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Fábula de Maese Pedro en Guara '03

Hola amigos:

Mi nombre es Pedro pero muchos me llaman Maese Pedro o Señor García, como veis atiendo a varios nombres y además suelen adosarme varios calificativos de mal gusto junto con mi nombre.


Tiradero puesto 5

Si señor, soy todo un ejemplar de zorro al cual ni cepos ni lazos ni siquiera esos diminutos perrillos con cara de pocos amigos han podido doblegar. Si he llegado hasta la edad de siete años es porque me fijo en todo aquello que me rodea, el aprender de cada fallo y ceder pocas oportunidades a los humanos es lo que me conserva hasta la fecha. La cosa está muy mal, os habéis cargado los conejos y encima nos echáis la culpa a nosotros, ¿No os dais cuenta de que antes vivíamos todos muy bien? Hasta que el poderoso laboratorio tuvo que cagarla. Si seguid echándonos la culpa a nosotros y a la vez seguid discutiendo entre vosotros sobre quien es el verdadero culpable de tal catástrofe, dar de comer a más laboratorios para milagrosas vacunas que nunca saldrán pero mientras tanto, ilusos de vosotros, seguid pagando el canon de los señoritos que os manejan como marionetas a la deriva para ver si un día llega a sonar la flauta. Yo mientras tanto y a falta de conejos, me sigo buscando la vida entre la basura humana...


De izquierda a derecha: Huntseeker, Berraco, Alga, Maitinc y Jose Antonio

Precisamente andaba yo husmeando entre la basura de unos contenedores que pertenecen a una gasolinera por tierra zaragozanas cuando vi a dos tipos que tramaban algo y al parecer por la expresión de sus caras muy interesante. Yo, una vez saciada la hambruna, no tenía nada mejor que hacer más que observarlos, así que como era Viernes me propuse seguir a aquellos tipos fueran donde fueran a lo largo de todo el fin de semana.

Uno de ellos era un híbrido entre Gaizka Mendienta y Pocholo Martínez Bordiú y el otro tenía una cara de oficinista aburguesado que no podía con ella. Conversaban amigablemente hasta que un tipo rudo y de enormes hechuras entró en el bar y los saludó efusivamente casi al mismo tiempo que se pedía una cervecita. Estuvieron faroleando sobre temas cinegéticos y comentando lo bien que lo iban a pasar a lo largo del fin de semana. Los dos primeros hablaban mucho y el tipo rudo se limitaba a fruncir el ceño y a beber cuanto podía como si del desierto proviniera. Por lo que pude oír, el híbrido se llamaba Huntseeker y el oficinista aburguesado Lucun, al tipo rudo maño de pura cepa lo llamaban Alga y yo no paraba de darle vueltas a la idea de qué demonios estarían haciendo tres tipos totalmente antónimos entre sí, manteniendo una conversación como si de toda la vida se conocieran.


El desayuno.
Fila izquierda: Lucun, Maitinc, JLP
Fila derecha: Alga, Huntseeker, Troll

Llegó el momento de irse y el tipo rudo fue el primero que sacó el dinero para abonar las consumiciones que habían tomado, al tiempo que los otros replicaban con la boca pequeña que les dejara pagar a ellos cuando sabían perfectamente que la cuenta ya estaba liquidada. Pusieron rumbo Norte y aproveché el momento para colarme en el amplísimo todo terreno de Huntseeker, el olor a Chanel nº5 que su cabello desprendía le impidió olerme. La verdad es que el viaje estuvo muy animado, ya que me deleitó con una selección sonora a base de Manolo Escobar, Los Chunguitos y Zapato Veloz, ¡Será hortera el tío!. A golpe de adelantamiento nos plantamos en un momento en una localidad oscense llamada Abiego. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar nos estaba esperando un tipo igual de grande que Alga pero con la cabeza mucho más grande, menudo casco gasta el tío, si le hicieran un sombrero de paja los burros comerían pan con chocolate pensé. El caso es que aparentemente sin haberse visto antes se reconocieron al instante. Decidieron entrar en el bar para ver si acudía alguien más y entre tanto aprovecharon para meterse entre pecho y espalda otro trío de cervezas. Alga estaba en su salsa y los lugareños de Abiego, hombres curtidos en labranzas y frías mañanas de invierno los miraban o mejor dicho los radiografiaban sin perder detalle de la conversación. Pasado el tiempo de espera y confirmadas las ausencias para esa noche se montaron otra vez en los coches y pusieron de nuevo rumbo Norte esta vez por una carretera mucho más estrecha que la anterior. Por el camino pude ver a dos zorritas muy guapas y de buena gana me hubiera bajado a cortejarlas, pero el amigo Alga no daba tregua y parecía inquieto para llegar a su destino.


