Santiago Segovia Pérez
Ingeniero Técnico Agrícola
Gestor cinegético y capitán de montería

 

Capítulo IV

El día de la montería

Después de varias semanas de trabajo por fin nos vemos en el día del tan ansiado monteo. Lo principal en estos instantes previos a la montería es que el capitán este atendiendo a sus clientes o invitados. La típica mesa de la organización, en la que sus miembros se afanan a última hora en infinidad de labores con aire pretencioso y distante, teniendo a los monteros reculados en el olvido de la barra de un bar, es una imagen totalmente inaceptable, y más aún cuando nos han citado a un tiempo y hasta dos horas después lo único que hacemos es aguantar que el mostrador no se caiga. El capitán ha de estar presente para todos ellos, saludándoles, dándoles la bienvenida, departiendo con ellos, atendiéndoles y dedicándose a que ocupen sus lugares en las mesas del desayuno con orden y sin pérdida de tiempo, aunque esto último ha de hacerse con diplomacia y sin apremiar palpablemente. A pesar de que los profesionales del establecimiento hostelero harán su trabajo con corrección, es bueno supervisar los detalles y atenciones que recibe cada comensal para intentar subsanar las posibles incidencias desde el principio.

Trabajos previos


Anverso de una papeleta de sorteo ejecutada con cierto cuidado y esmero en cartulina de papel verjurado de alto gramaje, muy lejos de los papeles recortados o fotocopias al uso. Detalles como éste marcan las diferencias entre unas organizaciones y otras. (Autor: Santiago Segovia Pérez y LaTrébere).

Aquellos trabajos en los que se enfrascan los orgánicos en estos momentos normalmente tendrían que estar realizados con antelación, y en la mesa tan sólo habría de estar la persona encargada de confirmar la asistencia de cada montero, por donde se habrán pasar todos al efecto antes de tomar asiento, y haciendo efectivo su pago en caso de necesitar algún ticket extra de comida para algún acompañante, pero ninguna otra cosa. El resto no es más que una muestra de improvisación y de desbarajuste. Otro hecho muy frecuente son las continuas idas y venidas del personal auxiliar a la mesa para ultimar detalles o pedir explicaciones, y las llamadas o búsquedas por el punto de reunión de alguno de ellos. Insistimos en que esto es una muestra de improvisación y desbarajuste. Todo ha de funcionar con coordinación y orden casi militar por lo que todos estos pormenores han de estar previstos y solucionados de antemano.

Una vez vayan acudiendo las rehalas es conveniente que se pasen por la mesa con objeto de percibir su participación en caso de ser alquiladas. Aunque parezca un sinsentido, es buena práctica que agradecen sus propietarios porque en caso de recuperación tardía de un perro extraviado, no les aprietan las prisas para cobrar después de la montería. Normalmente tienen que dejar esta labor para comparecer a recaudar la cuota y proseguir con posterioridad, lo que implica que algunos perros acudan al punto de la suelta y al encontrarlo vacío se vuelvan a marchar.

No se deben hacer distinciones en las mesas del desayuno y la comida con el personal auxiliar de la montería; todos han de poder comer en sana camaradería con los monteros.


Éste es el reverso de la misma papeleta de sorteo, en donde cualquier montero participante puede encontrar un plano esquemático de la mancha y de la ejecución de la echada. Se puede emplear a su vez, ampliándola a un tamaño DIN A3 o A2, para ofrecer las explicaciones previas por el capitán de la montería. (Autor: Pedro González Arispe, LaTrébere).

Si se persona la Guardia Civil o la Guardería de Medio Ambiente para comprobar la realización de la montería y desean verificar la documentación de los asistentes o la capacidad de los cargadores en las armas semiautomáticas, es mejor colaborar con ellos como mejor sepamos. Es su obligación llevar a cabo esta función, que es interesante para todos, y si no pensemos sólo por un instante lo que podría sobrevenir si ocurriese un desgraciado accidente en el que el causante no fuera convenientemente documentado, por lo que su seguro de responsabilidad civil careciera de validez. Pero hay un aspecto fundamental. La Guardia Civil o los funcionarios de Medio Ambiente vienen a efectuar su trabajo sin pensar muchas veces que esta labor puede alterar el orden y los tiempos marcados para el desarrollo de la jornada, y aunque actúen con esta mentalidad, si desconocen como llevamos nuestra organización podemos encontrarnos con retrasos muy inconvenientes, por lo que si dejamos que aquello transcurra libremente, nos puede afectar de forma seria. Lo mejor es atenderles con la debida cortesía, ponernos a su servicio, e intentar definir conjuntamente con ellos la forma en que se va a realizar el control afectando en lo mínimo a nuestros tiempos. Lo aconsejable es poner a su disposición la lista de participantes y señalar con ellos de forma aleatoria una muestra representativa de los concurrentes, que serán nombrados por nosotros para que de inmediato les presenten la documentación o armas que nos soliciten.

