Últimos días del mes de setiembre del 2012 y volábamos en dirección a Johannesburgo junto con las personas que formaban el nuevo safari que organicé para este año. Luego de una escala de unas cuatro horas abordamos el siguiente vuelo que nos llevaría a Namibia, a su capital Windhoek, donde nos esperaría la persona que trasladaría al grupo a nuestro nuevo destino de caza.

Mientras volábamos recordaba cada uno de los detalles de la organización, como fueron los permisos correspondientes de RENAR, para la exportación temporaria de las armas de cada uno de los integrantes del safari, la colocación de la vacuna contra la fiebre amarilla, requerida obligatoriamente por las autoridades aeroportuarias de Sudáfrica, las visas correspondientes para ingresar a Namibia, lamentablemente estamos en un listado de países que requieren visa en Namibia para su ingreso… las municiones, los elementos importantes como son los larga vistas, GPS, Rangefinder, cortaplumas de usos múltiples, botiquín de primeros auxilios y otro montón de necesidades que son importantes en medio de esas interminables sabanas del noreste de Namibia.

Mientras que Carlos y Rafael irían por todos los antílopes posibles, Oryx, Kudu, Sprinbok, Impala, Red Hartebeest, además de la codiciada Cebra de Hartmanns y los grandes Warthog (Facocheros) que abundan en cantidades, Raúl iba de “observer” a sacar muchas fotos y eventualmente tirar algún antílope también y yo en busca y por segunda vez de un Leopardo, asignatura pendiente luego de muchos safaris al Continente Negro.

Una vez completados los trámites de aduana en Windhoek, partimos con rumbo a nuestro primer destino al norte a Otjiwarongo donde realizamos algunos trámites, para luego continuar hacia Fransfontein, nuestro destino final.

Una vez instalados cenamos y nos dispusimos a descansar de nuestro largo viaje de más de quinientos kilómetros.

Muy temprano al amanecer ya estábamos probando nuestras armas en el “shooting land” para verificar que estaban bien, todos llevábamos el mismo calibre el .375 H&H Magnum, un calibre “Rey”, con diferentes municiones, algunos con recargas propias, como es mi caso y sobre todo en esta oportunidad que iba en busca de un gato grande y necesitaba una expansión violenta y rápida, para lo que preparé puntas Hornady Interlock de 300gr con IMR4350, que en mi rifle de 26 pulgadas de cañón las saco a 2500 pies/seg, además de otras cargas con puntas Woodleigh Protected point, mucho más duras, para animales de mucho mayor peso y algunos otros como Rafael por ejemplo, llevaba las factory Federal de 300gr, de excelente rendimiento.

Mientras que a Carlos y Rafael los acompañaría Daniel un excelente PH (Professional Hunter), yo por mi lado iría con Guidion otro PH que al igual que Daniel, ambos son de origen alemán.

Guidion tenía a Jackson de asistente, un nativo de origen Damara que hablaba el inglés a la perfección, pero que por supuesto usaba el Afrikaner para comunicarse con sus pares o con su jefe. Jackson merece un párrafo aparte en esta cacería, una persona de muy buenos sentimientos y de una fortaleza inimaginable y con un régimen de trabajo sumamente exigente y durante muchas horas al día, realmente es un trabajo muy sacrificado el que realiza esta gente. Posee como la mayoría de los trckers un sentido de la orientación excelente, y el conocimiento y seguimiento de las huellas es asombroso, varias veces lo comparaba con la dirección que me indicaba mi GPS, y era preciso, realmente allí los GPS sobran.

La cacería del Leopardo es muy sacrificada, se desarrolla en los ríos secos enmarañados de vegetación, usando normalmente la doble tracción baja para no enterrarse y superar las montañas de rocas que hay cada tanto en esos ríos secos y siempre al lado o muy cerca de las rocosas colinas, es decir muy lejos de las planicies tan bellas de la sabana.

