Como todos sabéis, me impongo comprobar las bondades de un nuevo destino antes de mandar clientes. En esta ocasión, por problemas de calendario, me voy con el primer cliente. Su objetivo es un elefante en Mozambique.

Esta es la crónica de un safari diferente, en un país donde la gente vive como hace 500 años y con unos resultados que no fueron los esperados.

Mi deseo al publicar este diario es que comprendáis que cuando te dedicas profesionalmente a la caza, en algunas ocasiones, te preguntas «¿Quién me mandará a mí venir aquí y meterme en este embrollo?».

 

13/6/08

Me reúno con J. en el aeropuerto de Barcelona. Al facturar el equipaje, la primera en la frente, nos cobran 600€ a cada uno de exceso de peso. Siempre suelo llevar el mismo equipaje, entre la maleta, el maletín con el rifle y el de la munición, pesa un total de 36Kg. Ya sé que no debo volar nunca más con TAP. Es la primera vez que me hacen pagar por este concepto. Las otras compañías con las que he volado no me han cobrado nunca.

Volamos Barcelona – Lisboa – Maputo.

 

14/6/08

A nuestra llegada a Maputo, nueva sorpresa. Además del permiso de la policía exigen autorización previa de aduanas para entrar las armas en el país, como si de una importación permanente se tratara. Como la normativa es nueva, no tenemos preparado este requisito. Por supuesto, no han avisado a los diferentes outfitters que operan en el país, que deben pedir esta autorización para sus clientes.

De nada sirven nuestros ruegos para que nos dejen continuar viaje hasta la aduana de Beira, aeropuerto de destino. Las armas y munición quedan requisadas en Maputo.

Si las autoridades de Mozambique creen que añadiendo burocracia y papeleo van a promocionar el turismo, están muy equivocados. Deberían aprender de Namibia, donde solo es necesario rellenar una cuartilla en el aeropuerto para la entrada de armas.

Aprovechamos el contratiempo para visitar la ciudad, sin duda la más sucia que he visto en mi vida.

Nos alojamos en el hotel Holliday-inn, un oasis de limpieza y lujo entre tanta desidia.

 

15/6/08

Ante la imposibilidad de rescatar nuestras armas, decidimos seguir viaje hasta Beira. Allí nos espera Grant, el outfitter que lamenta mucho los problemas que hemos tenido. Nos lleva a cenar unos buenos langostinos y al hotel donde hacemos noche. La ciudad es bastante más limpia que Maputo.

 

16/6/08

Salimos a las 4 a.m. hacia Sena, 510 km por una carretera con apenas tránsito. Hay muchos peatones y ciclistas en la calzada. Los pocos camiones que vemos van atestados de gente sobre la carga.

A nuestra llegada nos reciben con un buen almuerzo y por la tarde intentamos, que no conseguimos debido a nuestra impericia, pescar peces tigre desde una barca con motor fuera borda.

El campamento es totalmente nuevo, lo estrenamos nosotros. No es bonito, pero está instalado a la orilla del Zambeze y, además, los lodges de obra tienen cuarto de baño en cada uno.

 

17/6/08

Salimos a cazar con los rifles que nos cede el profesional, un Máuser 66 del 458W y un Westley Richards del 425WR.

Nuestro objetivo son el hipo y el cocodrilo. Desde la misma motora del día anterior, nos desplazamos de isla en isla tratando de sorprender a estos animales. Ambas especies tienen un olfato y oído increíbles y nos detectan antes de conseguir ponernos a tiro.

Al atravesar un canal entre dos islas, el profesional nos advierte que debemos cruzar los tres a la vez y lo más deprisa posible para evitar ser atacados por los cocodrilos. Así lo hacemos, el agua en el tramo final me llega al pecho. Cuando llegamos a tierra firme, comprobamos que J. se ha quedado al otro lado. Nos lanza sus pertenencias y cruza con el rifle sobre la cabeza.

Como los rifles no han llegado todavía, mañana saldremos a por el elefante con los del profesional. ¿Adivináis quién va a cazar elefantes sin un rifle con el que defenderse?

