Así lo llamaba Ernest Hemingway al gran kudú: the grey ghost of the bush… en su hermosa novela Las verdes colinas de África, y realmente una forma excelente de definir a este gran trofeo africano.

Otros grandes cazadores africanos llaman al greater kudú (gran kudú) el sexto de los grandes, por su gran dificultad para obtener un buen trofeo de la especie.

Su capacidad para mimetizarse en medio de la sabana o de la jungla es verdaderamente asombrosa, solo fácilmente detectable por ojos acostumbrados desde hace muchos años a descubrirlo, como los magníficos ojos de los bosquimanos, trackers (pisteros) bushman. Ellos saben muy bien lo que buscan y sólo escrutan el bush buscando su objetivo, y no se distraen como el neófito que mira absolutamente todo. Increíblemente, July, mi pistero bushman, me indicaba la presencia de algún gran kudú en medio del bosque de mopane y sólo con la ayuda de mis invalorables Swarovsky 8,5 x 42, los podía detectar, a todo esto ya me había confirmado: «it is not good…», realmente estos indiecitos del bush poseen habilidades increíbles, y poder recechar en plena sabana africana con ellos, es un verdadero privilegio. Ellos hablan varios dialectos verdaderamente inentendibles, como son el herero, bushman, swahili y para comunicarse con el hombre blanco usan indefectiblemente el africaner, lengua que se impuso por los neerlandeses que colonizaron la actual República de Sudáfrica, también llamados böers.

July conocía muchos términos en inglés a fuerza de haber acompañado por años a muchos cazadores, términos estos que fueron de suma importancia para mí, para poder comunicarme aunque fuera de manera elemental con quien recorría por muchas horas al día, a pie la selva. Además July me enseñó varios términos en africaner, lo que facilitó mucho mis recechos y de esta manera capitalicé las muchas enseñanzas de este hombrecito bushman, como por ejemplo a diferenciar desde muy lejos un buen trofeo de Gran Kudú, Oryx, springbok, elan, red hartebeest, zebra, jirafa, babuino, facocero y de esa forma evitar un penoso acercamiento entre el espinoso bosque de Mopane, o por el contrario, apresurar el acercamiento.

Los rastros sobre la tierra y sobre los árboles, la inclinación de algunos pastos luego de pisados, las deyecciones, los derroteros, si van al agua o vuelven, caminos más usuales, para donde escapan normalmente ante la detección de los humanos, en fin son una enciclopedia pequeña, negra, viviente, con ojos sumamente vivaces, escrutadores, muy ágiles, de mente rápida e incansables para caminar en el bush.

July no seguía las huellas una por una, solo miraba una, luego pensaba como si fuera el animal que perseguíamos, y recién a los cien metros más o menos confirmaba, mirando otro de los rastros, o sea el rastreaba más rápido de lo que yo caminaba, era una verdadera máquina de perseguir.

Otro tema a destacar de los bushman es el increíble sentido exacto de la orientación, en varias oportunidades siguiendo a algunos de los animales tuvimos que dar unos rodeos infernales entre el bosque de mopane y montañas de rocas muy vegetadas, después del largo rodeo con resultado negativo, pues nuestro gran kudú había desaparecido como por arte de magia, yo consultaba con mi G.P.S., para saber exactamente donde regresar para buscar nuestra 4x4, y era una coincidencia plena la dirección señalada por mi pistero con lo que me indicaba el Navegador.

Puedo asegurarles que es muy fácil escribir estas cosas y algo muy distinto poner a prueba la orientación de estos pequeños del bush, después de haber recorrido más de diez kilómetros dentro del bosque de mopane, es algo realmente asombroso. John el P.H. (professional hunter) ya me lo había anticipado… «Con July no te va a hacer falta tu G.P.S…»

Esta zona de Namibia se caracteriza por tener muy buenos ejemplares de gran kudú, me refiero a la zona llamada Damaraland, donde se encuentran los montes Damara, muy cerca del río Kunene que es la frontera con Angola.

Estábamos casi a fines de octubre, o sea a fines de la estación seca. Muchos cazadores desechan esta época por lo elevado de las temperaturas, y hablan que las corrientes de aire con tierra ascendentes, que hacen imposible las largas caminatas dentro de la sabana o los bosques de mopane y si a esto sumamos las espinas que son implacables, meten miedo al que no estuvo nunca en esa época del año. Muy por el contrario yo la prefiero por varias razones, si bien es cierto que la temperatura es algo elevada, no es nada del otro mundo ni muy distinto a donde yo vivo en Mendoza, Argentina. Por otro lado es la estación de la vista larga, los pastos están comidos hasta el suelo y permiten mirar muy lejos buscando nuestra presa. Además en esta región el problema de la escases de agua es gravísimo, el agua en el norte de Namibia es un bien precioso, de manera que los water-holes (que son escasos) a donde se arriman los animales a saciar su sed, son de mucha ayuda para recechar de un water-hole a otro.

