Últimos días de marzo del 2013 y respondiendo a la invitación de mi amigo Hugo de la Arada, partíamos en dirección a La Pampa, más precisamente al “Valle de Quehué”, famosa zona para la caza del Ciervo Colorado en nuestro país.

Hugo junto con Lisandro Martín está manejando un importante coto de caza en esa zona, el coto “LA ROSADA”, conocido internacionalmente por la calidad y cantidad de trofeos obtenidos. Es una hermosa geografía para todos los gustos, montes muy tupidos, caldenales con altos pajonales, grandes depresiones con hermosísimos paisajes los que unidos al sonido “mágico” de la brama de “El Colorado” resultan un verdadero Canto de Sirenas, para cualquier cazador.

Me acompañaban en este viaje Rafael y Jorge, ambos con idénticas ilusiones, cazar un buen Colorado y algún viejo “colmilludo”, muy abundantes en ese paraíso Pampeano.

Hace muchísimos años que visito ese hermoso valle para cazar, y siempre paso a visitar a mi amigo Jorge Belloqui, Presidente del Club de Caza VALLE DE QUEHUÉ, desde hace muchos años, gran organizador de competencias de caza del Jabalí apostado, que son conocidas internacionalmente y que promocionan muchísimo a la provincia de La Pampa, por la afluencia de cazadores extranjeros que la visitan atraídos por la gran oferta cinegética que ofrece dicha provincia y especialmente el Club que tan bien maneja Jorge Belloqui, y que dicho sea de paso, resulta una importante promoción, para la querida provincia de La Pampa, la que tantas satisfacciones brinda a todos los cazadores que la visitan desde los cuatro puntos cardinales. Larga vida para La Pampa y sus cacerías…

La Rosada es un coto sumamente vasto, con una parte de “encierro” o de cría y todo el resto es campo abierto donde las tropas de ciervos pueden ir y venir a sus anchas.

La casa que aloja a los cazadores es una construcción hermosa, con gran capacidad para albergar a un importante número de cazadores, los que pueden cazar en simultáneo, debido a las grandes extensiones de campo que poseen para practicar nuestro deporte.

Arribamos alrededor de las cuatro de la tarde y fuimos recibidos por nuestros anfitriones de manera cordial como es su costumbre, mientras nos anticipaban que la brama parecía algo retrasada, pues no se sentía ningún tipo de rezongo o bramido, como naturalmente ocurre cuando inicia la brama en esos valles, de manera incipiente al principio y en aumento después, hasta llegar a un máximo (climax), para luego iniciar el descenso e ir disminuyendo a medida que las hembras van quedando preñadas y el interés de los machos disminuye, tanto que en un momento determinado se alejan del grupo de hembras y retornan a sus lugares solitarios en los bosques.

Hay campos que son eminentemente de hembras, a los que acuden los machos en el celo, época de brama, se llama así a la época en que los machos en los “bramaderos” emiten unos sonidos muy potentes, mezcla de toro y león, con la finalidad de cuidar a su grupo de hembras, de “parar rodeo”, es decir controlar que no se le separe alguna hembra del grupo y además el ciervo brama para intimidar a cualquier otro macho con intenciones de arrebatarle alguna de sus hembras. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de presenciar muchas bramas y disfrutarlas viéndolas, escuchando ese sonido bestial, salvaje, que producen los machos, y ver las confrontaciones, el entrechocar de cuernas, y normalmente siempre hay un ganador que se lleva el premio, el grupo de hembras, y la posibilidad de sembrar la semilla de la procreación, la sabia naturaleza determina que sea el más fuerte el que continúe la especie.

Es muy grande el desgaste que tiene el macho Capital, en esta época, aparte de copular con sus hembras es permanentemente asediado por otros machos, a veces más jóvenes, tanto que mientras corre o le da pelea a uno, se acercan otros y le roban alguna de las hembras, o copulan en el lugar. Todos estos motivos llevan a una pérdida de peso importante al finalizar la brama, a estos machos Capitales. También todos estos desvelos que tienen en esta época los machos, les provocan una disminución de sus “alertas” como son el olfato, la vista y el oído, por lo que es una facilidad para el cazador de poder acercarse, evaluar el trofeo y decidir el disparo.