 

18/6/08

Salimos en coche bastante antes del amanecer hacia el área de Chiramba, 75 Km que nunca se me hicieron largos, cada 2 o 3 km hay un poblado nativo donde viven como lo han hecho siempre, en pallotas (cabañas) de barro y paja. Conviviendo con cabras, gallinas y cerdos. Moliendo maíz y sorgo en grandes morteros con troncos que usan como martillo pilón y yendo a buscar agua que transportan las mujeres sobre la cabeza a kilómetros de distancia. En un poblado les damos goma de mascar a unos niños, miran desconfiados algo que no han visto en su vida.

Recogemos a Rafael y a Sondani en sus poblados, el primero nos informa que tiene localizado un gran cambaco que acude a beber a un lago que hay en el altiplano. Nos muestra unos palos cortados a la medida de sus huellas. El que corresponde a las posteriores es de casi 60 cm de longitud. Un gran elefante.

Subimos al altiplano y nos dirigimos al lago, en el mismo hay huellas de bushpigs, algún kudu y de elefantes, una manada con crías y el macho que buscamos que ha entrado a beber esa misma noche. Iniciamos el seguimiento de las huellas del macho y observamos que sigue a la manada de hembras.

El bosque está compuesto por mopanis, baobabs, manzanitas (massau berries, una fruta muy parecida a nuestros jínjoles) naranjas africanas (con la piel dura como un coco) e infinidad de árboles de gran talla cuyo nombre desconozco. El sotobosque está bastante limpio y es fácil de andar, excepto en las manchas de mopani y arbustos que es donde se refugian los elefantes para sestear.

El rastro se complica debido a la infinidad de huellas, los excrementos frescos nos indican que estamos sobre la pista de la noche pasada. Cuando llevamos unos 8 o 10 km caminados, la temperatura de los excrementos nos indica que estamos cerca del grupo de elefantes. Hacemos una parada para reponer fuerzas y Sondani aprovecha para hacer una ceremonia al espíritu pidiendo suerte en la caza y que salgamos bien librados del enfrentamiento con los elefantes. La ofrenda, es un cigarrillo que me pide y deja consumir al pie de un árbol. Reanudamos la marcha y no los encontramos en la espesura donde creímos estarían. Son ya las 3 de la tarde y tenemos un par de horas largas hasta el coche. Regresamos para evitar que se nos haga de noche en el bush. Cuando llevamos una hora andando de regreso, cruzamos el rastro del elefante grande de nuevo, es reciente y lo seguimos. Se dirige hacia el lago pero va comiendo y decidimos ir directamente al lago. Antes de llegar al mismo, volvemos a cortar su rastro, esta vez es muy reciente. Como estamos ya casi en el lago, decidimos esperarlo allí y atacarlo cuando vaya a beber.

La espera resulta en vano, el elefante se demora y está oscureciendo. Decidimos dejarlo para mañana que vendremos preparados con linternas y dispuestos a pasar la noche si fuera necesario.

 

19/6/08

Dedicamos la mañana a esperar hipos y cocodrilos sobre un banco de arena a donde van a solearse. Acuden varios cocodrilos, uno de ellos de 4 metros. No le disparamos, queremos uno más grande para J.

Por la tarde volvemos al lago pertrechados para esperar lo que haga falta. Ya oscureciendo oímos ruido de agua. Los elefantes se han acercado a la orilla del lago sin que nadie oyera nada. Parece increíble que animales tan voluminosos puedan ser así de silenciosos. Se trata de un grupo grande de hembras y crías que permanece compacto mientras beben. Los observamos a placer pero el macho no está entre ellos, su mayor altura le delataría. Decidimos pasar la noche en el bush por si acude más tarde. El Relec extrafuerte (repelente de insectos) funciona, los mosquitos no me molestan, solo siento frío en las piernas y me falta una almohada.

 

20/6/08

Buscamos rastros recientes de nuestro macho en el lago, en la carretera que debe cruzar forzosamente para acudir al Zambeze y en una pequeña laguna que usa también como abrevadero. No ha acudido a ninguno de los tres sitios a beber. Puede que las manzanitas le hayan proporcionado el agua suficiente y pase un día sin tomar agua.

De regreso al campamento visitamos el banco de arena querencioso para los cocodrilos. Hay uno tomando el sol que es un monstruo, debe sobrepasar los 5 metros. Está de espaladas y no ofrece ningún punto mortal para el disparo. J. se prepara con el trípode para realizar un disparo de precisión al cerebro/columna. Cuando está listo, un grito hace girar la cabeza al cocodrilo, pero el disparo del 458W a 130 m queda corto, es una punta muy pesada para esta distancia.

