Antonio Reguera Bueno, organizador de safaris y naviero

«Los furtivos abaten más del 75% de la caza en África»

Nacido en Toledo y criado en Madrid, Antonio Reguera ha desarrollado su vida profesional en el sector naviero, y también en el de la caza y la pesca deportiva con su compañía Mayo Oldiri. Cazador en los cinco continentes, se decanta por el elefante en selva y asegura haber disfrutado de la caza del oso polar. Casado, con dos hijas y abuelo ya, sus últimas cacerías han sido de sitatunga y lechwe en Zambia, cabra típica en Gales, arrui en Alicante y, la más reciente, un gran macho montés en Gredos.

Rafael Vecilla

—¿Cómo llegaste a dedicarte profesionalmente a la caza?

—La verdad es que fue un poco por causalidad. Como ingeniero naval y licenciado en económicas, en mis primeros años profesionales me dedicaba exclusivamente al trabajo relacionado con los barcos y el transporte marítimo, y por razones de trabajo empecé a ir a África sistemáticamente, porque nuestro negocio estaba allí. Yo era ya cazador, pues desde pequeño mi padre me llevó a cazar con él con frecuencia, de manera que a mis 15 años mi máxima aspiración era hacer un safari, y en mis frecuentes viajes a Tanzania, Camerún… a veces me escapaba a ver animales en algún parque nacional, hasta que en un determinado momento me decidí a hacer mi primer safari.

Además conocía de antes al cazador profesional Félix Barrado, que fue quien indirectamente me incitó a cazar en África. Al principio lo hacía casi a escondidas, sobre todo de mi familia, y mis viajes de trabajo empezaron a prolongar unos días o un par de semanas. El caso es que aquello me impactó. Empecé con un safari al año, luego dos, más tarde tres… Durante cinco años consecutivos hice, además de una o dos cacerías por algún lugar del mundo, un safari en selva con Barrado, como cliente-amigo. Un buen día, después de haber cazado en Tanzania dos o tres veces, me enseñan una zona en ese país, y me dicen que está disponible.

Aquello no salió pero ya me había picado el gusanillo. Después supe por Félix que había una zona muy buena para la caza en Camerún, país que visitaba varias veces al año por razones de trabajo. Fuimos a verla y llegamos a un acuerdo. El llevaría la parte técnica y yo la económica y financiera. Era una época complicada para Félix, que no apareció a la hora de la verdad y me encontré con que yo sólo y sin ninguna experiencia, tenía que poner aquello en marcha. Cometí muchos fallos pero me encantó. Entonces yo era director de una compañía marítima, con un buen sueldo y unas buenas condiciones de trabajo, pero vi que la caza me gustaba más. Pude, tras abandonar, junto con otros colaboradores la antigua empresa, y crear una nueva en la que todos trabajamos actualmente, combinar ambas ocupaciones y en esas estamos, con una compañía marítima, y a la vez explotando un negocio de caza y pesca.

Aquel primer campamento no resultó ser tan bueno como Félix decía, pero me quedé con otro, y más tarde con otro más…

—¿Cuántos campamentos tienes en estos momentos?

—En Camerún 13, de los cuales 11 están operativos, lo que nos permite ser líderes en aquel país; y en Mozambique en donde sólo somos una compañía más, ahora tenemos dos. También hice mis pinitos, bastante movidos por cierto, en Angola, un antiguo paraíso de la caza. Pero es todo complicado. Tengo todavía una concesión en el sur del país, en una zona muy remota, pero no hay quien llegue hasta allí, faltan estructuras y no hay ninguna seguridad de que las autoridades locales respeten los acuerdos a los que hayas podido llegar con el gobierno. También me metí en el Congo y fue una aventura parecida. Después de tres días de viaje y de habernos concedido una zona limítrofe con un parque tampoco nos dejaron entrar, y tras darnos todo tipo de disculpas, nos tuvimos que dar la vuelta. Se conoce que tengo más de descubridor que de conquistador…

En suma, que no renuncio a otras zonas pero mi fuerte es Camerún, donde realizamos en torno al 40% de las cacerías que se hacen allí.

