La caza del reclamo es muy personal. Diría que lo individual se impone tratándose de una modalidad de caza que se practica en solitario, tanto es así que lo que pasa en cada puesto solo lo sabe el reclamo y el cuquillero, nadie mas es testigo directo de tal representación venatoria en plena naturaleza.

Esta es una característica personal insalvable que va marcando impronta en cada cazador de reclamo, tendiendo a ser algo individualistas, hasta tal punto que para contrarrestar esta inercia precisamos del contacto personal con otros devotos de este arte con el ánimo de compartir vivencias, fallos, decepciones y disfrutes.


Foto: Viejolince.

Mucho más es necesario cuando se trata de una práctica que te impone unos conocimientos no fáciles de adquirir y unas reglas de conducta y procedimientos nada evidentes, pero imprescindibles, si quieres saber practicarlo, todas ellas basadas en tradiciones y costumbres que el tiempo ha validado de forma indiscutible e irreversible, cuya sólida fuente a la que acudir, muy importante, suele ser el compañero más experto. Por ello tenemos la tendencia y hasta la necesidad de la reunión y la narración de la experiencia en conjunto, cuantas más veces mejor, para acrecentar nuestra afición al reclamo de perdiz y seguir mejorando en competencia como reclamistas o jauleros a través del intercambio y de la relación social entre cofrades de esta afición.


Foto: Urbi.

De otro lado esta es una caza de sentimiento, de sentidos, de sensibilidad. Nadie que carezca de estas cualidades puede decir que disfruta de la práctica del reclamo. Se es cuquillero por pasión y ya se sabe que las pasiones nacen más arriba del estómago, por lo tanto tenemos tendencia a todo aquello que nos estremezca, nos embelese y empape nuestros sentidos. Se pueden pegar muchos tiros, se puede tener un pájaro de bandera, pero si no asoma de nuestros corazones una llama ardiente de emociones, cada vez que damos el puesto, cada vez que colgamos nuestro pájaro y cada vez que contemplamos el lance de los protagonistas, jaula y campo, en definitiva, no podemos comprender lo que es el verdadero disfrute del cuquillero. Ya sé que no soy objetivo, que puede haber otras cazas tan pasionales como esta y puede que «la cabra tire al monte» y me pase «barriendo para casa», pero es que tampoco me apetece serlo cuando de hablar de reclamo se trata, sabiendo que los jauleros se reconocerán fácilmente en mis palabras y siendo ellos los destinatarios. ¡Qué leche! Somos gente de emociones fuertes.


Foto: Urbi.

Hago estas pequeñas reflexiones al hilo del encuentro de Jauleros que hemos celebrado este fin de semana en Toledo. Una cita anual que ya va siendo tradición en el entorno de participantes en el portal de internet del Club de Caza, en distintas localidades por la geografía cuquillera y a la que, esta vez, he tenido el honor de acudir y la satisfacción de participar, tras un largo paréntesis desde que acudí al recordado y entrañable encuentro de Torredonjimeno, hace ya varios años. Para rematar la faena, el amigo Miguel Viejolince, convocante y anfitrión de tal evento, me ha encargado las labores de cronista. En menudo lío me ha metido. Bien es cierto que se merece que lo acepte, porque estamos hablando de un hombre comprometido con la causa de reclamo, en el que resulta fácil apreciar que sus credenciales personales atesoran muchos méritos como aficionado y como persona. Así le tengo en consideración desde hace mucho. No puedo, por lo tanto negarme a hacerlo, así que sigamos con ello, a ver que sale.


Foto: Urbi.

Y es que Toledo, ciudad a la que tengo especial apego —no en vano residí en ella durante seis años— tiene también, como alguna otra, un sabor especial. Ciudad imperial y monumental, patrimonio de la humanidad, es un lugar excepcional e idóneo para las citas y los encuentros, que produce en el visitante un cúmulo de sensaciones y una avalancha de impresiones para los sentidos, a la vista de su grandiosidad y de su historia, apreciable sin esfuerzo, precisamente por aquellos que poseen la precitadas cualidades, a las que antes me refería, entre los aficionados al reclamo. Pudimos así apropiarnos de algunos de sus innumerables tesoros culturales con intensidad y esta ocasión, esta cita, nos permitió además comprobar que los posee, como ciudad, enormemente. Así que, el sitio y el entorno han sido un insuperable acierto. No creo equivocarme, en consecuencia, si afirmo que los jauleros asistentes, lo hemos sabido apreciar así, porque llevamos esa sensibilidad muy adentro.


