Javier Castillejo, ex-campeón del mundo de boxeo

«La caza es paciencia»

 

Javier Castillejo, ex-campeón del mundo de boxeo, nos dejó exhaustos tras asistir a uno de sus entrenamientos. Nos habló de dos de sus pasiones: el ring y la caza

Isabel Elola Medio

 

Hay algunos que no respetan las reglas porque no aman la caza; son gentuza que provoca que otros lo vean y, aprovechándose de ello, nos atacan a todos

Doce asaltos… Entrenas duro. En plena forma, rápido, ágil…

—Dicen las malas lenguas que eres mejor boxeador que cazador...

—¡Hombre! Soy boxeador, campeón de boxeo..., pero..., llevo muchos años cazando, siempre que los entrenamientos me lo permiten, aunque en la caza no son tan importantes los trofeos, lo que cuenta es que ames la caza, eso sí que es fundamental.

—El Lince de Parla, lince y boxeo... El lince un animal en extinción, y el boxeo...

—No, el boxeo nunca desaparecerá... Es un arte. Su situación actual es culpa de la tele y de la mala prensa. Yo he boxeado en Telecinco, Canal Plus, Vía Digital, pero en las públicas tenemos vetado el acceso ¡sobre todo en la uno y en la dos! Pero mientras haya boxeadores, el boxeo no desaparecerá.

—El lince por tu rapidez...

—Sí, supongo. Me lo pusieron unos amigos por mi rapidez, porque soy muy vivo en el ring o por mi mirada.

—Boxear y cazar, tus dos pasiones tienen algo de supervivencia...

—No, eso era antes. Ahora se caza por negocio, por hobby, no por necesidad. El boxeo existe desde que el hombre es hombre, por eso no se va a acabar nunca, pero ahora el boxeador es un atleta, no lo hace por necesidad. Yo conozco a muchos boxeadores con carrera, alguno es ahora director de banco, ¡e incluso un campeón de España era biólogo!

—¿El boxeo y la caza son políticamente incorrectos?

—Lo único que no son correctos son los políticos. A mí lo que no me parece bonito es la política, que ya hemos visto cómo funciona, ellos sí que tienen mucho que callar ¡puf! Este mundo se está volviendo muy cursi. Siempre hay gente que jode la marrana, pero siempre habrá boxeo, toros y caza, porque son arte y son algo muy español, de raza, muy de aquí.

La caza tiene muchos palos y hay que probarlos todos

—¿Los grupos ecologistas nos ganarán la partida?

—No, no creo que ellos se salgan con la suya, lo que tenemos que hacer los cazadores es respetar la caza y dar ejemplo. Hay algunos que no respetan las reglas porque no aman la caza; son gentuza que provoca que otros lo vean y, aprovechándose de ello, nos atacan a todos.

—Cambiamos de tercio. A ti la menor...

—Me gusta tanto la menor como la mayor. Los dos tipos de caza son apasionantes; estar en un puesto de caza y escuchar el jabalí cómo entra es... —Mientras nos lo cuenta, Javier lo escenifica con movimientos felinos, se rebulle en su taburete, tensa los músculos y apunta hacia una hipotética mata— ...¡puf!, algo especial. Pero también ir andando por el campo y que el perro te ponga una perdiz —ahora Javier apunta a las lámparas de la cafetería en menos tiempo que se persigna un cura loco— es una experiencia única.

—Eres rápido, por lo que vemos...

—Es fundamental.

—Entonces la caza es velocidad...

—No, la caza es sobre todo paciencia. El boxeo me lo ha enseñado. Llevo boxeando desde los dieciséis años, y ahora tengo treinta y seis, veinte años en los que he aprendido a esperar, y esperar, y esperar... Y en un momento, ¡chac!, ¡pam!, ¡trac! —ahora Javier ha tensado los músculos, el cuello se le hincha y en un par de golpes imaginarios ha derribado a su adversario. De repente, se serena, igual de rápido que se lanzó, nos mira a los ojos, y sigue hablando pausado—. En la caza es igual. En la caza y en la vida. Siempre hay que tener paciencia; hasta para hacer el amor. Hacerlo despacito es mucho mejor.

—Oye, Javier, ¿y tú dónde cazas tan despacito?

—Pues en Menasalbas la caza menor, y en el Espinar, con mis cuñados y mi suegro, hago batidas de jabalí.

—Entonces a ti no te introdujo en la caza tu padre.

—No, en mi caso fue mi suegro y mis cuñados. Yo conocí a mi mujer en El Espinar en una concentración, hace ya quince años. Porque os diré que a mí el boxeo me ha dado todo lo que soy, y lo que mejor que me ha dado ha sido a mi mujer, sin la que seguramente no habría llegado a la mitad de lo que he llegado. Pero hablando de caza, fueron ellos los que me llevaron al campo, me gustó y hasta ahora.

Lo bonito fue ver cómo se iba apagando la luz, cómo se hacía de noche poquito a poco, cómo se callaba el campo...

—A ti te gusta la batida de jabalí, pero no digas que un rececho...

—La caza tiene muchos palos y hay que probarlos todos. Yo no había estado nunca de espera, y este año he hecho alguna. Es apasionante... Me dicen «¡tú quieto!», y yo quieto, una hora o dos... Me pica la nariz, y tardo media hora en rascármela de lo despacio que subo la mano... Y de repente, ¡buf!, ¡buf! Está ahí y no le ves —otra vez brillan sus ojos y se remueve en el asiento—. Y un buen rato, y tú tenso, es apasionante.

—Y te entró...

—No, no me entró. No había luna, se me escurrió por un lado y no le llegué a ver. Pero lo bonito fue ver cómo se iba apagando la luz, cómo se hacía de noche poquito a poco, cómo se callaba el campo... Me gustó mucho, la verdad.

—Tu próximo reto...

—África. Estoy deseando hacer un safari. Lo que pasa es que tengo un trabajo muy jodido y tengo que estar siempre entrenando, pero en cuanto pueda, me escapo.

—A por antílopes...

—Tengo un amigo que se dedica a esto de los safaris. Me enseñó fotos y ¡fuá!, ¡qué pasote! Me ha dicho que como vayas, repites. Eso sí que debe enganchar. Me ha dicho que debo empezar por facocheros y antílopes, y yo le he dicho que ¡ni hablar! Si voy, voy a lo bruto, a por bichos grandes. Ya le he dicho: «A mí, déjate de historias y ¡méteme un bicho grande!».

—¿Qué rifle tienes?

—Un Blaser 30.06.

—Con ese calibre...

—¿Es pequeño?

—Hombre...

—Pues me compro otro más grande.

—Por cierto, nos viene a la cabeza una curiosidad: los animales y los boxeadores siempre vais de la mano: Legrá, una pantera; Poli, un potro; tú, un lince...

—Menos uno que llamaban El Marinero de los Puños de Oro: Carrasco.

—Y todos campeones del mundo...

—Y yo espero volver a serlo en septiembre.

—Y lo celebrarías ¿con un buen ojeo de perdiz o con una gran montería?

—Con las dos cosas.

—Sólo puede ser con una.

—¡Qué!, ¿no puede ser con las dos?

—Sí, sí, sí, sí...