Me impresionaban muchísimo los babuinos cuando se llegaban a unos de estos pozos de agua a saciar su sed, son realmente animales sumamente agresivos, con una ferocidad y capacidad de combate muy grande. Es muy común verlos mostrando sus enormes y gruesos colmillos a los congéneres más pequeños o hembras, que se arriman antes que el jefe o dominante a tomar agua.

Para iniciar un nuevo rececho, íbamos primero a uno de estos water-holes y allí July chequeaba todos los rastros, me iba explicando en su tono gutural y señalando con su dedo índice, decía: kudú, oryx, leopardo, jirafa, babuino, zebra, springbok, eland… y así seguía como si viera fotos, hasta que entre todos esos rastros encontraba alguno que mereciera el seguimiento, decía «good Jorgui…» y allí empezaba la verdadera cacería a través del bosque de mopane y la sabana africana.

El gran kudú es uno de los antílopes espiralados más grandes del África, su figura es esbelta y muy bella, en su cara debajo de sus ojos como una máscara, lleva una V o un chevron (para los americanos) de color blanco, algunos la llaman pintura de guerra, lo mismo que en su gran cuerpo bajan desde su columna vertebral, unas rayas blanquecinas en forma vertical hacia la panza, estas rayas van desde seis hasta diez por lado, dependiendo del tamaño del gran kudú, detalles éstos que funcionan a la perfección para que se mimetice dentro del bush.

El kudú bull (macho) posee cuernos espiralados, puede llegar a pesar casi los cuatrocientos kilogramos, una altura a la cruz de 1,20 a 1,60 metros y pueden tener una expectativa de vida de doce a dieciséis años, mientras que la hembra: kudú cow, puede llegar a pesar solo la mitad de peso del macho y da a luz un pequeño por año.

El kudú bull posee una barba de largos pelos, que baja desde su maxilar inferior hasta el pecho, posee dos grandes orejas las que le proporcionan un sentido del oído extraordinario, que junto con su poderosa visión hacen que el Gran Kudu; sea un trofeo difícil de conseguir.

Un buen kudú bull, normalmente anda solo o con uno o dos machos más, nunca en grupo numeroso, mientras que las hembras sí andan en grupos numerosos formado por varias hembras y crías de años anteriores.

Los machos son sumamente sigilosos para andar dentro del bush, con semejante cornamenta se mueven con gran destreza dentro del bosque y apenas son detectados a veces se comportan de manera curiosa mirando fijamente al cazador y otras veces desaparecen como un fogonazo dentro del bush, son excelentes saltadores y siempre viven en la sabana arbustiva, bosque de mopane o colinas rocosas bastante vegetadas.

Cerca del medio día y muy cansados después de una larga caminata, con July nos sentamos en el tronco de un gran baobab, árbol muy típico de esta zona de Namibia, con un tronco muy grueso, recto y una copa con ramas horizontales desprovista de hojas en esta época del año. July mientras descansábamos en su tronco, me contaba una vieja leyenda Bushman al respecto de éste árbol, en nuestro dialecto personal algo de inglés, africaner, himba, y sobre todo señas, y se trataba que el gran dios de los bosquimanos, al ver que este árbol crecía más que todos los demás decidió plantarlo al revés, y por eso tenía esa forma tan rara… Llevaríamos unos 10 minutos sentados allí cuando veo que July me hace señas de que no me mueva y que mire a un costado, a unos 120 metros estaba parado un kudú bull de bastante buen porte, como petrificado, observándonos, sin entender bien nuestra posición de casi acostados en la tierra. «Is not good, Jorgui», me decía por lo bajo July, y alcancé a dispararle con el zoom de mi máquina fotográfica, en dos oportunidades antes de que se hiciera humo, cuando tomó nuestro viento.

El gran kudú, posee cuernos espiralados, con puntas marfileñas, de mayores dimensiones en aquellos de mayores tamaños, y la característica notable es que el kudú con cada ojo mira en línea recta, a esas puntas marfileñas que son sus armas de combate, por el interior de la espiral. Al decir de July: «It is for fight».

Es un animal de hábitos nocturnos, pues se los suele ver cuando uno transita las huellas en la sabana africana en horas de la noche, aunque es bueno aclarar que en África se caza solamente de día, está totalmente prohibida la caza nocturna.