Por la tarde regresamos con la intención de hacer una espera en el lago. Al atravesar un poblado, nos está esperando Sondani para darnos una buena noticia. Un elefante todavía mayor que el que hemos estado siguiendo ha bebido esta noche en una poza de un cauce seco que hay a una hora de marcha de su poblado. Le acompaña un escudero y el bush espeso donde duerme está cerca del punto de agua. Como el asunto pinta bien, decidimos regresar al campamento para madrugar mucho mañana e ir a por él.

Mientras conversamos, los niños del poblado han ido reuniéndose alrededor nuestro. Uno de ellos presenta una fea infección alrededor de la boca. El profesional quiere llevarlo al hospital de Chemba pero el niño huye. Mandamos a un tracker tras él y hacemos llamar a la madre. Al rato aparece el tracker con el niño de la mano llorando y pataleando. La madre contempla la escena sin inmutarse ni intervenir a favor o en contra. Al final, debemos desistir, el niño se niega a acompañarnos y la madre actúa como si el asunto no fuera con ella.

 

21/6/08

Amanece y ya estamos en el poblado de Sondani. Los elefantes han estado a escasos 500 metros del mismo comiendo manzanitas. Seguimos sus huellas pero el macho grande que acompaña a la manada no parece ser el que estamos buscando. Vamos al abrevadero del cauce seco pero no lo han tomado esta noche. Nos dirigimos al lago y tampoco han estado. La carretera que deben cruzar para dirigirse al Zambeze tampoco presenta rastros de haber sido pisada. Probablemente, comiendo manzanitas, aguantan dos días sin beber.

Quisiera comentar un par de asuntos que me dejaron perplejo. No trato de juzgar ni de extraer conclusiones, simplemente lo explico tal como me lo contaron:

Hay algo que siempre me ha intrigado en África, no he visto nunca un negro con síndrome de Down. Le pregunté a una cooperante catalana que encontramos en el aeropuerto de Maputo y me contestó que no tienen porqué ser inmunes. Le hago la misma pregunta a Grant y me comenta que sospecha de que los hacen desaparecer cuando nacen.

Otra cosa que me impactó es el problema del SIDA en Mozambique. La población infectada se calcula que oscila entre 20 y un 35% del total.

El gobierno, suministra anti-retrovirus y otras medicinas para combatir la enfermedad a los afectados. Estos, ganan en calidad de vida y alargan su esperanza de vida en 10-15 años más. La consecuencia, por increíble que pueda parecer, es que como siguen sin usar preservativo, aumenta el número de contagios.

 

22/6/08

Amaneciendo ya estamos recorriendo la carretera que deben cruzar los elefantes para bajar a beber al Zambeze. Encontramos el punto de cruce y recorremos rápidamente los caminos que rodean el área para asegurarnos de que permanecen en la misma.

A las 7 a.m. nos ponemos en la pista, tras dos horas de marcha, damos con la manada. Están en lo más espeso del bush. Conseguimos ver a una hembra con su cría, una sin colmillos (las más irritables) y un macho joven de unas 35 lbs. Oímos a varios más pero no conseguimos verlos. En un momento dado, parece que recelan algo y salen con las orejas abiertas y rompiendo monte. Permanecemos quietos y se tranquilizan.

Nos movemos hacia la izquierda buscando al grande pero el bush es más espeso todavía. Regresamos a nuestro punto de observación y el profesional y Albano se mueven hacia la derecha, pero solo consiguen ver otra hembra.

Nos tenemos que retirar rápidamente pues los elefantes se mueven en nuestra dirección. Cuando se paran, nos movemos hacia la derecha pero un revoco de aire nos delata. Se nos viene una hembra con la trompa levantada buscando vientos. Nos retiramos y los elefantes se marchan sin prisas. No los presionamos más por no alertarlos.

Regresamos al coche y nos desplazamos a Chiramba pues nos han llegado noticias de que el jefe del poblado ha localizado rastros de elefantes que bajan al Zambeze a beber. Recorremos la carretera pero no damos con ellos.

Me comentan que tras las montañas que hay al otro lado del río, se encuentra Malawi, uno de los países más pobres de África.

