Ángel Carlos Terán Molleda, guarda mayor de la reserva de caza de Saja

«Prefiero acompañar a cazar»

Ángel Carlos Terán Molleda nació en Ruente (Cantabria) en 1948. Su familia es toda ganadera y el 1 de febrero de 1974 (con 25 años) empezó a trabajar como guarda de la Reserva de Saja por cabezonería de su padre. Cuando ya era guarda mayor, la Administración decidió dividir la Reserva en seis comarcas y que cada una de ellas pasase a tener un jefe de comarca, adquiriendo él la capitanía de la denominada Saja-Cabuérniga.

A.P. Freire

Es entrañable, amable, educado y un pozo de sabiduría cinegética y de la naturaleza. Los que hemos tenido el placer de cazar con él, hemos aprendido de su sapiencia, de su experiencia, de su forma de ver el campo e interpretarlo, así como de su forma de defenderlo. Su honradez, su sentido de la responsabilidad, el amor a su tierra, y la forma en que demuestra que disfruta trabajando, hacen de él una persona de las que dejan poso en el corazón de los que lo hemos conocido subiendo y bajando las montañas de su Reserva.

—¿Te habría gustado dedicarte a otra cosa?

—No, me encanta mi trabajo, pero si no me hubiera dedicado a esto, me hubiera dedicado a algo relacionado con el campo.

—¿Te gusta cazar?

—Sí, pero prefiero acompañar a cazar. Disfruto más viendo como abaten los demás.

—¿Qué calibre es tu favorito?

—El 270, es un calibre que vale para todo, aunque los venados cada vez se están haciendo más grandes y más resistentes. Pero con un tiro bien colocado…

—¿Rececho o batida-montería?

—Rececho, sin duda.

—Dices que los venados son cada vez más grandes…

—Sí, cada año van a mejor. Más grandes de cuerpo y de cuernas, aunque ha habido algún año nefasto.

—¿Qué diferencias hay entre la caza de ahora y la de antes?

—Mucha, más dedicación tanto de guardas como de cazadores. Los cazadores tenían mucha afición y los guardas no teníamos ni festivos, ni vacaciones, ni descansos, ni reloj.

—Debo deducir de tus palabras que las nuevas generaciones de guardas son diferentes?

—Están más preparados que los de antes tanto técnicamente como intelectualmente, pero les falta afición, y muchas horas de campo.

—Ángel Carlos, mientras te hago esta entrevista, no estamos viendo casi venados, ¿por qué?

—Todos los años desde que descorrean hasta que empiezan a berrear parece que se los traga la tierra, pero lo de este año es exagerado. Recuerdo un año similar a este, en el que un guarda me decía, "se han muerto todos los venados, no se ve ni uno, este año tenemos que anular los permisos"… Se acabaron matando en mi comarca cerca de 90… Jajajaja.

—¿Algún cazador inaguantable?

—Inaguantable no, pero hubo uno que me sacó de quicio, falló en un día seis venados.

—¿Tienes alguna anécdota bonita que contarme?

—Un día íbamos a cazar un venado, y vimos moverse unos helechos. Nos acercamos a ver cómo era el venado y cuando lo observé bien, le dije al cazador "vámonos, es un mono". Y él, con los ojos fuera de las orbitas, me dice "¡un mono, un mono, ¿dónde, dónde?" Le tuve que explicar que yo le llamo monos a los venados pequeños… (risas)

Otra vez un cazador después de matar un venado, le puso una camiseta del Atletico de Madrid a su teckel y se puso a hacer fotos (más risas). Por cierto Antonio, ¿qué vais a hacer este año sin Forlán y Agüero?… (muchas más risas)

—Perdona Ángel Carlos, pero las preguntas las hago yo (de nuevo risas). ¿Y alguna anécdota desagradable?

—La más desagradable, un personaje que tenía un permiso de venado e intentó sobornarme para cazar un corzo de forma ilegal. Le tuve que denunciar y retirarle el permiso de venado.

—¿Qué significa para tí el valle de Cabuérniga?

—Mucho cariño, añoranzas, tradición y familiares ganaderos.

—¿Qué has sacrificado por ser guarda de caza?

