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Santiago Segovia Pérez
Ingeniero Técnico Agrícola
Gestor cinegético y capitán de montería
Capítulo III
Los postores o capitanes de armada
Como hemos podido comprobar, los postores, que muchas veces son los maestros de sierra, son un personaje clave en la ejecución de una montería. Pero además de las funciones lógicas que a nadie se le escapan y que se han explicado aquí en capítulos anteriores, soportan otras responsabilidades. En todo momento y circunstancia, en ausencia del capitán de montería ellos son su legación en los ámbitos asignados. Su autoridad está por encima de cualquier miramiento y sus decisiones han de ser acatadas sin titubeos.

Para el capitán de la montería el posicionarse durante el desarrollo del mancheo en la cima de unos peñascos como estos, o en una torreta, le permitirá conocer personalmente todas sus incidencias y detalles, y a la vez resolver posibles quejas de los participantes. (Autor: Javier Segovia Valverde y Santiago Segovia Pérez).
Les corresponde explicar a cada montero los pormenores de su portillo, las querencias de las reses, la sistemática operativa de la montería desde la perspectiva de su puesto, avisar de sus posibles circunstancias y asegurarse de que los monteros colindantes conocen su posición. Ante cualquier incidencia ha de actuar con imaginación y capacidad de resolución para solventarla, y ha de infundir confianza en el conjunto de cazadores a su cargo. Si existe una disputa por una pieza él ha de promediar y tratar de conseguir un acuerdo entre ambos litigantes, y en su caso reclamar la autoridad del capitán. Pero todo ello en el campo, no en la junta de carnes.

Para la convocatoria a los monteros hay que emplear un aviso como el que se presenta. En él se contiene toda la información necesaria presentada con un mínimo de rigor y seriedad. (Autor: Santiago Segovia Pérez).
Por ello ha de contar con ciertas habilidades sociales por lo que no podemos hablar únicamente de un práctico del terreno.
Si durante la colocación o recogida alguno de los monteros presenta dificultades ha de ofrecer su ayuda para acarrear sus pertrechos, con espíritu servicial sin llegar al servilismo. Esto ayudará a que se cumplan los tiempos previstos, ahorrando retrasos perjudiciales para todos.
Se encargará del marcaje y la coordinación de la recogida de las reses que se hayan podido abatir en su armada y de los monteros que la componen. Lo ha de hacer puntualmente, de forma organizada y sistemática.
Por último, habrá de completar la ficha correspondiente a las reses avistadas por todos y cada uno de sus puestos, los disparos efectuados, así como las capturas.
Cómo echar la mancha
La forma de dar la mancha depende de la propia disposición de la misma, de la disposición de las armadas, de su complejidad orográfica, de su forma geométrica, de la dirección del viento, de las querencias de los animales y de su extensión. El dar una mancha no ha de prolongarse por espacio de tiempo superior a 2 h 30 min. como máximo.
Aunque insignes autores ya se han ocupado del problema, y como ninguno el Conde de Yebes en su Veinte años de caza mayor, voy a intentar dar mi propia perspectiva de la estrategia a emplear en cada caso.

Imagen de «20 años de caza mayor», del Conde de Yebes.
Comenzando por la extensión, si la mancha es muy larga podemos optar por darla al tope, de manera que el recorrido de las rehalas se reduce a la mitad. En este sistema las rehalas se dividen en dos grupos, que sueltan en los extremos opuestos de la mancha y vienen a reunirse en el centro de la misma, punto que es bueno hacer coincidir con una traviesa que se haya dispuesto en este lugar al efecto, por lo que las rehalas sólo trabajan una mitad de la mancha y en consecuencia ganándose este tiempo, de manera que la echada del monte se vea reducida en duración. Esta forma de dar la mancha no requiere estrictamente colocar las armadas de frontera ni de recula, por lo que nos puede ayudar también a conseguir un número total de monteros inferior al que le correspondería con una configuración típica, si deseamos descargar la cuantía de participantes por simplificar la ejecución. No obstante lo dicho, es muy recomendable cubrir ambas armadas, porque muchos animales tienden a volverse para atrás. El dar una mancha no ha de prolongarse por espacio de tiempo superior a dos horas y media, o como mucho, tres horas.

Imagen de «20 años de caza mayor», del Conde de Yebes.
