Andalucía

Taxidermia en Córdoba, dedicación e higiene frente al intrusismo

José Antonio Gutiérrez es un cordobés que desembocó en la taxidermia tras dejar la joyería y ya acumula una década de experiencia. Fue un amigo de Granada el que le introdujo en este campo y le enseñó todo lo relacionado con el mismo. «Es cierto que no hay una formación específica para ejercer de taxidermista, sino aquel que quiere dedicarse a esto y poner en marcha un negocio de este tipo tiene que buscarse la vida como lo hice yo», resaltó.

29/12/2017 | ABC | P. CRUZ

Taxidermia en Córdoba, dedicación e higiene frente al intrusismo Hasta hace dos años se exigía que estas personas contasen con un carné de taxidermista para poder trabajar. Sin embargo, la normativa autonómica ha cambiado y ahora el principal requisito para ejercer es contar con unas instalaciones con una determinadas condiciones higiénicas y sanitarias que son comprobadas por técnicos de la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. «Prefiero esta nueva forma de actuar por parte de la Administración porque antes el carné lo podía pedir cualquiera y ahora hay más controles», subrayó.

Cada vez hay más negocios de este sector en Córdoba. Sin embargo, vinculó este aspecto con la «competencia desleal» de «personas no expertas que realizan trabajos puntuales, pero no con las garantías que ofrece un taxidermista acreditado». Desde su punto de vista, «es difícil competir con ellos en cuanto al precio, algo que nos perjudica y que consideramos que es injusto porque la ley nos obliga a cumplir muchos requisitos, pero estos negocios no regularizados están exentos».

Como consecuencia, Gutiérrez apuntó que los precios por su trabajo no han variado en la última década. Los encargos más comunes son los cráneos y los frontales de venado, que cuestan unos 80 y unos 45 euros, respectivamente, y las tablillas, que suelen valer unos 50 euros. Las especies más presentes en su taller son el ciervo y el jabalí, quedando por detrás el gamo y el muflón.

La época de más actividad coincide con la veda, un periodo que va desde octubre a febrero. «Durante los fines de semana tenemos que ir a las monterías para ofrecer nuestros servicios, que, sobre todo, ahorran trámites a los cazadores al encargarnos nosotros de todo, siempre guardando unas exigentes condiciones sanitarias», dijo. Según su experiencia, esta actividad requiere una gran dedicación y muchas horas de trabajo. A su juicio, tiene mucho futuro debido a que la caza y el número de cazadores van creciendo y a que cada vez hay más animales en el campo «gracias a la buena gestión de los responsables de los cotos».

« Ver más noticias