—Mi familia y mis hijos. Me he perdido muchas vivencias. Cuando eran pequeños casi exclusivamente los he visto dormidos. Muchos días he salido cinco o seis veces de la cama detrás de coches que pasaban por delante de mi casa a deshoras para ver lo que hacían, los seguía de forma obsesiva y cuando veía que no estaban haciendo nada malo me volvía a la cama. Hace tiempo que me di cuenta que era exagerada mi actitud. Ahora tengo tres hijos y dos nietos a los que presto más atención, pero sigo teniendo la sierra metida en las venas y salgo a vigilar estando en mi periodo vacacional.

—¿Quieres decirle algo a tu familia o a tu mujer?

—Sí, que me perdonen, y darles las gracias, en especial a mi mujer, porque siempre me apoyó sin un mal gesto.

—¿Qué me dices del furtivismo?

—Antiguamente lo había por necesidad, y durante la bonanza económica por vicio, pero se les dieron cuatro palos y prácticamente ya no hay nada.

—He visto por aquí una estatua de Pepe el Lobero. ¿Quién era ese hombre?

—Mi antecesor, el guarda mayor de la Reserva. Un fenómeno de la naturaleza. En su vida mató 123 lobos, cuando estaba permitido.

—Dime lo primero que se te pase por la cabeza al oír la palabra lobo.

—Voy a contestarla sinceramente, con conocimiento de que puedo herir sensibilidades. Miedo, pavor. Es un animal dañino y asesino que mata por placer. Yo conozco muchos paisanos que son ganaderos y que sufren mucho con este animal, les matan 40 ovejas y se comen solo una. El lobo mata tenga hambre o no.

—Perdona mi ignorancia. ¿El venado es originario de aquí?

—No, no, el venado se introdujo en el año 1948, con ejemplares de Andújar y de Toledo.

—¿Qué me dices de las otras especies? Oso, urogallo, rebeco…

—El oso se ve muy esporádicamente. Una o dos veces al año alguien dice que lo ha visto. Del urogallo en el año 1978 tenía localizados seis cantaderos, pero por motivos que desconocemos desapareció y la causa te aseguro que no fue la caza. En cuanto al rebeco, está en clara expansión, en cantidad y en calidad, siendo relativamente nuevo, pues llevamos aquí con él solo unos 25 años.

—Ser guarda qué te ha traído, más amigos o más enemigos.

—En un principio enemigos, pero son momentáneos, porque a nadie le gusta que le denuncien o que le llamen la atención. Pero cuando sopesan que es mi trabajo y mi obligación, todos acaban siendo amigos.

—¿Qué opinas de la ley?

—No hay mejor ley que el sentido común. Por poner un ejemplo, está prohibido recoger desmogues de venado… ¿Qué mal supone eso?

—¿Solo has cazado en Cantabria?

—No, he cazado por varias partes de España, y también he estado en Rumania, pero lo que más me ha gustado después de Saja es África. He estado cuatro veces y si pudiera me iría todas las vacaciones allí. Tiene un olor y un color único.

—¿Qué vas a hacer cuando te jubiles dentro de dos años?, ¿dedicarte a cazar?

—Nooooo… en todo caso acompañar a cazar. Ya he matado más de 4.000 venados entre los cazados por mí y los que he hecho de guarda–guía con cazadores. Quiero cuidar de unos caballos que tengo y comprarme unos buenos prismáticos, para en los ratos libres subirme al monte. Lo que más me va a costar es, cuando vea alguna persona haciendo algo ilegal o incorrecto, darme cuenta de que esa ya no es mi labor ni mis competencias, y tendré que mirarme a mí mismo para darme cuenta de que ya no llevo puesto el uniforme. Pero no podré evitar, cuando menos, llamar a mis jóvenes sucesores.

—Me he enterado de que el monte te ha traído el mejor regalo de jubilación que te podía hacer. ¿Me puedes contar cuál ha sido ese regalo?

—Sí, efectivamente, casi en el ocaso de mi carrera profesional, esta reserva de 180.680 hectáreas (la más grande de España) me ha traído un regalo en forma del posiblemente (a falta de homologar) el nuevo récord de venado de la reserva, que andará entre los 215-220 puntos, matado el 2 de septiembre de 2011, abatido por un cazador al que yo guiaba. Me ha hecho mucha ilusión, tanta como la que pueda sentir un futbolero si su equipo gana la Champion League. Y como hacen los futbolistas, quiero dedicarle este venado a toda mi familia, amigos, paisanos y a todos mis antecesores guardas de esta mi querida reserva del Saja.

—Muchas gracias por cazar conmigo, por deleitarme con tu compañía y por concederme esta entrevista. ¿Quieres añadir algo más?