Maitinc, un amigo de Troll, Troll, Alga y José Antonio

Bien entradas las diez de la noche llegamos a un pueblecito llamado Betorz y allí les esperaba Ramón, un hombre con cara de Papá Noel que tras los abrazos oportunos enseguida los llevó hasta el barracón donde pasarían la noche. Con muchos problemas consiguieron encender la estufa de leña y posteriormente se encaminaron al comedor donde un acogedor fuego que los calentó mientras esperaban al resto de los rezagados. Yo entre tanto me agencié con uno de los hermosos pollos de corral que Ramón criaba a la antigua usanza. Una vez terminada mi cena me parapeté en lo alto de un muro desde donde divisaba la silueta de la preciosa Sierra de Guara y a través de un ventanal los veía a ellos en la sala principal que hacía las veces de comedor.

Al momento que Ramón puso las longanizas en el fuego aparecieron los cuatro compañeros que faltaban. Maitinc y señora por un lado y una pareja que ofrecía una clara discordancia por la disparidad de tamaños entre ellos. El pequeño con los ojos achinados y piel morena se llamaba Pascu y su compañero de desmesuradas proporciones atendía al nombre de Mazinguer y la verdad es que no era para menos, Alga y José Antonio a su lado parecían dos diminutas perdiganas del mes de Junio.


Arriba: JLP, Berraco, Huntseeker, Maitinc, Troll y el amigo de Troll
Abajo: Lucun, Alga y Jose Antonio

Raudos se sentaron en el pesebre y Ramón empezó a servir las costillas de ternasco y las longanizas al tiempo que se servían los exquisitos tintorros del Somontano. La mesa estaba adornada con unas ensaladas y unas tortillas de patata como ruedas de carro. Al momento todos callaron, me recordaban a los Simpson por la voracidad de los comensales y es que las horitas no eran para menos.


Alga, José Antonio, Maitinc

Con la panza llena y tras degustar alguna fruta de temporada, Ramón les deleitó con algo que yo jamás había visto, un bote de cristal con aceite de oliva que en el fondo contenía una trufa laminada recolectada en el propio municipio de la más alta calidad, ¡Cómo se cuidan¡ pensé yo, al tiempo que desparramaban tan preciado elixir sobre unas rebanadas de pan que previamente habían tostado en el fuego. Acabado el manjar sirvieron el café y Ramón pronto notó que Alga no estaba conforme, inmediatamente se fue a la cocina a buscar un preciado malta y el rudo maño abrió unos ojos como platos al tiempo que se excusaba diciendo con la boca pequeña que no era necesaria tanta molestia.

Con todo listo empezó la sobremesa en la cual no perdí detalle. Los temas tratados fueron varios, pero el maño, José Antonio y Maitinc abrieron fuego hacia Hunt sobre lo descafeinada que veían la caza en determinadas zonas de la mitad Sur del país y en especial se cebaron con la montería. Hunt se defendía como podía, argumentando que él tampoco era partidario sobre algunos temas como por ejemplo: cercones, señoritos que confunden actos sociales con la afición por la caza, etc., etc... Llegado el consenso y saliendo Hunt más o menos airoso, empezó el tema de las armas. Maitinc se apoderó de la conversación cuando J. Antonio proponía extraños cambios de cañones en los rifles y aprovechó varios momentos de la conversación para sacar a relucir las grandezas de su 45-70 Goverment. Entre tanto el maño, que se perdió cuando repasaban la tabla de multiplicar del 7x57, apuraba otra copichuela entre bostezo y bostezo. A esto le sucedieron varias anécdotas que todos aportaron y sonaron las carcajadas como si el mejor de los humoristas estuviera presente en la sala.

