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Ciudad Real

La provincia registra más de 220 aves rapaces para cetrería

La cetrería es un arte de caza que estuvo olvidada durante siglos, pero que, poco a poco, ha vuelto a ganar aficionados en España. Fue el naturalista y divulgador Félix Rodríguez de la Fuente quién la rescató del olvido.

16/07/2018 | La Tribuna de Ciudad Real

La provincia registra más de 220 aves rapaces para cetrería Él fue el maestro y referente «indiscutible» de los cetreros, un arte que en Castilla-La Mancha también suma usuarios: el Registro de Aves Rapaces y de Cetrería regional, el llamado Falcón, contiene los datos básicos de identificación de estas aves y de sus propietarios y cifra ya, a 26 de junio, un total de 221 aves rapaces para la práctica de la cetrería en la provincia con el busardo mixto y el halcón peregrino entre los más inscritos con 86 y 43, respectivamente. En menor medida hay también otras aves como el mochuelo común, el autillo de cara blanca, el cernícalo americano, el azor y el búho, hasta llegar a la lechuza común, con una inscrita en toda la provincia, concretamente en Fernán Caballero.

Lidera esta lista, Ciudad Real con un total de 35 aves, seguida de Alcázar de San Juan, con 24; Poblete, con 20; y Socuéllamos con 15. Otros municipios como Valdepeñas, Tomelloso, Miguelturra y Manzanares aparecen en el listado con tan 10, 8, 9 y 7, respectivamente. Almodóvar del Campo, Corral de Calatrava, Arenales de San Gregorio, Arenas de San Juan, Argamasilla de Alba, Bolaños de Calatrava, Campo de Criptana, La Solana, Daimiel o Moral de Calatrava son algunas de las otras muchas localidades que completan el registro.

En Poblete vive Octavio Fernández Trujillo. Desde que tiene uso de razón ha estado vinculado al mundo de las rapaces. Recuerda que ya de pequeño las criaba, pero «no sabía cómo encauzarlas» hasta que en Madrid conoció a varios cetreros «muy ligados» a la figura de Félix Rodríguez de la Fuente, «uno de los mejores cetreros de España». Gracias a ellos, pero especialmente a las pautas de Jesús Madrid, se adentró en este mundo de la cetrería que le ha cautivado, y en cierta medida, ‘enganchado’. Actividad que hoy compagina con la taxidermia y la cría en cautividad, otras de sus pasiones.

En un principio, el hombre utilizó el arte cinegético de la cetrería para procurarse alimentos, pero su evolución ha hecho que hoy en día esté vinculado principalmente a la conservación de la naturaleza, al patrimonio cultural y a las actividades sociales de las comunidades. De ahí, que en 2010 se incorporara a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

El primer pájaro de Octavio, documentado, aclara, fue un Harris. Desde hace dos meses tiene un halcón hembra lanario con peregrino, de momento, sin nombre. Es la excepción de todos los animales que tiene en casa a los que llama siempre por su apelativo. Entre ellos, una pareja de búho nival reproductora y una pareja reproductora de búho autillo africano, aunque la ‘familia’ era mucho más grande hace un mes, cuando, además, tenía otras dos parejas de búho nival y autillo africano y otra de búho siberiano. Octavio es un claro ejemplo del entusiasmo que transmite la cetrería, un «arte milenario declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco» en 2010. Desde entonces, la cetrería ha tenido algunos altibajos. Atrás quedó esa época de bonanza; hoy hay más oferta que demanda, «principalmente, por la cría en cautividad». La ‘culpa’, argumenta, la tienen los animalistas, que «no entienden de nada y se quieren cargar la cetrería», y eso, ha provocado que «no se vea la misma alegría que hace unos años» y que un Harris se puede comprar por unos 200 o 250 euros, cuando hace unos cinco años su precio llegó a los 2.000 euros. «Todos son criados en cautividad con toda su documentación y con los mejores cuidados, pero su objetivo es terminar con la caza en general», lamenta.

Octavio conoce a la perfección las características de cada ave rapaz. Con su halcón posado en el guante explica algunos de sus aspectos como la alimentación o el comportamiento. Así, la duración de vida de este tipo de ejemplar es de unos 30 años, muy distante, explica, de los más de 60 que puede llegar a vivir un águila real. Y es que, «cuanto más grande es el pájaro, más años vive». Su dieta consiste casi exclusivamente en roedores y pollitos, alimento que le proporciona una empresa francesa, «las españolas suelen ser algo más caras», lamenta. En unos días le llegarán diez kilos de pollitos congelados. Será los que cada día se comerá su halcón, «unos tres o cuatro al día». Acariciándole el lomo, explica que se trata de un «ave noble de alto vuelo que caza por altanería, y coge gran altura para acuchillar a la presa». Un ejemplar de aspecto compacto y musculoso en cuya anatomía todo está al servicio de la velocidad, llegando incluso a alcanzar los «400 kilómetros por hora». «Es el animal más rápido del mundo», comenta con satisfacción. Pero para ello, hay que controlar hasta el más mínimo detalle, uno de ellos el peso. Lo ideal, mantenerse.

Son algunas de las muchas características que convierten al halcón en una especie «única», sin olvidar su «finísima» vista, la punta de su robusto y afilado pico, una especie de «diente que le sirve para romper los huesos de las presas» y el cambio estacional de la pluma, popularmente conocido como muda, en la que se encuentra el halcón de Octavio. Durante estos días «no debe volar ni estresarse, ni siquiera se le puede tocar», si no, podría paralizarse la muda. Si todo va bien, en septiembre volverá a echar a volar.

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