Quique Zamácola, Miembro del jurado del Weatherby

«Todo cazador debe transmitir que la caza es un instrumento fundamental en la conservación»

Quique Zamácola, premio Weatherby 2000, y tercer español en lograrlo tras Valentín de Madariaga (1977) y Ricardo Medem (1997), acaba de ser elegido miembro del prestigioso Selection Committee que cada año decide quién es el ganador del más deseado premio de caza del mundo. Un logro más en su brillante carrera, claro exponente del lugar que ocupa en el panorama de la caza internacional. A lo largo de la entrevista aclara algunos aspectos del Weatherby y desmonta ciertos bulos que pretenden enturbiar el bien cimentado prestigio del premio.

Rafael Vecilla

—Antes que nada, enhorabuena por tu reciente condición de miembro del jurado del premio Weatherby. ¿Cuándo te lo comunicaron?

—Oficialmente hace unos días, cuando me lo confirmó el presidente del Jurado, Bob Spiegel, un hombre por cierto fundamental en el mundo de la caza y del que podríamos hablar largo y tendido. Fue quien en una cariñosa carta me comunicó que formaba parte del llamado Selection Committee, ese comité de selección formado por diez miembros y que decide cada año quién es el ganador.

—Valentín de Madariaga, que también formó parte de ese selecto comité, decía que le había supuesto un honor si cabe mayor que haber recibido el Weatherby. ¿Es así?

—También participo de ese pensamiento, aunque no creo que se pueda hablar de un honor mayor o menor. Son dos categoría distintas. Cuando eres cazador, en esa primera etapa de tu vida, aspiras al Weatherby, que es el premio más prestigioso de cuantos se pueden conceder en el mundo de la caza. Una vez conseguido, el que me hayan nombrado miembro del jurado supone un paso adicional, un logro, y una renovación del honor que conseguí hace ya 11 años, cuando me concedieron el premio.

—¿A qué obliga ser miembro el jurado?

—Básicamente, y en primer lugar, a estudiar los ballots de los distintos candidatos y valorar, conforme a tu criterio y tus conocimientos, no solo las especies que se incluyen en cada uno de los curriculums, y la calidad de los trofeos, si no también lo que haya contribuido ese candidato al mundo de la caza y la conservación. En definitiva, valorar su prestigio como cazador, y su conocimiento o su percepción del mundo de la caza, si se trata o no de un verdadero referente… Unos elementos mucho más subjetivos que la calidad y cantidad de sus trofeos. También a asistir a una reunión anual previa a la cena del Weatherby, que se hace en el mismo lugar en el que se procede a la entrega del premio. Y finalmente a presentar al Comité posibles nuevos candidatos.

—¿Qué es lo que en definitiva más se valora de un candidato?

—Primordialmente qué es lo que ha hecho, cuál es su currículo cinegético y qué ha obtenido a lo largo de su vida como cazador. Es decir, número de especies y calidad de las trofeos, lo que aporta un 55 por ciento a la valoración total. Y también cuál ha sido su contribución a la conservación de la naturaleza, algo por lo que la sociedad se muestra especialmente sensible.

Creo que todo cazador tiene que transmitir a la sociedad que la caza deportiva es un instrumento fundamental e importantísimo en la conservación de las especies. Por un mecanismo muy sencillo: la caza deportiva es la que da valor económico a las especies. La correcta gestión de la caza en el mundo actual es importante, y eso tiene un coste. Y si no hay ingresos se vuelve inviable, se muere. Pasa algo parecido que con los toros de lidia, la tan denostada fiesta nacional. A lo largo de todos los debates que ha habido últimamente sobre el sí o el no de los toros, he echado en falta un argumento que es el que verdaderamente justifica por sí solo la pervivencia de la fiesta: que garantiza la supervivencia de uno de los animales más bellos de la naturaleza. Si no hubiera corridas no habría toros bravos. ¿Cuántas ganaderías de ellos hay en EE UU o Panamá o Brasil o Suecia? Ninguna. Si siguen existiendo es porque se lidian. Con la caza paso algo muy parecido. Si no diéramos valor económico a las especies, los propietarios o titulares de los terrenos en los que viven no tendrían el menor interés en su mantenimiento. Y la mejor manera de darles valor es fomentando la caza deportiva, ética y regulada.

—Recapitulando, un candidato al Weatherby debe ser un cazador viajero, deportivo y comprometido con la conservación de las especies.