Foto: Viejolince.

Ya tenía yo ganas de conocer a algunos de esos nicks tan llenos de saber y de contenido, cuyos puestos y comentarios he visto y leído en diversas ocasiones, así que, de acuerdo con la habitual necesidad de salir de la individualidad de mi puesto y de la reclusión de mis querencias, para compartir con otros, como yo y acerca de lo mismo, acudí el sábado al punto de reunión, el restaurante. Allí estaban los Algarín, Eleno, Fernando de Badajoz, Mipollo, Portencho, Urano y Urbi, que tuve la oportunidad y el placer de conocer así como los Cojo, Loco por el Pájaro y Viejolince, a los que pude dar un abrazo de nuevo, porque ya conocía de anteriores ocasiones. Nos acompañaron nuestras respectivas esposas: Carmen, Encarni, Elena, Paqui, Conchi, Milagros, Inés, Carmen, Sagrario, Paloma —como debe ser— aun a riesgo de reconocer públicamente aquello de que no sabemos ir sin ellas a ninguna parte, ¡faltaría más! Y, por si el equipo no estaba completo, allí aparecieron dos criaturitas, una niña preciosa, Abril, hija de Juanma Loco y un niño encantador, Manuel Jr., hijo de Cojo, respectivamente, que aportaron una nota de ternura y simpatía a esta cita cuquillera. Ambos se portaron estupendamente, con una gracia que dejaban boquiabierto a cualquiera. Enhorabuena a sus progenitores porque son dos auténticos tesoros.


Foto: Viejolince.

La cita se completó, con todos los asistentes, en esta comida del sábado, aunque algunos habían llegado el viernes. Tras las cervezas y vinillos de rigor en el aperitivo, irrumpimos con hambre y ganas de charla en un salón reservado para nosotros, donde una gran mesa alargada acogía a todos los asistentes y donde dimos cuenta de una profusión de viandas nada corriente a base de entrantes varios de diversas procedencias vegetales y animales, con unos segundos donde el cordero, el cochinillo y demás carnes y pescados levantaron nuestros, ya de por si elevados, ánimos de jolgorio, bromas y charletas de reclamo, de lo divino, de lo humano, del pasado y del presente.


Foto: Viejolince.

Para colmo, Viejolince nos conectó con su canal de Producciones audiovisuales cuquilleras toledanas, en el que, sin solución de continuidad, íbamos percibiendo imágenes y sonidos de nuestra pasión en estupendos vídeos, a cual más bello y emocionante, de algunos de sus muy bien llevados puestos, con magníficos pájaros en parajes maravillosos de los Montes de Toledo. Uno de los reportajes resultó intrigante y tenso por la larga pelea que mantuvieron su pájaro y el campero subido en todo lo alto durante más de una hora, picotazo va y picotazo viene. Preciosas grabaciones que le daban al conjunto y al entorno un sabor especial a reclamo, resultando un ambiente extremadamente agradable y divertido.


Foto: Viejolince.

No puedo citar todas las conversaciones de reclamo, siendo muchas, que allí surgieron, amén del intercambio de informes sobre los reclamos de cada uno, de los lugares donde damos los puestos y demás detalles interesantes, pero al menos si en las que yo participé acerca de lo increíblemente mala que ha sido la temporada de reclamo. Concluimos calificándola de extraña, por lo especialmente duras que has estado las camperas —más aun de lo habitual en ellas— y la irregularidad de nuestros pájaros, especialmente los viejos, que reiteradamente daban muestras de no querer pelea y de tener enormes dificultades para mantener el preciado e imprescindible celo, tratándose incluso de pájaros contrastados, por motivos, todos ellos, del frío y el viento reinante en la práctica totalidad de los puestos dados en la temporada y sobretodo por culpa de la nula aparición de las lluvias, síntomas climáticos verdaderamente poco usuales. Estas condiciones que, como es bien sabido, son las peores posibles para la práctica de nuestra afición, aunque el que más y el que menos hayamos tirado pájaros y dado puestos relevantes para el recuerdo, lo cierto es que ha sido en su conjunto un celo para olvidar, además con los pájaros ajeando en multitud de ocasiones tanto para mover el campo como por incomodidad manifiesta. La prueba de tanto desbarajuste es que a la fecha del encuentro, en nuestras querencias toledanas, todavía hemos visto algún bando sin partir. Algo inesperado e inexplicable.


Foto: Urbi.