La cita

Una vez se ha comenzado a desayunar, dando quince minutos de cortesía para los más rezagados, podemos contar media hora para poder comenzar con el sorteo, y así habrá de estar aleccionado el servicio del establecimiento hostelero, de manera que en función de los asistentes a la montería se ajuste el servicio para que esta fase no se demore más de lo necesario.

El sorteo

Ahora debemos comenzar con el sorteo. ¿Qué hacemos si comprobamos en la lista que nos falta un montero? Lo ideal es disponer de su teléfono móvil e intentar contactar con él de modo que nos aclare el motivo de su tardanza. Si el tiempo que le quede para personarse en la junta es escaso se puede esperar, pero si por la lejanía, el tiempo es superior a diez o quince minutos lo suyo es comenzar sin él, y una mano inocente obtendrá su puesto del montón una vez llegue su turno. Nunca esperar más que este margen. Nadie tiene la culpa de su retraso, y seguro que él lo está sufriendo más que nosotros, pero el conjunto no ha de verse perjudicado por ello.


Listado maestro del capitán de montería. Éste es el listado en el que el capitán de montería ha de ir apuntando en la columna de la armada correspondiente, el número que ocupa dentro de ésta cada montero según el resultado del sorteo. De un simple vistazo podrá saber donde se encuentra cada uno. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Para comenzar el sorteo debe estar en la mesa el capitán y dos ayudantes que irán apuntando en las listas de postor los puestos que le salen en suerte a cada montero. Los postores estarán a su lado para cuando al final se haga la presentación de cada uno de ellos. Cada armada o traviesa ha de tener una lista –lista de postor- en la que aparezca numerada cada postura, un espacio para indicar el nombre del montero que lo ocupa, otra casilla para apuntar los animales avistados, otra para los abatidos y otra para apuntar los disparos efectuados. Cada una de estas listas se entrega al final del sorteo a cada postor con objeto de que controle sus monteros y los datos del día.

Los sobres del sorteo han de contener el tarjetón con la postura, en donde se indica el número de la misma, la armada, el postor, un croquis de la mancha y la clase de vehículo que se utilizará para acceder a ella, con el número del tractor, en caso de que se utilicen varios. Se incluirá un impreso donde el montero al final pueda realizar de forma anónima las indicaciones y sugerencias que desee. No ha de faltar el ticket de comida, a ser posible con una numeración que haga más fácil su conteo posterior al ajustar cuentas con el restaurante o catering, y las cintas o etiquetas en caso de ser necesarias para la localización e identificación de las reses.

El capitán ha de tener su propia relación donde se refleje esquemáticamente una especie de listado maestro donde figuren todos los puestos de toda la montería. En algún lugar de la estancia ha de estar presente un croquis con una fotografía aérea, un plano o simplemente un dibujo del esquema de la mancha de una cierta calidad, con la especificación de la colocación de las armadas, posición de los puestos y sentido de trabajo de los perros.

El sorteo no he de prolongarse más de 30 min.

Los sistemas de sorteo

A partir de este momento lo mejor es habernos dispuesto con antelación de un guión que nos cubra en todo nuestro proceder y en nuestros comentarios de forma que no se nos olvide nada, así, siguiéndolo fielmente, estaremos seguros de todo.

Lo primero es agradecer la asistencia a los monteros y a todo el personal que va a hacer posible la celebración de la montería.

Si se han recibido sugerencias de la montería anterior y se han podido implementar, dar una explicación al respecto con los resultados obtenidos, y en caso contrario hacer lo propio explicando el motivo de la imposibilidad para llevar a cabo la observación mencionada.