—Sí, que ha sido un placer y que gracias a ti.

Como se ha podido comprobar Ángel Carlos es un cántabro feliz, orgulloso de su tierra y de su profesión, un hombre de bien que considera que su principal función en la vida es realizar su trabajo con profesionalidad y dedicación, en ocasiones hasta límites fuera de lo que podrían considerarse normal, de lo cual se siente orgulloso a pesar de que algunas personas puedan criticarlo o no compartirlo. En cualquier caso, es un hombre que transmite confianza y unas sensaciones difíciles de encontrar hoy en el ser humano. Por suerte, aunque se jubile, estoy firmemente convencido de que la sierra puede contar con él como aliado.

 

En el número de enero:

  • Leones de Melopo
  • Entrevista Antonio Reguera
  • ¿Qué pasa en Irán?
  • Ummimmak en el Círculo Ártico

 

 

De las circunstancias en las que, para mi fortuna, conocí a nuestro protagonista

Yo nunca había dado caza a un venado por circunstancias que no vienen al caso, a lo que ayudaba el hecho de que no me gustan demasiado las monterías, y que no me seduce cazar en fincas cerradas, por muy grandes que sean. Fue entonces cuando mi amigo Gustavo me propuso pujar por un permiso en la Reserva de Caza de Saja, en la que su familia y él mismo han nacido. Con todos los trámites burocráticos realizados, me informan en el Departamento de Montes de Cantabria que debo ponerme en contacto con el guarda que me han asignado para que me de fecha para el rececho. Le llamo y me dice que salvo del 12 de septiembre al 8 de octubre, que lo tiene todo reservado, puedo elegir la fecha que quiera. Me cogí un cabreo monumental y le pregunté que a qué es debido esa restricción en plena berrea, si desde que se hizo la subasta hasta que le he llamado solo han pasado cuatro días. Me dice que todos los años los permisos se los quedan prácticamente las mismas personas desde hace 20 años y que ya lo tienen reservado de forma prácticamente vitalicia. Le manifiesto que no me parece normal que tengan ese derecho adquirido y que yo quiero disfrutar de la berrea en mi primer venado, y que con las fechas que me daba estaría obligado a cazar fuera de berrea. No me da ninguna solución: eso es lo que hay. Volví a llamar a Montes y me dijeron que eso no era legal y me aconsejaron hablar con el jefe de comarca (en otra época llamado guarda mayor). Fue entonces cuando conocí al Ángel Carlos, y la conversación transcurrió de la siguiente manera:

–He adquirido un permiso de venado y el guarda que me ha atendido me ha comentado que no es posible en berrea, y yo tengo una ilusión tremenda por matarlo en esta época puesto que va a ser mi primer venado. Incluso tengo pensado llevarme a mi mujer y a mis hijas y que vean ese espectáculo, el cual me han dicho es maravilloso. He de decirle que el disgusto que tengo es espectacular. Me da igual que el venado sea más grande o más pequeño, pero para mí es sumamente importante que sea en berrea.

–No se preocupe usted de nada –me contestó–. Me hago cargo de su problema y le entiendo. Tenga en cuenta que hay muchos permisos y pocos guardas, y que todo el mundo quiere venir en esa época, pero yo le aseguro que usted matará su venado en berrea y que sus hijas y su mujer lo verán. Yo estoy aquí para ayudarle y para que usted se vuelva a su casa con su venado, lo más contento posible, y que el año que viene vuelva usted a visitarnos. Déjeme dos o tres días para que recoloque los permisos y le llamaré. Usted va a cazar conmigo y vamos a buscar el venado más bonito posible, y en berrea.

Cuando una persona te habla así, te das cuenta que estas ante lo que coloquialmente se llama "un tío de los pies a la cabeza". Cuando dos días después te llama y te dice que vamos a cazar el 24 y 25 de septiembre –en plena berrea– y que su trabajo consiste en que todo el mundo quede contento y se marche feliz para su casa, que es su obligación y que para eso le pagan, para solucionar problemas… empiezas a pensar que estás ante un extraterrestre. Quedamos contentísimos y este año volvemos a por otros venados. Pero los animales, la caza y la berrea ya es lo de menos, volvemos porque estamos y nos sentimos como en casa. A Ángel Carlos le quedan dos años para jubilarse y este año, el día 2 de septiembre, la naturaleza le ha traído un regalo, y yo pretendo obsequiarle con esta entrevista.