Sosegado el tema de la conversación, Ramón aprovechó para hacer un repaso sobre los mapas de la zona a cazar el día siguiente y todos le miraban rodeándolo y no perdiendo detalle de todo lo que anotaba o iba comentando. Le preguntaron sobre cuáles eran los mejores puestos, a lo que lógicamente respondió que todos eran buenos puestos, pero comentó que había 5 puestos que nunca fallaban. Repasados los puestos y con la ilusión de los niños en la noche de los Reyes Magos, se retiraron al barracón donde dormirían lo que quedaba de noche.


Atardecer en los Pirineos

Mientras avivaban la estufa, a Pascu le dio por contar un chiste buenísimo a lo que Hunt contestó con otro de igual calidad. No sabía lo que había hecho, pues a partir de entonces Pascu se lo tomó como un duelo y empezó a ametrallarnos con chistes cada cual más gracioso los cuales contaba con mucho arte. Yo me desternillaba de risa desde lo alto del muro en el que me encontraba y ellos hacían lo propio pero en una ocasión temí por la salud de J. Antonio pues las carcajadas le llevaron a un cuadro de severa insuficiencia respiratoria. La maratón de chistes se prolongó hasta pasadas las tres de la madrugada, aún no habían pasado ni diez segundos desde que contaron el último chiste y Mazinguer ya roncaba y resoplaba como un autentico búfalo. Poco a poco se le fueron uniendo el resto de durmientes, hasta que entre todos llegaron a interpretar el concierto vienés de primero de año. Con la música de fondo me bajé por la vaguada hasta el arroyo en busca de alguna zorrita coqueta que me aliviara del frío. Corrí vagos y laderas, cerros y collados hasta llegar a lo alto del pico Asba para contemplar los preciosos Pirineos nevados guardados por la preciosa luna que esa noche los bañaba.


Maitinc y señora

Con el alba volví al pueblo helado de frío y más solo que la una. Pronto unos escandalosos cláxones me sobresaltaron, habían llegado los amigos de J. Antonio desde Pamplona. Todos se levantaron mascullando lo mal que habían dormido a causa de los ronquidos ajenos, pero pronto cambió el semblante de sus caras cuando comprobaron la cantidad de gente que ya había acudido al encuentro. Tras asearse en el baño checo, pasaron al salón comedor donde ya provistos de una taza de café comenzaron las presentaciones con el resto del grupo. Pude captar los nombres de algunos como pro ejemplo: Troll un tipo alto y fuerte que estrujaba las manos con una fuerza desmesurada acompañado de su amigo Toni (un clon del rubio de Cruz y Raya). Por otra parte estaban JLP con un sombrero horrible pero generosa sonrisa y un tal Berraco. No sé muy bien como describir a este último pues era la viva imagen de Clark Gable en la película Mogambo.


Las Chuletas

Terminadas las presentaciones de rigor y las oportunas fotos, se sentaron en la mesa para disfrutar del almuerzo. Este constaba de huevos fritos con longanizas braseadas que tenían una pinta estupenda. De nuevo corrió el vino y una vez terminado el almuerzo, los más bravos se atrevieron con el famoso aguardiente de Colungo, famoso en todo Aragón por su artesana elaboración. Las charlas de carácter cinegético se sucedían continuamente, al tiempo que se elogiaba al Club de Caza por conseguir que gente tan dispar entre sí pudiera estar en contacto permanentemente bajo el amparo de la caza. Poco después de tomar el café, Alga se excusó de la mesa diciendo que debía mandar un fax urgentemente, pasó apresurado por el muro en el que yo estaba encaramado y se dirigió a una carrasca apartada de las instalaciones, yo no imaginaba lo que estaba tramando pero en cuanto le vi bajarse los pantalones no quise seguir mirando pues todo estaba más que claro la faena que iba a realizar.

