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Este título es anterior al de el nuevo disco de El Cigala. El artículo comenzó a redactarse en Octubre de 2003.

 

Mi amigo Juan José (Punxa para los amigos) y yo regresamos de la batida de jabalí de cada domingo; para que no me entre sueño, me da conversación:
–Me gustaría hacer un safari, pero es muy caro 
–Menos de lo que imaginas: unos 3.000 euros 
–¿Cuándo nos vamos?
–Si lo puedo arreglar, en Julio
–Me gustaría llevarme el express del 9,3X74
–¿Quieres una mentira piadosa o la verdad?
–La verdad
–Llévate el 308 con puntas Swift A Frame (ambos recargamos)
 

Nos vamos a Sudáfrica. Para Punxa serán Kudu, Orix, Ñu, Impala, Springbuck y Steenbuck; para mí Orix, Haartebest, Blesbuck Springbuck y Steenbuck.

Con la munición lista, vamos a centrar los rifles. El mío, un 7X57 custom con monturas fijas y Kahles 3-9X42 agrupa de maravilla a 200 mts. El de Punxa, un 308 Ceska con monturas Leupold y Tasco 1-6X42, da la impresión de que se mueve el retículo con los disparos; días más tarde Punxa vuelve a probar y queda satisfecho, yo tengo mis dudas.

Hacemos la lista de cosas necesarias: Pasaporte, Permiso de armas, Guía del rifle, Billetes de avión, Licencias y seguro de caza (por si nos para la G.C. camino del aeropuerto), Botiquín, Rifle, Caja metálica con munición, Herramienta multiuso, Cinta aislante, Linterna, Baqueta, Cámara de fotos con 4 carretes de 36 exp., 2 Pantalones de caza, 3 Camisas, Sombrero, 3 Mudas, 3 Pares calcetines de caza, Gafas de sol, Dinero en Rands, Prismáticos, Móvil, Aceite de oliva para regalar, Lista de teléfonos (profesional, embajada), Colimador, Botas.

 

24/7/04 Madrid – Gamagara

Llegamos el 23 a las 19h al aeropuerto de Madrid. Tras cinco horas de “apasionante espera” salimos como sardinas en lata (donde no cabe ni una sardina más) con Iberia hacia Johannesburgo. Durante el viaje no puedo dormir, el reposapiés está roto y no puedo estirar las piernas. Punxa y un moreno gordo que le hace el coro amenizan el vuelo con melodiosos ronquidos.

Al llegar al aeropuerto, y tras recoger el equipaje y pasar aduana, nos viene a buscar un moreno entrajado de los que por cientos pululan por el aeropuerto. Con cipol identificativo y buscando propina, nos lleva a la “intervención de armas” donde esperan y nos preceden 8 o 10 yanquis tocados con sombrero vaquero, compitiendo en culo y barriga gordos y número de armas (tres por barba de promedio).

El ritmo de trabajo de la intervención es “frenético”. Hay dos magníficos ordenadores nuevos que nadie usa, una fotocopiadora espectacular que sirve para que puedan sacarse un sobresueldo cobrando las fotocopias, y tres policías (dos y una) rellenando montañas de papeles a mano. Una hora antes de la salida del avión hacia Kimberly el moreno que nos acompaña dice que vamos a perder el vuelo. No puedo creerlo, “sólo” tenemos media docena de culones delante y lo que parece imposible se cumple: tardan más de una hora en despacharlos. Tras “diligenciarnos” a nosotros salimos a la carrera, relevo de morenos porteadores y perdemos el vuelo, para mayor gozo el próximo no sale hasta mañana. Como tanta felicidad no parece superable, mi móvil sólo recibe llamadas pero no consigo llamar para pedir ayuda. Finalmente, con un teléfono público y la mediación de un “porter”, parece que hemos contactado con el outfitter, que nos viene a buscar conduciendo desde Kathu (700 Km).