—Así es. Una de las condiciones sine qua non es haber cazado en los seis continentes, tal como lo conciben los estadounidenses, que consideran independientemente América del Norte y América del Sur a efectos cinegéticos. Y siempre con ese mensaje de intentar llevar cazadores deportivos a aquellas áreas donde existe caza, para fomentar la cría y conservación de las especies a través de la inversión o gasto que representa para el cazador abatirlas. Además hay que haber cazado un determinado número de especies diferentes. No existe un criterio exacto de cuántas, pero como en el mundo de la caza se ha producido un importante movimiento disgregador (hoy en día hay más especies cinegéticas en virtud de esa disgregación en diferentes subespecies), estimo que no se puede ganar el Weatherby con menos de 250 a 270. Pero insisto en que no hay un criterio objetivo. Depende también de cuáles sean, porque no entraña la misma dificultad cazar un antílope que un argali, por poner un ejemplo.

—¿Ese requisito de tener que cazar muchas especies diferentes no puede llegar a estimular cierto tipo de tentaciones, como optar por atajos no especialmente éticos?

—Eso puede ocurrir, y podría suponer un cierta perversión del sistema. Pero en caso de suceder y conocerse implicaría la descalificación automática del candidato. No obstante, que a nadie le quepa la menor duda de que todo se acaba sabiendo a través de lo que conocemos como el tam-tam, de la selva o de la montaña. Es fácil de entender. Cuando estás inmerso en el mundo de la caza internacional, vas recorriendo lugares en ocasiones verdaderamente insólitos, en una soledad a veces sobrecogedora. Estás en un campamento remoto con los cazadores locales, con los que normalmente no te entiendes más que a través de un intérprete, y en tales circunstancias, quien no tenga una verdadera afición por la caza, puede caer en la tentación de pensar que cualquier cosa que haga allí va a quedar impune: darle el rifle al guarda, comprar un trofeo, etc. Pero detrás de ti, por esas mismas soledades, vendrán otros, y en especial los que están en la carrera, y allí no hay otro tema de conversación con los locales que la caza. Quién ha estado, qué ha hecho, cómo ha cazado… Se sabe todo. El tamtam funciona a la perfección.

—Qué le dirías a quienes piensan que lograr el Weatherby es, antes que otra cosa, cuestión de presupuesto y de tiempo para ejecutarlo?

—Evidentemente la caza internacional es cara. Es un hecho. Pero no sólo para el Weatherby. La caza internacional requiere aceptar un presupuesto económico de acuerdo con tus posibilidades. Pero el Weatherby no es una carrera a corto plazo, sino más bien un maratón. Antes un Nóbel que un Óscar, es decir, no premia una actuación, una cacería, un trofeo, sino toda una vida cinegética, una larga secuencia de cazador. Por eso se suele decir que el Weatherby es el Nóbel de la caza, pues premia una actitud a lo largo de muchos años de cazar. ¿Que hace falta dinero? Cierto. Y tiempo, también es verdad. Pero se puede conseguir gracias a una adecuada programación de recursos. Muchos de los que han alcanzado el premio son empresarios comprometidos con su actividad empresarial, o profesionales liberales de brillante trayectoria… Se puede hacer, compatibilizar una actividad profesional intensa con una larga e igualmente intensa carrera cinegética. El tema económico es una cuestión necesaria pero no suficiente. Hay que añadir una gran afición, una gran constancia y gran capacidad de sacrificio.

—¿El Weatherby no entraña gastos añadidos?

—Me encanta que me hagas esta pregunta, porque últimamente ha habido una cierta falsa información o algún malentendido que ha llevado a mucha gente a pensar que para optar al Weatherby hace falta hacer alguna contribución a otras cosas distintas de la caza. Eso es falso. Absoluta y rotundamente falso. Y lo afirmo desde mi doble perspectiva de ganador del premio y de miembro del jurado. Yo no he pagado ni un solo céntimo que no haya ido a parar a los profesionales que me han llevado a cazar por esos mundos. Y lo mismo digo desde mi perspectiva de juez: en absoluto hay ningún elemento que me haga pensar que tenga que valorar aportaciones fuera de lo que es la ejecutoria de un candidato en el mundo de la caza. Por otro lado, nadie de los que formamos el jurado admitiríamos ese tipo de ingerencias.

—¿Hay alguna vinculación entre el Weatherby y el SCI?