Hay varias clases de kudú en África, y depende del lugar geográfico es la denominación, de esta forma tenemos al kudú del oeste de África, al del este, al del sur, al de Abisinia y al menor de la especie: el lesser kudú.

En nuestro caso estamos analizando al más grande de la especie que es el gran kudú del sur de África, que habita Botswana, sur de Angola, Namibia, Zimbabwe y Sudáfrica. Pero en Namibia están los records más importantes obtenidos en cuanto a tamaño y calidad.

Como comenté anteriormente, con July partimos desde un water-hole siguiendo unas huellas muy grandes de kudú, llevábamos más de dos horas de seguimiento dentro de un bosque de mopane que a toda costa nos quería impedir el paso, hasta que divisamos a lo lejos un kopje (elevaciones montañosas de rocas con mucha vegetación, en medio de la sabana, y las hay de diferentes alturas, algunas que me tocó subir las estimo como de unos doscientos metros), una vez que arribamos al kopje, yo sabía que July querría subir de inmediato, pues es su técnica, para desde la altura hacer un trabajo intenso de binoculares, detectar los animales, determinar los vientos y definir el acercamiento o rececho. Puedo asegurarles que las bellezas escénicas que se pueden observar desde esas alturas, mirando hacia los bosque de mopane, con todos los diferentes colores de sus hojas que van desde el verde, amarillo, ocres, marrones y rojos, son indescriptibles. Mi espíritu se llenaba de África… Son recuerdos imborrables.

Desde la cumbre vimos jirafas, oryx, red hartebeest, pero ni señas de nuestro kudú, de manera que descendimos con la idea de ir caminando hacia nuestro campamento del que estábamos como a unas tres horas de marcha, y a esta alturas y cargando mi .375 H&H, que es pesado, más los largavistas, máquina fotográfica, G.P.S., telémetro, algunas municiones y tres o cuatro naranjas, y algunas cosas más en un morral, la cosa se pone peliaguda, sobre todo cuando la temperatura aprieta en las horas de la siesta Africana, después de más de seis horas de marcha.

Ya empezaba a caer el sol en el horizonte y enfilamos directo hacia donde habíamos dejado la 4x4, estábamos a unos tres kilómetros y atravesábamos una zona de árboles muy grandes tanto mopanes como acacias umbrellas, de pronto July se arrodilla y dice por lo bajo «kudú bwana… Is big, very, very big», efectivamente a unos doscientos cincuenta metros habían dos muy grandes kudú, el viento estaba de través, es decir ni a favor ni en contra, o sea que podría acercarme casi en dirección a donde se encontraban, además tenía entre medio unos cuantos árboles grandes que nos permitirían escondernos en la aproximación y así lo hicimos, nos movíamos como sombras, es increíble observar al bushman como va eligiendo el lugar donde va a apoyar su pie. Nos acercamos hasta ponernos a unos ciento veinte metros y juro que no sabía a cual dispararle, eran tan parecidos, una situación muy curiosa, habíamos pasado unos días viendo muchos pero pequeños y de pronto dos muy grandes juntos. July con una mente sumamente ágil, se dio cuenta de inmediato que yo dudaba sobre cual disparar, y con su mano me indicaba que el mejor era el de la izquierda, y decía «left Jorgui, very, very big…».

El encuentro de la mano con el cuerpo es siempre mi lugar preferido para este tipo de animales tan grandes, con la finalidad de primero bajarlo en el lugar, es decir sobre los rastros, en lo posible, para evitar penosos rastreos y seguimientos, y segundo para no dañar el preciado trofeo, como sería disparar a la cabeza, por ejemplo.

La punta de 300 grains impactó exactamente donde quería, el kudú aflojó sus patas y cayó como una bolsa de arena, pero instante seguido se incorporó con dificultad y empezó a desplazarse hacia unos matorrales, yo de inmediato me preparé para repetir el disparo y en ese momento July me para con su brazo diciendo «no bwana… no…» cuando veo que el kudú se desplomaba definitivamente. A partir de ese momento todo fue alegría, abrazos, soltar de emociones contenidas, recuerdos que se me venían en tropel a mi mente, de personas queridas, de mi padre, que supongo desde el cielo seguiría mi lance, etc... Éstos son los tragos fuertes que nos regala el Continente Negro.

Como siempre mi agradecimiento a San Huberto es un rito obligatorio en todas mis cacerías, a lo que el pequeño July no entendía mucho, pero luego hablando con otros bushman, les decía… «Bwana Jorgui gave thanks to their God…».

Jorge Borque