Si los guarros poseen un determinado paraje donde tengan tendencia a acantonarse en él rehuyendo el abandonarlo, es bueno dar la montería al cruce, de manera que el movimiento de las reses sea máximo. Ofrece también la ventaja de que los animales rompen prácticamente por todas las jurisdicciones del ojeo, sin decantarse tanto por ciertas zonas con querencias más marcadas. El sistema consiste prácticamente en lo mismo que el anterior, es decir las rehalas se dividen en dos grupos, que sueltan en los extremos opuestos de la mancha y vienen a aparejarse en el centro, pero al contrario de lo que sucede con el sistema al tope, en este caso en lugar de volverse al punto de origen una vez se encuentran en el centro de la mancha, las rehalas siguen su camino hacia el final hasta llegar al lugar donde soltaron las recovas opuestas. Por ello un grupo de rehalas progresará por las zonas bajas de la ladera y el grupo enfrentado por la zona alta. Con este sistema se pueden disponer más puestos, ya que se ha de rodear por completo la mancha a batir cerrándola por sus cuatro caras, armando las rayas de frontera o tope y la de suelta o recula también.

Imagen de «20 años de caza mayor», del Conde de Yebes.
Cuando la orografía es compleja o la mancha está basada fundamentalmente en un promontorio es bueno recurrir al sistema de darla al cerco o dándole la vuelta, que consiste en rodear este accidente topográfico hasta volver a encontrarse donde se comenzó. Ni que decir tiene que la morra ha de estar rodeada en sus 360º por una línea de tiradores en el sopié, aunque es bueno complementar esto con la alineación de una traviesa en la parte más alta de la misma, para evitar los juegos de los animales pertinaces.
Por último, en casi todos los casos se puede establecer la echada a la mancha por el sistema más común que es darla a una mano o en un sentido. De esta manera los perros se sueltan en uno de los extremos de la mancha y la recorren hasta el extremo contrario, llegando a la armada de cierre de frontera.

Imagen de «20 años de caza mayor», del Conde de Yebes.
Lo normal es que una vez ganado este punto se recojan los perros, debido a que sus camiones se hayan trasladado hacia esta posición desde la suelta, pero también existe la posibilidad de que la mancha se eche de ida y vuelta, con lo que los perros vuelven hasta el paraje donde fueron soltados. En muchas ocasiones esta maniobra es totalmente estéril, porque los cochinos presentes ya han abandonado sus encames y se utiliza esta vuelta con objeto de dar la falsa sensación de mayor duración de la montería y de un trabajo más concienzudo de los perros. Es cierto que algunos ejemplares no abandonan la espesura con una sola mano, y que al encontrarse los perros en una segunda pasada desisten de su actitud y dan la cara, pero suele ser un caso excepcional.
Combinación de métodos
Dependiendo de la conformación de nuestra mancha se puede combinar en un sola echada varios de estos sistemas para obtener lo mejores resultados, haciendo que una parte de la mancha se bata de una manera y otra parte de cualquiera de las otras. La imaginación ha de ponerse al servicio de la montería y no hay que encajonar la estrategia con planteamientos rígidos preestablecidos por la costumbre.
En caso de que en la mancha a montear exista una cierta concentración de reses cervunas o de corzos, es aconsejable mandar por delante un reducido destacamento canino con objeto de que muevan este tipo de animales de sus encames, de manera que cuando irrumpa el grueso de las recovas el monte se encuentre libre de estas especies que distraen la labor de los podencos con los cochinos, ya que necesitan una mayor concentración en el trabajo del que permiten las continuas carreras tras estos animales.
Los guías de las rehalas
Las rehalas siempre han de ser guiadas por alguna persona de nuestra confianza, que no sólo orientará a los perreros en sus acciones sino que evaluará de cerca su trabajo, contribuyendo a una mejor ejecución y juicio posterior de su labor. Estas personas habrán de indicar donde detenerse para concentrar los perros en un apretado de monte querencioso, deberán ordenar su progresión por el monte, haciendo que todos respeten la mano, marcará el ritmo a seguir y la trayectoria, con lo que el avance de las recovas y sus podenqueros será ordenado y con el ritmo necesario.
También evitarán que se sustraigan a la organización cochinos rematados a cuchillo en los agarres o muertos por los monteros, o incluso que, como pude observar en una ocasión, el perrero pinche y se intente apuntar un trofeo abatido previamente por un montero, hundiendo el cuchillo en el hueco de entrada de la bala.