—Ninguna. Salvo que casi todos los cazadores que están en el mundo del Weatherby son a su vez miembros del Safari Club Internacional. Son además entidades muy diferentes. El SCI tiene su propia misión, muy importante, en el mundo de la caza, en base a sus varios millones de afiliados en el mundo. Y en el Weatherby hay que diferenciar entre lo que es la Fundación y lo que es el Selection Committee. La gestión del premio es absolutamente independiente de la gestión de la Fundación, que tiene otras misiones que cumplir. El premio Weatherby, que es una institución por sí misma que se autofinancia básicamente con las aportaciones de los que asistimos a la cena, es económicamente independiente de la Fundación y de cualquier otra institución. En suma, el Comité de Selección es una entidad absolutamente independiente de la Fundación y su objeto es perpetuar el Weatherby, con independencia de aventuras económicas, financieras, políticas o sociológicas, así como mantener su pureza y los criterios para su adjudicación. Y no admite la más mínima ingerencia de cualquier institución distinta del propio Selection Committee.

—Se trata de un premio genuinamente americano en su concepción.

—En efecto. Hay dos concepciones radicalmente distintas de la caza, la americana y la europea. Los europeos somos más tendentes a matar muchos animales de pocas especies, y consecuentemente nuestro índice de trofeos es relativamente corto. La cultura cinegética americana es la opuesta: matar un animal de cada especie, y cazarlos en sus lugares originarios, no en ranchos o cercas. "Caza limpia", como dicen ellos. Y esa es la concepción de la caza que premia el Weatherby, pocos animales del mayor número de especies. De hecho, para el expediente nada importa que tengas muchos trofeos de una especie. Hay que elegir uno de ellos, el mejor, que es el único que cuenta.

—España es una potencia en caza internacional. ¿Crees que nuestros tres premios Weatherby reflejan esa importancia? ¿Son suficientes?

—España tiene grandes cazadores y yo espero ver muy pronto a otro español premiado. En estos momentos hay un candidato que lo está haciendo muy bien y espero que en un plazo relativamente corto lo consiga. Pero además hay un plantel de 15 o 20 cazadores que está cazando espléndidamente, gente en general muy joven que, con un poquito de paciencia y una correcta planificación de sus viajes cinegéticos podrán ser perfectos candidatos al Weatherby. No veo ninguna razón para que en 10 o 15 años no tengamos cinco o seis o más candidatos, porque tenemos potencial cinegético para ello.

—Para optar al premio el cazador debe presentar su candidatura. ¿Es necesario además algún aval?

—Como ya he comentado, una de las obligaciones que tenemos los miembros del jurado es buscar posibles candidatos. Se nos supone un buen conocimiento del mundo de la caza y podemos señalar al Comité qué cazadores están haciendo bien las cosas. Y es el Comité el que invita a ese cazador a participar, a enviar su expediente. No se puede enviar el ballot sin ser previamente requerido para ello. Cada año se presentan del orden de 35 o 40 expedientes, y entre ellos se seleccionan los seis mejores. Son los "nominados". Hay un juego de nominados en el tiempo que se va renovando con la incorporación de unos y la salida de otros. Pues bien, entre los que llevan más de dos años en esa lista de seis se elige al premiado, ya que es norma del Weatherby calificar con 0 a los nominados en su primer año, que es el tiempo que se toma el jurado para conocer más de cerca al candidato.

—De lo que no hay duda es de que es el premio de caza más importante del mundo. ¿Puedes decirnos cómo nació y cómo ha evolucionado?

—El Weatherby nació en 1956 y no se ha visto interrumpido nunca. Surgió como la materialización de un sueño de Roy Weatherby, el famoso fabricante de rifles, que quería potenciar la imagen de sus armas estimulando una concepción ética y viajera de la caza. La idea maduró y surgió el premio, que en su primera edición fue concedido a Herb Klein. Klein era un hombre de familia modesta que, tras trabajar en una multinacional del mundo del petróleo, con el fruto de sus ahorros y algún crédito se dedicó a perforar pozos por cuenta propia en Tejas, a finales de los 40. Tuvo éxito y a partir de ese momento se dedicó a su gran pasión, que era la caza.

Han pasado 55 años desde entonces y el Weatherby no ha dejado de ganar prestigio entre los cazadores de todo el mundo, sin prácticamente ningún sobresalto. Una buena prueba de su pureza, su seriedad y su rigor.

 

En el número de enero:

  • Leones de Melopo
  • Entrevista Antonio Reguera
  • ¿Qué pasa en Irán?
  • Ummimmak en el Círculo Ártico