Pepe Reina, futbolista

«Cazar es sentir»

Portero del Liverpool, José Manuel —Pepe— Reina es en la actualidad uno de los mejores guardametas. Pepe nos habló de su nueva afición, su vía de escape en momentos de máxima tensión, la caza. Su historia con el fútbol empezó como la de cualquier chaval, dando patadas a la pelota. Es el único de la saga Reina que ha emulado a su padre y ha llegado a jugar en la Liga de las Estrellas.

Isabel Elola Medio

Nunca he estado en ninguna montería, o sea, que si es para invitarme, admito ofertas

—Mi hermano Paco, el segundo, tenía muchas cualidades. Mi padre dice que era mejor que yo. Era ágil, fuerte y hubiera podido llegar muy alto, pero a los dieciséis años se despistó —risas— y a esa edad o te lo tomas en serio o...

— Pepe a los trece años se fue a Barcelona y allí, en la Masía, entre libros y balones de fútbol, se le despertó su afición.

—La verdad es que en Barcelona no tenía muchas oportunidades de cazar; es más, ni pensaba en ello. Pero unos amigos míos, Antonio y Mimi, que viven en Madrid (no sé si sabéis que yo nací en Madrid) me invitaron un par de veces a cazar con ellos en su finca, en Talavera de la Reina. Me gustó y me aficioné.


Pepe recordando sus andanzas cinegéticas.

— Y Pepe empezó a cazar, y su padre, Miguel Reina, que dirigía sus pasos deportivos, torcía el gesto...

—Pues sí, a mi padre no le hacía mucha gracia que cazara y siempre me decía, y me dice: «Cuidao’ que de una escopeta sale un tiro», y, efectivamente, por mi profesión, tengo que tener mucho cuidado, pero la afición me puede.

— Afición que se consolidó cuando cobró su primera pieza cinegética...

—Fue un venado de trece puntitas... La verdad es que he tenido suerte; no he ido muchas veces a cazar, pero sí he conseguido bonitos trofeos. Quizá el mejor sea un guarro que maté en una espera, mejor dicho, a la mañana siguiente, pues esa noche no entró y decidimos echar un vistazo por la mañana. Y allí estaba. Es un bronce. Pero he de reconocer que la caza que más me gusta es la del corzo.

— Esa preferencia es difícil llevarla a cabo porque en la época de caza del corzo, el fútbol está en pleno apogeo y en su tramo más decisivo.

—Incluso así, me escapo de vez en cuando. La verdad es que esta profesión no te deja mucho tiempo libre para la práctica de esta afición, la caza. Pero al igual que otros compañeros, sacamos tiempo de donde no lo hay, y de vez en cuando hacemos una escapadita.


Pepe reconoce que todavía no es un experto cazador, pero  todo se andará...

— José Manuel sigue cazando con sus amigos de siempre. Con Juan Carlos, al que llama su profesor de caza, con Antonio, con Mimi...

—Nunca he salido de mi círculo, porque con ellos me siento seguro, ya que todavía no tengo suficiente soltura, puesto que llevo poco tiempo en esto de la caza. Sé que algunos jugadores de fútbol son también cazadores, como Sanchís o Cañizares, y no me importaría cazar con ellos.

— Y en sus salidas al campo, a veces, se le superponen las escenas...

—Hay veces que me gustaría tener la escopeta cuando viene un balón bombeado sobre mi área y veo que no voy a llegar —risas—. Y en otras ocasiones, cuando en un ojeo me viene una perdiz de pico y rasante, me dan ganas de hacer una palomita —más risas—.

— A pesar de su corta experiencia cinegética, Pepe ya está pensando en cazar allende nuestras fronteras...

— Me gustaría hacer algún safari por África, también algunos corzos en Hungría, quizá osos en Canadá...


Amante del corzo, Pepe Reina tiene dos cosas pendientes: ir a una montería y cazar con su padre.

— Y corzos...

—Eso me gusta más. Además en esta profesión nunca sabes dónde va a estar tu próximo cazadero.

— Pero a pesar de todo, hay dos cosas, cinegéticamente hablando, que Pepe no ha hecho todavía y le gustaría hacer.

—Una es ir de montería. Todavía no he ido a ninguna porque me resulta difícil: casi todas son los fines de semana y yo esos días los tengo ocupados con partidos y entrenamientos. Pero me gustaría ir a alguna, o sea, que si es para invitarme a ir a una, admito ofertas —risas—. La otra cosa que tengo pendiente es cazar con mi padre. Aún no he conseguido que me lleve o llevarle yo a él. Pero el año que viene estas dos deudas tienen que estar saldadas.

— A Pepe le gusta la caza bien hecha. La caza que se siente. Por eso no entiende a sus detractores.

—La caza en sí no es mala, sino todo lo contrario, ha existido siempre y siempre existirá. Los que son perjudiciales son algunos cazadores que habría que expulsar de nuestro colectivo. Pero la caza, la auténtica caza, es sentir el lance, notar la emoción, disfrutar del paisaje, de los olores... en el fondo, es una simbiosis con la pieza, y si encima consigues un buen trofeo, pues mucho mejor.

— Y para practicar esta caza, no cree que su condición física le aporte más ventajas...

—Si practicara la caza menor o incluso si fuera a participar en campeonatos, seguramente sí tendría ventajas por mi entrenamiento físico, pero para cazar, cazar, yo creo que es más importante la experiencia. Si has puesto quinientas veces a un bicho en la cruz, si has sentido cien veces cómo rompen monte los venados, si has visto mil veces repullarse una perdiz... cazarás mejor y sabrás más de caza que si eres un tío ágil, fuerte y rápido.

Pepe nos mira. En toda la entrevista no se le ha borrado la sonrisa de los labios, el tema toca a su fin.

— Pues, hasta la vista Pepe. ¿O good bye?

—Jajajajaja.

En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros