En Profundidad

Cuatro furtivos dan una paliza al alcalde de Hoz

Club de Caza habla con él para conocer los detalles

José Manuel García es el alcalde de Hoz de Valdivielso. Actualmente está recuperándose de las secuelas que le produjo la paliza que le dieron cuatro desalmados cuando les recriminó por, presuntamente, furtivear corzos en las tierras del coto del pueblo. Hemos hablado con él para dar a conocer los detalles del terrible suceso que ha vivido.

CdC

14/05/2018

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José Manuel García,
alcalde de Hoz de Valdivielso.
Foto: Diario de Burgos.

Sucedió un sábado de mediados de abril. José Manuel estaba trabajando sus tierras de La Hoz de Valdivielso cuando descubrió a los que minutos después le atacaron a él y a su sobrino: «Había caído la noche, pero teníamos algo de luna y se veía bien. Estaba con mi sobrino, que tiene 25 años, y les vimos llegar a una finca de alfalfa, pero no les debió gustar lo que vieron y se desplazaban lentamente hacia la zona de la carretera. Eso me dio tiempo a acercarme».

Unos cazadores ‘despistados’

José Manuel dejó de echar abono en sus siembras y subió a su coche junto a su sobrino. Cuando llegó donde estaban, se identificó como el alcalde del pueblo ante aquellos tres hombres: «yo les pregunté de dónde eran y a qué coto pertenecían, porque no conocía a ninguno, y me dijeron que eran de Tartalés (de los Montes). Entonces les expliqué que se habían alejado de su coto al menos dos kilómetros». Después de aquello, los «despistados» subieron a su coche y se alejaron de la zona.

El alcalde actuó de esa manera porque el pasado año encontró cerca de allí tres cuerpos de corzo sin cabeza y dos más muertos por disparos que, al parecer, no habían sido encontrados por los furtivos.

Llegué justo cuando estaban sacando el rifle del maletero. Apenas me dio tiempo a decir nada

Pillados in fraganti

El día siguiente, domingo, volvió a ver el mismo coche en la misma zona. La hora también fue la misma, pasadas las 21:30 h. José Manuel se acercó de nuevo para llamarles la atención y advirtió que llevaban visores de visión nocturna… «Llegué justo cuando estaban sacando el rifle del maletero. Apenas me dio tiempo a decir nada. Esta vez eran cuatro. Salió un hombre grande y rubio del coche y los otros tres se pusieron detrás. El grande me dijo: - ¿tú eres el hijoputa del alcalde? -. No me dio tiempo a contestar».

Lo dejaron inconsciente


Alguna de las lesiones que le dejó
la terrible paliza que le propinaron.
Foto: Diario de Burgos.

José Manuel relata con rabia cómo aquel le asestó una patada que le tiró al suelo mientras otros dos se le echaban encima. El cuarto fue a por su sobrino. Se sucedieron patadas y puñetazos hasta que perdió el conocimiento. Poco después despertó mientras escuchaba que se iban a toda prisa. Su sobrino consiguió llamar al 112 y eso les hizo huir de allí. «Me podían haber matado», confiesa apretando los dientes.

La ambulancia llegó enseguida y le trasladaron al Hospital de Miranda de Ebro, donde le trataron por múltiples contusiones.

De esta manera constan los hechos en la denuncia interpuesta en la Guardia Civil por este valiente alcalde, que aún sigue de baja por las consecuencias de aquella paliza. A los pocos días se pusieron en contacto con él a través de alguien de un pueblo vecino para ver si podían «arreglar» el asunto sin ir a juicio. Su abogado le ha prohibido hablar con ellos y él dice que el arreglo está en los tribunales.

Su sobrino consiguió llamar al 112 y eso les hizo huir de allí

Total indefensión

García lamenta la indefensión en la que se encuentran los propietarios de las tierras y de la caza ante estos actos delictivos. Los agentes medioambientales no dan abasto y, además, también son agredidos en situaciones similares. Así lo reconoce Esaú Escolar, presidente de la Asociación Profesional de Agentes Medioambientales de Castilla y León, que cifra en 35 las agresiones de carácter grave que se han producido. Los agentes medioambientales no pueden ir armados por ley. Además, en el Protocolo de Seguridad aprobado por la Junta, se recomienda que «si una situación se pone tensa, lo mejor es retirarse», algo que no hizo José Manuel.


José Manuel encuentra cuerpos de corzos sin cabeza cada año en los terrenos del coto del pueblo.

La historia se repite

Quince días después de aquello, José Manuel pasó por una zona cercana y vio un coche parado al lado del monte. Pensó lo peor y se acercó con cuidado: «Decidí asegurarme porque tenía claro que estaban controlando los corzos. Cuando me aproximaba los encontré con el foco encendido y apuntando con él al monte. En esta ocasión no bajé del coche, tenía la lección aprendida. Me puse en paralelo y les grité ‘¿de qué coto sois?’. Vi volver la cabeza al que estaba apuntando y se quedó pálido como un muerto. Respondió ‘soy de este coto’.

García no necesitó más. Conoce a todos los cazadores del coto del pueblo, y aquellos no lo eran. Prosigue con el relato de lo que aconteció aquella noche: «Con las mismas, di marcha atrás en el coche y llamé al 112. Me dijeron que enviaban una patrulla hacia donde les dije que se dirigían, porque recogieron a toda prisa y se metieron en el coche. Me pidieron que les siguiera para poder interceptarlos, y eso hice. Pocos minutos después les cogieron en un hostal de la zona».

Los que compran algún precinto de los pueblos de la zona se dedican a cazar por toda la comarca

Un precinto con el que cazan toda la zona

José Manuel sabía perfectamente desde hace tiempo lo que está ocurriendo y cómo se organizan los que furtivean por allí: «Hemos podido saber que los que compran algún precinto de los pueblos de la zona se dedican a cazar por toda la comarca. A la mañana siguiente tuve la suerte de cruzarme con uno de los que estaban en nuestro coto la noche anterior. Sin que le dijera nada, me reconoció y vino a excusarse diciéndome que él tiene precinto. Le pregunté de dónde era ese precinto y me dijo que de La Hoz. Cuando le dije que el alcalde de La Hoz soy yo no supo qué más decir. Eso mismo lo dicen en otros pueblos de la comarca. Compran un precinto de un coto y cazan todo el valle; van a otra zona y hacen lo mismo… Lo tienen muy estudiado y, además, no le ponen el precinto al corzo cuando lo cazan. Algunos vuelven otro día mientras otros lo venden y sacan un buen dinero mientras van cazando un corzo tras otro».

Precintos sin control

José Manuel tiene muy claro dónde está el problema: los precintos pasan de mano en mano y no hay ningún tipo de control en esto. Los ayuntamientos los venden y quien los compra los revende para sacar beneficio. Al final no sabemos quién anda por nuestros montes cazando corzos. Además, no tenemos apoyo. Los agricultores somos los que tenemos que velar por lo que es nuestro. Desde que pasó lo de la agresión he recibido alguna llamada, pero no se ha incrementado la vigilancia en la zona.