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La sarna en el corzo

Álvaro Oleaga: «Su comportamiento menos gregario le ayuda a esquivar la enfermedad»

A principios de mayo se conoció que un cazador abatió en Soria un corzo gravemente afectado por lo que, a expensas de confirmación oficial, parece ser sarna. Las impactantes fotos del animal volvían a teñir de actualidad una enfermedad que, aunque con una incidencia menor que la registrada en otras especies, como ciervos y rebecos, puede llegar a ocasionar la muerte. Conversamos con Álvaro Oleaga, uno de los mayores expertos en el tema.

CdC

16/05/2018

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Corzo con visibles signos de alopecia y lesiones en la piel. Foto de Álvaro Oleaga.

El primer brote de sarna se detectó en 1993 en las inmediaciones del pico Torres, perteneciente a la reserva regional de caza de Aller, en Asturias. Desde entonces, la Junta de Castilla y León ha tratado de atajar el problema con investigaciones a cargo de expertos en la materia y por actuaciones de campo llevadas a cabo por sus agentes forestales.

La labor de contención ha tenido un éxito muy limitado, llegando la situación a cotas preocupantes, como en el año 2009, cuando la enfermedad se extendió por la totalidad de las reservas de Mampodre y Riaño.

Signos de la enfermedad en el corzo

La sarna sarcóptica es una enfermedad parasitaria que está provocada por el ácaro excavador Sarcoptes scabiei. Está tan extendida que se ha comprobado la infestación en más de cien especies de mamíferos, y el ser humano es uno de ellos.

Los estudios han detallado las lesiones que la sarna sarcóptica produce en los corzos. Se detecta alopecia, costras cutáneas e hiperqueratosis (engrosamiento de la capa externa de la piel debido a la irritación) en la cabeza, el cuello, el tronco y en las extremidades, amén de afecciones detectables a partir de exámenes bioquímicos.


Ciervo afectado por sarna sarcóptica.

Responde Álvaro Oleaga

Hemos acudido a uno de los mayores expertos en el tema, Álvaro Oleaga, Veterinario que ha desarrollado trabajos de investigación y vigilancia sanitaria en fauna silvestre del Principado de Asturias, investigador al frente de la Red de Vigilancia Sanitaria de Fauna Silvestre de Asturias y uno de los mayores expertos en todo lo referentes a este tipo de enfermedad en la fauna salvaje. Álvaro ha investigado la sarna sarcóptica en el corzo, y comparte sus conocimientos con nosotros en la siguiente entrevista.

—Álvaro, ¿puedes decirnos cuándo y cómo comenzaron a registrarse casos de sarna en corzos?

—El primer caso que nos consta detectado en Asturias se corresponde con un cadáver de corzo en que se confirmó la presencia de S. scabiei por parte de Fernández-Morán y colaboradores en 1997, asociado al brote de sarna en rebecos que comenzó en 1993 y que mediante el estudio genético de ácaros hemos podido relacionar como posible origen de los casos, más abundantes, de sarna sarcóptica en ciervos (Oleaga y cols., 2008b).

En 2006 encontramos y pudimos analizar y confirmar sarna sarcóptica en dos corzos muertos en Asturias (Oleaga y cols. 2008a), de nuevo asociados al área de distribución de la sarna en rebecos y ciervos del Principado, y desde entonces hemos podido confirmar el proceso en al menos otros cinco corzos, con una frecuencia notablemente menor a la registrada en ciervos y rebecos asturianos.

—¿Por qué se registran menos casos en corzos que, por ejemplo, en ciervos?

—En este aspecto, cabe destacar que el comportamiento menos gregario del corzo en comparación con ciervo y rebeco es la probable causa de unas menores tasas de contacto entre individuos y con ello una menor posibilidad estadística de transmisión del ácaro entre individuos de esta especie (y, por tanto, un menor número de casos clínicos).

—Por sí misma, ¿puede causar la muerte del animal?

