En Profundidad

Toda la verdad sobre el corzo de los 262 puntos

Ni bulo ni estafa. Solo un corzo impresionante y críticas sin fundamento

Las reacciones surgidas dentro del mismo sector cinegético han sido muy desagradables. ¿Lo peor? Que han sido reacciones sin consultar a la fuente principal de todo este asunto, es decir, el taxidermista que publicó su trabajo en su página de Facebook. A continuación, dejamos todo claro para apagar de una vez por todas las especulaciones y se deje de tildar de bulo o ‘estafa’ algo que se ha hecho precisamente por todo lo contrario.

CdC

31/07/2018

25243 lecturas

Debemos comenzar diciendo que Julián Causapié no es un taxidermista más. Con casi 60 años, lleva ligado al mundo de la taxidermia desde antes de aprender a caminar. Su padre, el maestro taxidermista, como él lo define, intentó que estudiara para dedicarse a otra cosa, porque, como él mismo decía, era muy inteligente y habría podido ejercer la profesión que hubiera deseado. Pero Julián soñaba con trabajar con los animales entre los que había crecido.


Impresionante el trofeo de este corzo aragonés.

Así llegó el corzo al taller de Julián.

Para enmarcar su trayectoria, baste con decir que es el responsable de naturalizar el último ejemplar de bucardo que vivió en este país. Recordemos que intentaron llevárselo a Estados Unidos, pero el Gobierno de Aragón lo impidió, aludiendo a que en aquella autonomía tenían un gran taxidermista de confianza. Porque Julián es colaborador habitual del Departamento de Medio Ambiente —ahora Desarrollo Rural y Sostenibilidad—.


Último ejemplar de bucardo naturalizado por Julián.

Un reto para cualquier taxidermista

Comenzamos preguntando a Julián cuándo y cómo le hicieron llegar un trofeo tan impresionante. «El corzo lo cazó el amigo de un buen amigo mío. Me llegó hace dos meses y medio. Para mí fue un reto enfrentarme a un trabajo tan meticuloso. La puntuación es lo menos importante para mí. No me preocupa que sea récord nacional o mundial, que lo es. Lo único que considero relevante es el trabajo que he realizado con este trofeo, que llegó en unas condiciones pésimas.

»En Facebook lo publiqué el pasado sábado, pero antes hice una selección de contactos de gente próxima con la que tengo confianza y envié alguna foto. Mi intención era simplemente compartir el trabajo que había realizado. El cazador no va a homologarlo, ni podría, al estar reconstruido. No tiene el más mínimo interés. Él me trajo su corzo para que se lo reconstruyera y así conservar el recuerdo. Lo único que he hecho ha sido publicar el proceso por el cual he restaurado el trofeo, de lo cual me siento muy orgulloso, y la medición, con el permiso del cazador y para que él también supiera el valor que tiene el animal que ha cazado».


La mano del taxidermista debía sujetar la cuerna desprendida.

El dedo de Julián indica el impacto de la bala que destrozó el trofeo.

Críticas infundadas

A partir de aquí, no entendemos las críticas que se han vertido, llegando incluso a catalogar el caso como una estafa… Julián nos da su opinión sobre todo esto: «He leído las críticas. No deja de sonar el teléfono y varios de mis amigos, que conocen el caso y todo lo que ha pasado, me piden que lo explique pero, sinceramente, es algo que no me afecta. Me da absolutamente igual. Os lo comento a Club de Caza porque tengo buenas referencias, pero lo único que me importa es el resultado de mi trabajo. Poder comparar las malas condiciones en las que llegó este corzo y cómo ha quedado finalmente. Lo demás es secundario».


En este estado llegó el trofeo al taller de Julián Causapié.

Y es que las críticas no se comprenden desde el momento en que Julián ha publicado el paso a paso del gran trabajo de recomposición que ha realizado en el trofeo de este corzo: «Precisamente lo he explicado todo, un paso tras otro, para que no quedase ninguna duda. Otra cosa sería que hubiese publicado la foto del resultado final con la estimación de la medición. Eso sí que hubiera sido deshonesto.

»Pero he hecho lo contrario. He explicado cada parte del proceso. Palabras como ‘bulo’, o que pesa lo que pesa porque se han utilizado tornillos o porque se ha restaurado denotan que la gente no sabe de lo que habla».

Julián nos explica esto último, que nos ha llamado mucho la atención y creemos que tiene una importancia capital en todo el asunto. Además, nos enseña fotografías que prueban sus palabras: «Ese corzo pesa más de lo que apunta la báscula. Aquí, en mi taller, tengo el material que le puse a las partes destruidas por el disparo para todo aquel que quiera comprobarlo.

»Lo fácil hubiera sido ponerle escayola, porque endurece muy rápido y luego trabajas más cómodo y rápido lijando y limando. Pero, tratándose del corzo que es, decidí añadir el mínimo peso posible. ¿Qué significa esto? Que, teniendo en cuenta el peso de las esquirlas de roseta que se desprendieron, que una muy pequeña pesó 20 gramos, y considerando además el peso del material que añadí, que no añade apenas unos gramos, el peso de este trofeo es bastante menor que el que habría dado en báscula si hubiera llegado íntegro. Esto lo digo por todos lo que sostienen que el peso final es así debido a la reconstrucción. El 75 por ciento del material es papel y el resto es cola de carpintero».