El Leopardo usa frecuentemente los pequeños ríos secos para desplazarse, es el maestro del sigilo, es muy raro que se muestre, pues todos los animales le temen y su sola presencia los alborota y los pone en fuga, de manera que todos sus movimientos se inician al atardecer y durante toda la noche, para cazar, comer y luego desaparecer en los profundos fachinales y requeríos a dormir, hasta la próxima incursión.

Para esta cacería se requiere la colocación de cebos en lugares apropiados, lo primero que se necesita es detectar los rastros de un leopardo en algunas de las zonas preferidas por éstos para desplazarse, como son los ríos secos o las picadas de tierra blanda muy cubiertas de vegetación. El Leopardo tiene cinco dedos en sus extremidades anteriores y cuatro en las posteriores con sus correspondientes garras retráctiles, que para desplazarse normalmente las llevan retraídas.

Encontramos una tarde, en una picada de tierra roja, unas huellas muy grandes, coloqué mi cortaplumas de usos múltiples, que es un modelo “hunter” bastante larga, al lado de las huellas del Leopardo y les tomé una foto para tener una comparación con esos rastros tan grandes. Una vez detectado el movimiento en esa zona se elige un árbol que reúna las condiciones necesarias para la colocación del cebo, tiene que tener una inclinación adecuada, aunque el Leopardo trepa a los árboles de manera vertical y llevando a una de sus presas consigo, la finalidad de buscar un árbol con una suave inclinación es presentarle “las cosas” de manera fácil, es muy importante la dirección del viento y la posición del sol de las últimas horas del día, lo ideal es que el viento sople del cebo hacia nosotros y además que tengamos el sol a nuestras espaldas, o sea que el felino lo tenga de frente. Además es muy importante contar con un “plan B”, o sea otro lugar para apostarse en caso de que cambie la dirección del viento, y como siempre en esta zona el Leopardo se mueve en las inmediaciones de los Kopje (elevaciones rocosas de diferentes alturas), no es muy difícil tener otro lugar alternativo para mudarse por si varía la dirección del viento.

Los Leopardos viven en los mismos lugares que viven los Babuinos y son eternos enemigos, es decir el Leopardo cuando puede, caza algún Babuino para comer y de la misma manera los Babuinos cazan Leopardos por venganza (recuerdo en un safari realizado en el 2005 mis trackers encontraron el cuerpo mutilado de un gran Leopardo cazado por 2 o 3 Babuinos).

Los cebos favoritos de los Leopardos son el Oryx y las Cebras.

Guidion tenía, desde unos días antes de que yo llegara, instalados doce cebos, a los que había que recorrer diariamente y mantener, pues no es cuestión de colocar el cebo y punto, no de ninguna manera, el Leopardo tiene un régimen muy establecido para comer de un cebo, el primer día que come de “ese” cebo, vuelve seguro el segundo día y hay bastantes posibilidades que vuelva el tercero, pero no es seguro; además si el cebo ya lleva 3 ó 4 días se momifica, o toma mal olor y se llena de gusanos y si el Leopardo no está muy hambriento no lo tomará tampoco, de manera que es necesario reemplazarlo por otro cebo fresco.

La cacería de los animales para los cebos la realizábamos simultáneamente con la recorrida de los distintos cebos, cuya vuelta era de alrededor de setenta kilómetros, y en un día era imposible visitar todos los cebos que teníamos perfectamente identificados en nuestros GPS. Por día cazábamos normalmente 2 ó 3 Oryx y normalmente una Cebra, esto era para mantener los cebos y la carne diaria para el campamento.

La colocación del cebo también merece un párrafo aparte, se elige todo un cuarto trasero preferentemente, es decir la pierna completa, se le coloca un alambre grueso cuádruple, de otra forma es muy probable que el Leopardo lo rompa y se lleve nuestro cebo, y se ata en alguna rama muy fuerte y por encima de nuestro tronco inclinado, de forma que el Leopardo suba con comodidad y la comida le quede en su boca. Una vez asegurado el cebo se desparrama por sus alrededores el contenido del estómago de alguno de los cebos, que cuando son cazados se trata de disparar a la cabeza o cogote con la finalidad de no romper el estómago y de juntar su sangre, la que también se usa para arrojarla sobre todo el árbol donde se instala el cebo, sí es un poco “fuerte” la instalación, hay que “sujetar el estómago” al decir de uno de los cazadores, al presenciar la instalación de uno de estos cebos.