Pero también hubo oportunidad de comentar las nuevas adquisiciones, esos pollos que prometen, los titeos incipientes, la fogosidad e intensidad de esos puestos y las ilusiones para el futuro, que al fin y al cabo, como solemos decir, está ahí mismo, porque ya queda menos para la próxima temporada y es lo que nos mueve e ilusiona.

No quiero cerrar este capítulo sin mencionar un feliz acontecimiento inesperado: Baldomero irrumpió en el comedor, antes de ágape, con unas banastas de los famosos tomates de su tierra, que él mismo cultiva, cuyo sabor y olor nos hicieron recordar que todavía quedan tomates de verdad y que son un auténtico manjar para curtidos y exigentes paladares. Menudas ensaladitas nos metimos pal cuerpo. Un excelente detalle que se agradece de corazón.


Foto: Viejolince.

A la tarde dimos comienzo a la visita turística a la ciudad imperial, comenzando por el Parador Nacional, cuyas vistas del conjunto son extraordinarias, como pueden dar fe la multitud de fotos que allí tomamos de toda la cuadrilla con la Catedral, el Alcázar, la Academia de infantería, los barrios históricos y los famosos cigarrales al fondo. Lugares todos ellos emblemáticos de la ciudad y motivo de referencias históricas y literarias.

Tras ello, con todas las gargantas secas, no tuvimos más remedio que acudir a la conocida Venta del Alma a echar unos tragos de agua (…). Bueno, rectifico, Urbi y Portencho tomaron agua y después unos vasos de leche con cola-cao cuando llegamos a Zocodover (…). Es que hay que cuidarse y no hacer excesos.


Foto: Viejolince.

Con prisas y bien regado ya el gaznate, acudimos a la cita con el guía turístico contratado y dar una vuelta nocturna por el casco antiguo de Toledo —por los adentros, callejones y callejuelas— para, además de ver fachadas y monumentos por fuera, de alto valor histórico y arquitectónico ejemplos de las tres culturas, conocer algunos de los más recientes descubrimientos arqueológicos. Un paseo muy didáctico y agradable. Citaré algunas de las muchas curiosidades, entre ellas que nos metimos en los bajos de una casa particular donde han aparecido baños árabes y restos romanos, amén, en otra ubicación, de un aljibe bien profundo, todo ello muy cuidado y conservado.


Foto: Urbi.

Vimos el Pozo Amargo y nos contaron la leyenda de la judía y el cristiano que, por amor, acabó metido en él, además de muchas otras historias y anécdotas, de las que algunas omitiré para no enfadar al clero, si es que me lee, aunque una no puedo dejarla pasar porque resulta una coincidencia premonitoria que la sede de la famosa Inquisición coincida con la actual delegación de Hacienda. Hay sitios que dan repelús por sí mismos. Nos metimos en una curiosa iglesia reconvertida en auditorio y singular discoteca y por fin llegamos al pie de la catedral, extraordinariamente iluminada, resultando un impacto sensorial importante su contemplación desde la plaza. La profusión de portadas artesanales, de casas blasonadas, de detalles artísticos y urbanísticos antiguos es indescriptible por interminable y nos llevaría algo más que una simple crónica así que ahí quedamos, sin dejar de mencionar que la visita guiada fue muy interesante y demuestra el buen trabajo que se ha llevado a cabo en la increíblemente difícil tarea de conservación de esta ciudad, por parte de las autoridades, para mayor disfrute de locales y forasteros.


Foto: Viejolince.

Y llegamos a la cena, ciertamente con ganas de detenernos un rato a charlar y dar rienda suelta al paladar de nuevo, con cierta tranquilidad, porque estábamos celebrando un encuentro intenso y pletórico de emociones. Allí corrió otra vez el vino y la cerveza, todo ello para rematar los lances que habíamos dejado pendientes en la comida y no describo los manjares porque fueron diversos, completos y deliciosos, especialmente los postres, dignos de comensales exigentes, así que el agua mineral de crianza y los refrescos de reserva se los dimos a los gatos que pasaban por allí. Nosotros a darle al tinto y ahora si, a las copas de rigor… perdón, salvo Portencho y Urbi, que se dieron al té con limón y decían aquello de: ¡damos otro, nene!


Foto: Viejolince.