—¿Cuál es la situación en Camerún?

—La gente de la calle no tiene idea de lo que está sucediendo en lo que respecta a la conservación de la naturaleza. Yo le he denunciado en distintas instancias pero no se hace nada. Hace una docena de años era relativamente fácil encontrarte un león, no de grandes melenas por el tipo de vegetación o por genética, pero sí grandes leones, y ahora ver uno es anecdótico. Los pastores que se meten sin autorización en las zonas de caza los envenenan sistemáticamente para proteger sus rebaños. No está bien visto por las autoridades, pero miran para otro lado. Protegen más a pastores y furtivos que al que va hasta allí a gastar su dinero en cazar. No obstante, y gracias al esfuerzo de mucha gente, entre los que me cuento, pues gasto un mínimo de 50.000 euros anuales en luchar contra el furtivismo, hoy hay en mis zonas tres veces más caza que cuando llegué.

—Háblanos de los atractivos de Camerún para el cazador que no quiere complicaciones.

—Para ese tipo de cazador la sabana de Camerún es un paraíso. No hay la gran variedad de animales que puede encontrar en Tanzania, pero la caza es más salvaje en el sentido de que no hay cercas, todo es completamente abierto. Camerún tiene además ventaja sobre otros países de su diversidad de animales. Si vas a Zimbabwe, Namibia, Sudáfrica, Botswana o Mozambique, más o menos el esquema de animales es el mismo. En Camerún te encuentras seis o siete especies que no encuentras en otros lados, tal vez por el hecho de estar al norte del ecuador.

—¿Y para el coleccionista?

—Para el cazador con gran número de especies, Camerún ofrece algunas muy específicas y en algunos casos, exclusivas. El eland de Derby, por ejemplo, cuya cacería es muy dura, no apta para cualquiera. La del búfalo es muy interesante. El gran topi o damalisco sólo se puede cazar allí. En selva te encuentras el bongo, el sitatunga y el elefante de floresta, el búfalo enano y una larga serie de duickers, además de suidos, difíciles de encontrar en otros lugares.

—¿Y para el que busca grandes trofeos?

—En sabana el eland de Derby, animal del que en alguno de nuestros campamentos estamos logrando una media de trofeos de 50 pulgadas. En República Centroafricana puedes encontrar animales mayores, de 55 pulgadas, pero eso ocurre en un caso de doscientos, no es fácil. En Camerún hablamos de la media, que es muy buena. También el roan, que se caza en toda África aunque cuesta trabajo conseguirlo, cuando en Camerún es relativamente fácil, entendiendo por fácil que no son necesarios cuatro o cinco safaris para conseguirlo. El año pasado vino a Camerún Sergio Dimitrievich con su profesional en Tanzania y me confesó que en diez días había visto más roans que en toda su vida en Tanzania.

Los trofeos de selva son todos muy específicos y hemos conseguido muy buenos trofeos de bongo, sitatunga, y todos los años algún muy buen trofeo de elefante de selva.

—Y nos queda el aventurero, el que no elude las dificultades.

—Para ellos, en sabana la cacería del eland puede ser un gran atractivo. Se dice que para cazarlo hace falta caminar ochos horas al día durante ocho días como media. Pero para los aventureros es la selva la que puede colmar sus expectativas. La selva es más que aventura, es meterte en ambiente muy duro, muy bonito, impresionante, pero que te come, agobia. Es una cacería completamente diferente, no ves animales pero los sientes, los percibes próximos… puedes estar a muy pocos metros de un elefante, sentirlo, pero no verlo, y eso no lo aguanta cualquiera. En general, en selva, la gente caza y se va una vez conseguido el objetivo, porque la selva, como agobia, quema.

—¿Alguna modalidad especial?

—En sabana la caza es similar a la que se pueda hacer en Tanzania, con la particularidad de que se pistea mucho más, y en Camerún hay excelentes pisteros. En el caso del eland, que en el 95% de los casos se caza a base de seguir la huella hasta llegar al animal, lo que necesitas es gente capaz de seguirlas en donde, salvo ellos, nadie puede ver nada. En selva, la caza es completamente diferente, y los
tiros se hacen normalmente a ocho o diez metros, y a más de 15 es rarísimo, salvo que tengas la suerte de encontrarte con un animal en una charca.