Listado que utiliza cada postor. Como se puede observar no se ha de olvidar de rellenar los datos correspondientes a los resultados de la montería en las armadas de su responsabilidad. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

En segundo lugar se ha de explicar cual es el sistema de sorteo que se va a llevar a cabo, y este es un tema espinoso, porque algunos capitanes no actúan íntegramente. Existen varios sistemas para llevar a cabo el sorteo, con más o menos garantías de que se ha llevado a cabo correcta y honradamente. El sistema por el que se van llamando a los asistentes suele ser algo intrascendente. Un sistema consiste en que una mano inocente saca una bola de un saquito, y esta bola corresponde al cazador que cuando acude en busca del sobre con su puesto extrae la del siguiente y así sucesivamente, o un bombo de bingo casero hace las funciones de mano inocente. Otro sistema consiste en ir nombrando por orden –y este orden no importa mucho- a los interesados que acuden a extraer sus puestos.

Hasta ahí todo correcto, y no es ahí donde se suele pergeñar la artimaña. Una condición indispensable es que todos los puestos estén encima de la mesa, y que se sortee todo a la vez y eso no se cumple muchas veces. Como dije anteriormente tan sólo los postores han de contar con un puesto preestablecido de antemano, y éste ha de ser el último de la armada que coloque, y no ha de haber ninguno más, ya que ni siquiera en el caso de un coto gestionado por una sociedad de cazadores éstos han de tener la postura reservada. Esto hay que explicarlo al comenzar el sorteo bien claramente, por lo que la papeleta correspondiente a esos portillos de los maestros de sierra no estará presente en el montón.

Pero aún así pueden darse dos excepciones a la regla, y como tales hay que tratarlas. Una de ellas es que por razones de edad o condición física exista algún participante al que no podamos someter a un duro julepe caminando hasta el puesto o algo similar; o bien, imaginemos que muchos de nuestros puestos sean de balcón en lo alto de unos peñascos, colocación incompatible con alguien que padezca de vértigo. Si la persona en cuestión no es herida en su susceptibilidad por hacer pública esta condición, simplemente se pide autorización a todos los asistentes al comenzar el sorteo para destinar a esta persona un puesto determinado. Normalmente nadie expone trabas, por lo que podemos asignarle un puesto fijo al interesado y nadie observa un posible artificio lesivo a sus intereses.

Si el interesado prefiere no hacer ostentación de este problema por natural dignidad humana, será el capitán el que recorriendo de forma discreta las mesas del desayuno irá preguntando a los presentes sobre su posible licencia a esta cesión sin que el interesado se aperciba de ello. Una vez hecho esto vuelve al interesado y con máxima reserva le entrega su puesto, así designado.


Vale de comida numerado. Los del desayuno pueden tener el mismo diseño. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

El segundo caso y que cada vez es más frecuente, es que exista algún montero que concurra con algún arma con un alcance inferior al usual, como es el caso del arco o de la ballesta.

Lo primero es agradecer la asistencia a los monteros y a todo el personal que va a hacer posible la celebración de la montería.

Esto viene a colación porque, como dije, en algunas monterías no están todas las papeletas en la mesa, ya que muchos puestos, a veces armadas o traviesas enteras, no entran en sorteo. Hay veces que la maniobra se lleva a cabo de forma burda y avasalladora, sin preocuparse en absoluto de guardar la formas, y otras, en las que existe cierta preocupación por parecer lo que no se es, se recurre a enredos en que la forma de llevar a cabo la artimaña es fácil. Bajo el pretexto del tiempo que se tarda en sortear y la premura con que habría que cerrar el monte, se recurre al sistema del sorteo por armadas. En este sistema se van sorteando las armadas en un determinado orden, es decir, encima de la mesa sólo están los puestos de la armada que se sortea en ese momento. Una vez terminado el sorteo de la armada en cuestión, en teoría, y lo recalco bien; en teoría, el postor debería agrupar a su gente y salir para el monte, continuando con una nueva armada. A la hora de la verdad todos salen casi al mismo tiempo, por lo que no se comprende el amaño si no es por el truco, y menos cuando lo más normal es que nos hayan tenido dos horas en la barra de un bar, como dije antes, esperando anhelantes para comenzar el sorteo. Si tanta prisa corre la consumación de la maniobra, lo lógico sería comenzar antes, por lo que el argumento presentado lo invalida la propia organización que lo ofrece. Si tenemos la suerte de quedarnos hasta el final y hemos llevado cuenta de las armadas sorteadas podemos llegar a descubrir que una armada que aparece en el croquis no se ha sorteado, ¡y esa es seguro la de mejores expectativas y la que ocupa el organizador con sus amigos!. Si la organización es un poco avispa podría incluso suceder que ni siquiera aparezca la armada en el croquis, pero no se preocupe que después, en la comida, las lenguas se le sueltan a más de uno, y podrá enterarse de ello con suma facilidad.