Por último, es conveniente que al menos durante las primeras veces que usted lleve a cabo la montería en ese monte no ocupe ninguna postura como cazador. Es mejor que se emplace en un lugar prominente, en caso de que exista, de manera que desde allí pueda avizorar todo el transcurso de la misma, esté a la mira de las posibles incidencias, los aspectos a mejorar, las correcciones a efectuar, e incluso los lances en los puestos, la densidad de reses, los puestos por los que pasan, el comportamiento de los monteros, etc. Esto además, le permitirá hacer frente a posibles reclamaciones por escasos resultados o por fallos en la echada, que conocerá de primera mano y no por terceras personas. No sería la primera vez que el montero que se ha quedado sin balas, además reclame airado ante la ausencia de capturas, cuando el único responsable es su mal pulso en la puntería.
Cuántas rehalas y cuáles
El número de rehalas a convocar para una echada a un monte depende de varios factores. Si el terreno es abrupto normalmente las reses tienden a concentrarse en los lugares donde sufren menos por la climatología y ofrecen un escape más franco, por lo que su localización es más fácil. Los terrenos muy llanos no ofrecen lugares de encame favoritos y en principio pueden albergar una piara en cualquier lugar. La forma del monte a batir nos define también su número porque en manchas muy estrechas y alargadas, por mucho que queramos adicionar perros, el efecto conseguido es que se estorban entre ellos.
Si la población de guarros es de importancia en seriedad de los mismos, habrá que reforzar bastante, porque no es lo mismo desalojar de sus encames a unas cuantas piaras de hembras con bermejos y marranchones, que unos buenos macarenos resabiados. A éstos les hacen falta palabras recias para hacerlos romper a la línea de escopetas. Si los navajeros que pueda albergar la finca son varios, los perros habrán de ejecutar su labor con rotundidad y poderío.
El tipo y calidad de los perros hace que el número necesario varíe. No es lo mismo que entre en el monte la rehala de Perico Castejón o la de Pablo San Gregorio Cid que otras cualquiera que se ven por ahí, porque ambas rehalas por separado llevarán a cabo la labor de dos o tres de las normales.
En principio podemos hablar de una rehala por cada 100 has. de terreno a batir, como base de los cálculos, pero teniendo en cuenta que esto puede variar, según lo que nuestra propia experiencia nos dicte en cada mancha, que es lo que realmente cuenta, ya que las primeras veces debemos sopesar la idoneidad de la densidad de perros en función de lo que hayamos podido observar. La excesiva concentración de perros hace que los buenos sean estorbados en su labor, por lo que es una mala situación que hay que evitar. He visto algunas veces rehalas que solas trabajan de maravilla y en grupos numerosos no pasan de ser del montón.
Tipos de perros
Sin entrar a considerar los tipos de perro con los que ha de contar cada rehala, sí es fundamental que la sangre del sabueso no corra por sus venas o al menos lo haga en cantidades muy limitadas. Los sabuesos en nuestra tradicional montería, no como se caza en la cornisa cantábrica, son más bien un estorbo. Confieren alegría en las ladras, pero su pertinaz obcecación por seguir un rastro los hace inservibles y acostumbran a llevarse a todos los demás perros con ellos.
Los perros que trabajen la caza menor han de ser desechados de inmediato. Esto suele ocurrir mucho con rehalas más o menos formadas con poca seriedad o precipitadamente, o con vocación ambivalente.
Las rehalas conformadas con tipos de perros morfológicamente homogéneos nos denotan una cuidada selección. Esta selección sólo se expresa en un principio en aspectos externos de los perros que sólo se ven en su capa, alzada, tipo de pelo, etc. pero normalmente es indicativo de que también se seleccionan las cualidades de los perros, como le ocurre a José Luís Domínguez. Una presentación de perros dispares no quiere decir que sean malos, pero refleja una reciente creación o una falta de metodología en la gestión de la rehala, e implica que si los perros son de calidad puede ser más bien fruto de la casualidad que de un buen trabajo llevado a cabo con sistema. No obstante, entre estas también las hay sobresalientes, como las de Pedro Palomo y Pablo de Pablo, que aplican otros criterios de selección donde la homogeneidad tipológica no es punto fundamental de su manejo.
Los perreros que llevan las rehalas nunca han de portar armas, por más que en alguna comunidad autónoma esté permitido. Las razones que se esgrimen para explicar esta costumbre se basan falsamente en argumentos pueriles sobre la seguridad de los podenqueros, cuando este amparo se ha de asentar en sus propios perros y en su caso en el cuchillo de remate. Con estas premisas la defensa está cubierta con creces. Lo que no es aceptable es que concurran a la montería recibiendo unos emolumentos por hacer salir la caza hacia los puestos y además tengan opción a cazar, que es lo que ocurre con cierta frecuencia, en que entre ellos van organizándose pequeños ganchitos, por lo que si algún animal llega a los puestos es por casualidad, ya que normalmente ha sido interceptado con antelación. Además, esta práctica es realmente peligrosa e inaceptablemente insegura para el resto de los participantes, por lo que no acertamos a comprender como una normativa legal lo habilita.
