Antonio Martín, Director de baloncesto del Real Madrid

«En la caza varío poco mi cinco inicial»

El Bernabéu se levanta imponente ante nuestros ojos. Antonio Martín ha abierto un hueco en sus múltiples quehaceres para hablar con nosotros de una de sus pasiones: la caza. Y allí, entre papeles y llamadas (el Real Madrid estaba cerrando su plantilla de baloncesto), Antonio mantiene con nosotros un cambio de impresiones sobre esta afición que él practica desde muy niño.

Siempre entendí que el campo era mi válvula de escape

—La afición me vino por la relación de mis padres con unos amigos que tenían fincas de caza en Toledo. Mi hermano mayor, que es ingeniero agrónomo, iba siempre a las cacerías de perdices, y a mi hermano Fernando y yo, como éramos demasiado pequeños, nos mandaban a la retranca, y si alguna perdiz se escapaba le tirábamos… Así que, desde muy niño, pasaba muchos días en el campo y muchas jornadas de caza. Luego, hace once o doce años, casi ya dejando el baloncesto en activo, volví a la actividad cinegética, porque cuando estaba jugando, era bastante difícil compatibilizarla con los partidos de fin de semana... Sí, en mi caso se puede decir que la caza casi la he mamado.


El director de baloncesto del Real Madrid nos confesó que está volviendo a la caza menor para disfrutar más de su perro.

—Mamaste de la caza menor. Como todos los buenos cazadores, que han empezado así. Algo que siempre te deja buenas sensaciones.

—Hace muchos años… Pero, sí... La sensación que más recuerdo es el trabajo del perro. Íbamos con un guarda que tenía dos… éramos un equipo, pero el verdadero protagonista era el perro. Esas sensaciones las tengo grabadas y, a día de hoy y después de estar metido de lleno en la caza mayor, vuelvo a disfrutar de mis perros y con mis perros, y vuelvo a recordar aquellas sensaciones de antaño.

—Y, por mucho que discutamos, lo que menos importa es la raza…

—Yo tengo un teckel y un labrador. El labrador va conmigo a cazar en mano y no sólo cobra, sino que caza, hace muestras a su manera… se queda quieto… Para mí, que me he acostumbrado a él, es un perro magnífico para cazar en mano. El teckel lo utilizo más para los recechos.

—Recechos y caza menor con perro: la caza auténtica…

—Todo es caza auténtica. Depende de cómo tú te plantees la actividad cinegética… Todo es auténtico.


Antonio cree que salir de caza con el mismo grupo de gente es primordial para disfrutar de la jornada.

—En el siglo XXI y en el mundo occidental, si no tienes las cosas claras no es fácil plantearse la caza.

—Vivimos en libertad absoluta y cada uno puede hacer los planteamientos que le vengan en gana. Yo, afortunadamente, tengo las ideas muy claras de cómo plantear la caza. Para mí esta actividad es uno de los contactos más directos con la naturaleza y la que mejor te ayuda a comprenderla. La caza completa el acto con el cobro de la pieza, pero tanto antes como después, hay otros pasos muy importantes, aunque he de reconocer que, hoy día, debido a la sociedad en la que estamos viviendo, estamos llevando la caza a una mera sucesión de lances, algo que para mí es difícil de entender y poco gratificante.

—Y, a veces, la caza se convierte en La escopeta nacional…

—En mi caso, nunca.

—¿Nunca?

—Nunca. Siempre entendí que el campo era mi válvula de escape y mi sosiego, y jamás he usado la caza como herramienta ni, por supuesto, he dejado que ella me utilice a mí. Nuestra relación es limpia. ¡Sería lo último! No entendería estar contemplando un amanecer y pensar que estoy trabajando... ¡Me niego! ¡Ni hablar!

Ya que mi familia política es de los Picos de Europa, también hago mis pinitos por allí arriba

—Sin embargo, la actividad cinegética se está convirtiendo en un negocio…

—En muchos casos es así, es cierto; pero, de todas formas, es un negocio lícito. Y, si además de lícito, es un negocio limpio, no hay duda de que está haciendo una labor impagable por mantener todo lo que hoy tenemos. España es uno de los países con más diversidad de especies animales y eso, lo quieran ver o no, ha sido posible gracias a la aportación de los cazadores. Todas las zonas emblemáticas y protegidas hoy antes habían sido áreas de caza, hasta que a algunos señores se les ocurrió la brillante idea de protegerlas. ¡Protegerlas cuando el trabajo ya estaba hecho¡ Y esto ha sido debido, sin lugar a dudas, a que eso generaba algún tipo de rentabilidad.