Para entretener la espera, Punxa y yo no zampamos sendos steaks de procedencia desconocida que se dejan comer; el vino, como todos los sudafricanos, excelente. Cuando veo el carajillo que le sirven a mi compañero le pregunto, muy seriamente, si es para beber o para nadar.

Por quitarme tensión me doy un paseo y contemplo algo asombroso: un numeroso grupo de morenos ataviados de fiesta espera a un obispo con cantos y bailes que les producen mucha risa y alegría. Cuando llega el obispo se abalanzan sobre él en una explosión de gozo; “como en España”, pienso yo. Algo harán diferente para que sientan tan próxima a una autoridad eclesiástica. Cosa curiosa es que la esposa del obispo viste de morado como él.

A las 19h aparece el bueno de Le Roux, nuestro outfitter. Hago las presentaciones y le explico que Juan José es un torero muy famoso que tiene como nombre artístico Punxa. Éste, como no entiende inglés, no se entera de la broma, pero la cosa traería consecuencias más tarde.

El viaje hasta Gamagara es de 700 Km por carreteras trazadas con tiralíneas y arcén de tierra. Punxa, ante los cabezazos de Le Roux, me insiste en que conduzca yo. Se lo comento, pero no le parece oportuno. A la llegada a Dibeng coincidimos con dos cazadores del país que han cobrado dos Eland excepcionales y un Orix.

 

25/7/04 Primer día de caza

Me acosté a las 2 a .m. y, a las 6, diana. El comienzo, fenomenal: veo Rinocerontes, Kudus, Hartebeest, Ñus, Cebras, Blesbucks, Elands, Impalas, Duikers, Steenbucks, etc. La densidad de animales es óptima y los trofeos francamente buenos.

Por la mañana cobro un Springbuck tras largo rececho (no se pude hablar de pisteo pues la densidad de huellas es tan grande que resulta imposible). El animal nos ve y, como tenemos el viento a favor, incluso se mejora y se queda mirándonos casi de frente. El disparo, a unos 80 mts, le impacta alto rompiéndole la columna, pero la suerte también cuenta.

Por la tarde se levanta un viento muy similar a nuestro poniente que termina produciéndome dolor de cabeza. Carrileamos al sur de la finca buscando Steenbucks. Se muestran muy esquivos, tengo uno a tiro pero al apretar el gatillo me doy cuenta de que tengo el seguro puesto; para cuando lo quito el animal ha desaparecido. A última hora vemos uno a 40 mts de culo, le disparo y cae. El profesional (Le Roux el joven) me pregunta si le he apuntado al cuello. “No, al culo”, le contesto. Por su expresión adivino lo que efectivamente ha ocurrido: le he volado los dos jamones y el animal es mejor trofeo que el visto anteriormente. Nos acompaña Luzaan, la novia del profesional; el conductor y tracker se llama Gues.

Punxa ha cobrado otro Springbuck y un Kudu fenomenal, pero no está contento. Al parecer se le ha movido el retículo del Tasco con el tiro del Springbuck y ha necesitado tres tiros (todos mal colocados) para el Kudu. No obstante, los trofeos son magníficos, me alegro por él. Han atrapado un Puercoespín en una trampa.

La comida, típicamente inglesa; el desayuno, fenomenal, con zumo, café, tostadas, huevos fritos, salchichas, bacón, etc. El almuerzo, flojo: pasta (con ajo, que no tomé) y ensalada. La cena, pantagruélica: lengua de vaca y Springbuck con salsa que estaba buenísimo. Con diferencia es la carne que más me gusta, pues resulta muy melosa.

Los profesionales son muy competentes. Ambos se llaman Le Roux (aunque no es un nombre muy común), cazan sin tracker, y éste sólo actúa como tal en el caso de un animal herido; de lo contrario, se limita a conducir el pick up. El profesional, desde la caja, le indica con el pié el rumbo a seguir. Espero que si se equivoca no emplee el mismo sistema.

La munición que he cargado, Swift A Frame de 140 grains, va fenomenal. El supositorio que le he mandado al Steenbuck así lo atestigua.

