo, tal vez como marcando territorio, y como todavía era de noche, hicimos un buen esfuerzo para acercarnos al ciervo.

Por el sonido lo teníamos a no mas de 300 metros, y pronto empezó lentamente a aclarar, entonces, Pastor me susurra que el que bramaba era el dama blanco, noticia que fue más que suficiente para que la adrenalina lograra en mi un grado de exaltación tan grande, que hasta me costaba ubicarlo con los prismáticos.

Y ahí lo tenia, antes mis ojos…un ejemplar precioso, mientras pastaba y bramaba de a ratos, pero todavía no estaba a distancia de tiro. Lo prudente era intentar un aproximamiento, hasta poder llegar a una distancia que asegurara un tiro preciso.

Debíamos tomar una decisión pronto, el viento lo teníamos bien, y la vegetación que nos separaba del ciervo era frondosa, y como corresponde, escuche atentamente el consejo de mis guías.

Pastor y Cesar coincidían en que lo mejor era que lo intentara solo. Es decir, tratar de llegar a la distancia de tiro que me diera seguridad, sin ellos, con el objeto de minimizar los ruidos y movimientos.

Y así fue como se hizo, lo mas agazapado posible y por tramos cortos cuerpo a tierra, y despacio, muy despacio…Me tomó más de 40 minutos poder esconderme detrás de un caldén que estaba a no mas de 120 metros de la ubicación del dama.

A estas alturas el tiempo era escaso, así que luego de calmar mi pulso, encaré a brazo alzado, le puse la cruz a la paleta, un poco por detrás para no arruinar la careta, y suavemente apreté el gatillo…

El estampido del disparo destronó la armonía del monte, y el ciervo dio el típico salto con las patas delanteras hacia adelante, acusando el impacto en la caja toráxica y cayó desplomado a los tres metros. Mi emoción era indescriptible, y mis amigos ya venían al trote hacia mi, para fundirnos en abrazos y felicitaciones, y juntos nos dirigimos hacia la presa abatida.

Con respeto admiramos la belleza imponente del animal y la noble estampa que le daba su cornamenta.

Dicho trofeo tendrá un lugar privilegiado en mi hogar y el recuerdo del lance un lugar especial en mi corazón, y fue mi deseo hacer la taxidermia con el animal bramando, tal cual estuvo los últimos instantes de su vida, como humilde tributo a su grandeza enaltecida con su blanquecina belleza…


Cazador: Sergio Barbosa
Guías: Pastor Carranza y Cesar Domizi
Arma: Fusil a cerrojo Winchester con mira Meopta variable
Calibre: .300 WM
Munición: Hornady 180 grains.
Lugar: Coto Cerro Nevado. Santa Isabel. La Pampa
Fecha: 16/04/05