Zamora

Los cazadores reclaman un control «más efectivo» de conejos, ciervos y jabalíes

La dimensión de los daños provocados por los animales salvajes a los cultivos y a la ganadería han llegado hasta tal punto que la misma Real Federación Española de Caza ha demandado a las autoridades que se establezcan «un plan nacional para un control efectivo, a través de la caza, de las poblaciones que puedan suponer graves daños para la agricultura y las masas forestales».

20/09/2012 | La Opinión de Zamora | J. A. GARCÍA

Los daños no son exclusivos de la provincia de Zamora, pues los destrozos se registran en buena parte del país, de ahí la propuesta de que el plan «tenga reflejo en todas las comunidades autónomas». Y tanto especies de caza mayor como de menor parecen llevarlo todo por delante.

El delegado provincial de caza, José Antonio Prada, señala que los daños de la caza menor «son cuantiosos en el término de Zamora y su alfoz, en toda La Guareña, en Tierra de Campos» y allí donde los conejos abundan como si fueran una plaga. Pero también son importantes en los feudos habitados por especies de mayor calado como el jabalí, el ciervo o el lobo, que tiene su asiento en Sanabria-Carballeda, Tábara o Los Valles y Benavente. Precisamente, la calificación de plaga es algo que resulta ya común entre organizaciones agrarias, agricultores y ganaderos a la hora de hablar de conejos, jabalíes y, en menor medida, de ciervos.

«Si no se controlan por las sociedades de cazadores no se podrá cultivar porque los animales se comerán la cosecha. Cada vez es más necesaria la presencia de cazadores. Si no hay cazadores habrá que inventarlos, y habría que pagar el control de la fauna» expresa José Antonio Prada.

«Son plagas que causan problemas en sembrados, maíces y fincas, y serán mayores si la Administración no deja gestionar y que colaboren más los cazadores», añade Prada, para quien la situación «se puede ir de la mano» sino si no hay más control de las poblaciones de las especies citadas.

El agricultor y ganadero de Cerecinos del Carrizal, Pedro Pablo Gallego, sabe de los daños de los conejos porque le devoran las cosechas y, además, los ve todos los días a las mismas puertas de la nave. Este año consultó con la Guardia Civil para interponer una denuncia contra el coto, pero al final optó por dejar pasar el caso y ver cómo se aventura la nueva campaña. «Los cotos no es que no sean responsables, es que no tienen dinero para amortizar los perjuicios que causan los conejos» afirma este ganadero, ayer liado en la retirada de abono de la explotación ganadera.

Gallego asegura que la plaga de conejos «está llegando a un límite que no tiene término». Según dice, «cuando vas a cosechar no hay una espiga». Pero puntualiza que «los daños se aprecian más en primavera, que está todo verde». No esconde su temor de que en noviembre, «cuando empecemos a sembrar, los conejos empiecen a cortar y lo lleven todo a hecho porque por la noche, cuando no hay nadie, se revientan a comer».

Sostiene que los conejos «fueron echados en bromas y ahora no hacen vida de ellos porque soltaron ejemplares vacunados y resistentes a las enfermedades». En su criterio los descastes que realizan los cazadores son limitados «porque les interesa que haya caza».

La voracidad de los conejos queda puesta de manifiesto allí donde operan. «En una finca de unas cinco hectáreas me comieron dos» indica Gallego, que pone de manifiesto que algunos agricultores con parcelas lindantes a laderas repletas de madrigueras o tesos llenos de conejeras se están planteando cambiar el cultivo de trigo por el de centeno, que parece menos apetecible.

La Federación de Caza solicita que los permisos, en casos de daños se concedan «con la rapidez necesaria para actuar antes de que ya sea imposible paliar los daños, efectuando unos aprovechamientos venatorios adecuados en relación con las poblaciones y las posibilidades del medio».

Este fue un compromiso adquirido recientemente por el delegado Territorial de la Junta de Castilla y León, en Zamora, Alberto Castro, durante una reunión con responsables de organizaciones agrarias y presidentes de cotos. Aseguró, además, que todas las esperas son autorizadas.

Tan atropellante como el conejo o más resulta el jabalí allí donde mete sus navajas. Maizales y patatales sufren su intromisiones sin piedad alguna.

El respresentante de Upa, en Sanabria, y ganadero Pedro Fernández, afirma que «la fauna hace daño nada más que nace. Y en Sanabria Carballeda tenemos frecuentes accidentes con los coches porque las carreteras tienen sucios los bordes, al igual que ocurre con el entorno de los pueblos, que entran la fauna hasta los huertos». Señala que «a mí me resulta tan caro tener los mastines para defenderme del lobo como dejar comer al lobo. Pienso, vacunas, seguros y demás... es toda una pasta la que se llevan».

El representante de Coag, José Manuel Soto expresa que «Coag lleva mucho tiempo pidiendo que hay que incrementar la caza porque está desmadrada la fauna. Lo reconoce todo el mundo, y la agricultura está desaparecida en zonas y no podemos abandonar toda la provincia por culpa del jabalí. Que se cumplan los cupos de caza. Yo pedí que se cazaran mil ciervas y que se regalara la carne al Banco de Alimento».

La Real Federación de Caza manifiesta que existe «necesidad de un cambio» en el régimen de responsabilidad civil por este tipo de daños. A su juicio, los cazadores no pueden seguir respondiendo de los daños que provocan los animales provenientes de zonas de seguridad en las que no pueden cazar, como vías pecuarias, autovías, vías férreas o caminos. Es un problema que se ha venido denunciando por los cazadores villalpandino, que ven cómo los conejos se cobijan en las medianas y taludes de la autovía, donde no posible su caza.

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