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Sandra Ramírez Pérez

Primeras conclusiones

Una vez se ha dado por finalizada la veda general en la finca, y a pesar de que aún nos faltan por recopilar las encuestas que se redactaron para ver los resultados obtenidos, así como las impresiones de los cazadores, nos atrevemos a sacar unas primeras conclusiones que son, como ya podíamos intuir desde las primeras jornadas, muy satisfactorias, si bien es verdad que están teñidas con determinados matices.

Obviamente, para poder realizar nuestro estudio comparativo resultaba imprescindible llevar a cabo, antes de realizar la suelta de nuestros individuos, un censo de los ejemplares autóctonos presentes en la finca, con el fin de poder contrastar, una vez finalizada la temporada de caza, si los resultados en capturas de unos y otros han sido similares. Tras la realización de los transectos que se establecieron a tal efecto, se estimó que el coto, cuya extensión es de unas 600 hectáreas , contaba con una población de perdiz roja de 400 ejemplares, una cifra nada despreciable, aunque si inferior a la capacidad que puede soportar la finca, si consideramos que cuenta con grandes zonas de cultivo, zonas de monte, y puntos de agua distribuidos por toda su superficie.

Con esta información inicial y tras conocer las perdices abatidas a lo largo de la temporada de caza, podemos plasmar los primeros resultados obtenidos en la siguiente tabla:

Número de Perdices autóctonas

400

Número de Perdices autóctonas abatidas y cobradas

91

Número de Perdices de granja soltadas

48

Número de Perdices de granja abatidas y cobradas

12

Estableciendo las relaciones matemáticas pertinentes se llega a la siguiente conclusión:

Relación perdiz autóctona / perdiz abatida y cobrada —> 1 / 4'4

Relación perdiz anillada / perdiz abatida y cobrada —> 1 / 4

Consideramos que, teniendo en cuenta que los datos del censo son una aproximación y no una fiel reproducción de la población real de la finca y que el tamaño muestral es suficientemente representativo, aunque no definitorio, la diferencia entre las relaciones establecidas no es demasiado alta, por lo que puede ser valorada positivamente. Esto no viene si no a indicar que la supervivencia de los individuos anillados hasta la llegada de la veda general ha sido muy alta, pues de lo contrario la relación hubiera sido muy inferior.

Sobre los resultados obtenidos en la veda general nos vemos en la necesidad de comentar que este año, por diversas circunstancias, sólo se ha podido cazar la perdiz en 6 jornadas, con un número de cazadores por jornada que ha oscilado entre los 5 y los 12 y con un cupo de 3 perdices por cazador y día.

Pero si este primer resultado fue positivo, la comparativa entre comportamientos de perdices salvajes y perdices de granja ha resultado mucho más satisfactoria desde el punto de vista de nuestra investigación. Este aspecto del estudio quedará perfectamente plasmado en las encuestas que hemos realizado y con las que aún no contamos, si bien podemos realizar algunos comentarios basados en las impresiones intercambiadas con los cazadores. Podemos afirmar que en ningún caso, ninguno de los cazadores que pudieron abatir una perdiz anillada, fue capaz de identificarla como tal hasta que la tuvo en sus manos, una vez cobrada, lo que confirma que el comportamiento de unas y otras ha sido muy similar. Como muestra de lo comentado cabe destacar lo descrito por varios cazadores tras alguna de las capturas: a uno de ellos, tras llegar al lugar de encuentro con 2 perdices en la percha, y después de ser avisado por el resto de los compañeros, de que una de las perdices que llevaba era anillada, le preguntamos si podía decirnos si fue la abatida en primer lugar o en segundo…se quedó un momento pensativo y dijo…”¡yo qué ***** se, si bajaban echando leches!”

Otra conclusión positiva que se puede desprender tanto de las encuestas como de esas inolvidables jornadas compartidas con los cazadores, es que la adaptación e integración de nuestros ejemplares con otros autóctonos ha sido bastante buena, ya que hemos podido observar que en un par de ocasiones se abatieron varios ejemplares de un mismo bando, estando una anillada y la otra no.