Para entonces Ramón ya tenía todo listo y dio las últimas indicaciones antes de realizar el sorteo de los puestos. Uno a uno fueron cogiendo las papeletas y comprobando en el mapa la ubicación de los puestos y el postor asignado.


El comedero del desayuno

Una vez todo aclarado se desearon suerte unos a otros y se montaron en los todo terreno que les llevaría hasta sus paradas. Había dos armadas, en la del profundo y espeso barranco estaban Serafín, Lucun, un compañero de J. Antonio, Maitinc & Señora, Berraco, Pascu y Alga cerrando la línea. Por otro lado estaban J. Antonio, Hunt, Troll, Toni y JLP. Nada tenían que ver los puestos del collado con los del barranco. La armada del collado fue cómodamente colocada en TT y la visibilidad de la que gozaban en sus tiraderos era ilimitada en todas las direcciones, por otra parte los del barranco muy pronto aparcaron los TT y cargados con los trastos empezaron a quedarse uno a uno en los puestos asignados del sinuoso barranco. Los más afortunados encontraron su puesto tras no más de 15 minutos de un limpio camino aunque en ocasiones ciertamente empinado. Los últimos, Pascu y Alga se abrían paso entre las zarzas tras más de media hora de caminata al tiempo que escalaban la maltrecha y casi vertical senda que les llevaría hasta sus paradas en las que apenas se veía más allá de un par de metros por cada lado. La suelta de perros se produjo tarde puesto que poco antes de llegar al pueblo un perrero partió la lanza de su remolque perruno y tuvieron que ir a buscarlo para poder empezar la cacería.


Fila de arriba: Maitinc, Alga y José Antonio
Fila de abajo: Berraco, Pascual y Huntseeker

Pronto se escucharon las primeras ladras y prácticamente ya no cesaron en todo el resaque, pero de ahí a que los jabalíes se ofrecieran a las paradas va un trecho; de hecho tardó bastante en escucharse los primeros disparos. Poco a poco fueron avanzando los resacadores, que es como aquí en Aragón se denomina a los perreros, y más de una carrera me tuve que pegar para engañar a los incansables perros, en una de estas carreras pasé cerca del puesto de Maitinc y pude observar el mal gusto que tiene a la hora de echarse al monte, un chaleco de un rojo sicodélico lo delataba a cientos de metros debido a la estridencia de sus colores, ¡Qué horror! Pensé, pero lo que más me sorprendió es que lo vi recitando una extraña oración con la que adoraba a su poderoso y querido 45-70, ¡Hay que estar majara para hablar con un trozo de hierro! Pensé yo... En otro puesto de la sierra vi como J. Antonio daba de comer de la mano a un grupo de corzos y es que ya había comentado anteriormente que él tenía un imán para los corzos, como no podía ser menos no hizo mención alguna de ni siquiera asustarlos, y es que éste Navarrico tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Pasé por el puesto de Troll y pude observar como babeaba al escuchar los empaits que continuamente se sucedían en lo profundo del barranco, Alga estaba en manga corta, con los pantalones remangados hasta la rodilla y a pesar de todo esto continuaba sudando a chorros y a duras penas recuperaba el aliento tras el esfuerzo por llegar al remoto puesto. Seguidamente me dirigí al puesto de Hunt para ver lo que hacía y cual fue mi sorpresa al ver que pese a tener el empait en sus morros se apresuró a esconderse detrás de una encina y ni corto ni perezoso se bajó los pantalones para contestar el fax que Alga le había mandado a primera hora de la mañana. Entre tanto, y como era de esperar, un precioso y plateado macareno se le coló por el puesto; incluso se detuvo para olfatear el aroma que procedía de aquella tupida encina.