Como normalmente me sucede antes de emprender el viaje, tengo algunas dudas sobre el arma a utilizar en ésa cacería, y hace tiempo que tengo ganas de cazar un colorado con el .243 W, con el que he realizado unas cacerías muy hermosas y sobre muy variados animales, sobre todo en África, donde cacé piezas para utilizar de cebos para el Leopardo, con resultados excepcionales, pero aquello fue por necesidad y en este caso preferí pecar por exceso y no por defecto y llevé el .300 W. Mag. con recargas propias, pólvora IMR4350 y puntas Nosler Partition Protected Point de 180 gr, receta archiprobada durante muchos años, con la cual tengo trayectoria plana y potencia suficiente.

La otra parte de mi equipo: unos larga vistas Swarovski 8,5 x 42, de una gran definición sobre todo en las medias luces del amanecer y el atardecer, que por lo general son las horas en que se dan los lances, mi range finder , un G.P.S. y mi inseparable cortapluma de usos múltiples.

Esa tarde nos dividimos para salir a dar una vuelta de reconocimiento y llegar hasta determinados puntos del campo, desde donde normalmente se escucha la brama, por un lado iba Lisandro con Rafael y Jorge y por otro Hugo conmigo. Dejamos la camioneta y nos metimos al monte caminando despacio y sin hacer ruido, observando con los binoculares permanentemente, vimos algunas hembras muy lejos y ni señas de la brama, así seguimos hasta que se hizo noche y retornamos a la camioneta.

El otro grupo con igual resultado, de manera que nos dedicamos a preparar un asado acompañado por excelente vino de Mendoza.

Al día siguiente estábamos con Hugo una hora antes del amanecer en una elevación importante en el medio del campo, con la intención de escuchar la brama, era un lugar estratégico me decía Hugo, con gran conocimiento de la zona, amaneció, el sol se levantaba en el horizonte y nada de nada. Cambiamos de lugar y nos metimos nuevamente al monte, era un lugar hermoso con pastos altos y con caldenes separados lo que nos permitía ver bien lejos y caminar de manera silenciosa dentro de ese monte. Se hicieron las once y sin resultados, de manera que regresamos al casco a descansar y almorzar.

Lisandro con Rafael y Jorge recorrieron una vasta zona y solamente vieron algunas hembras y tampoco escucharon ningún bramido.

Al atardecer con Hugo escuchamos los primeros bramidos muy pero muy lejanos y muy cortos, más que bramidos eran rezongos, lo que me devolvió “el alma al cuerpo”, pues no hubiera sido la primera vez que después de varios días tenía que regresar sin haber podido escuchar la brama.

Ya teníamos identificado el lugar donde había actividad, para regresar al día siguiente bien temprano, aún de noche, de manera de estar en el lugar una hora antes de que amanezca, como es mi gusto y como trato de hacerlo siempre que me sea posible, es la manera que más disfruto de la brama, y además es una forma de estar más cerca del escenario.

A las 5,30 hs. dejamos la camioneta bien disimulada entre unos montes y emprendimos la marcha hacia el lugar indicado, Hugo calculaba unos tres kilómetros más o menos, aunque yo creía que era algo más, nos movíamos tratando de no hacer ruido siguiendo una senda de animales y habían algunas lomas de por medio de manera que el frío del amanecer nos lo habíamos olvidado. De pronto el sonido mágico, se iniciaba la hermosa brama del amanecer, sonaba uno al norte, otro al este, se sentía uno muy agudo, otro algo más ronco y entrecortado, de los que me gustan. Normalmente suenan así los machos viejos, pero no es algo seguro, varias veces escuché ese bramido en machos jóvenes, de manera que la cacería es acompañada por imponderables, al decir de Ortega y Gasset “una actividad felicitaria con final incierto”…

El monte era sumamente sucio, muy enmarañado y lleno de espinas, lo que dificultaba el avance y sobre todo, el NO hacer ruido; llegamos al borde de un inmenso bajo, y desde el medio de ese lugar provenía el bramido “nuestro”, el que seguíamos. No había luz suficiente para mirar a lo lejos, de manera que íbamos lentamente acercándonos y tratábamos de movernos cuando el ciervo bramaba.