Destacaré algunas charlas que pude cazar al vuelo e incluso participar en algunos temas acerca de, por ejemplo, cómo enfocar el puesto donde te entra una banda de camperas; si el grilleo es, o no, un recibo en toda regla y suficiente para finalizar el lance correctamente; si el pollo que reiteradamente no recibe con suavidad hay que aguantarle o darle puerta; si al pollo le afecta, o no, en demasía el hecho de no tirarle aunque reciba, dejando marchar al campo por alguna circunstancia imprevista o bien por imposibilidad de hacerlo o porque el recibo no sea todo lo noble y templado que debe. En fin que, de saberes, de sinsabores y de placeres todo está por debatir, tratándose del reclamo pero naturalmente en la plena armonía, respeto y cordialidad que exige compartir experiencias entre compañeros de afición.


Foto: Algarín.

Creo que serían las tres de la madrugada cuando llegaron las despedidas. Unos partieron hacia sus casas y otros, pensando en permanecer el domingo en la ciudad a seguir haciendo turismo, regresaron al hotel.
Me permitiré, en este punto final, algunas referencias a los asistentes: Sentí mucho que Eleno no pudiera acompañarnos en la visita turística y en la cena por encontrarse indispuesto y verse obligado a retirarse al hotel. Me hubiera gustado compartir también con él, sabedor de su maestría y experiencia. Me alegro de saber que al día siguiente se recuperó.

Lo mismo me ocurrió prácticamente con Urano y Fernando de Badajoz con los que apenas pude charlar unos minutos, simple y casualmente porque no coincidimos en los distintos momentos. Espero que tengamos otra oportunidad pronto.


Foto: Viejolince.

Aprecié mucho el buen humor y simpatía de Portencho y Urbi, además de reconocer en ellos una pasión irrefrenable por el reclamo y ser unos defensores a ultranza de lo nuestro contra cualquier adversidad.
Me alegré infinitamente de haber conocido, por fin, a Baldomero al que, si antes tenía en estima por la bondad que atesora y la generosidad con los compañeros, ahora muchísimo más, por lo que me solidarizo totalmente con sus fatigas para cazar el pájaro en esa tremenda sierra de los Filabres y con su fortuna de lidiar con esas difíciles perdices pata negra.

La mucha alegría y satisfacción de volver a abrazar a Manuel y Juanma, después de tanto tiempo, porque me consta que, con ellos, el reclamo mantiene dos practicantes de mucha altura, con un grado de compromiso y exigencia de lo que debe ser y lo que debe hacerse como mandan los cánones, para mí, apreciable y envidiable. Me tranquiliza y enorgullece que el reclamo tenga, con ellos, un futuro tan esperanzador como decente, estando en manos de este tipo de Aficionados y demostrando que la gente joven también hace las cosas bien y de ellos se pueden aprender cosas buenas.


Foto: Viejolince.

La sabiduría cuquillera de Algarín con quién en dos palabras te das cuenta de que atesora mucho conocimiento y de que realmente disfruta en positivo con esta pasión como el que más.

Del amigo Viejolince solo puedo añadir, a lo ya declarado, que desde el primer día que le conocí, hace unos años, supe que eso de viejo, sería solo por lo años y lo de lince será porque, como él, quedan pocos individuos con su amabilidad, generosidad y carácter afable y amistoso. Ha hecho un encuentro muy bien organizado, pleno de detalles y de una intensidad que va a ser difícil de superar en el futuro. Gracias por brindarnos un día tan agradable.


Foto: Urbi.

Quiero finalizar esta crónica, que es la segunda que realizo a propósito de un encuentro de jauleros —es decir soy repetidor— tomándome la licencia de dar rienda suelta a mi memoria y recordar a antiguos miembros de este club, del foro del reclamo, que tuve, en su día, el honor de conocer personalmente. Creo que es oportuno y hace falta hacerles este homenaje, en calidad de pioneros de este tipo de reuniones de aficionados al reclamo. Con algunos de ellos mantengo la amistad y el contacto, aunque este último mucho menos frecuente de lo que me gustaría, por culpa de la distancia. No citaré sus nombres aunque ellos saben a quienes me refiero y me hubiera gustado volver a encontrarlos en esta u ocasión similar, si vuelve a haber oportunidad. Como afirmé al principio, la relación entre jauleros es el resultado de hacer de la necesidad, virtud. El reclamo y la perdiz necesitan que mantengamos el contacto entre nosotros, mas en estos tiempos que corren actualmente, en los que deberíamos propiciar estos contactos con la mayor frecuencia intensidad y amplitud de convocatoria posible.

Espero haber correspondido con estas letras, fielmente, al encargo recibido.

Un fuerte abrazo a todos los asistentes.

Toledo, 10 de Marzo de 2012

José Antonio Martínez
BARBAS

Álbum del Encuentro