Una vez instalado el cebo se barren los alrededores con algunas ramas con el objeto de al volver al día siguiente o al otro, ver los rastros del Leopardo en el terreno, y antes de partir se colocan las tripas, pulmones y demás partes interiores del animal que se usó de cebo y se atan con un largo alambre en el paragolpes trasero del Land Rover y se hace una “rastra” en nuestra criolla expresión o “trekking” en inglés y se los pasea por unos cuantos kilómetros por el campo.

Luego de esto colocamos una trail camera, es un dispositivo que saca fotos en plena oscuridad y dispara cuando detecta algún tipo de movimiento, de manera que al otro día podemos ver quien visitó el cebo y a qué hora entró y cuánto tiempo estuvo, pues la cámara continúa sacando fotos mientras haya movimiento. En uno de los cebos el Leopardo entró a las 20:00 hs y estuvo comiendo hasta las 21:30 hs.

No solamente vienen los Leopardos a comer el cebo, hay varios animalitos que se alimentan del mismo, especialmente el oso mielero (honey bear), es un animalito pequeño, muy parecido al oso hormiguero que trepa con sus grandes uñas a los árboles y compite con los Leopardos, además de otros pequeños roedores que también se trepan por comida y se los pude ver muy bien en las fotos que toma la cámara.

Había luna llena, es decir se planificó la cacería justamente en esa luna, y tengo montada en mi rifle una mira telescópica Carl Zeiss de 3 a 12 x 50 con retículo 60 iluminado. Los emplazamientos de los apostaderos se hacían a más de setenta u ochenta metros, no menos, para evitar cualquier cosa que hiciera dudar a Leopardo. Sé que en otros lugares de África se los caza desde menor distancia, pero la opinión de Guidion (todo un experto en este tipo de cacería) no era para despreciar, de manera que en el Farm, Guidion tenía una placa del tamaño natural de un Leopardo con los colores reales y la colocábamos sobre un árbol que estaba a noventa metros, y practicábamos 2 ó 3 tiros por noche con las indicaciones precisas de Guidion, era necesario poner el tiro de manera de romper alguno de los omóplato y un pulmón o en la base del cogote. En el apostadero estaríamos juntos pero solamente Guidion chequearía el cebo, yo no, y cuando entrara el Leopardo Guidion me tocaría el brazo, y yo no debería moverme, pues había que esperar que el Leopardo iniciara a comer, y en ese momento Guidion volvería a tocarme y yo con la mira en 3 aumentos buscaría al Leopardo y luego la pasaría a 6 o 7 y a partir de ese momento yo decidía si disparaba o no y cuándo. Por supuesto que si entraba una hembra, Guidion me avisaría para no disparar. Las hembras sí se pueden cazar, pero su cuero no se puede exportar y el trofeo sí se debe pagar…

Mi gran duda era cómo iba yo a diferenciar un macho de una hembra en la noche y a setenta metros, pero las diferencias son muy marcadas, la cabezota del macho es muchísimo más grande que la de la hembra, los ojos del macho están muy separados en comparación con la hembra y la gran joroba que poseen los machos por encima de sus hombros es sumamente notable.

Pasaban los días y no definíamos ningún cebo, siendo que los días anteriores a mi llegada, había cuatro cebos con actividad diaria permanente por tres días consecutivos, tal como lo atestiguaban las fotos obtenidas con fecha y horas como las entregan las cámaras.

Al quinto día parecía que teníamos un Leopardo importante, pues teníamos las fotos y al revisar el cebo se había comido más de la mitad del cuarto ofrecido. Lo esperamos la siguiente noche y no vino… Un amargo fracaso.

