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El fenómeno predatorio ocurre en todos los ecosistemas y forma parte de las relaciones o los flujos de intercambio de energía del mismo. La predación hay que interpretarla como un valor a conservar, siempre en su justa medida, por ser un elemento más del ecosistema donde se produce. Incluso podemos ir más allá, los ecosistemas mejor conservados se puede decir que son aquellos que mantienen procesos tróficos de predación que permiten la pervivencia de carnívoros y necrófagos.

En un intento de clasificación de los predadores podemos utilizar su estrategia poblacional como criterio y así tenemos:

  • Predadores especialistas que usan una estrategia poblacional de la k, entre cuyas características están: densidad de población baja pero de elevada longevidad y son especies que pueden incluir en su dieta un elevado número de especies de caza aunque, a veces, tienen predilección por una en concreto. Claros ejemplos del tipo de especie que adopta esta estrategia son el oso, el águila real y el búho real. Suelen coincidir con especies catalogadas o usualmente denominadas como protegidas.
  • Predadores oportunistas o generalistas que utilizan una estrategia poblacional de la r, son especies de densidad de población elevada pero de corta longevidad. El impacto que causan sobre las especies cinegéticas deriva de su densidad, dándose casos de explosiones demográficas por factores ambientales. El porcentaje de especies de caza que aparecen en su dieta es relativamente bajo ya que pueden actuar sobre un gran número de especies.

Debemos resaltar que el problema de la predación se centra y afecta sobre todo a la caza menor. En la caza mayor, aparte de algún depredador de crías que comparte dieta con las de menor como puede ser el zorro, el número de predadores de caza mayor es tan reducido que casi podemos simplificarlo a uno, el lobo, especie protegida al sur del Duero, pero si tenemos en cuenta el valor monetario de su caza, junto al hecho incuestionable de que donde existe mayor densidad del predador, haciendo un buen control y seguimiento de las poblaciones de este cánido, redunda en beneficio de las poblaciones de herbívoros, véase el ejemplo de la RRC Sierra de la Culebra.

Los predadores generalistas tienen la ventaja sobre los especialistas de que si por alguna causa desaparece o disminuye la densidad de una presa pueden desviar su atención hacia otro tipo de presa. Veamos algún ejemplo: la perdiz roja, las especies que la predan en mayor medida y por este orden son el águila perdicera, el águila real y el aguilucho pálido (superior al 16% de la dieta), pero existen otras 32 especies en cuya dieta se encuentra también la perdiz roja aunque sólo sea con presencia testimonial.

Podemos afirmar, que de un tiempo a esta parte se ha producido un aumento generalizado de los predadores generalistas y una disminución e incluso extinción de los predadores especialistas, ¿Cuáles son las causas de esta situación? Después de un análisis pormenorizado podemos establecer, con las cautelas lógicas, que este hecho es debido a una problemática múltiple, que se basa en:

  • Intenso uso del medio por el hombre. Esta circunstancia ha provocado una respuesta dispar atendiendo a la tipología en concreto del predador. De esta forma los generalistas toleran la presencia humana junto a sus actividades, incluso en algunos casos fomenta el incremento poblacional de este tipo de predadores. Por el contrario, existe una menor tolerancia de los especialistas a este factor. Añadamos una abundancia de recursos alimenticios que se ponen a disposición de los predadores generalistas en las zonas antropizadas debido a las actividades agrícolas, ganaderas, basureros, etc.
  • Ruptura de equilibrio de poblaciones entre predadores de distintas especies. Son muchos los ejemplos de una competencia interespecífica de los predadores dentro de un mismo hábitat, cítese el ejemplo de las relaciones de competencia entre linces y meloncillos. Debido a una relación de equilibrio supeditada a las condiciones del hábitat y a la dinámica poblacional de cada especie, tenemos que una mortalidad de los predadores especializados supone un aumento de la población de los generalistas. Conviene fijar este concepto porque a lo mejor habría que ir pensando en métodos tan paradójicos de control de predadores como la recuperación de ciertas especies catalogadas como predadores especialistas reguladores de la predación de la caza menor. Esto llamó mucho la atención de ilustres viajeros ingleses como Abel Chapman y Walter J. Buck que cazaron en Doñana a finales del XIX, se maravillaban de la abundancia de grandes águilas y todo tipo de rapaces, y a la vez una densidad muy grande de caza menor (La España Agrestre. La Caza.).
  • Explosiones demográficas y rarificaciones de presas alternativas: La aparición de otras presas en forma de plaga reduce la presión sobre las especies de caza en un primer momento pero puede tener consecuencias nefastas en una temporada posterior. Por ejemplo, las plagas de topillos que últimamente suelen producirse con carácter intermitente en las tierras labradas, hacen que se produzca una desviación de la predación hacia esta especie, disminuyendo la predación sobre las especies cinegéticas. Pero al año siguiente, tenemos una población engrandecida de predadores generalistas por la abundancia de comida del año anterior que debe alimentarse con lo que le proporciona el medio y si no hay topillos, se nutrirá de especies cinegéticas, aumentando en gran medida su presión. Por seguir este razonamiento, si se consiguen niveles poblacionales como gozó antaño el conejo tendremos una recuperación inmediata de la perdiz roja, debido a que los predadores desviarían su atención hacia el conejo, por ser la especie más abundante, apetecida y de mayor balance energético (energía aportada por la pieza menos esfuerzo empleado en la caza de dicha pieza).
  • Cambios de estructura del paisaje que fomentan la predación: Es más fácil que los zorros encuentren los nidos de perdiz que estén localizados en formaciones vegetales lineales que en las manchas boscosas donde disminuye la eficacia de la búsqueda por parte del zorro. La desaparición de perdederos naturales así como zonas de refugio, la fragmentación e insularización de las manchas de matorral o de bosque favorecen situaciones de vulnerabilidad ante la presión de los predadores.
 

 

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