Me gustaría dejar claro de una vez por todas que las reses cobradas por las rehalas que acuden percibiendo un pago son de la propiedad, nunca de la rehala. Otra cosa es que el capitán de la montería decida ofrecer al perrero su trofeo, en muestra de buena voluntad. Pero ha de quedar claro que no tiene obligación alguna.
Adicionalmente, los perros han de cumplir unas mínimas condiciones higiénico-sanitarias y una buena presentación de los mismos es imprescindible. En todos estos sentidos la Asociación Española de Rehalas está realizando una gran labor en favor de una mayor profesionalización de esta actividad y del establecimiento de unos criterios serios de calidad, armonizando todas estas normas basadas en la tradición con objeto de que la montería gane en su conjunto. Esta asociación imprime entre sus socios un cierto carácter que en sí mismo ya es una primera garantía, y por otro lado el simple hecho de pertenecer a la misma denota por parte del interesado una predisposición a conseguir un buen hacer que muchas veces se echa en falta.
Por último, señalar que la contratación de una buena rehala hay que efectuarla como mínimo cuatro o cinco meses antes de que comience el período de caza, ya que a medida que el tiempo avanza sobre esas fechas, lo único que podremos contratar son rehalas de inferior calidad o rehalas de cobertura más bien local sin aspiraciones fuera de la comarca, aunque no por ello menos buenas en muchos casos.
La convocatoria a los monteros
Este es un tema bastante olvidado y efectuado de las formas más peregrinas e inconvenientes. Lo normal es recibir la llamada de un amigo anunciando la celebración de una montería que cree estar muy bien para un espacio de tiempo muy inmediato, quizás el próximo fin de semana, para el que acaso queden sólo dos días, y a veces ni eso. Una vez interrogado nuestro amigo, podemos comprobar que la información que posee de la montería es tan escasa que es prácticamente nula, y allí nos vamos el día señalado, confiando en nuestro amigo, para una vez más, comprobar que estamos en lo mismo de siempre.
A los posibles monteros concurrentes a una montería hay que avisarles con un mínimo de un mes de antelación, aunque lo ideal son dos meses. El aviso se ha de cursar por escrito, cosa que ahora no es muy compleja con la existencia del correo electrónico, o en su defecto por correo postal tradicional con el correspondiente tarjetón. En este aviso ha de constar:
- Fecha de la montería.
- Nombre de la finca o coto y localización, acompañado de un croquis de acceso. Tiempo aproximado del traslado desde los puntos más importantes de afluencia de los monteros.
- Nombre de la mancha a batir, extensión, tipo de terreno y tipo monte.
- Armadas y puestos que las componen, con el nombre de las armadas, número de puestos de cada una y la indicación de los puestos reservados para los postores, haciendo un resumen final en el que se indiquen el número de puestos disponibles para su adquisición, ya que la montería puede darse en un coto regentado por una sociedad de cazadores que tienen derecho a puesto, por lo que esos puestos no salen a la venta. Se ha de incluir la norma de prohibir el doblado de los puestos.
- Especificar si se ha monteado más veces en esa temporada con sus resultados y los resultados de años anteriores.
- Indicación de las épocas en que se hacen esperas o recechos en la mancha, de ser así, o en caso contrario la indicación de la ausencia de estos aprovechamientos. También hay que indicar si en el monte en cuestión se practican otras modalidades de caza y hasta cuando.
- Número de rehalas que van a intervenir y a ser posible sus nombres.
- Forma de echar la mancha.
- Cupos por puesto.
- Horarios establecidos para la junta, la salida a las armadas, la suelta y la recogida de los puestos.
- Punto de la cita para el sorteo y posterior comida.
- Importe del puesto e importe de la comida y desayuno desglosado del precio del puesto.
- Datos bancarios para efectuar el pago adelantado por transferencia.
Esta es la información mínima que deben poseer todos aquellos posibles interesados en acudir a nuestra montería, y la expresión escrita de estos detalles da una idea de la seriedad de la organización. Todo lo que no sea conocer estos detalles es arriesgarnos una vez más a llevarnos un buen chasco, y aún así los cochinos pueden jugárnosla..... pero por lo menos sabremos que nos hemos encomendado a una organización distinguida y profesional.