Las instalaciones de la finca, fenomenales, con calefacción, aire acondicionado, dos baños en cada lodge, pista de tenis, piscina, tumbonas para tomar el sol, animales disecados por todas partes, etc. Hay una alfombra que me gusta mucho hecha con al piel de ocho Springbuck. Comemos habitualmente en un comedor auxiliar menos lujoso, pero con bar y barbacoa.

Me gustan mucho las matrículas de los coches: según el estado al que pertenezcan tienen un dibujo de fondo. Las de aquí (Northern Cape) tienen un Orix, y he visto otras con un Elefante.

 

26/7/04 Segundo día de caza

Como nos acostamos a la hora de las gallinas, me he despertado a las 2, he tomado un baño caliente por ver si conseguía volverme a dormir. Vano intento, he salido a pasear y a disfrutar del cielo de África, la Cruz del Sur luce como ninguna otra estrella y las constelaciones parecen nubes de lo tupidas que son.

Por la mañana cobro un Blesbuck tras difícil rececho. Son animales muy esquivos, cuando el profesional lo descubre tras unos rebrotes de acacia me pide que dispare. No sé si por tocar una ramita o por mi culpa, el disparo con el animal terciado de frente impacta algo trasero. Al impacto el animal da un traspié y sale al galope, el profesional y yo tras él como alma que lleva el diablo, me paro y fallo un segundo disparo. Debo serenarme, desde la misma posición, y a pulso cuando el animal ya está a 150 mts y casi cubierto por la vegetación, le hago un tercer disparo de culo que le hace caer la grupa permitiendo el cobro. La espectacularidad del disparo hace que Le Roux grite ¡waw!. Más tarde, tras cargar el Blesbuck, vemos un buen Springbuck solitario, está atravesado a unos 100 mts, le hago un disparo apuntando con sumo cuidado y le alcanzo en el brazuelo cayendo muerto al instante. Podemos admirar el fenómeno que sólo se produce en estos animales: despliega el penacho de pelos blancos que sirven de aviso a la manada cuando se alertan y que dura unos breves segundos estando el animal ya muerto.

Punxa cobra un buen Ñu y un magnífico Impala. En un aparte me comenta, un tanto extrañado, que el profesional le ha llevado a fotografiar los Rinocerontes a escasos metros y con sólo una mata de por medio y sin armas. “Es como si quisiera probarme”, dice.

La sobremesa de la cena se prolonga y el Amarula hace que cuente chistes en inglés sin problemas de traducción.

 

27/7/04 Tercer día de caza

Me despierto a las 5,30h, el profesional de Punxa se ha pasado la noche sentado en el wc a consecuencia de la sobremesa. Salimos los dos con el mío, tras mucho carrilear la zona sur de la finca en busca del Steenbuck de Punxa y mi Hartebeest, localizamos una manada de estos últimos. El rececho es como el juego del ratón y el gato: tras un intento fallido a causa de lo tupido de la vegetación, conseguimos colocarnos a 200 mts de un macho que se retrasa unos instantes de la manada. Como ya he hecho otras veces a sugerencia suya, apoyo el rifle en el hombro de Le Roux para apuntar. Al disparo el animal da un salto como un caballo de concurso y desaparece de nuestra vista… Lo encontramos a 20 mts con un disparo en la paleta. Punxa se ha quedado con Gues y, al oír el disparo, éste le pregunta al primero: ¿Dónde? Apenas le indica con el brazo la dirección, sale dando botes el pick up sin darle tiempo a agarrarse. Tengo que hacer dos disparos al aire para orientarlos. Cuando nos localizan, Punxa me explica que ha venido en la caja del pick up cual garbanzo en batidora.

Por la tarde salimos cada uno con su profesional. Nosotros nos dirigimos a la zona Este de la finca tras atravesar la plantación de cactus que regenta el moreno John. En esta zona habitan los Ñus negros, que son animales muy peligrosos cuando están heridos. El año pasado me cuentan que acabaron con la vida de tres profesionales sólo en Sudáfrica. Carrileamos y les vemos haciendo las más extrañas cabriolas, no en vano son llamados los payasos del bush.

