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Encuentro perdigonero en Fuente Álamo

09/12/06


De izquierda a derecha: Adela, Joaquín, Mipollo (y su móvil…), Oriolano, Polilla, Sebas, Paco, Conchi, Miguel D.G y Marita.

Todo empezó por un café, con lo que no es un encuentro propiamente dicho, pero quiero haceros partícipes del día que he pasado con unos amigos perdigoneros…

Aprovechando que yo iba a pasar el puente de Diciembre en Murcia, a través del foro, quedamos en vernos para tomar un café, Felipe —que al final no pudo asistir—, Sebas y yo. Luego se apuntó Baldomero (Mipollo), con lo que íbamos a ser tres…

La sorpresa fue llegar a encontrarnos hasta ocho aficionados al reclamo —bueno… siete maestros y yo de aprendiz…—.

Antonio Sanan no pudo acompañarnos en la comida por otros compromisos, pero me alegró estrecharle la mano a tan buen aficionado.

Las presentaciones fueron cordiales, pero no tanto como el rato de la comida, buena en calidad, cantidad, compañía y comentarios.

Decir algo de cada uno de ellos me resulta fácil porque, cuando se tiene una buena compañía, compartiendo afición y pasión, no hay elogio que pueda evitarse.


Un momento de la comida.

Oriolano es un hombre asentado, tranquilo, hasta que Mipollo contó una anécdota sobre cómo le entró un par de perdices en plaza. Entonces se acomodó en su silla con un nerviosismo emocionado, y creo adivinar que hasta entrecerraba los ojos, como mirando por la tronera…

Pedro (Polilla), ése al que Mipollo llama joven, es calculador y buen observador, características muy acertadas en esto del reclamo.

A Antonio Sanan no tuve el placer de conocerlo más a fondo, pero con el apretón de manos que me dio me demostró ser todo un señor, de ésos que a uno le gusta tener por amigo.

Joaquín, de hablar tranquilo y ameno, está tan enamorado de esta caza como de compartir buenos momentos con los amigos. He querido tomar buena nota de sus comentarios, porque se puede aprender mucho de todo lo que ha vivido y que comparte con los demás.

Paco es el hermano de Sebas. Es miembro de la Federación de Caza de la Región de Murcia, y yo lo soy de la Extremeña, con lo que hemos comentado algunas cosas sobre la necesidad de la Federación como unión de los cazadores. Ya se sabe… la unión hace la fuerza…

Mipollo es… cómo decirlo? Érase un hombre a una cámara fotográfica pegado. Cada anécdota que contaba, bien de sus podencos, bien de los aguardos perdiceros, lo hacía viviéndolo una vez más, con lo que transmitía esa sensación a los demás. Sabias palabras las que salen de su boca. Palabras que deben servir de aprendizaje a los demás —al menos a mí…— porque la experiencia es un grado —y no lo digo por la edad, eh???—.

De Sebas ya me habían hablado antes, pero se habían quedado cortos… Campechano, abierto, alegre y sabio, muy sabio en esto del reclamo. Al pan pan, y al vino vino. Y no es un albañil de pueblo que porracea el teclado del ordenador. No señor… Sus consejos están más que justificados, porque ha aprendido de la mejor escuela: la vida. Y me consta que sigue con afán de seguir aprendiendo…

No puedo, ni quiero dejar a un lado a tres personas —lástima que no hubieran sido más— que nos acompañaron en este día:

Conchi, la esposa de Paco, quien llegó a decir que en alguna ocasión ha acompañado a su consorte en algún puesto de perdigón. Se llevó un libro de pasatiempos para no aburrirse, y a cada página que pasaba, oía lo mismo: «¿Quieres no hacer ruido? ¿Te estás quieta ya? ¡No te muevas!…»


De pie, Miguel D.G, Oriolano, Polilla, Sanan y Joaquín. Agachados, Paco, Mipollo y Sebas.

Adela, la esposa de Joaquín. Toda una señora de conversación gentil y porte distinguido, sabiendo estar en la situación y compartiendo con los demás la alegría por el encuentro.

Y Marita. ¿Qué voy a decir de ella? Mi compañera en la vida, que me aguanta días de caza sin estar con ella. Decir algo más, parecería tráfico de influencias…

A ellas, sufridoras, comprendedoras, apoyo y aliento de muchos desalientos que tenemos en la vida —y no sólo en la caza…— mi más sincera admiración, por su entrega, comprensión y cariño…

Fue una de esas comidas en la que lo menos importante era lo que se comía, aunque hubo de todo en la mesa, desde el jamón, queso, gambas y buen vino, hasta el peazo chuletón de kilo y pico que algunos se metieron entre pecho y espalda…

No es que yo me lo pasara bien… es que estaba en mi salsa…

Vivir puestos de mis acompañantes dados años anteriores al escucharlos de sus labios, aprender técnicas sobre cómo recortar un pájaro, hablar de la alimentación en tiempo de muda y de celo, comentar la munición que usamos en esta caza…

Son tantas cosas comentadas en tan poco tiempo, que ya estoy deseando poder acercarme a cualquier sitio en donde podamos volver a juntarnos, porque la experiencia ha sido enriquecedora.

Se comentó la posibilidad de poder hacer un encuentro con caza. Hubo, incluso, quien ofreció una finca para tal menester, así que habrá que estar al loro, por si cuaja esta buena idea. Lo de menos sería llegar a tirar en el puesto. Lo realmente importante es poder compartir vivencias, experiencias de tan buenos aficionados y mejores personas.

A todos, gracias. Muchas gracias por este día tan intenso y por haber dejado un día de caza por estar juntos y compartir una comida tan amena.

 

Miguel D.G.
Valdivia (Badajoz)

 

 

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