Si es una finca abierta la especificación de la fecha desde la que se lleva cebando el monte es importante, pero se puede efectuar en comentario aparte.

Una correcta percepción por parte del cazador/cliente es imprescindible para completar una buena gestión cinegética, y más cuando de monterías se habla. En las imágenes dos logotipos de dos fincas diferentes, pero gestionadas por la misma organización, y por lo tanto realizados por el mismo artista –Pablo Capote- con lo que obtenemos una homogeneidad en el simbolismo, y una plena identificación inmediata. (Autor: Pablo Capote Urosa)
Es trascendental detallar las esperas y las otras modalidades cinegéticas que se puedan practicar en los mismos terrenos, ya que esto nos dará una idea de las extracciones de ejemplares importantes que se hayan podido adelantar a la montería, y en el otro caso nos definirá el grado de tranquilidad de la mancha.
El precio ha de corresponder en cierta medida con la organización puesta al servicio del montero y con las expectativas reales en cuanto a reses cobradas. También la incomodidad de los accesos y la distancia al punto de origen de la mayoría de los asistentes es significativo.
El pago del puesto
Es de suma importancia el requerir el pago adelantado de la acción a los monteros asistentes por varios motivos: el primero es que el proceso del sorteo es mucho más ágil y rápido si evitamos el cobro de todos y cada uno de los puestos al acercarse cada montero asistente a obtener la tarjeta del puesto. Si el cobro ya está efectuado no hay más que comprobar previamente en la lista a su llegada a la cita cuando solicita su vale de desayuno, con lo que el tiempo perdido en esta tarea es nulo. En segundo lugar, los monteros se obligan a acudir una vez hecha la reserva del puesto por lo que el organizador conoce con total exactitud los puestos cubiertos, salvo causas de fuerza mayor razonablemente disculpables. Es normal que una noche de fin de semana tengamos que concurrir con nuestros familiares y amigos a compromisos sociales incompatibles con el madrugón posterior, lo que lleva a un número considerable de cancelaciones de última hora que impiden al capitán de montería el poder cubrir estas vacantes por el escaso margen de tiempo existente. En tercer lugar, los monteros se obligan a cumplir con los horarios, porque el importe ya está satisfecho, no como en el caso más habitual, en que si la tardanza es de varias personas todos habremos de esperar injustamente a los descorteses maleducados. Por último, es poco presentable y lucida la típica imagen del organizador sentado en su mesa con un montón de billetes presidiéndola. Eso parece más bien una escena de un mercado de ganado durante el cierre de algún trato entre los miembros de algunas etnias minoritarias, que de algo con mayor empaque como es una montería entre caballeros.
No obstante, si alguno de los asistentes disculpa su ausencia por causa justificada no ha de haber problema alguno en reintegrarle su importe, porque no se trata de embolsarse dinero con ello.
En este pago adelantado hay que incluir también la comida que ha de pagar el montero. Así su entrada al punto de reunión y desayuno será inmediata, con la salvedad de que acuda con algún acompañante, en cuyo caso habrá de satisfacer el importe acordado si no lo ha hecho antes, siendo ese tiempo mínimo.
Si se asiste a una montería por invitación no olvide requerir a su anfitrión la cuantía que haya de satisfacer usted en concepto de guante, ya que aún en el caso de ser agasajado con este convite, lo normal es ayudar a cubrir los gastos.
Otras normas
Es importante rogar y forzar la puntualidad de todos los concurrentes a la montería, incluyendo no sólo a los monteros sino también a perreros, guías de rehalas, postores, etc. Ante este ruego no queda más remedio que predicar con el ejemplo, ya que de no ser así no nos quedará fuerza moral para imponer esta disciplina. No hay espectáculo más deplorable que la junta repleta de gente y el capitán de montería ausente, como se puede ver en muchas ocasiones, por desgracia.
Por último, con independencia de lo que exija la normativa específica en cada comunidad autónoma, hay que avisar con cierta antelación a todas aquellas personas que lleven a cabo actividades dentro del monte a manchear, para que el día señalado se abstengan de acudir por allí para evitar incidentes. La antelación con que este aviso se realiza viene definida por la normativa correspondiente, pero esto se refiere a ayuntamientos y autoridades. El caso del pastor, de los madereros, etc. es un caso aparte porque no suelen estar pendientes de los tablones de anuncios de los ayuntamientos, por lo que el aviso se ha de realizar personalmente. La antelación con la que les avisemos dependerá de la confianza que tengamos en ellos, y en el caso peor lo habremos de demorar apurando hasta el día anterior, para evitar sorpresas.
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