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Córdoba

Sólo dos episodios de cebos con veneno se relacionan con la caza

La gran mayoría de los cazadores se ha concienciado de que el uso de cebos envenenados es uno de los golpes más nefastos que se puede dar al entorno natural. Por ello, de todos los análisis realizados durante 2011, sólo dos episodios estuvieron relacionados con la actividad cinegética en la provincia de Córdoba.

26/03/2012 | El Día de Córdoba | F. J. D.

Hasta no hace muchos años, el uso de cebos con sustancias tóxicas era muy frecuente en los cotos de caza, sobre todo en los dedicados a las especies menores, para acabar con las denominadas alimañas, que son los predadores que mermaban las camadas y polladas de perdices, conejos y liebres. Los cebos se dirigían contra zorros, jinetas, meloncillos, lobos, linces e incluso rapaces. Pero todo esto ha cambiado gracias a las campañas de concienciación y prevención que han desarrollado en las últimas décadas las administraciones competentes.

El balance de la Junta de Andalucía para la provincia de Córdoba en 2011 refleja que de los 45 episodios analizados en base a cadáveres y distintas muestras, sólo nueve han resultado positivos. De estos nueve, sólo dos están asociados a la caza. El trabajo de detección, sin embargo, es amplio durante el año pasado y los servicios de la Dirección General de Gestión del Medio Natural de la Junta han recibido 114 muestras asociadas a sospechas de uso ilegal de veneno: 64 cadáveres, 44 cebos supuestamente envenenados y seis muestras clasificadas como "otros". Todas estas muestras se asocian a los citados 45 episodios. A partir de las evidencias que se estimaron, se desarrollaron 117 análisis toxicológicos, de los que nueve dieron positivos. A estos episodios corresponden 65 muestras: 20 cadáveres, 43 cebos y dos muestras de material inerte. Y es en este capítulo donde destaca un dato relevante: los animales víctimas de envenenamiento son especies silvestres y animales domésticos a partes iguales.

De los ejemplares asociados a los episodios positivos de veneno destacan cinco perros, un buitre leonado, un gato, una gallina, un lirón careto y un conejo. En el informe de Medio Ambiente, se explica que el hecho de que haya un porcentaje relativamente elevado de especies domésticas se debe a la alerta de los dueños del envenenamiento. Pierden al perro en un jornada de caza, dejan de ver al gato en el cortijo o simplemente aprecian el envenenamiento. Eso hace que analicen el cadáver, que llega en buen estado y es más fácil apreciar que en la fauna silvestre, donde a veces los cadáveres se recogen bastante deteriorados.

Una de las muestras de que el uso del veneno parece desvincularse de la actividad cinegética es que la mayor parte de los episodios se da en octubre, mes seguido de febrero y diciembre. En años anteriores, según la Junta, la mayor detección de veneno coincidía con el periodo no hábil de caza, es decir entre marzo y septiembre, y la época de cría. Y es que los cazadores utilizaban estos periodos para hacer más mortífera su acción a afectar también a las crías de los predadores, pero se evidencia que la práctica ha cambiado de forma radical gracias a la concienciación.

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