El corzo

El corzo se cazó en Aragón. La zona se mantendrá en el más absoluto secreto. El afortunado cazador que ha disfrutado de la gran experiencia es alguien que no quiere ningún tipo de reconocimiento.

Julián nos habla del corzo: «Se trata de un animal extraordinario en todos los sentidos. Su edad no supera los 5 años. Los corzos de la zona donde se ha cazado este tienen genética que proviene de Soria, pero los nutrientes que encuentran en estas zonas favorecen en mayor medida el crecimiento de las cuernas que los que encuentran los corzos en Soria.

»En Soria llueve mucho más, lo que ocasiona que la hierba sea más carente en los nutrientes que intervienen en el crecimiento de la cuerna. Es lo que explica los grandes trofeos que me llegan cada año. Cada temporada trabajamos con bastantes trofeos de 140 a 170 puntos, pero no hay una en la que no preparemos algún que otro trofeo de 190 puntos».

Un disparo desafortunado

Todo lo que ha rodeado en las últimas horas a este corzo se debe a un desafortunado disparo. La bala destrozó un trofeo único. Julián nos lo comenta: «El tiro rozó la base de la roseta derecha. Le dio de refilón, pero del impacto saltó la cuerna derecha. También rozó la roseta izquierda, y se llevó la mitad por delante. De la misma vibración del impacto, le abrió el cráneo en dos partes, pero, afortunadamente, la bala no llegó a tocar el cráneo. Si lo llega a hacer, lo hubiera reventado y habría sido imposible restaurarlo. La cuerna derecha cayó al suelo, y menos mal que el cazador la encontró. La roseta izquierda se perdió en el 50 por ciento aproximadamente.

»Hice una foto tal y como llegó el corzo. Al quitarle la piel, se observa que el cráneo está partido en dos, pero no se desprendió hasta después de hervirlo, cuando la piel y la carne ya no sujetaban el hueso partido.

»A partir de ahí, fui documentando mi trabajo paso a paso con la intención de que se viera reflejado, no para formar el revuelo que se ha formado.

»Y, mucho menos, para que lo cataloguen de bulo los que ni siquiera se han molestado en conocer el caso».


Peso de una de las piezas del material artificial añadido.

Otra de las piezas del material añadido.

El controvertido tema del peso

Las críticas más feroces han llegado al tratar el tema del peso de este trofeo. Julián publicó una foto del mismo ya restaurado sobre la báscula, reflejando un peso de 1.054 gramos. El desconocimiento ha llevado a algunos a aseverar que esto es lo que ha llevado al conjunto de la cuerna de este corzo a alcanzar ese peso. Julián nos da una lección de taxidermia a todos: «Los que han criticado, por ejemplo, el tema del peso, no tienen ni idea de lo que entraña el proceso que he realizado para la recomposición del trofeo. Primero hubo que pegar el amasijo de pedazos que se puede apreciar en la foto. Después de cocer la cabeza, el cráneo se partió en dos. Una de las rosetas quedó pegada a un trozo de cráneo, mientras que la otra cuerna, como te he adelantado, la recuperó el cazador del suelo. La otra roseta estaba destrozada. Ese trabajo no es complicado, cualquiera puede hacerlo con paciencia y un buen pegamento.

»Después vino lo complejo. Partiendo del modelo de la roseta izquierda, tuve que recomponer la derecha, que es artificial, al igual que la parte posterior. Y lo hice con papel y cola, que no pesa nada cuando seca. Si observas la foto del cráneo despiezado, verás una parte de la roseta izquierda que está fragmentada. Esa esquirla pesaba 20 gramos. Teniendo en cuenta que este trocito pesa eso, todo lo artificial (papel y cola) que le he puesto donde debería ir la materia natural del corzo supone un peso muy inferior. Hay que tener en cuenta que el peso que aparece en la otra foto es inferior a lo que habría pesado el trofeo en estado natural. Eso no se puede discutir».

Un trabajo muy complejo

Preguntamos a Julián cuántas horas le pudo llevar conseguir el resultado final que podemos contemplar: «Realmente no lo he sumado. Pero mucho tiempo. Darle los matices y los colores que predominan en la cuenta con este acabado ha sido muy laborioso, pero el taxidermista debe controlar la pintura, la ebanistería, la escultura».


Medición del trofeo reconstruido realizada por Julián.

Julián deja claro que es taxidermista. No es homologador de ninguna junta, pero porque no quiso. Rechazó estar al frente de una junta de homologación en Aragón debido a la pasión que siente por su trabajo: «Formar una junta de homologación hubiera supuesto tener que dedicar parte de la jornada de trabajo a medir. En aquel entonces, mi padre y yo preferimos dedicarnos a lo que realmente nos apasiona, que es la taxidermia».

Que nadie piense que le falta experiencia a la hora de realizar mediciones de trofeos. Lo ha hecho con una pasmosa exactitud en un número que ni él mismo recuerda. Sus clientes pueden atestiguar lo exactas que resultan sus mediciones: «En este caso, medimos el trofeo entre dos personas. Yo puedo tardar diez minutos en medir un corzo, pero en este caso empleamos más de media hora y realizamos varias mediciones para asegurarnos. Siempre me curo en salud y apunto, dentro de la máxima exactitud, valores bajos».

Ante esta aseveración no podemos evitar la pregunta: ¿Esto significa que este corzo arrojaría más puntos en una homologación?

Su respuesta: «Es muy probable».

Más artículos En Profundidad