—Es una enfermedad muy llamativa, por sus visibles y a menudo extensas lesiones, y también severa para el corzo, que al igual que otros ungulados no parece desarrollar una respuesta inmune capaz de controlar el ácaro y en la mayor parte de los casos, sucumbiendo a la enfermedad. Es por tanto una enfermedad que sí puede causar la muerte de los corzos afectados.

—¿Debe preocuparse el cazador? ¿Se trata de una zoonosis?

—En cuanto a la relevancia para el cazador, la especie S. scabiei sí que es la causante de la sarna sarcóptica humana, por tanto, sí es potencialmente transmisible al hombre y es una zoonosis. Lo que es cierto también es que este parásito se caracteriza por presentar diferentes variedades genéticas adaptadas a una determinada especie o grupo de especies de hospedadores, en los que es capaz de desarrollarse.

En estudios elaborados en Asturias para caracterizar genéticamente los ácaros de rebeco, ciervo, corzo, zorro y lobo (Alasaad y cols. 20011; Oleaga y cols. 2013) comprobamos la existencia en la región de una ‘variedad’ de S. scabiei propia de ungulados (cérvidos y rebeco), otra de zorro, mientras que el lobo albergaba indistintamente ácaros de una u otra variedad (en apariencia debido a su posición en la cadena trófica). Esta presencia de variedades hace que cuando la propia de una especie (o grupo de especies) parasita a una especie diferente, a menudo no tiene los mecanismos suficientes como para eludir la respuesta inmune del nuevo hospedador, al que no está adaptado, ocasionando infecciones autolimitantes o menos virulentas.

—¿Qué síntomas podemos padecer?

—Esto es lo que hemos podido ver, al menos hasta el momento, en Asturias: el contagio al ser humano es posible por contacto con el animal enfermo, su cadáver o incluso objetos que hayan estado tiempo suficiente en contacto con él (durante unas horas tras la muerte del animal, a partir de las cuales el ácaro no es capaz de sobrevivir) pero, por lo general, personas con un sistema inmune desarrollado y efectivo controlan al ácaro, que no es capaz de prosperar y cuyo intento de colonización acaba reducido a unos pequeños«granitos»conocidos como«pseudoscabies»que acaban desapareciendo sin gran problema. En ocasiones puede llegar a ser necesario tratamiento, generalmente muy efectivo, y esto es más probable en niños, personas adultas o personas inmunodeprimidas, cuyo sistema inmune no resulta tan eficaz y el ácaro puede llegar a provocar la enfermedad, aunque no con la patogenicidad observada en su hospedador habitual.

—¿Qué debemos hacer para no contagiarnos?

—En cualquier caso, ese contagio es fácilmente evitable con unas medidas mínimas de higiene y sentido común, como son evitar tocar el animal sin guantes, limpiarse bien las manos y brazos (el jabón de azufre, fácilmente adquirible en cualquier farmacia, es un producto útil frente a este ácaro) después de haber manejado al animal con guantes, y desechar o limpiar-desinfectar bolsas, ropa o utensilios que hayan estado en contacto con el animal o su cadáver y que pudiesen albergar ácaros vivos, que pueden llegar a infectarnos si entran en contacto con nuestra piel.

—¿Qué debe hacer el cazador si se encuentra con un corzo afectado? ¿Debe avisar a las autoridades sanitarias.

—Entiendo que efectivamente lo primero que debe hacer es avisar a las autoridades competentes en esta materia en cada región, para poner en su conocimiento el caso observado con dos finalidades.

a-) Que le orienten en cuanto a la forma de actuar y puedan hacerse cargo del cadáver para su retirada y eventual estudio y posterior destrucción.

Y b-) Para que puedan llevar a cabo un estudio sanitario y un diagnóstico definitivo de las causas de la muerte o lesiones presentes en un animal, un dato de indudable interés desde un punto de vista de vigilancia sanitaria.