—El uso de perros es controvertido.

—En efecto, existe la controversia de perros sí perros no. En la caza menor, hay gente que dice que si no caza con perro prefiere no cazar, cuando para mi son un estorbo, pues nunca tuve uno bueno; pero que se usen en la caza africana suscita polémica. En Camerún los perros que se utilizan para la caza son unos animales muy especiales, muy tontos, en el sentido de que no hacen nada ni deben decir nada mientras buscas y sigues la huella, y sólo se animan cuando están al lado de la presa. La controversia está en si los perros dan o no demasiadas ventajas.

Para el bongo, que es el animal típico de la caza con perros, en realidad solo se utilizan para parar al animal una vez que has llegado a él. En una ocasión, estando en casa de Valentín de Madariaga, uno de sus hijos me enseñaba su pabellón de caza y vi un bongo. Cuando comenté que parecía una hembra, el joven me miró extrañado. Cuando nos reunimos con su padre lo primero que le preguntó fue si ese trofeo de bongo era de una hembra, a lo que Valentín contestó: "¡Y a mucha honra!". No se me olvidará nunca. Quiero decir que hasta que se comenzó a cazar con perros, la caza del bongo consistía en seguir una sombra a la que si tienes suerte puedes llegar a pegarle un tiro, y solo después ver si es macho, hembra o cría. Si cuentas con un agarre similar al del jabalí, porque el bongo es un animal agresivo que mata muchos perros y los perros se mueven alrededor pero no es fácil que hagan presa, te da tiempo a llegar y valorar el trofeo. La probabilidad de tirar a un mal trofeo o a una hembra es nula, cuando antes era enorme. Por otra parte, antes el animal te detectaba antes de que llegaras hasta él, y ahora el perro lo sujeta y tienes la oportunidad de llegar. La caza del bongo ahora es muy segura, siempre que el cazador tenga capacidad física para desplazarse por la selva, cosa por cierto nada sencilla. Doscientos metros en selva pueden suponer un esfuerzo enorme…

—¿El furtivismo es el gran problema de la caza en Camerún?

—Es el gran problema, a mi juicio.

—¿Ejercido por profesionales o por pastores locales?

—Se dan los dos tipos. Hay un furtivismo organizado y profesional, que es el que se ha cargado la caza en RCA, y que ya está entrando en Camerún, y además está el furtivismo local. Lamentablemente, es relativamente fácil encontrarse con tipos que llevan 30 o 40 animales encima. Si en una zona donde legalmente se cazan al año cien animales, tienes a cinco individuos que todos los días te matan un par de ellos, resulta que los cazadores furtivos matan muchos más animales que los cazadores deportivos. En sabana, incluyendo parques nacionales y zonas donde no se caza, yo calculo que al menos el 75% de los animales que se matan los matan los furtivos. Y en la selva ese porcentaje puede llegar al 80 u 85%. Es decir que sólo el 15% en un caso, y el 20 o 25% en otro, son cacerías legales. Es tremendo.

—¿A quien hay que responsabilizar de esa situación?

—Teóricamente, eso está en manos del gobierno, pero carece de medios, y si los tiene no los utiliza. Además no se quiere enfrentar con las poblaciones locales y eso que llamamos conservacionismo les de absolutamente igual, salvo excepciones. En el fondo es muy simple. Vamos a ver, yo soy nativo y vivo en un poblado de 200 personas; el dinero que deja un elefante legalmente cazado da de comer a ese poblado durante un año, pero el dinero que llega a cada uno es poco. Por eso los furtivos, que son cuatro, prefieren matarlo ellos y vender la carne y los colmillos, con lo que obtienen mucho más dinero. En definitiva, en un día de caza pueden ganar mucho más que en todo un mes trabajando la tierra, porque a ellos les llega la parte pequeña de lo que se paga por la caza, aunque ahora empieza a notarse que esa parte empieza a ser un poco más generosa.

