Fue Pilarilla con sus apenas 10 años, la que reaccionó como impulsada por un muelle, ganándole la mano a los muchos interesados en aquel premio vacante: un precioso cachorro de sabueso azul de gascuña. La afortunada a quien le toco en suerte, seguro que muy a su pesar, hubo de renunciar a él. La Maestra de Ceremonias no había finalizado el ofrecimiento a los potenciales candidatos al cachorro, cuando Pilarilla ya estaba allí, plantada sin decir palabra y con los ojos llenos de luz. Con la agilidad de un meloncillo se había colado entre las piernas de los que salieron a la palestra. Ese era su cachorro. Será su amigo con el recuerdo impreso del día en el que muchos señores se reunieron para aplaudir al Abuelo Resti.


Los auténticos chicos del Land Rover.

Su pelo hincado, sus facciones tan inconfundibles como su mirada noble, no hicieron más que dar sentido a aquel gesto lleno de desparpajo y espontaneidad, para saber que algo tenía la Niña, que alguien vivía en ella. Y su tío Antonio con risilla floja y palabras emocionadas lo desvelaba; ¡¡¡Si es que es Restituta pura…!!!

Tampoco dudó, cuando subía a leer ante una aforo de más de 200 personas, Los Críos del Land Rover Largo en homenaje a su abuelo. Momentos antes, con ella de la mano, su madre me pidió permiso para hacerlo, mi satisfacción fue tan grande como el temor a que ese escritillo humilde y personalísimo estuviera a la altura de la ocasión… Y a la altura de la propia Niña. Lo leyó desde la inocencia pero decidida a pesar de la muchedumbre, sabiendo a quién se dirigía e imaginando una cara; logró hacer suyas aquellas letras de manera que sobró mi nombre. Fue un honor.

La Restitutilla no necesitará de un azul de gascuña para encontrar los rastros de su abuelo, porque él ya los ha dejado bien marcados en su interior, como en el resto de sus hermanos y primos.

Todo esto, sucedió en la cena de entrega de los Premios Caracola que ofrece la revista Caza y Safaris. Fue una velada agradable en general y con enjundia suficiente para una crónica autorizada, y por lo tanto no la mía. En realidad mi presencia, como la de otros muchos, se debió a un galardón muy especial, la Caracola a título póstumo a Restituto Martínez Rascón, Resti.

Allí estuvo Mundi, su esposa, hijos, nietos y sobrinos, muchos sobrinos, sin duda haciendo un esfuerzo sobrehumano para derrochar entereza y ofrecer gestos de alegría y agradecimiento. El resto de la familia, la más extensa y abierta, la de los amigos y cazadores, también estuvimos; muchos en cuerpo y todos en alma.

Fue el homenaje a una ausencia que se hizo extraordinariamente presente. Sin duda Resti estuvo a nuestro lado, en cada conversación, y en cada lance montero de los muchos que se derramaron por las mesas. Tampoco faltaron las bromas y el bullicio que acostumbrábamos en el Land Rover Largo, sólo que ahora sus críos lucen quilos de más y pelo de menos. Un acontecimiento de trasfondo triste, derivó en una jornada agradable y alegre. Sólo él podía conseguir algo así…


Pilar con el gran azul de Gascuña.

Tanta jovialidad de estos niños grandes se torno en seriedad, seriedad extrema. Cuando algún duende de la ceremonia sin nombre… llamado Algimiro, propuso que los Críos del Land Rover Largo subieran a la palestra. Momentos de confusión y algo de terrorífica vergüenza para los más acostumbrados a hacer bromas que a sufrirlas. Poco a poco se nos arrancó de los asientos para poner cara, pálida eso sí, a aquellos críos. En realidad, subimos con orgullo, de ser quienes somos y haber vivido al lado de quienes vivimos, y a la vez humildes, conscientes de representar a cientos como nosotros que viajaron de un modo parecidos en tiempos idénticos, y también responsables de que perdure una herencia.

El momento más emotivo, como no podía ser de otro modo, fue el de la entrega de la Caracola a Antonio, su hijo Antonio. Intentó transmitir optimismo y energía, pero el lance era demasiado comprometido. Todos pudimos entrever la lluvia de la sierra en sus ojos. ¿Qué otra cosa podría suceder a quien intenta leer, pero sus ojos resbalan del papel y acaban sacando las palabras del pecho? Fueron tremendamente emotivas e hilvanadas con acierto; a través de una preciosa metáfora con nombres propios, muchos nombres y muy propios para ser más exacto, rindió homenaje y agradecimiento no sólo a su padre, sino a todo y a todos los que conformaron esa parte tan importante de su vida.

Lo mío no va más allá de emborronar papel con el atino o el desatino de la sinceridad, personal, siempre muy personal. La grandilocuencia me está vedada, y las citas a autores de tronío quedarían condenadas a la ignominia en escritos con tan pocas pretensiones. Sólo me permitiré parafrasear a ese alguien que una vez dijo «No hay nada más vivo que un recuerdo». Resti estará siempre en el nuestro, pero además deja suficiente legado en la sierra, en la caza y en la montería, como para hacer presente y futuro.

Si miráis desde La Carolina veréis toda la sierra; y si os fijáis bien, podréis ver las entrañables arrugas de su cara impresas desde Los Alarcones a la Cuerda de la Aviación.

F. Cantudo