También vemos Blesbucks blancos y Orix, de los que sabe el profesional que en la zona hay alguno muy bueno. Como siempre la caza se muestra muy esquiva, hacemos un rececho a pié pero el fino olfato de estos animales y un revoco de aire nos delata. Vuelta a carrilear, se hace tarde y tengo la ocasión de ver el raro oso hormiguero (que es nocturno). Cuando regresamos hacia el rancho vemos un grupo de Orix, enfilamos con el vehículo hacia ellos en un último intento, paramos el coche a 200 mts, apunto al macho que me indica el profesional pero entre la vegetación y otros miembros de la manada que se interponen parece que no voy a poder disparar. Finalmente se van hacia la derecha, el macho, que se distingue por su mayor altura, se queda un instante al descubierto, terciado hacia la derecha y de culo. ¡Shoot!, me urge el profesional. No ha terminado de decirlo y suena el trallazo; lo incómodo de la postura hace que caiga hacia atrás y no pueda ver la reacción al tiro pero me informan que han oído el “zap” de la bala haciendo carne y visto al animal dando un salto de carnero. Sin tiempo a sentarme sale el pick up zumbando, frenazo brusco tras romper toda la leña que se interponía en el camino y encontramos a la manada a escasos metros parados y desconcertados. “It drop” (ha caído), me dice el profesional. Son las 6 pm y ya casi ha anochecido, rebuscamos los alrededores de donde estuvo parada la manada y no conseguimos dar con él.

Regresamos al rancho con cara de circunstancias, la posibilidad de perder el trofeo más codiciado del safari o de que lo estropeen los chacales nos inquieta.

Hoy Punxa ha hecho porra pero el profesional le ha mostrado los Búfalos demasiado cerca para su gusto. ¡Y sin armas!

Para cenar tomamos pastel de sardina riquísimo.

 

28/7/04 Cuarto día de caza

Me despierto a las tres de la madrugada… la diaria siesta, el acostarnos a las 22h y la preocupación por la posibilidad de perder el Orix no me dejan dormir más. Tomo un baño caliente y a esperar hasta las seis que tocan diana. El día amanece frío de nuevo, la manguera de la piscina ostenta un hermoso y largo carámbano, nunca hubiera podido imaginar que en el Kalahari helaría como lo hace aquí. Por suerte la humedad ambiente debe ser muy baja; si te abrigas, se aguanta bien. Me he comprado una sudadera muy confortable, lo peor es el viento en la caja del pick up hasta que sale el sol, comparto la crema de labios con Punxa pero tengo las manos cortadas por el frío, me he dejado los guantes en casa.

A primera hora vamos a buscar el Orix. Gues ha soñado con él y esto es un buen augurio. Dejamos el coche donde estaba la manada cuando les disparé y el tracker coge el rastro. A no más de 20 mts de donde lo estuvimos buscando lo encontramos muerto con un tiro un poco trasero. Los chacales se han comido una pata, los ojos y el culo, así como un buen pedazo de piel, estropeando una magnífica alfombra. El trofeo es magnífico, 96 cm de longitud, grueso y simétrico. Mentalmente doy gracias y el recuerdo de los seres queridos es inevitable, se lo brindo a mis hijos y a mi madre que están trabajando para que pueda estar yo aquí, a mi mujer que se ha quedado al cuidado del hogar, a mi padre que junto con Eliseo, Javier, Gedeón y César habrán dejado la cacería diaria por las grandes praderas de Manitú para acompañarme en este momento y a la naturaleza que ha creado animales tan magníficos.

Punxa ha conseguido también esta mañana el suyo. El visor se le sale de tiro a cada disparo. Es un Orix también muy grueso pero algo más corto, un bonito “waterball”. Por la tarde, como yo ya he completado el paquete, me pide mi rifle, lo cual para mí es un honor y, con la confianza que le inspira mi arma, acepta el desafío del profesional y consigue un Duiker buenísimo a 300 mts. El hombre está feliz, ha comprobado que con una buena herramienta es capaz de hacer proezas, su profesional y tracker quedan impresionados y cambian totalmente de opinión sobre su capacidad de hacer buenos disparos.