Puede darse el caso de que aún haciéndose el sorteo por otro sistema no todos los puestos hayan salido a sorteo, y eso se comprueba porque en una organización seria el capitán canta en voz alta la postura que sale en cada extracción, por lo que es fácil controlar con el croquis presente si alguna ha sido escamoteada y asignada previamente de forma nada limpia.

Por ello la única manera seria de sortear es que todos los puestos estén encima de la mesa y se sorteen todas las armadas al mismo tiempo, es decir que se haga el sorteo a una vez. Para comprobar públicamente este extremo el capitán requerirá el concurso de una mano inocente, que con antelación e inmediatamente antes del sorteo sea requerida al efecto, para que de vista a la concurrencia cuente que están todos los puestos definidos y los mezcle para asegurar su aleatoriedad en la obtención.

Los monteros se irán llamando uno a uno, y aquí es donde se percibe la ostensible ligereza en esta gestión cuando no hay que cobrar los puestos. La celeridad conseguida es básica.

Montería por invitación

Todo esto cuando hablamos de monterías en las que los puestos han sido vendidos por acciones, pero existe la posibilidad de que acudamos u organicemos una montería en la que la asistencia sea por rigurosa invitación. En ese caso el capitán se reserva el asignar los pasos personalmente de la manera que considere más adecuada. Podrá efectuar un sorteo como el referido, o simplemente distribuirá los portillos a su antojo. En esta circunstancia siempre hay que pensar que existen personas con las que nuestro anfitrión puede tener más obligaciones que con nosotros, ya que posiblemente no nos coloque en lo que a nosotros nos puedan parecer los pasos mejores.


El pretender que una señalización como la que se muestra disuada del acceso a los predios de nuestra montería, y evite el encontrarnos en plena realización de la misma con un grupo de gente irrumpiendo peligrosamente en el campo de tiro de una armada, es ilusorio. (Autor: Javier Segovia Valverde).

Puede llegar a ocurrir que nos coloque haciendo la función de escopeta negra, en un puesto de remota ubicación o, incluso, dando aire a la mancha para definir los viajes de los animales en un determinado sentido. No se lo tome a mal y piense simplemente que está ayudando a su amigo a realizar una labor que sin su concurso tendría mala solución. Seguro que en otra ocasión le compensa por ello, y de cualquier manera ¿quién no le echa una mano a un verdadero amigo para que algo le resulte lucido? Piense también que quizás tenga con usted una mayor confianza e intimidad que con el resto, a los que tiene que agasajar de una manera más comprometida y protocolaria por diversas obligaciones.

Otras consideraciones suelen tener importancia en este reparto. Si es usted un gran rifle es posible que le den un buen paso en la confianza de que no defraudará, obteniendo unos resultados que a todo capitán gustan por lo que significan de alarde personal para él y su finca. Puede ocurrir también que usted atraviese una racha de mala fortuna y su amigo intente darle la oportunidad de quitarse de encima ese sambenito. Por último, también puede ocurrir que no sea usted muy diestro en la ejecución de los lances, por lo que la escasez de triunfos en su haber induzca a su amigo a colocarle en un lugar de privilegio con objeto de enderezar esa situación.

De cualquier manera el reparto de las posturas ha de estar efectuado de antemano, por lo que esta operación se limitará a ir nombrando a los presentes anunciándoles el portillo adjudicado, y en su lugar haciendo entrega de su sobre correspondiente, en el que vendrá especificado en su cara exterior el puesto que contiene.

Explicaciones adicionales

Una vez terminado el sorteo se ha de explicar sobre el plano la forma de echar la mancha, el trabajo de los perros y si existe algún consejo para cada armada, con los rasgos y peculiaridades de cada una de ellas, incluso llegando al detalle con algún puesto en particular.

  • Explicar cupos.
  • Explicar el orden por el que las armadas irán saliendo hacia el monte.
  • Se ha de explicar como se hace la recogida de las reses.
  • Definir el punto de la cita de recogida.
  • Se han de presentar a las rehalas participantes y sus perreros, explicando los colores de sus divisas.
  • Los postores serán también presentados, y después el resto del equipo.
  • Los secretarios se presentan por sí mismos.

