Luna, caldén y colmillos

Jorge Borque

 

De la aguada estaban quedando los restos, pues su tamaño se había reducido por la falta de lluvias, no obstante quedaba bastante barro.

Mirá que pata!... me dijo Eduardo recorriendo los contornos de la aguada, en donde los visitantes dejaban sus improntas para que nosotros hiciéramos nuestros análisis (nos ratoneáramos), y podíamos observar esa pata que desde hace algún tiempo es muy familiar para nosotros, sí, es un padrillo "machazo" al que venimos acechando desde aproximadamente año y medio, y solo en una oportunidad lo pudimos ver solo por un instante, pués evidentemente nos venteó y como "matrero" que es se hizo humo.

Las andanzas del "matrero" ya eran conocidas en el campo y en algunos vecinos, una mañana aparecieron muertos tres corderos, y los rastros observados por los criollos, que si de rastrear se trata son expertos, eran sentenciosos: "fue el matrero"; y supongo que siempre algún condimento extra le pondrían como para agrandar las cosas, pero lo cierto es que ese rastro, esa pisada, la deja un animal de muy buen tamaño.

El reloj marcaba las diez de la mañana y faltaban tres noches para el plenilunio, el tiempo pintaba excelente, frío por la época (julio), pero sin nubes y sin viento.

Anduvo un león grande tomando agua anoche,también, y se ve que entra por el mismo lugar que el "matrero", al costado del caldén grande, me decía Eduardo señalándome los rastros dejados por un puma de considerable tamaño que había "bajado al agua" la noche anterior, se podían medir en el barro húmedo el tamaño de sus uñas, el león se apoya en sus manos abriendo los dedos para hundirse lo menos posible en el barro, desplegando sus garras.

Nuestro apostadero seguía casi igual de la última vez, un pisotón de alguna vaca había deformado apenas uno de sus bordes y las ramas que le dejamos ex profeso marcando el pozo, así que nos pusimos en la tarea de reacondicionarlo y colocarle el paño que hace de techo, para cubrirnos un poco de la helada, que pintaba como dura, y encima colocamos la red de camuflaje que lo terminaba de mimetizar y confundir con los montes que tenía a su alrededor. Por supuesto que la dirección del viento ya estaba más que estudiada (de tantas veces...) y nuestra posición en el pozo era de espaldas a la luna, pero sabíamos por experiencia que todas las precauciones eran pocas con "el matrero".

No quiero extenderme demasiado, pero la construcción del apostadero es de fundamental importancia por muchos motivos: Primero por nuestra comodidad, el pozo debe ser suficientemente amplio y con lugar para extender las piernas, el nivel del terreno de ser posible tenerlo a la altura de nuestro pecho de esta manera el fino olfato de la caza no detectará tan fácil nuestros olores, quedarán en el pozo; con algunas alfombras viejas se podrá aislar el frío del asiento, y siempre se emplazará, en la base de algún monte y a la sombra de la luna; y como ya dije el toque final lo da nuestra red de camuflaje, les aseguro que se mimetiza en cualquier terreno, es una aliada excepcional.

Es necesario no andar cambiando las cosas en los alrededores y mucho menos dejar elementos ni restos, ni hacer ningún tipo de necesidad fisiológica, para no plantearle dudas a tan astuto animal, recordemos que el orín es una demarcación territorial para los animales.

"Que tal si vamos yendo pa’ las casas?", nos decía Pepe uno de los peones del campo que nos miraba pacientemente apoyado en uno de los alambrados cercanos.

Mire Don Jorge acá han hecho una "pasada" nueva las chanchas con los lechones, se ve que estos están viniendo del sur y no como el "matrero" que entra por el norte, se refería a un portillo o canaleta debajo del primer alambre, el cuál está forzado algo para arriba debido al porte de algunos animales. Por acá no cabe el "matrero", haría cimbrar el alambre ( decía Pepe riéndose).

Con Eduardo teníamos instalado a un kilómetro y dentro del monte un pequeño campamento, una carpita chica para dos personas, calentador a nafta, pués no se hace fuego cerca de la aguada, mesita de camping, bolsas de dormir y demás elementos.

Dejando todo en esas condiciones nos fuimos con Pepe a compartir un flor de asado al casco de la estancia en donde nos esperaba Don Ernesto (el dueño) gran amigo, y donde "ensuciaríamos" los rifles, sí es mi manera de expresar que es necesario haber disparado algunos tiros después de limpiado el rifle y antes de ser usado en la cacería; en el polígono he comprobado infinidad de veces la diferencia del lugar de impacto, con un cañón limpio a uno que ya disparó algunos tiros.