Yo dedico la tarde a filmar Sables, Búfalos, Rinos, Waterbucks, etc.

Mi paquete está completo, a partir de ahora incordiaré a los babuinos por ver de conseguir unos colmillos para hacer colgantes.

Esta noche llega una familia de yanquis que también ha perdido el avión.

 

29/7/04 Quinto día de caza

Le dejo de nuevo el rifle a Punxa y con él consigue un bonito Steenbuck. Nos dejan unas escopetas para tirar Gangas pero no vemos ninguna. Por la tarde vamos a tirar impalas con un solo cuerno (hay bastantes). Se los rompen luchando, pues pese a su apariencia dulce son muy agresivos, y no es extraño que un contendiente resulte muerto durante la época de celo.

Los americanos han conseguido un Springbuck y un bonito “waterball” impala.

Punxa me pregunta: “¿Tú has dicho que soy torero? El americano insiste pidiéndome un autógrafo”. Yo ya ni me acordaba de la broma, ahora entendemos las pruebas de valor a que le sometió el profesional creyéndole un valeroso maestro de la tauromaquia.

El visor de Punxa se queda en África, no lo quiere ver más.

 

30/7/04 Sexto día de caza

Hoy hemos ido a las montañas a por babuinos, disparamos a dos muy lejos y a la carrera, cuando regresamos he fallado uno que he tirado siempre cubierto, no he tenido la suficiente calma para esperar a que se descubriera y después no ha habido forma de hacerle un disparo en condiciones. Hemos disparado todos, pero ha sido como los fuegos artificiales, mucho ruido y pocas nueces. He encontrado escamas de un Pangolín cadáver junto a la valla de la finca del presidente de la compañía exportadora de diamantes. 100.000 Ha, diez veces mayor que el promedio de las otras.

Los americanos no han disparado. Se niegan a hacerlo desde el coche, y a este paso no completan el paquete (más tarde me enteré de que así fue: hirieron el Orix que no pudieron cobrar) El profesional está desesperado.

 

31/7/04 De compras

Nos acompaña el profesional a Kuruman y a Kathu de compras. Compro una lanza, una hacha africana, una caja de marfil, etc.

Visitamos un cercado de Babuinos, contemplamos asombrados como un mono Velvet libre se pega a la valla para que un Babuino cautivo lo desparasite comiendo con fruición el botín de dicho aseo.

Por la noche pasamos cuentas sin sorpresas… champagne de despedida, americanos incluidos.

 

1/8/04 Regreso

Aprovechamos para visitar Kimberly. Durante el trayecto, observamos que están derruyendo los ghetos y en su lugar levantan pequeñas casitas.

Visitamos la mina de diamantes a cielo abierto más grande del mundo, “the big hold”, donde además del agujero parcialmente inundado conservan algunos edificios y maquinaria de la época, así como la reproducción de los diamantes más famosos obtenidos. En total la mina produjo 14.504.566 quilates y fue necesario mover 22.500.000 Tm. de tierra a pico y pala.

Vemos el mayor manantial de agua dulce del hemisferio sur; resulta curioso que se encuentre en pleno Kalahari.

En el aeropuerto de Johannesburgo compramos granates a muy buen precio.

El vuelo de regreso, una delicia: consigo dormirme antes de que Punxa inicie el concierto.

A la llegada a Madrid la bofetada de calor impresiona, el pensamiento siempre es el mismo: ¿Cuándo me vuelvo a marchar?

 

A modo de conclusión: Con cualquier calibre medio se puede hacer un safari de antílopes… y es mucho más importante la elección de una buena óptica y bala que hagan bien el trabajo. En esta ocasión los calibres empleados fueron un 308 y un 7X57.

 

Carlos Mas

 

 

 

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