No han de faltar las normas básicas de seguridad, sobre todo de cara a los perros y perreros, además de una explicación sobre los animales a los que se puede tirar, y la multa a la que se expone aquel que contravenga esta norma.

Normas de seguridad y otras:

  • No despachar los agarres con el rifle.
  • Si se acude al agarre, avisar a los vecinos.
  • No tirar a reses acosadas de cerca por los perros.
  • No pegar a los perros que trajeron la res. Dejarlos morder y luego echarlos suavemente.
  • No tirar a hembras seguidas de rastras.
  • No tirar a las guías de los grupos familiares.
  • No tirar al viso. Siempre enterrando la bala.
  • No desenfundar ni cargar el arma hasta llegar al puesto.
  • No doblar puesto: Se invade la jurisdicción de los vecinos. Se tiene doble capacidad de fuego.
  • No mejorarse en el puesto.
  • Respetar las distancias con los vecinos.
  • No disparar en línea con ellos. Prevenir rebotes.
  • Dejar cumplir las reses. No cortar las carreras y menos las de los vecinos.
  • En cortaderos cambiar de posición al paso de las recovas.
  • En cortaderos no tirar reses que entran a contramano, o tan sólo hasta la mitad del cortadero.
  • No disparar al tarameo. Asegurarse bien antes sobre la naturaleza del blanco.
  • No tirar al blanco al finalizar la montería.
  • No moverse del puesto, ni abandonarlo hasta que el postor nos recoja.
  • Marcar las reses para su mejor localización.
  • No cortar los trofeos en el monte, ni aún siendo una montería a matacuelga.
  • No abandonar en el monte los cartuchos disparados ni ningún otro tipo de basuras.

Es importante el tema de los agarres, ya que con una simple acción inadecuada se puede desbaratar el trabajo de muchos años del podenquero, estropeando para mucho tiempo una recova. Si el montero no se ve capacitado para ventilarlo con aplomo y seguridad es mejor que se mantenga en su posición y que el perrero concluya el lance por tarde que pueda asistir. De cualquier manera, en caso de optar por acudir al mismo en ayuda de los perros no hay que olvidar el advertirlo a los puestos vecinos.

Se ha de explicar el orden por el que las armadas irán abandonando el lugar hacia su colocación en el monte.

Se ha de explicar como se hace la recogida de las reses y la prohibición de cortar los trofeos en el monte. Es bueno definir el punto de la cita de recogida, si por la naturaleza del lugar donde comamos esta junta de carnes no sea muy aconsejable, de manera que todo el que lo desee pueda efectuar la típica foto de familia.

Una vez hecho esto se ha de presentar a las rehalas participantes y a sus perreros, explicando brevemente el tipo de perros de cada una de ellas y los colores de sus divisas, con objeto de que todos puedan juzgar su trabajo en el campo.

Los postores, que estarán a nuestro lado desde un principio serán también presentados, y después el resto del equipo. Se les hará entrega de sus respectivas listas de puestos convenientemente cumplimentadas, y se dará salida a las armadas en el orden establecido, ya a las ordenes de éstas personas. Simplemente hacer notar que en algunas ocasiones se reza una oración antes de encaminarse a la mancha, aprovechándose este instante justamente anterior a la partida para efectuarla.

Todas estas operaciones desde que se sale hasta que está el último puesto colocado, han de estar cronometradas previamente para poder definir con exactitud la hora de suelta de los perros, como ya vimos en su capítulo correspondiente.

La señalización de la mancha

El día de la montería cualquier camino de acceso a la mancha habrá de estar cerrado al paso si fuera posible, y convenientemente señalizado con carteles que anuncien de forma clara e inconfundible que ese día no se ha transitar por los mismos, para evitar desgraciados accidentes, y como no, molestias innecesarias para nosotros. Estos carteles han de tener cierta calidad para cumplir su función y aún a pesar de ello los posibles transeúntes harán caso omiso en muchas ocasiones. Si colocamos unas hojas de papel colgadas de una rama, este anuncio no posee una fuerza con suficiente carácter disuasorio y no cumple con un mínimo de seriedad, por lo que hay que optar por una señalización de chapa con más entidad y presencia como la que se puede adquirir en cualquier proveedor de señalización pública.