Piezas cobradas

Conforme avanzaba el resaque se iban produciendo varios fallos en los puestos. El fallo de la cacería estuvo en la poca gente que había para cubrir el terreno, ya que en determinadas zonas se cubría una parada cada cuatro, dejando un claro hueco para la salida de los jabalíes, a pesar de esto varios puestos del barranco tuvieron a un macareno rondando a menos de diez metros de ellos toda la cacería, pero en ningún momento se dignó a poner a prueba a ninguno de los cazadores. A eso de las 16,45h tocaron retirada y todos se dirigieron hacia los coches. Comentaron la mala suerte que habían tenido y volvían hacia la casa confiados en que el resto de los cazadores hubieran sido más afortunados. En total fueron abatidos tres jabalíes pero fue en un mismo puesto que ocupaba un amigo de Berraco y al final de la cacería. Tras descargar los coches, subieron al salón para tomar un más que merecido refresco y seguir comentando la cacería en un tono más jocoso.

Tomaron asiento en la mesa para degustar unas riquísimas alubias para templar el cuerpo y de segundo tomaron pollo de corral a pesar de la incredulidad del compañero Troll que veía imposible que aquellos desmesurados trozos de carne pudiera ser de un pollo. Como bien le apuntó Alga, los pollos criados a la antigua usanza nada tienen que ver con los comprados en el Pryca.

Una vez saciado el hambre, el amigo Troll obsequió al grupo con una caja de cava de la que todos dieron buena cuenta.


Berraco y Lucun

Las conversaciones de sobremesa volvían a sucederse: perros, armas, cazas varias y diferencias territoriales, todo un derroche de sapiencia que enriqueció el ambiente de la cacería y puso colofón a la misma. Todos coincidían en la grandiosa labor que está realizando el Club de Caza en cada uno de ellos, permitiendo conocer cosas que ni siquiera imaginaban en determinados aspectos del mundo cinegético.

Contentos, y con el compromiso de repetir al año que viene en el mismo sitio, algunos fueron marchando hacia sus lugares de origen. Daba cierta pena verlos marchar después de los buenos ratos que habían compartido... y es que todos coincidían en que el espacio de tiempo había sido cortísimo.


Huntseeker, Berraco, Maitinc y José Antonio.
El del porrón, obviamente, es Alga

Todavía se quedaron a pasar la noche unos cuantos pendones como: Maitinc & Señora, Berraco, Hunt, J. Antonio y Alga, que junto a Ramón, Mazinguer y Pascu reanudaron una bonita sobremesa. En un arrebato del grupo se propusieron averiguar cuánto vino le cabría a un maño en la boca si se lo derramaban en un porrón y desde lo alto. Le embocaron el porrón que por el paso debía ser cal. 444 y comprobaron que el maño tenía tragaderas, ya no quisieron probar con el cava por si se lo bebía todo así que prefirieron guardarlo para realizar un brindis por todos los miembros del Club de Caza y en especial por todos aquellos que se habían desplazado hasta Guara.

Tras el avío de los jabalíes cazados por el grupo, todos se retiraron al barracón dormitorio, salvo Maitinc y Berraco que sólo Dios sabe que cosas estuvieron haciendo o tramando hasta altas horas de la madrugada (No quiero pensar que esto tenga algo que ver con el caso: Eugenio Postas).

Una vez consumada la despedida del entrañable Ramón, todos se durmieron no sin antes escuchar algún que otro nuevo chiste del repertorio de Pascu. A la mañana siguiente, todos emprendieron el viaje hacia sus lugares de origen. Vi a varios de ellos emocionados y con algo de pena por tener que abandonar aquel encuentro en el que tanto habían disfrutado, y es que la calidad humana y el saber estar de todos ellos es insuperable.

Yo no tenía ganas de volver a mis baldías tierras del medio Ebro y me quedé apostado en el muro desde el que había divisado este maravilloso fenómeno que son los encuentros del Club de Caza.

Aquí me quedo pues en esta preciosa Sierra de Guara esperando el encuentro del próximo año. Deseando que pueda conocer a mucha más gente de este maravilloso Club al que le sobran los motivos para estar muy orgulloso.

Un saludo a todos,

Maese Pedro

 

 

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