Encuentro Guara 2009
Betorz, 14-15 de noviembre

Con aires de cambio, con esa brisa fresca de los Pirineos en la cara, a la vez que esa otra brisa que nos trae a todos aires de renovación, de nuevas ilusiones y retos para el futuro, se iniciaba en la mente de los organizadores y de los más veteranos asistentes a Guara un nuevo encuentro, el séptimo, en esa extraordinaria Sierra de Guara que nos ha cautivado los últimos años


Adarg, Jaroa, Maitinc (tapado), Jaime, Lluis, Codornicero y Padrillo.

Pronto empezaron algunos en esta ocasión, ya que aprovecharon el viajar juntos desde Navarra, para iniciar su particular encuentro en Fañanas, el mediodía del viernes, comiendo, charlando y preparando los perros, para posteriormente subir junto a los aragoneses hasta Betorz. Otros se fueron incorporando siguiendo la costa desde Murcia, Valencia y Alicante, mientras también llegaban de Madrid, o diversos puntos de Cataluña. Una variedad en los orígenes geográficos, como se da en las formas de cazar o las edades, que demuestra la grandeza de la caza y su capacidad para poner en marcha el compañerismo y amistad entre distintas gentes. Esa amistad que en esta ocasión obligó a un grupo de hijos de Don Pelayo a viajar toda la noche, para tras más de diez horas, incorporarse el sábado por la mañana.


Pepper, Kodiak, Ibex, Matagorrinos y Homo pyrenaicus.

Pero antes de llegar a esa mañana, había que disfrutar la noche del viernes, esa que como en los últimos seis años, como cada vez que allá donde los lleve, se reúne un grupo de cazadores, un grupo de amigos, es la gran protagonista, el momento más esperado. Ver de nuevo a viejos compañeros, pensar en lo que en las próximas horas se va a compartir, mientras se disfruta ese mismo instante, es una ilusión que solo los cazadores podemos entender.

Como en cada una de las ocasiones anteriores, esa noche fue la que todos aprovechamos para compartir regalos en forma de manjares, dulces o licores, tradicionales de cada una de nuestras tierras, que si bien se agradecen siempre, en esta ocasión colaboraron especialmente a completar una cena preparada por la propiedad que dejo hueco suficiente para esos buenos postres.


Padrillo, Jaroa, Maitinc, Fragenquer, Fausalva, Homo Pyrenaicus, Codornicero, Miguel.

Charlas y debates, esos cuentos de los cuentistas cazadores, son el final de cada viernes en Guara, antes de intentar un descanso en el barracón de literas, en el ya famoso Pulmonía Hilton, que evidentemente, nunca existe, por lo que a la mañana siguiente uno vuelve a preguntarse ¿de donde saca la gente fuerzas para poder levantarse? De la ilusión, seguramente. Esa ilusión por volver a las charlas en el desayuno, esa ilusión por un buen desayuno campero que se ha quedado esta vez frío, por un sorteo que, como siempre, se agiliza para luego demorar sin sentido el inicio de la caza. Los cazadores no escarmentamos, debe ser que esa ilusión nos puede, permitiéndonos aguantar sorteos y propietarios que en ocasiones hacen las cosas como quieren.


Jaroa y Che.

En el monte algunas armadas se colocan rápido, otras más tarde, mientras para todas, unas y otras, la suelta se está retrasando. No parece que nos importe, pues en ese momento aún se mantiene la ilusión, e incluso alguno argumentará que se distrae acompañando en el puesto, pues lleva escrito en un papel el nombre de todos los que sin poder asistir, dice que van con él, Sarasketa, Rayón, Hauself, Coloma y Zorroplateado, son los acompañantes que como su representante, no logran cobrar en esta ocasión. Y esta vez vemos que esa palabra, ilusión, que nos hace desear ver como trabajarán los perros, nos hace desear oírlos, nos adelanta con la imaginación en el tiempo, haciéndonos ver entrar un gran jabalí en el puesto, que nos hace soñar con una gran jornada de caza, nos ha traicionado.


Jaime, Kodiak y Joaquim Vidal.

Este año no están los jabalíes y apenas hemos disfrutado del trabajo de los perros ante la falta de éstos. Han trabajado bien, los de Milkimat, los de Penacho, los de Fausto y los de Fragenquer, han trabajado bien los de algunos de sus compañeros, aunque siempre habrá un astur que diga que los suyos sí que son buenos. Pero esta vez, a pesar del esfuerzo, el resultado no ha sido bueno.

La tarde es larga y tranquila para unos, los de los puestos, mientras es más dura y compleja para los perreros. Han hecho un trabajo perfecto y, como recompensa, se encuentran ahora solos en el monte buscando perros. Encienden hogueras y charlan, mientras el resto termina con unas pocas judías y algo de pollo, quedando por suerte de postre —aunque no para los perreros— una tarta astur de galleta y lazos murcianos, de nuevo regalos de los compañeros.

Luego, por la noche, algunos se desplazan al pueblo vecino a ver a Guara, al que absurdas e injustas circunstancias han dejado sin puesto en la batida.


La tarta, las judias y los chorizos.

Ya tarde, cuando cazadores y perreros, cuando todos han terminado de contar sus andanzas, incluidas las de ese sábado, toca intentar descansar de nuevo. El barracón ha mejorado desde los primeros encuentros, y se hace necesario descansar para intentar recobrar la ilusión para la siguiente jornada, que empieza cambiando los huevos del desayuno por buenos platos de embutidos, a la vez que se realiza un nuevo sorteo.


Pardal.

Se quiere agilizar en esta ocasión la suelta para, aprovechando que la mancha es pequeña, terminar antes y permitir que todos puedan partir de vuelta corriendo, que hasta el Levante o Gijón algunos tienen un buen paseo. El camino hacia las postura anima en un principio, pues aunque sin ser exagerando, se ve alguna muestra más que las que pudieron verse el día anterior, pero el resultado de nuevo no acompaña.

Alguna ladra al principio, nada más soltar, no hace presagiar el resultado posterior, pues los perros callaron hasta prácticamente el final de la jornada, justo cuando de nuevo lograron mover algunos marranos, fortuna por cierto para los astures que, en la parte cinegética, pudieron así rentabilizar su largo viaje.

De vuelta a la casa, los que tenían que hacer muchos kilómetros se despidieron rápido y partieron, el resto según va llegando se sienta a olvidar el mal resultado cinegético, disfrutando, esta vez sí, de una buena comida, que se pudo rematar con una inmensa empanada casera que sacaron de su despensa particular los asturianos, y de la que ni entre la comida y la cena pudieron dar cuenta los que por allí se quedaron.


Junta antes de salir.

Una tarde en la que poco a poco se fueron poniendo en marcha de vuelta los asistentes, partiendo el últimos Milkimat, una vez recuperados todos los perros, y quedándose para volver a casa el lunes por la mañana Fausalva, Agustiniglesias, Kodiak y Adarg y Jaroa, que tenían que pasar por Huesca ese día en busca de una Sarrasqueta apalabrada según bajaban el viernes.

Final de un nuevo encuentro, en el que todos al partir se llevaron la satisfacción de compartir unos días con los amigos, y después de muchos años, acumular unas imágenes en la memoria de unos montes, un pueblo, un barracón que forma ya parte de la historia de la caza, y miles de otros recuerdos de siete años, que en el futuro se irán sumando a los de nuevas Sierras de Guara, como esta se sumó a la Pobla de Segur, Trasomo, Villanueva y a otras anteriormente.

XXX

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