Personalmente utilizo un.375 Holland & Holland Mag., con puntas de 270 gr, que con un cañón de 26" estoy saliendo en boca con 2650 pies/seg, y con una agrupación más que excelente a 150 metros; sí es cierto que es un calibre un poco grande… y que?... a mi me gusta y hace mucho que cazo de todo con él, además si Ud. conoce el tema sabe que un impacto de un.375 es un Nock Out casi seguro, mucha gente desconoce las prestaciones de este clásico calibre inglés, y habla por comentarios, por algo ha trascendido fronteras y épocas, y en muchos lugares del mundo está en plena vigencia, su versatilidad es muy grande, las puntas las puede elegir entre 250, 270 y 300gr, obteniendo performances muy buenas, con recargas personales (puntas Hornady y pólvoras I.M.R.) he llegado a obtener grupos de cinco impactos en un diámetro de 2 pulgadas a 150 metros, y además he comprobado,también en polígono, que esa recarga, cae solamente cuatro pulgadas a 300 metros, estando regulado a cero en 150 metros.

Pos su parte Eduardo a pesar de poseer una gran colección de armas, sigue siendo fiel a su.300 W. Mag., con puntas de 180 gr (Speer Grand Slam) y pólvora Reloder 22, que por supuesto es una receta de las mejores.

La sesión de tiro alternaba con el asado, y Don Ernesto mismo pudo dar prueba, de que todavía mantiene su puntería de juventud, acertando con el.375 a una latita de cerveza a 80 metros aproximadamente.

Eran las 15 hs. y estábamos a más de diez kilómetros de nuestro apostadero, así que decidimos que había que ir partiendo, pues soy de la idea de que hay que estar dentro del mismo antes que se esconda el sol. Personalmente llamo al atardecer la "hora mágica", paulatinamente se empieza a apagar la vida diurna dando paso a la nocturna, y es en esa transición donde obtuve muchos trofeos excelentes, y tirando con luz diurna todavía.

Ya en nuestro campamento "táctico", sin humos ni ruidos, realizábamos los últimos preparativos, llevás el termo? mirá que el cafecito caliente es muy importante, si, y también el asado cortado en tiras (para comerlo como fiambre), y algunos caramelos ácidos envueltos en servilletas, para evitar sus ruidosos envoltorios, la caramañola, el 44 Mag, en su cartuchera, por si las moscas, los prismáticos de cada uno (herramienta imprescindible), una pequeña linterna, cortaplumas de usos múltiples, etc., todo en una mochila que haría más fácil su transporte.

Camperón en una mano, rifle (cargado y con seguro) en la otra y vamos andando...., no va a ser la primera vez que en camino al apostadero nos sorprende algún chancho, Eduardo puede dar fe, en una oportunidad y ya dentro del pozo con el sol todavía alto, y mientras acomodaba sus cosas para el acecho, apareció un enorme solitario zaino oscuro, su.300 W.Mag. estaba descargado, era su turno de disparo (pues nos repartimos las horas para disparar: a él las pares y a mí las impares), me miró con una expresión lánguida y me dijo: Es suyo socio....

Con bastante sigilo nos aproximamos a la aguada y a unos 50 metros comprobamos lo eficientemente mimetizado que quedó nuestro apostadero.

Ya dentro del pozo se ordenan las cosas de manera tal que cuando oscurezca sepamos dónde buscarlas, se colocan unas fundas oscuras tipo espaguetis a los cañones de los rifles, para evitar los reflejos y se los apoyan apuntando al lugar que presumimos entrará el "matrero" y se le quitan los seguros a las armas, sí, es importante, pues el chasquido metálico de quitar el seguro puede ser como una bomba en el silencio de la noche.

Mi rifle con bala en boca, dos cartuchos en el almacén, y por costumbre dos más, uno en cada bolsillo para evitar que hagan ruido, pero más que por necesidad, es una vieja cábala, pues para este tipo de cacería con dos tiros alcanza.

Con las últimas luces del día vemos como vienen los loros a tomar agua, es un equipo organizado, mientras uno o dos permanecen en lo alto de algún monte de la orilla, los demás beben, y se van reemplazando, repiten esta operación de autoprotección dos o tres veces y parten.

Es increíble como nuestros ojos van adaptándose a las condiciones de poca luz y a poco nos vamos integrando en el paisaje y como alguien dijo "ya estamos cazando"!

A lo lejos se siente "juancho" el zorro ensayando algunos de sus gritos, y algunos teros alborotando el monte.

Son las 19 hs. ya noche y hacia el este se ve aparecer la luna, calculo que en una hora más y nos va a alumbrar bien, me decía Eduardo.

Pasaron unas cuatro horas y solo habían llegado hasta el agua algunos patos, a quienes observábamos con los binoculares, cómo se peleaban y cómo mantenían algunos amoríos nocturnos.

Una suave brisa del sur venía trayendo unas nubecitas lo que no era buen presagio, y el frío se había instalado junto con nosotros, realmente insoportable a pesar de nuestros excelentes equipos especiales, pero es parte del lance y quien no da nada a cambio, no merece respeto.