Aficionado desde niño, Antonio Martín nos recibió en su despacho del Bernabéu para comentar su visión de la caza.

—De todas maneras, tan importante como el sitio son las personas con las que uno caza.

—Lleváis toda la razón. Cazo en varios lugares realmente atractivos: cerca de La Adrada, voy a los cochinos; en Castilla-La Mancha, a la menor y a monterías; por Soria, a los corzos; y ya que mi familia política es de Picos de Europa, también hago mis pinitos por allá arriba… Y siempre con la misma gente, porque ésta es muy importante.

—Y, casi siempre, el más importante es quien te inicia.

—A mí me metió en la caza mayor mi amigo Fernando Finat, y se ha convertido en una persona fundamental, para mí, en esto de la caza. Y, luego, en cada uno de los sitios, cazo con mi grupo, que es gente magnífica con la que llevo cazando muchísimo tiempo y con la que me entiendo a la perfección.

La caza y el baloncesto se pueden parecer en un concepto como es el acecho

—Es que es muy importante entenderse con la gente con la que vas al campo… Como si fuera un equipo…, un cinco inicial.

—¡Ja, ja, ja! No sé yo si hay mucha similitud entre el baloncesto y la caza... En el baloncesto, aparte de formar un buen equipo, cada integrante tiene una misión específica y esta misión la tiene que cumplir lo mejor posible: el alero, meter puntos; el pívot, coger rebotes; el base, dirigir al conjunto del equipo… En la caza yo, a mi equipo, lo único que le pediría es que supiese estar en el campo, que lo disfrutase como yo lo hago… que lo entiendan… Y si luego tiran peor o mejor, no pasa nada.


Actualmente, Antonio Martín se decanta por los recechos de corzo, la caza en mano y las esperas a jabalíes.

—Pues si la actividad cinegética es una actividad del hombre, y el hombre juega al baloncesto, ¡alguna relación tiene que haber!

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué silogismo más malo! Pero, ahora que lo decís, realmente la caza y el baloncesto se pueden parecer en un concepto, y no poco importante, como es el acecho..., esperar el momento oportuno… En un partido hay veces que los jugadores tienen que saber esperar..., tienen que tener la paciencia suficiente como para que el partido les venga a ellos y aprovechar el instante justo para ganarlo. Vamos, como si fuera una espera…

—Paciencia, espera… son condiciones que tiene que tener un buen cazador y que, si además es un alto directivo de un equipo de baloncesto, le pueden ayudar a cobrar alguna que otra pieza de caza mayor…

—¿Qué…?

—Jiménez…

—¡Ah! Sin duda, Jiménez es una pieza de caza mayor y espero que mi condición de cazador me ayude a cobrarla…

En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

PERDIGONES

—¿MAYOR O MENOR?

—Un poco de todo…

—¿RECECHO O MONTERÍA?

—Antes monteaba mucho. Ahora compagino la montería con el rececho.

—¿CAZA EN MANO U OJEO?

—Lo ideal es cazar en mano terminando con un «ojeito» organizado por mi grupo.

—¿PERROS?

—Un teckel y un labrador.

—¿ARMAS?

—En rifles un Santa Bárbara .243 y un Heym de 7 mm. En escopetas, una Aya y una pareja de ojeo Arturo Fernández.

—¿LUGARES DE CAZA?

—Castilla-La Mancha, Soria, Picos de Europa y la zona limítrofe de Madrid y Ávila.

—Perdices de granja, ¿sí o no?

—En el día de hoy son un mal necesario.

—¿QUÉ LE HA APORTADO SER CAZADOR A SU PROFESIÓN BALONCESTÍSTICA?

—La constancia y la paciencia.

—ALGUNA ANÉCDOTA…

—Sí, y además no estaba cazando con rifle. Estaba en un safari fotográfico en el Parque de los Albardales, en Kenia, con mi mujer y otro matrimonio. Estaba subido en el techo del Land Rover haciendo fotos a unos elefantes cercanos y, de repente, sin saber porqué, uno cargó contra el coche… Es difícil imaginar cómo un animal de ese tamaño y ese peso se mueve a esa velocidad: en menos de un santiamén estaba casi encima del coche, pero afortunadamente la pericia del conductor (que pegó un increíble acelerón que casi me parte la espalda) nos sacó del apuro. Si no es por él, es posible que hoy no lo estuviera contando…