—¿La solución es política, policial…?

—La solución sería que todos estos mangantes de los pseudoecologistas que manejan grandes sumas, de verdad se movieran para controlar el furtivismo. En Camerún, que conozco perfectamente, hay un montón de asociaciones ecologistas y hay una serie de animales cuya caza está prohibida, como el lomo amarillo, que es el paradigma de la conservación. Si a un cazador deportivo lo cogieran con un lomo amarillo le cae un palo de mil demonios, por la presión que hacen o han hecho los ecologistas para que no se cacen. Pero los mismos empleados de las grandes asociaciones conservacionistas, ven recorriendo cualquier carretera de selva que los locales venden esos mismos animales y no hacen nada, miran para otro lado. Ahora, eso sí, al cazador deportivo lo persiguen por todas partes. Hace poco, una famosísima cazadora que va camino del Weatherby consiguió un permiso especial del gobierno camerunés, firmado por el ministro y a su nombre, para que pudiera cazar un animal en principio semiprotegido. Pues bien, las autoridades de EE UU pararon el trofeo y ha costado mucho que al final lo dejaran entrar… Los dañinos pseudoecologistas están por todas partes, y además están convencidos que tienen razón; cuando en mi opinión y en la de las personas que vivimos el problema están completamente equivocados. Todo está mal enfocado. En República Centroafricana, por ejemplo, está prohibida la caza del elefante. Hace 20 años había allí muchos elefantes, y ahora no hay ninguno. Aquellos portado- res de grandes colmillos han desaparecido.
¿Cómo es eso posible si no se cazan? Evidentemente, los cazan los furtivos. Antes, el que tenía una zona de caza se cuidaba muy mucho de poner los medios para evitar que los furtivearan, pero desde que no se los dejan cazar no gasta un duro en defenderlos. Y eso mismo es lo que va a pasar con todas esas especies que han decidido proteger no cazándolas. Los que tienen concesiones de caza de desentienden de ellas y las ONG's se gastan el dinero en coches y hoteles, en hacer informes y en no se sabe qué, pero no en formar grupos de antifurtivos y proporcionarles medios para que actúen y protejan de verdad la fauna.

—Estamos en crisis. ¿Se nota en los campamentos de caza?

—Aunque nuestros clientes son de un nivel económicamente alto, la crisis les ha afectado a muchos, sobre todo españoles procedentes del negocio inmobiliario, pero no lo notamos demasiado. También es cierto que, en Camerún, nuestra cartera de clientes españoles no pasa del 10%, con relativamente pocos europeos, aunque cada vez son más los rusos. Norteamericanos y mexicanos (poco afectados por la situación), suponen un 70% de nuestra clientela. Ahora bien, en Mozambique, que es un destino más asequible, la caída ha sido grande. Hay algunos operadores que reconocen estar por debajo del 30% de lo normal en contrataciones de safaris. Hay clientes que se han quedado sin dinero y los hay que están asustados y no se atreven a gastarlo.

—En los años de bonanza económica ¿se produjo un recalentamiento de precios en la caza africana, como sucedió en España con la montería?

—Sí que lo ha habido, y lo sigue habiendo. Más en unos sitios que en otros. En Tanzania por ejemplo los precios se dispararon, y me refiero a los precios impuestos por las autoridades, no por las orgánicas, que mantenemos prácticamente los mismos márgenes de hace años. Pero en países como Tanzania las autoridades han multiplicado por dos y por tres las tasas, y ha llegado un momento en que han tenido que dar marcha atrás.

—¿Qué opinas de temas tan discutidos como por ejemplo la caza del león en cercados que se hace en Sudáfrica?

—En esto tengo una mentalidad bastante abierta. Menos la actitud de los pseudoecologistas, me parece bien casi todo.

