Entrevista

«Es realmente triste que un chaval de 16 años no pueda salir a cazar»

Si algunos vienen con un pan bajo el brazo, Rufino Eizmendi llegó con un gran amor por la cinegética y la naturaleza, que sin ser un legado familiar, aún profesa desde su armería en Villabona, Gipuzkoa. Hace ya más de veinticinco años que, junto a un grupo de cazadores, fundó la Asociación para la Defensa del Cazador y el Pescador (Adecap) a la que, a día de hoy, le dedica su tiempo como vicepresidente.

18/06/2017 | El Correo Digital | IKER IZQUIERDO

- ¿La caza es cruel?

- No. Es algo cruel para quien no vive la caza. Es una actividad que viene de nuestros antepasados. Si se pudiera soltar la presa o cazar sin matar, sería ideal. Pero esto es así y hay que entenderlo.

- ¿Por qué está tan mal vista esta práctica?

- Muchas veces por desconocimiento. Ya sabemos que no hace falta matar para el consumo humano, pero la caza es necesaria en otros ámbitos. Para regular las especies, por ejemplo.

- ¿Entienden las críticas por parte del colectivo animalista?

- Sí. En este mundo todo hay que comprenderlo, porque todo tiene su explicación. Pero si no fuese por la caza, de alguna manera habría que regular a muchas especies.

- ¿Necesita la caza un partido político propio que la defienda al igual que los hay para cuestionarla?

- No lo creo. Si estamos todos unidos no hace falta. Los partidos políticos son conscientes de que la caza tiene que existir. Otra cosa es que cambien de opinión de buenas a primeras. Posicionarse en nuestra contra vende mucho y da muchos votos. Por suerte, hay algunos que defienden la caza y nosotros estamos con ellos.

- Habla usted de héroes y villanos, ¿quién es el malo en esta historia?

- Está a la vista de todos que Podemos trabaja de una forma y le va bien hasta cierto punto. Desde la oposición, el populismo está muy bien. A estos también, como a todos, les llegará su San Martín. Hay muchos animales que se han extinguido porque alguien, no voy a dar nombres, ha echado veneno sobre los campos y de eso no se dice nada.

- ¿Hay una doble vara de medir?

- Sí. Lo más fácil es echar la culpa al que hace ruido. Utilizan todas las artimañas para desprestigiarnos.

- ¿El éxito de un cazador se mide por cuanto mata?

- No. Eso de matar por matar aquí, por suerte, no se hace. Hay que saber gestionar la zona en la que se trabaja, porque si se comete una barbaridad, el resto del año no habrá nada que cazar.

- Los cazadores que van a África o a granjas cinegéticas a tiro hecho, ¿benefician o perjudican al colectivo de cazadores?

- En mi opinión, los animales que se crían en esas granjas están sólo para eso. Es una práctica que no va con el alma de un cazador, porque nosotros nos caracterizamos por sudar la camiseta en el monte. En algún momento puntual puede que haya gente que vaya a estos sitios, pero no de manera habitual.

- ¿Que siente cuando mata a un animal?

- Si es una presa trabajada, una gran alegría. Cuando cobras una pieza después de ir con tu perro, es algo maravilloso.

- ¿No ha sentido nunca pena?

- No, porque en las zonas en las que cazo yo, sé que no hace ningún daño. O tra cosa sería que estuviera cazando una especie que está en peligro de extinción. Pero no es el caso. Si se cumplen las normas, yo creo que hay que sentir una gran satisfacción.

- ¿Por qué los jóvenes no abrazan con tanta firmeza la práctica de la caza?

- Yo creo que, muchas veces, por desconocimiento. Piensan que la caza es todo muerte y hay que explicarles que tiene otras cosas. A quien no le guste, se le respeta. Pero lo que es realmente triste es que un chaval de 16 años no pueda coger un arma e ir a cazar y claro, así, a cualquiera se le quitan las ganas de ser cazador. Esto no es calzarse un chándal e ir a entrenar. Aquí hay mucho más y, en ese sentido, la ley es un obstáculo.

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