Hoy hay danza en el poblado vecino, hemos ido a verla. Hay una fogata que apenas alumbra. Los niños cantan y danzan con mucha gracia alrededor del “conjunto musical” compuesto por un xilofón gigante tocado por tres hombres al unísono y un cuarto músico que toca una batería compuesta por un bombo y tres tambores artesanales y dos timbres de bicicleta. La música, pese a ser repetitiva, es muy melodiosa.

 

23/6/08

Estamos caminando entre 15 y 25 km diarios. Hoy hemos comenzado a andar a las 8 a.m. y hemos tomado contacto a las 9,30.

Sondani ha vuelto a hacer la ceremonia al espíritu para que nos proteja en la caza.

Nos hemos tenido que retirar dos veces debido a los continuos cambios de dirección del viento. Hemos estado todo el día muy cerca de ellos sin llegar a verlos, solo oyéndolos. Muy pronto han iniciado la marcha para ir a beber al Zambeze. De regreso al coche, hemos pasado junto a la tumba de la madre de Sondani. Es como todas las demás, en cualquier lugar del mato excavada en el suelo y junto a la misma, los utensilios del difunto y una calabaza con agua para que lo acompañe en el viaje.

 

24/6/08

Hemos cortado las huellas de los elefantes regresando de beber del Zambeze. A las 7 a.m. nos hemos puesto en el rastro. Hoy llevan prisa, caminan en fila india y en línea recta hacia el altiplano. Forzamos la marcha y el sudor nos empapa. No los conseguimos alcanzar hasta las 12 a.m.

Los elefantes han torcido en ángulo recto hacia la izquierda, esto hace que cuando los oímos, estamos ya a su altura. Están en lo más espeso del bush, mucho mopani pequeño y acacias de corta talla. Yo llevo el cigarrillo encendido para comprobar la dirección del viento y compruebo con impotencia como el humo va directo hacia los elefantes. Van a detectarnos de inmediato.

Pienso que los problemas son inminentes, pues en el grupo hay hembras con crías.

Se desencadena un maremágnum de gritos y ramas rotas y veo sombras que retroceden. Se han parado de nuevo. Retrocedemos nosotros también y tras un lapso de tiempo que me hace pensar que se han marchado, una hembra aparece cargando con las orejas abiertas, pegando gritos y rompiendo monte. Es una carga de intimidación, el profesional da un grito y el animal retrocede.

Cuando ya estamos convencidos de que se han marchado, aparece un nuevo elefante, este es un macho joven de unas 30-35 lbs. por colmillo (aunque en esos momentos, es difícil apreciar el trofeo). Viene como una locomotora, llevándose todo lo que encuentra por delante, con la cabeza baja y las orejas pegadas al cuerpo. Es una carga real y nos tiene perfectamente localizados. El profesional grita de nuevo pero el animal no hace caso, cuando está a 10 metros de distancia, dispara al aire. Al unísono se oye el disparo de J., que creyendo que ha disparado al elefante, lo hace él también. «¡No tires!», grita el profesional, pero ya es tarde.

Hay que estar ante una carga real de un elefante para poder juzgar, un animal de 3,5 metros de altura y 5.000 kg de peso viene decidido a matar arrollando árboles y arbustos.

Esperamos unos minutos y mandamos a los trackers a investigar. Hay sangre, J. le ha dado al animal.

Esperaremos una hora para que el tiro haga su efecto, aprovechamos para comer algo y serenarnos. El profesional está preocupado, no es el trofeo deseado y además puede estar solo herido. No oímos la caída del elefante.

Iniciamos el pisteo y hay sangre, el elefante la proyecta como si de un espray se tratara y bastante alta. Avanzamos muy lentamente y sin hacer el más mínimo ruido. A unos 200 metros encontramos un charco de sangre, por la posición de ésta y de sus excrementos comprendemos que nos ha estado esperando largo rato. El animal no rompe monte, sigue sus veredas, está muy entero y con ganas de venganza. Seguimos el rastro de sangre y comprobamos que nos ha estado esperando dos veces más. La situación es realmente peligrosa. Le comento al profesional que es mejor dejar la búsqueda hasta mañana. Puede morir esta noche o, si la herida es importante, mañana, tener los músculos que la rodean con una fuerte contractura impidiéndole moverse con soltura. Coincide conmigo y lo dejamos para mañana. En el área no hay poblados donde el elefante pueda provocar una tragedia.