Así continuaron los días y llegamos al penúltimo día de estadía en ese lugar y comprobamos en uno de los cebos una muy buen comilona. Era un cebo instalado la tarde anterior y las fotos de un Leopardo muy grande que entró a las 19:45 hs y comió por más de una hora, lo confirmaban, de manera que la esa noche era mi última ficha a jugar y mis ilusiones eran muy grandes y mi expectativa también, pues ya había probado cazar Leopardos en el 2005 (aunque de una forma muy rudimentaria), y también en 2009, en esta oportunidad muy bien preparado todo, aunque el Leopardo brilló por su ausencia.

La tensiones originadas entre el cazador (yo) y el PH (Guidion) eran muy grandes y a veces el ambiente se ponía muy tenso y las discusiones también, pues los días se me terminaban y nada…

Me quedaba la última noche, el Leopardo había comido y seguro volvería.

Esa noche mi grupo de cazadores debería partir y se había programado la partida alrededor de las 02:00 hs a lo sumo a las 03:00hs y no más, pues deberíamos recorrer más de quinientos kilómetros hasta Windhoek, donde abordaríamos nuestro avión a las 12:00hs.

Este, mi último apostadero, se encontraba a más de cincuenta kilómetros del Farm y en medio de la selva, lo que nos tomaría entre hora y media a dos para regresar, tomar un baño, cerrar mi equipaje y caja con el rifle para partir, de manera que establecimos las 23:00hs como tope. Nos colocamos en el apostadero a las 18:00hs, era en la cúspide de una elevación rocosa (Kopje), y las horas transcurrían sin novedad. Ya bien de noche y con una luna maravillosa que llenaba mi alma de África “plateada” por todos lados.

Al rato se siente como un balido muy pero muy suave, como el que hacen los corderitos muy pequeños, y mi tensión iba en aumento, ese balido se escuchaba a nuestras espaldas y Guidion permanecía inmutable a mi lado sin pestañear siquiera, con esa dura expresión germana, con señas le pregunto por ese sonido y por lo bajo me dice: “Babuinos”… A los diez minutos estábamos rodeados de una tropa de monos Babuinos, que daban unos alaridos infernales y saltaban alrededor nuestro mostrando su desagrado por nuestra presencia. Había algunos muy grandes y estaban a no más de diez metros de nosotros. El germano con cara de King Kong ni se daba vuelta a mirarlos y yo les puedo asegurar que fue un momento horrible, sumamente aprensivo, de manera que tomé mi rifle en mis manos por si las moscas. Gracias a Dios se fueron de a poco, pero el revuelo que armaron fue gigantesco y yo le leía en la cara a Guidion, que era muy probable que con semejante alboroto, el Leopardo no venga.

A las 22:30hs Guidion me golpea fuerte el brazo y mi adrenalina, calculo, llegaba a su máximo nivel. Sí, el Leopardo llegó y se puso a comer de inmediato, y Guidion a insultar en algún idioma incomprensible para mí, ya que habla muy bien el alemán, inglés, afrikáner, herero… yo no entendía nada, y por lo bajo me dice: “Female, you decide”… contemplé a la hermosa hembra de Leopardo con mis Swarovski, era un bello animal, comía con desaforación y tironeaba el cebo con furia queriendo desprenderlo, la miraba y por mi cabeza pasaban muchas cosa en tropel, me acordaba de viejos lances, de personas queridas… y pensaba que San Huberto me decía: “Será la próxima Jorgüi”… levanté lentamente el rifle y con señas le indiqué a Guidion que era hora de volver.

Bajamos en completo silencio por la parte de atrás del kopje, caminamos unos mil quinientos metros hasta donde estaba la 4x4, y con algunas lágrimas me despedí de África por este año con la esperanza de un pronto retorno y con la alegría por el gran éxito obtenido por el grupo de cazadores, que fue magnífico, con unos trofeos realmente extraordinarios y varios más de los que fueron a buscar, lo que será tema seguramente de una próxima nota.

 

Jorge Borque