Yo entiendo que hay que gente a la que le divierte muchísimo pegarse una gran paliza para cazar, y sufrir, porque si no, la caza no le parece válida, y entiendo al que le gusta pegar muchos tiros sin necesidad de hacer esfuerzo físico. De la caza de la que me hablas, me parece estúpido llegar a extremos de poner delante del cazador un león drogado, pero no deja de ser algo parecido a lo que sucede aquí con las cercas. ¿No es caza lo que se hace en las fincas cercadas? Depende, si la finca es grande y te tienes que mover mucho, a lo mejor es más complicado cazar que en abierto. Quiero decir que entiendo y acepto casi todo, pero no que en tres o cuatro hectáreas te vayan soltando animales para que los vayas matando.

—¿Pero cazar en condiciones de clara ventaja no es dar argumentos a los anticaza?

—A la gente no cazadora no le importa cómo caces, sino que caces. La cacería que más me gusta es la del elefante en selva, que te tienes que poner a cinco metros del animal. Un amigo con el que fui a cazarlo, gran aficionado a los toros, me decía que aquello era como bajar al ruedo, te la estás jugando. Procuras que no pase nada pero te la juegas. Eso al ecologista le da igual, simplemente estás matando un bicho, y repito que le da igual que te estés jugando la vida o que lo hagas con toda comodidad y facilidad. El problema que le veo a la caza demasiado fácil es que le resulte decepcionante al cazador, porque al anticaza le da igual eso o que hayas tenido subir a una montaña y pasar cuatro días en una tienda de campaña muerto de frío y de asco.

—¿Las grandes asociaciones de cazadores están haciendo una defensa eficaz de la caza?

—Algunas lo intentan, van por el buen camino. El CIC al menos hace cosas interesantes. Cuando la manifestación de cazadores del 2008 en Madrid contra la ministra Narbona se unieron a la protesta y acudió su presidente a la cita. Hacen lo que pueden. La desgracia es que hay mucha mediocridad entre los legisladores en temas de caza. Ni saben ni les gusta. Hay cosas que se hacen bien, pero hay otras sangrantes, como que se pretenda exterminar el arrui en Andalucía porque es un animal "invasor". Que se pueda plantear desde un despacho acabar con un animal con esos argumentos me parece lamentable, y un disparate.

—¿La caza de animales salvajes en espacios abiertos está asegurada por un plazo razonable de tiempo?

—Espero que sí. Un país en el que he cazado mucho es Canadá, un territorio inmenso y con muchos animales. Y allí hay una estricta regulación para controlar la caza, de manera que, más o menos, se puede cazar, según las especies, entre el 0,5 y el 2% de los animales estimados. Eso en Europa sería exagerado, pero en cualquier caso hay que entender que la caza no debe perjudicar a la fauna sino favorecerla. En España, por ejemplo, ¿dónde no hay caza?, pues en los terrenos no acotados. Pero donde la caza se cuida y se gestiona hay muchos más animales que antes. En Camerún por ejemplo, en mis zonas de caza hay una densidad de animales cuatro o cinco veces mayor que en cualquier parque nacional. Si los dirigentes fueran un poco inteligentes se darían cuenta de que la mayoría de nosotros protegemos mucho más la fauna que los gestores de un parque. Es simple y lógico: si no hay animales abundantes no hay clientes y no hay negocio. Al conservador del parque le da igual. Su sueldo no depende del número de animales…

—A tu juicio, ¿en qué países se hace una mejor gestión de la caza?

—En los países de la antigua URSS se está haciendo muy mal, con excepciones, aunque tengan caza por las dificultades que tienen los cazadores de llegar hasta allí. Pero en general los países europeos lo hacen bien. Canadá me gusta, pero no EE UU, no me gusta su sistema aunque lo hagan muy bien. En África hay de todo. Botswana tal vez sea de los sitios donde mejor se esté gestionando.

—En resumidas cuentas, ¿eres optimista o pesimista?

—Lo que soy es muy viejo… pero soy optimista. Habrá cambios, pero las gentes sensatas e inteligentes se darán cuenta de que la mejor, si no la única, forma de proteger la fauna salvaje es dejándola cazar mediante una caza controlada. Donde no se caza, la fauna acaba por desaparecer.

 

En el número de enero:

  • Leones de Melopo
  • Entrevista Antonio Reguera
  • ¿Qué pasa en Irán?
  • Ummimmak en el Círculo Ártico