Hoy hemos caminado unos 30 km.

He recibido sms de mis hijos felicitándome por mi santo.

Sondani, que es brujo, ha recibido el encargo de ir a curar a un niño que se ha vuelto loco.

 

25/6/08

A primera hora hemos ido a ver si el elefante ha bebido en la laguna, no lo ha hecho. Vamos al poblado de Sondani para reunirnos con Grant, viene de comunicar al jefe de distrito de Chemba que hay un elefante herido.

Comenzamos a caminar a las 9 a.m. y, primero, comprobamos que tampoco ha bebido en las pozas del cauce seco. Nos dirigimos a donde dejamos ayer el rastro y lo seguimos durante cuatro horas. El animal se ha reunido con la manada y ha estado esperándonos en un par de ocasiones más. Cada vez da menos sangre y se dirigen a una zona muy espesa del bush. Tan espesa es que, para disparar a un elefante en la misma, suele ser necesario subirse a un árbol para tener visibilidad.

Regresamos al coche y nos dirigimos a comprobar si han cruzado el camino que va al poblado de Rafael, no lo han hecho, por lo tanto, aunque siguen en la misma dirección, puede que el herido esté retrasando la marcha.

Mañana cazaremos el hipo y el cocodrilo con Colon, y Grant se irá con los trackers a buscar al elefante.

 

26/6/08

Me voy a Beira con Jan a buscar las armas. Son 500 km de ida y otros tantos de vuelta, pero no encontramos transporte que se quiera hacer cargo de ellas. J. ha disparado a tres hipos sin éxito, el tiro se desvía hacia la izquierda. Desmonta el visor y encuentra una astilla en la montura.

 

27/6/08

En el viaje de regreso de Beira, pasamos por Inhaminga, una población donde hubo intensos combates durante la guerra civil. Ésta terminó hace 14 años y todavía hay un tren cisterna entero tumbado sobre los raíles. Los edificios de la ciudad quedaron muy afectados por los combates y permanecen en su gran mayoría deshabitados. Lo más curioso es que los nativos prefieren construir sus barracas junto a los edificios deshabitados en lugar de reconstruirlos.

A mediodía llegamos al campamento de Sena. J. ha cazado un hipo con el 458W.

Las mujeres y niños acuden cada mañana y tarde a lavarse a los lugares donde recogen agua. Los hombres, al parecer, no tienen esa buena costumbre.

La población, pese a su extrema pobreza, se ve bien alimentada y siempre están contentos.

 

28/6/08

Hoy hemos ido a sacar el hipo de J. del río. Antes de comenzar a trocear el animal, los negros entablan una larga y acalorada discusión para determinar cuánta carne le corresponde a cada uno. Después de hacer unas fotos, J. se ha ido a por cocodrilos y yo a intentar un hipo con Jan. Hemos embarrancado en un banco de arena y el motor se ha quedado clavado. Nos ha costado más de tres horas repararlo y hemos perdido las mejores horas del día para la caza del hipo. A última hora he intentado un tiro imposible, fallándolo. J. ha conseguido un buen cocodrilo.

 

29/6/08

Levantamos el campamento, J. y yo nos adelantamos con Jan hacia el campamento principal. Colon vendrá más tarde, después de entregar carne al jefe de Sena para el hospital y el orfanato.

Llegamos al mediodía al campamento principal, está situado sobre la orilla de un río y, sin ser de lujo, es cómodo.

Comemos y salimos rápidamente a cazar. No tenemos suerte, la hierba está todavía muy alta.

En el cauce seco del río veo abundantes huellas de bushpig, sable y león. También algunas de oribí.

 

30/6/08

Nos reunimos con Grant en Beira. Todavía no ha podido dar caza al elefante. Llegamos a un acuerdo con él. Si encuentra el elefante, recibirá por parte de J. la tasa de abate y una propina para los trackers.

Realmente, Grant se ha portado muy bien en este tema. En todos los destinos, un animal herido se paga como muerto.

El regreso, sin contratiempos. En Maputo tenemos que pagar 300€ cada uno de nuevo en concepto de sobrepeso de equipaje.

 

Carlos Mas
cmsafaris.info