A la una de la mañana nos sorprende doña lechuza con unos estridentes gritos, con Eduardo nos miramos y sin mediar una sola palabra nos entendimos perfectamente; son más de veinte años de cazar juntos y tenemos por bien sabido que la alarma de la lechuza es para tener en cuenta, no pasaron quince minutos y una figura fantasmal, llena de suavidad y sigilo, se aproximaba al agua desde el viejo caldén, recorriendo el mismo camino que viéramos en sus rastros por la mañana, es decir por la sombra del árbol, pero para tomar agua debería salir al claro, debería avanzar unos cuatro o cinco metros más, era el turno de Eduardo, lo tenía enfocado dentro de su Carl Zeizz (diavari), el león observaba todo de manera inmóvil, como presintiendo, nosotros ni respirábamos, y de pronto avanza pero muy lentamente, la mancha blancuzca de su pecho era nítida a simple vista, ya estaba a escasos cuarenta metros, se decide, se acerca al agua y bebe, en el silencio infinito podíamos oír claramente el ruido que provocaba al beber, igual al de un perro sediento tomando agua, era realmente un hermoso ejemplar, joven pero muy robusto y de cara redonda y grande; la decisión estaba en el rifle de Eduardo que lo seguía enfocando con su telescópica, mi ansiedad era grande, de pronto mi compañero levantó el rifle diciendo "voy a esperar al matrero". Y quiero resaltar acá las condiciones de hombría y respeto por el deporte, de mi amigo Eduardo, porque hay que ser muy hombre para no apretar el gatillo en esas circunstancias. El león tomó agua, y se volvió por donde vino con el mismo sigilo con que entró.

Las nubes nos estaban alcanzando y se aproximaban lentamente como en una procesión, ya cuando tuvimos encima la primera, nos quitó muchísima luz de la luna que brillaba como nunca, y a partir de ese momento se sucedían momentos con y sin luz, brillaba el caldén y se apagaba el caldén, son los imponderables de este tipo de cacería que nunca faltan.

El frío y el sueño estaban calando hondo y Eduardo ensayaba algún ronquido, al que yo prontamente respondía con un empujón.

Casi a las tres de la mañana y con condiciones pobres de luna por una nubazón de forma alargada, me pareció ver un reflejo al costado del caldén, escudriñaba todos los alrededores con mis prismáticos y nada, pero estaba seguro de haber visto algo, cuando pudo entrar un poco más de luna yo tenía mis ojos fijos en el caldén y sus alrededores y de pronto mi corazón parecía que iba a estallar, una mancha negra enorme con un lomo encorvado y plateado miraba el charco, lo tenía a un costado y no por donde lo esperaba, sino a la izquierda y no podía evaluar muy bien sus colmillos pero en un movimiento que hizo alcancé a tomar conciencia de que se trataba del "matrero".

Me fui apoyando suavemente contra la pared del frente del pozo para afirmarme bien, y comencé a girar muy despacio el rifle a la izquierda a la vez que lo iba buscando con mi telescópica (una Leupold dualX ), "el matrero" no estaba convencido de entrar al agua y pegaba unos hocicasos hacia el frente, como dándose valor y de manera amenazante, Eduardo lo tenía enfocado con sus prismáticos, y se le escapó por lo bajo "La pucha.... que grande! ", me ofrecía el flanco derecho algo cruzado, cuando la cruz llegó a la altura del codillo "le solté la pepa" (al decir de un paisano amigo).

Los 270 gr. se abrieron paso furiosos desde el costado derecho un poco al frente, partiendo corazón y pulmones, hacia el costado izquierdo un tanto atrás, el revolcón fue grande, se paró y cayó en dos oportunidades alcanzando a recorrer unos treinta metros en dirección al sur, es decir buscando la protección del monte; pero la potencia del.375 quedó de manifiesto una vez mas, estaba tendido en un limpión y podíamos verlo perfectamente con los prismáticos, esperamos algunos minutos sobre todo a esperar que se me pasara el susto y se me normalizaran los latidos y la adrenalina que había embotado mi cabeza, situación que me recordaba mis primeros jabalíes cazados al acecho y con una escopetita de un tiro con Brenekes.

Era soberbio, imponente, la parte visible de sus colmillos solamente, era más larga que varios de los trofeos extraídos a buenos chanchos, una vez afuera del maxilar el derecho midió 28 cm y el izquierdo 27cm, y desde hace un tiempo me recuerdan todo esto desde un escudo a un costado de mi estufa.

"Ahora podríamos darle un besito al mejor amigo del hombre" me decía Eduardo pasándome la petaca con ginebra, que según él la lleva para algunas ocasiones.

Las cuatro de la mañana nos encontró sentados a la luz de la luna, casi debajo del viejo caldén y contemplando unos hermosos colmillos, mientras pensaba: Que contento se va a poner Don Ernesto mañana cuando se entere!!!

Una vez más de la mano de San Huberto y luego de ofrecer nuestra cuota de sacrificios, logramos nuestro premio: "Un hermoso Trofeo".