Aprovechando el Puente de la Constitución, decidí pasarme por Madrid a visitar a algunos de los foreros que pululan por este club de caza virtual que conformamos.

Un par de llamadas a Rafa (Kodiak) sirvieron para que un mini encuentro gastronómico-cinegético se pusiera en marcha, quedando en reunirnos para tomar unas tapas la noche del 5 en un local que Manolo (Rayón) había escogido por su facilidad para encontrar aparcamiento.


Dragunov y el gabatillo


Bosquimano, Esperero, Rayón, SetterdeArofer y Merche


El gabatillo, Merche y SetterdeArofer


Dragunov, Esperero y Rayón


El gabatilo, Bosquimano, Merche y SetterdeArofer


Dragunov y Hauself

Poco a poco fuimos llegando al sitio donde Manolo ya nos esperaba: Por un lado llegamos los norteños, grupo compuesto por César (xabarileiro), su novia Bea, Rafa que de norteño no tiene nada pero hacía de guía y un servidor, acompañados de una tarta de galleta que desde Asturias tuve que llevar por mandato expreso del algún glotón de los que allí nos juntamos. Saludos de rigor con Manolo (excelente anfitrión y buen conversador) y esperar la llegada del resto de la gente. Antonio (esperero) y Ramón (bosquimano) llegaron a continuación así como Juanan (el gabatillo), un mancheguito con el que tengo mantenidas largas disputas de qué perros son mejores, si sus podencos de orejas tiesas y mirada torva de ladronzuelo o mis soberanos sabuesos, cuya planta no deja lugar a dudas (jejjejejejej). Solo faltaba Agustín (Setterdearofer) que vino acompañado de su pareja, Merche.

Ya incluso antes de sentarnos a cenar volaban perdices, y salían xabariles de todos los lados, con las consiguientes descargas de tiros, muestras de perros, llamadas a parado y un largo etc. que suelen ser asunto a tratar en estas reuniones. La reunión terminó como terminan todas estas tertulias, invitaciones por todos los lados para visitar tal o cual territorio y la idea de volver a juntarse a no tardar mucho tiempo.

El plan para el martes que Rafa me tenía preparado incluía una visita al campo de tiro por la mañana, donde conocí a “juanito” el austriaco (Hauself), que demuestra tener más paciencia que el Santo Job para aguantar a mi anfitrión, cosa nada fácil dado el carácter terco del mismo. Cabe decir que en cosa de 5 minutos me puse al día de algunos conceptos balísticos que no tenía muy claros, por lo que agradezco a ambos su inestimable ayuda. Entre coca-colas y tandas de tiros pasó la mañana, donde no quiero dejar de resaltar algo inaudito en el mundo de la caza, ya que el Gran Oso insiste en presentar candidatura al premio weatherby, abatiendo el sexto grande, trofeo que pocos cazadores poseen debido a la dificultad de su abate y su peligrosidad manifiesta.

El arma usada para la ocasión fue un rifle Sako del calibre 308 con munición norma de la diamond line y 165 grains de peso, la terrible especie fue la conocida como “MOSCA COJONERA” a una distancia de 100 metros justos y clavados, nos fue imposible acercarnos más con lo que realizamos uno de los recechos más difíciles que se puedan realizar y lo terminamos con éxito. Para los incrédulos hay fotos que lo demuestran. Yo, a día de hoy y a pesar de verlo en directo con el catalejo sigo sin creérmelo del todo.

Para digerir tan emocionante experiencia dimos cuenta de unas excelentes tajadas de buey y procedimos a prepararnos para el plato fuerte del día, ir a hacer una espera-aguardo, no se bien como llamarlo, a un gamo a las afueras de Madrid.

En la finca nos esperaba Antonio, guarda de la misma que, casualidades de la vida, también es cazador y posee una rehala de perros, con lo que la tertulia estaba asegurada y que le dieran morcillas al gamo. Nos colocamos en el puesto cual indios, con poco ruido, a excepción de uno que yo me sé que por sonarle le sonaron hasta las tripas, y después de un rato vino a visitarnos un xabarilote, altivo como un marqués, sin imaginar que su soberbia le podía costar la vida, vida que todo hay que decirlo le salvó un tropel de gamos como uno no se puede imaginar, era como algo fantasmagórico, ruido de palas al chocar, y una especie de balidos parecidos a las ovejas y de repente en la ladera de enfrente un desfile de animales que ríete tu de las películas de Disney. No conseguimos abatir ninguno (me consta de que ya tomaron cumplida revancha) pero esa imagen a mi no se me borra en la vida.

Recogida de trastos, viaje de vuelta dándole vueltas al lance y para ahogar penas, callos para cenar que de todos es sabido que las penas con la barriga llena, son más llevaderas.

Poco más dio de sí el viaje, al día siguiente yo tenía que regresar a Asturias con lo que, después de desayunar, tomé el camino de vuelta, con un buen montón de anécdotas para contar, así como con la sensación de dejar el camino sembrado para futuros mini-encuentros.


Dragunov y Hauself


Dragunov


La mosca


Dragunov y Hauself


Dianas Kodiak y Dragunov


La revancha

Dragunov, señor de la boina