A medida que iba aclarando podíamos ver unos árboles muy grandes, con muchos pajonales por abajo y nuestro ciervo evidentemente se estaba moviendo y alejándose de nosotros, lo deducíamos por el bramido, pues no lo veíamos, lo que nos obligó a caminar más rápido; en un momento Hugo se para y me dice “allá veo unas ciervas… Debe ser la tropa del macho que seguimos…”. Las pude ver y también observé que se dirigían al otro extremo del bajo y en subida. Nos llegamos a posicionar a unos trescientos metros y en un trabajo intenso de binoculares pudimos ver al macho, aunque no podíamos definir su cornamenta, al cambiar de posición era permanentemente tapado por los caldenes, nos acercamos más, con el range finder medí 200 metros y cuando yo estaba en esos menesteres, Hugo me dice “tiene una corona de cuatro, es bueno… tirale…”.

El ciervo camina y aparece casi en el borde superior del bajo y como la ley de Murphy no falla, se para justo frente a la mitad de la bola de fuego del sol que estaba apareciendo por atrás del filo, donde se paró el ciervo. Muy difícil, muy encandilado, aunque me daba todo su perfil, de manera que achicando los ojos lo meto en el retículo de la Zeiss, apoyado en el shooting, en el preciso momento que se gira y se pone de ancas… Y como en varias oportunidades en mi vida, apunté al centro, donde termina la columna y partió el disparo y desapareció el ciervo. Llegamos al lugar y ni rastros del ciervo por ningún lado, pero Hugo me dice que al correr le vio tirar sangre por la boca, cosa que tampoco encontrábamos, pues repito, el lugar muy montoso y con mucho pajonal. Marcamos el lugar del impacto en el GPS y además con una cinta roja en un árbol y empezamos a rastrear lentamente la zona, y es aquí donde aparece la calidad de mi amigo Hugo, todo un experto, una pequeña ramita, casi imperceptible, apenas manchada con sangre, y viendo la dirección que llevaba por el rastro a los metros apareció otra y ya un rastro de sangre mayor, cuestión que a unos ochenta metros de donde recibió el disparo lo encontramos muerto.

La inmediata autopsia en el lugar nos mostró el impecable trabajo de la Nosler Partition, entró a unos cuatro centímetros a la izquierda del ano y lo atravesó en diagonal, hasta detenerse en el cuero, parte interna, por arriba de la paleta derecha, donde recuperamos al proyectil y pudimos observar el impecable trabajo, formando un hongo perfecto su parte delantera más blanda y manteniendo casi el cien por cien del peso y la forma original su parte trasera, como corresponde al ser del tipo “A” frame. Un hermoso trofeo, un justo premio en un campo abierto, muy difícil de recechar, en un amanecer asistido como otras muchas veces por mi querido San Huberto.

Carneamos el ciervo en el lugar y Hugo fue por ayuda, para entre todos sacar en partes, absolutamente todo el ciervo hasta la camioneta y luego al casco, donde festejamos el trofeo a la mejor usanza criolla.

Por su parte Rafael cazó un hermoso Muflón y un buen chancho Jabalí, y Jorge cazo un ciervo selectivo y otro chancho Jabalí excelente, con muy buenos “ganchos”, acompañados por Lisandro, otro experto.

Excelente lugar, muy buenos amigos y muy buena cacería, como digo siempre…“Muy generoso, San Huberto….”.

Gracias Dios.

 

Jorge Borque