Pepe Sancho, actor

«Cazar es un negocio lícito»

 

Nos acercamos al estudio donde se graba la exitosa serie de televisión, Cuéntame cómo pasó, para hablar con uno de sus protagonistas, esta vez no de su trabajo como actor, sino de su afición a la caza. Pepe Sancho, don Pablo en la ficción, encuentra en la caza menor una gran pasión heredada. Silencio, se rueda...

Por Isabel Elola Medio

 

A mí lo que me gusta es ir a buscar a la caza, no esperar a que venga

—Cuéntame...

—A mí la afición a la caza me viene de jovencito; iba con mi padre y mi abuelo a cazar conejos con podencos (lo que yo no he hecho con mi hijo y por eso no le gusta la caza). Mi abuelo tuvo hasta trece podencos, pero podencos de los buenos. Desde entonces, tengo mucha afición.

— A la caza menor...

—Sí, a la caza menor y en mano. A mí lo que me gusta es ir a buscar a la caza, no esperar a que venga. Pero lo que más me apasiona es cazar los conejos con podenco y correr detrás de las perdices. Aunque, desgraciadamente, cada vez tengo menos tiempo.

—Es impresionante: el perro, tú y el horizonte...

—Efectivamente. Yo que sólo cazo media docena de veces al año, elijo para mis correrías Segovia, Burgo de Osma, San Leonardo de Yagüe...

—Caza auténtica...

—Claro, claro. A mí me gusta mucho salir con un perro o dos, bien educados. No se trata de matar cincuenta perdices, sino cuatro o cinco y disparar a otras tantas, aunque se vayan, y así consigo pasar un día espléndido. Eso sí, rápidamente noto cuando no hay caza en un territorio (eso me lo enseñaron mi abuelo y mi padre, que en paz descansen). Cuando no ves nada, ni siquiera gavilanes, es porque no hay prácticamente nada.

—Y ahora en casi ningún sitio hay nada...

—Es verdad y me gustaría tener la solución. Quizá los pesticidas o la excesiva comercialización de la caza, no sé. El caso es que, efectivamente, caza menor hay menos y esa sí que es una parte fundamental del equilibrio.

—Y los furtivos...

—En primer lugar, de la Europa Occidental, en España es donde más hay. Lindando con cada reserva nacional hay restaurantes y carnicerías que venden corzo, venado..., sin importar que sea hembra o macho. La Administración es la única que puede meter mano. A mí no me resulta muy grave para mi supervivencia como cazador, porque voy poco, pero el Estado es quien las administra y debe velar por ello. Además, hay distintos tipos de furtivos. Está el social, que mata al venado y lo vende a la carnicería o restaurante por necesidad. Luego está el canalla, el furtivo que prepara la caza para el rico al que no le han concedido el permiso. «Yo te llevo a matar una cabra a un sitio...», ése no es que se esté comiendo la cabra, sino que le está quitando el dinero al rico desaprensivo. Contra ése sí que hay que luchar, pero el que entra en el coto y pone trampas y mata una pieza de vez en cuando para venderla... Forma parte del ecosistema.

Está el canalla, el furtivo que prepara la caza para el rico al que no le han concedido el permiso

—Y, sin embargo, todos hemos hecho alguna vez algo...

—Pues mira, yo lo más que he llegado a hacer cuando era pequeño ha sido lo que se llamaba «estorbar». Consistía en distraer a los conejos para que no entraran en las madrigueras por la noche. Para ello poníamos un trapo o un papel de periódico en la boca para que el conejo no entrara, pero nunca piedras: mi padre no nos dejaba. Sólo queríamos que se asustaran y al día siguiente nos íbamos de caza. Sin embargo, la utilización del hurón me parece una canallada. Todo lo que suponga artilugios para que el animal no se pueda defender por sí mismo, me parece un horror.

—Sólo hablamos de caza menor...

—Es que yo la caza mayor la practico muy poco. Tengo un Winchester y un Remington y, la verdad, es que pronto me van a sobrar. Además, como mi hijo no caza.... Yo voy de caza mayor alguna vez si me invitan y me ha pasado, en ciertas ocasiones, que me han llevado de gancho. Así que ahora, voy o no, según quien me invite. Además, la caza mayor es un negocio, lícito y con el que estoy de acuerdo, y como en todos los negocios hay gente seria pero también gente que no lo es tanto, que utilizan medios fraudulentos para enriquecerse.

—Y luego hay colectivos que nos lo echan en cara...

—Pura hipocresía. La caza indiscutiblemente es el termómetro que mide la salud medioambiental de un paraje, y eso ya lo sabe todo el mundo. Pero, además, la caza es un gran negocio que da de comer a un montón de personas. Yo sé lo que le cuesta a un noruego o un americano, o a los propios españoles, cazar perdices en nuestro país. Conozco pueblos que, gracias a la caza, económicamente funcionan muy bien. Y viven mejor. Eso, que es una realidad incuestionable, ha hecho que muchos ecologistas mal intencionados hayan tenido que callarse. Sin dejar de reconocer que en la caza también hay desaprensivos que quieren matar lo que sea y al precio que sea. Para ellos todo vale, y cuando salen y no hay nada, tiran a todo lo que se menea.

— Es que los «verdes»...

—La ideología «verde» no es una ideología medioambiental, sino política. Cuando se forma un grupo para luchar políticamente contra otro grupo, se utiliza cualquier arma, y en este caso la que esta más de moda es el ecologismo. Pero ecologistas somos todos o por lo menos los que tenemos sentido común. A través de los tiempos, nadie, quitando los grandes especuladores, ha pretendido hacer daño al planeta en el que todos tenemos que vivir. Por lo tanto, el ecologismo militante es una posición política que se organiza en torno a un partido para luchar contra otros.

—Pero han conseguido que muchos se escondan...

—Pues yo ni me escondo ni me dejo de esconder. Cazo cuando quiero, mejor dicho, cuando puedo, y me preocupa muy poco que me vean o me dejen de ver. Pero sí que es cierto que algunos hacen filigranas para que no les vean. Yo tengo amigos políticos que van a tirar patos y van disfrazados, ¡pero disfrazados realmente! Se ponen el pasamontañas, para que solamente se les vean los ojos y un casco para que no les reconozcan. Desde luego, no es como en la época anterior, en la que los ministros salían cazando en el NODO.

La caza indiscutiblemente es el termómetro que mide la salud medioambiental de un paraje, y eso ya lo sabe todo el mundo. Pero, además, la caza es un gran negocio que da de comer a un montón de personas

—Es que ellos iban a sitios buenos...

—Es que los sitios mejor conservados son los grandes cotos de caza.

—Que luego pasan a ser parques nacionales en los que no puedes ni soplar a una hoja...

—Un error, porque al final eso es como una casa; en tu casa puedes poner altas verjas para que no entren los ladrones, pero lo que no puedes hacer es tapiar las ventanas para que no entre ni el aire, porque al final te cargas tu propia casa. Pues esto es igual, si no dejan hacer nada, dentro de muchos años, se habrán cargado el paraje.

—Pero traen a turistas...

—Que hacen más daño al ecosistema.

—Pero les sacan el dinero...

—No a todos.

—Pero vende mucho...

—Ya veremos por cuánto tiempo. Dentro de algunos años es posible que se cansen porque estarán paseando por un sitio sin vida, y se darán cuenta de que, realmente, estarán metidos dentro de un lienzo.

—Pues gracias por contarnos...