He querido dejar constancia de lo acontecido el pasado dia 19 de Septiembre, cuando, ante la invitación de mi gran amigo y mejor jaulero Miguel Gómez Zafra, Viejo Lince, no tuve otra opción que acudir a pasar unas horas en ese entrañable y precioso pueblo cordobés, denominado Zuheros, aprovechando, una vez más, la fiesta gastronómica que en torno al queso en casi todas las modalidades, se viene celebrando año tras año, con gran éxito de visitantes y con una amplia representación de variedades tanto de quesos, como se productos de todo tipo, como chacinas y un largo etcétera.

Se empeña Viejo Lince en enseñarnos las cosas de su pueblo año tras año, para lo cual aprovecha cualquier oportunidad que se le brinda y he de reconocer que disfruta como pocos entre sus amistades, que curiosamente compartimos con él ni más ni menos el que nos guste comer bien, abrazar de cuando en cuando a los buenos amigos y por si ello fuera poco, nos apasiona la caza de la perdiz con reclamo, y no es cuestión de desperdiciar la oportunidad de aprender de esos MAESTROS que en tan bella plaza cuquillera se dan cita.


De izquierda a derecha: Santiago, Rafagua, Antonio L., Sierra, Eleno, Francis, Luis, un amigo y paisano de Miguel con chaleco azul, y agachados Echojumo, Egea y Viejo Lince. La dama de la derecha es Bea, la esposa de Francis.

Del pueblo poco puedo decir para los que tienen la suerte de conocerlo. Se ubica en una atalaya privilegiada, en la ladera de una sierra preciosa y con miles de hectáreas de olivares a sus pies.

Estábamos presentes, los que aparecen en la foto de arriba, es decir, Santiago, Rafagua, Antonio Campos, Sierra, Eleno, Francis, y agachados Eladio, Egea y Miguel.

Me comentó Miguel, que la tarde-noche anterior había recibido la visita de Juanma, Loco por el Pájaro, que una vez mas se acercó para compartir un rato con los que habían adelantado la llegada. Luego tuvimos ocasión de hablar con él, pues nos llamó por teléfono mientras comíamos.

Como otras veces, las esposas de Eleno, Santiago, Francis y Eladio, acompañaban a sus respectivos cónyuges, animando las tertulias con anécdotas varias.


De izquierda a derecha, Elena, Sagrario, Isabel y Carmen

Buen ambiente en la feria

Por supuesto, Sagrario, la anfitriona y encantadora dueña de la casa de Viejo Lince, presidiendo la sesión.

Decidí ir en moto, con el fin de disfrutar de la belleza del paisaje, y aunque con un poco de calor, la verdad es que mereció la pena.

A mi llegada ya estaban prácticamente todos esperándome en casa de Miguel para hacer una incursión por esa maravilla de plaza entoldada, acurrucada junto a ese majestuoso castillo y con una enorme cantidad de tenderetes en los que poder degustar infinidad de variedades culinarias, que la gente devoraba como si se jugasen la vida. Algunos de los del grupo, como es preceptivo, adquirieron su correspondiente encargo para casa.


Distintas variedades de quesos y chacinas

Como no soy muy amante del queso, y puesto que ya había echado un vistazo a lo que Viejo Lince tenía preparado y esperando en casa, compartí unas cervezas, hice unas fotos, y conseguí que el personal abandonase la muchedumbre para estar un poco mas relajados y poder hablar de “lo nuestro”.

La que nos esperaba era de categoría.

A la sombra de los naranjos , limoneros y el aroma de los jazmines que adornan el patio de nuestro anfitrión, tuvimos ocasión de intercambiar experiencias, hablar de futuro, de la cartuchería, del tiempo, de las siembras, de la cría de esta última temporada y un sinfín de anécdotas referidas a las distintas columnas que sustentan a esta bendita afición.

Lo que antes me había mostrado Miguel, no era nada mas y nada menos que un perol de chivo de la sierra que no se lo saltaba un galgo, y que además estaba guisado al estilo zuhereño, con una sabor exquisito y tierno como el agua, gentileza de nuestros anfitriones, aparte de diversas variedades de chacinas, quesos, ensaladas y un largo etcétera. Todo ello acompañado con vinos del lugar, manchegos y cervezas varias, algunas de ellas sin alcohol, por aquello de guardarse las espaldas.

El colofón lo puso Bea, esposa de Francis, que apareció con una tarta espectacular de hojaldre y cabello de ángel, hecha en Espejo, su pueblo, expresamente para el evento y que aun conservaba algo del calor del horno de esa misma mañana. Sencillamente deliciosa. Dimos buena cuenta de ella, aunque fue imposible poder acabarla, al igual que el cabrito.


Pepe Egea recreándose en una jaula de varetas

 


Cartucherías

   Banquillo de corcho del anfitrión

 

Como por arte de magia apareció junto a la tarta una jaula con un pollo del mismo color y con una mansedumbre increíble, que era un regalo para Antonio L. por parte de Santiago. Allí estuvo tranquilamente todo el tiempo sin tocar un alambre y viéndonos degustar el pastel.

Olvidándonos de colesteroles, triglicéridos, ácidos úricos, transaminasas, y demás palabros con los que los médicos suelen asustarnos, cada uno dio cumplida réplica de su lote, como demuestran estas instantáneas que quise hacer para que nadie pueda negar los hechos, especialmente los que no iban acompañados.


Isabel ,Santiago, Elena, Carmen y Egea cogidos in fraganti. A Elena no se le ve, pero presuntamente también aparece en actitud delictiva.

Al final, Elena, futura motera, quiso inmortalizar el día posando “sin casco” en mi moto, ante el horror de los viandantes. El próximo año no me extrañaría que acudiesen al evento motorizados, pues la vi muy entendida e interesada en el tema, así que ya veremos como sale Eleno de ésta.


Bea y Sagrario por la vía rápida...

  ¿Qué será?

 


Francis haciendo los honores

Caída la tarde, cada pollo tenía que buscarse su quedada y, aunque algunos tenían previsto pernoctar en Zuheros, otros aun teníamos que hacer varios kilómetros para llegar a nuestra querencia, por lo que fui uno de los primeros en salir, entre otras cosas porque la noche no es demasiado compatible con la moto, aunque ya me hubiese gustado continuar la tertulia cuquillera con gente que atesora tanto saber.

 

P.D. Ante todo pido que disculpéis mi tardanza en ponerme a escribir estas líneas, pues he estado fuera de casa varios días por problemas familiares, ya felizmente resueltos.

Puesto de Sol, Octubre de 2013

Sierra
(Juan Madrona)