En las siguientes fotografías podemos observar que la diferencia entre las características morfológicas de ambos pájaros es prácticamente imperceptible, si bien hay que tener en cuenta que los pájaros provienen de zonas distintas (recordemos que la repoblación ha sido realizada con perdices que proceden de las granjas especializadas que Altube posee en Burgos).


Foto1.- Comparación entre hembras de perdiz

Pero como no todo puede ser positivo….podemos también sacar una conclusión que si bien no es que pueda ser leída como negativa, si debe hacernos recapacitar y posiblemente modificar la forma de operar para otros años, y es que el comportamiento y los resultados de supervivencia de los 2 lotes que se soltaron procedentes de cría en cautividad han sido muy parecidos al del resto de lotes, procedentes de la cría en la finca con adopción por parte de perdiz adulta.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de este punto? pues que posiblemente no merezca la pena llevar a cabo todo el proceso de adopción de los pollos por parte de perdiz adulta, pues conlleva mucho trabajo, algo más de coste económico, y una tasa de mortandad mucho más elevada que si hiciésemos la cría en cautividad.

No debemos olvidar, para comprender mejor este último punto, que la mortandad que se produjo entre los individuos con los que se intentó la adopción por parte de ejemplares fue de alrededor de un 60 % (siempre se puede reducir algo si mejoramos los fallos y condicionantes que tuvimos en nuestro experimento), mientras que apenas si llegó al 15 % en los lotes que se criaron durante el primer mes en cautividad.


Foto2.- Comparación entre machos de perdiz

Sin embargo, podemos decir que un aspecto crucial de la metodología empleada en este experimento ha sido la elaboración de los voladeros de aclimatación; a pesar de suponer algo de trabajo y un coste medianamente elevado, si se hacen bien, supone un pilar en la adaptación de nuestros ejemplares al medio y en el desarrollo de su comportamiento. Además, pueden ser aprovechados durante varias temporadas, con lo que se amortiza el coste del primer año, y podrán ser utilizados para establecer comederos y bebederos durante toda la temporada.

A la vez que esperábamos la finalización de la veda general, se realizaron una serie de encuestas a cotos que habían realizado repoblaciones, a los que preguntamos entre otras muchas cuestiones los resultados obtenidos y el procedimiento seguido.

Del análisis de estas encuestas, y teniendo en cuenta asimismo nuestro propio experimento hemos podido obtener las siguientes conclusiones, que pasaremos a detallar en el siguiente capítulo, una vez tengamos las encuestas definitivas.

•  No parece conveniente intentar la adopción por parte de individuos adultos al suponer más gastos, más trabajo y menores tasas de supervivencia, sin que se pueda apreciar una mejora significativa en la calidad de los individuos finales que justifique todo lo anterior.

•  Sí consideramos oportuno la adquisición de ejemplares de primera edad, criándolos en cautividad, para que una vez alcanzada la edad que se estime oportuna, puedan ser soltados en la finca.

•  También es más que aconsejable la elaboración de parques de aclimatación distribuidos por toda la superficie del acotado, de forma que una vez liberados los individuos, puedan ser usados como puntos de agua y comida, protegidos de predadores.

•  Es muy aconsejable intentar que los individuos que se adquieran hayan nacido lo antes posible, (meses de Mayo o principios de Junio) y en caso de ser posible, que esta fecha coincida con la de los primeros nacimientos en nuestro coto, para que así el experimento se aproxime lo más posible a lo que ocurre en la naturaleza y no exista desfase entre los individuos salvajes y nuestras perdices; desfase que podría originar algún tipo de rechazo a la hora de producirse la integración en bandos salvajes.

•  Por último y como hemos defendido desde el primer capítulo de nuestro estudio, consideramos que no podemos concebir el término “repoblación” si no va acompañado de otras medidas de gestión destinadas a la mejora del hábitat, pues de lo contrario tanto los esfuerzos como los efectos serían inútiles.

 

 

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