Ni siquiera una señalización como ésta, y el cierre de la cadena impedirán el acceso, ya que los paseantes accederán a pie. La mentalidad del ciudadano de origen urbano medio no concibe los derechos de la propiedad rural, y entiende que el campo es de todos, interpretando esta barrera como un signo de prepotencia casi feudal. (Autor: Javier Segovia Valverde).

Lo mejor es colocar las armadas en zonas ligeramente apartadas de los caminos, porque en los tiempos que nos ha tocado vivir cualquier persona se siente con derecho suficiente para invadir la mancha e irrumpir en medio de la línea de fuego si fuera necesario a sus consideraciones, y encima quejarse porque nos hemos puesto a cazar en mitad del campo, aduciendo que el campo es de todos. Como no nos vamos a poner a debatir y la mente obtusa del personaje urbano medio no da para mucho en estas cosas, lo mejor es evitarlo porque suele ser bastante difícil el hacerles comprender algo tan sencillo.

En muchos casos los caminos no tienen servidumbre de paso, ya que son particulares, pero ocurre que su propietario nunca ha visto razón alguna para cerrarlo, por lo que todo el mundo interpreta erróneamente que son públicos. En estos casos, se pongan como se pongan, lo mejor es cerrarlos, aunque sea temporalmente, y señalizarlos adecuadamente, ya que así encontrarán la explicación al cierre.

La colocación en los puestos

Una vez que se da la salida para la mancha, los postores con su lista en la mano han de nombrar a todos los monteros de su armada e indicarles qué vehículo han de seguir y donde han de formar la caravana, o bien cual es el tractor al que se han de incorporar. Si existen varios tractores lo mejor es numerarlos visiblemente con unos carteles adecuados para evitar confusiones, e incluir esta numeración en la tarjeta del sorteo en el apartado correspondiente al vehículo utilizado para acceder a la mancha. Con esta operación se comprueba que están todos presentes, y podremos proceder a la partida. En caso de que algún participante no disponga de vehículo, por haber acudido a la montería en el de un amigo, lo hará saber al postor, quien se ocupará de acoplarlo en alguno de su comitiva.


La señalización que se ha de disponer en los accesos a un terreno en que se está llevando a cabo una montería ha de tener una cierta presencia y ser de calidad, como la que se presenta en la fotografía, que se puede obtener por encargo en cualquier proveedor de señalización de vías públicas. Obsérvese en el texto de la señal de la derecha que no se utiliza la palabra «montería» que para mucha gente es de significado desconocido. (Autor: Javier Segovia Valverde).

Una vez llegados al punto donde hemos de dejar los coches, o donde nos deje el tractor, el postor ha de volver a pasar lista para comprobar que ninguno se ha quedado rezagado o se ha despistado. Si la colocación se efectúa desde los coches dejándolos en los diferentes tramos de las armadas, simplemente iremos parando en cada puesto, llamando al interesado y colocándole en su puesto.

La colocación de los puestos ha de ser en absoluto silencio.

En cada puesto se ha de explicar al montero las particularidades del mismo, como van a trabajar los perros desde la perspectiva de ese puesto, las querencias y más probables huidas de las reses por el mismo, y se asegurará que demarca su posición con respecto al anterior y al posterior. Si el puesto es en un cortadero de traviesa, habrá que recordarles que una vez sobrepasados por los perros han de cambiar la posición al lado contrario para que siempre se tengan que tirar los cochinos rebasada la línea de tiradores. El primer puesto de la traviesa es el encargado de transmitir la orden al siguiente y así sucesivamente hasta el final.

Recordar siempre que no se han de mover del puesto bajo ningún concepto, no han de mejorarse por mucho que lo razonen, que no se han de recoger hasta que el postor venga a retirarlos, y si han de salir para liquidar un agarre, que lo avisen a los puestos colindantes. Es muy importante explicar a cada armada el trabajo de los perros, porque muchas veces las maniobras de los mismos no son muy claras a los ojos de los monteros, y en parajes con cierta complejidad orográfica pueden interpretar que los perros ya han pasado por lo que ya no pueden esperar mucho más de la montería, y ante la ausencia del postor, que interpretan haberse olvidado de ellos, se retiran cuando a lo mejor comienza la parte más sustanciosa de la montería para esa cara.

Por último, recordar una vez más que el puesto asignado al postor ha de ser el último en el orden natural de colocación de cada armada, tanto si es un buen puesto como si es malo. Cualquier otro proceder no es más que una maniobra de mal gusto y pésima moralidad.

 

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