Santiago Segovia Pérez
Ingeniero Técnico Agrícola
Gestor cinegético y capitán de montería

 

La montería es un esfuerzo de coordinación logística de multitud de elementos naturales y humanos, que de no estar correctamente programados, sistematizados y encadenados en el tiempo, pueden llegar a tener consecuencias desagradables para los asistentes y costes negativos para la organización. Con este tema se pretende dar un repaso metódico y ordenado por la organización de una montería a fin de clarificar los pasos a dar antes, durante y después de la celebración de una de ellas.

Capítulo I

Los cebaderos de jabalíes


Cebadero.

Es mucho lo que he oído hablar sobre este tema, y mucho de ello ciertamente peregrino y pintoresco, cosa que me llama mucho la atención ya que muchas de las monterías que se comercializan, se fundamentan para atraer a incautos monteros en los supuestamente buenos cebados que se han llevado a cabo.

El cebar bien un monte es algo que requiere mucho trabajo y una dedicación constante, mucha atención a lo que se hace y un mimo que raramente se llega a dar. He oído a personas afirmar que el monte estaba muy bien cebado y que llevaban mucho tiempo haciéndolo, cuando la verdad era que apenas se habían echado unos puñados de trigo o maíz durante los dos o tres sábados anteriores a la montería. La pena es que normalmente te enteras cuando ya has pagado el pato. Por ello, recomiendo encarecidamente interrogar al organizador de forma conveniente antes de comprar el puesto, para así poder deducir de sus palabras si estamos hablando de un embarque o de algo serio, ¡y aún así lo guarros nos podrán deparar alguna sorpresa!

Motivos para cebar


Plaza de toros cebadero.

Los motivos reales últimos por los que se ha de cebar un monte, no son los que muchos entendidos nos cuentan. El atraer fraudulentamente los ejemplares de los alrededores no es la finalidad estricta, ya que además de rozar la ilegalidad, plantea cuestiones éticas de importancia. Un monte cebado podrá atraer una población circundante de cochinos si en los alrededores no existe comida, pero también ha de tener tranquilidad, cosa que mucha gente olvida, ya que un monte sin tranquilidad no contendrá guarros por mucho que lo cebemos. Acudirán a comer y volverán a los encames tranquilos. Además, ¿qué pasa los años en los que la cosecha de bellota es buena en toda la comarca?, ¿para que cebamos? Si Ud. conoce la explicación es que sabe los motivos reales para cebar, que son o pueden ser varios y muy distintos a los que nos suelen decir los entendidos. Si no es así al final de este apartado tendrá la explicación.

Dónde emplazar el cebadero

Los cebaderos deben estar en lugares centrales del monte o coto objeto del aprovechamiento por montería, pero sin estar próximos entre sí. Lo suyo es disponer de un cebadero por cada 300 ha aproximadamente, y que exista una distancia de unos 800–1.000 m entre uno y otro. Esto permitirá que la población de guarros se pueda dividir el acceso a cada uno de ellos, sin permitir que una sola piara o grupo de esta población se aproveche de todo sin dejar nada a los demás. Cuando la piara de un barranco haya comido su ración y quiera acceder al cebadero del siguiente vallejo, los de las inmediaciones ya habrán dado buena cuenta de ello, o al menos en su gran mayoría.

Es importante que se hallen en las inmediaciones de los encames naturales, pero no más cerca  de 400 o 500 m. Esta distancia habrá de ser recorrida a diario por los cochinos, y ha de ser suficiente para que les lleve un buen rato llegar hasta ellos y recogerse de vuelta, porque ese será menos tiempo que tendrán durante la noche para divagar por otros lugares que les puedan inducir la tentación de cambiar de emplazamiento. Se han de disponer en lugares algo abrigados de monte, no en claros muy desprovistos de vegetación porque los animales grandes, aún al amparo de la noche, sienten respeto a abandonar su cobijo. Tampoco deben estar muy cerca de estos encames porque no debemos perturbar su tranquilidad con nuestra asistencia al cebadero. Ellos acaban asimilando el sonido de nuestro vehículo con la comida, pero no deben asociar esto con algún peligro.

Han de estar cerca de un camino para posibilitar el transporte de los sacos de la comida, pero si es terreno abierto ha de estar a salvo de los ojos curiosos de cualquiera de los posibles extraños que pudieran transitar por allí y detecten la maniobra. Lo mejor es que el vehículo que utilicemos no acceda hasta el mismo cebadero para evitar rodadas delatoras.

La atención del cebadero

Un cebadero ha de comenzarse a alimentar unos dos meses antes de la montería, ya que hacerlo con menos antelación es casi una pérdida de tiempo y dinero. Los animales han de asociar que su ración diaria la tienen disponible con toda seguridad en ese sitio, y eso lleva tiempo conseguirlo. A medida que el frío va llegando en otoño, una ración suplementaria de alimento es muy deseada por estos animales, que necesitan hacer acopio de energía para hacer frente a los fríos que se avecinan, y si estamos en pleno invierno con más razón.

El primer mes habrá que atender el cebadero cada dos días. Una vez cumplido el primer mes habrá que atender el cebadero a diario sin excusa alguna. La regularidad es imprescindible, y aunque alguna vez el suministro de grano o lo que echemos en él nos falte, hay que procurar por todos los medios que los animales encuentren siempre algo, aunque la ración sea menor. Ellos han de saber que de forma invariable van a encontrar su punto de alimentación diaria, y el fallar en la provisión les plantea una inseguridad que se traduce en abandonos de la zona.

Alimento a dispensar

Como no se trata de engolosinar finamente a un macareno para esperarlo, tampoco hay que andar con muchas florituras, con anisettes o cosas parecidas. Debe ser algo que alimente, que sea fácil de ingerir, que sea fácil de conseguir y transportar por nosotros, que no se deteriore al pasar el tiempo y, muy importante, que no se vea afectado por las inclemencias del tiempo. Por ello cualquier tipo de pienso no será útil porque el agua lo convierte en una pasta incomible.

El trigo se puede emplear, pero es un grano muy pequeño para nuestro entender. La cebada es muy rasposa, aunque si se dispensa la que queda partida después de la selección del grano, se la comen bien porque pierde parte de su textura áspera. A la avena le pasa lo mismo, aunque estos granos ganan mucho si los introducimos en un bidón lleno de agua y lo mantenemos así unos días. El grano se ablanda, incluso si la temperatura no es muy baja puede llegar a comenzar su germinación, que los hace más nutritivos y más apetecibles.

Como es invierno, la fruta pasada es buena pero no les atrae con locura porque es un alimento poco energético.

Para mí lo ideal es el maíz, y si pudiera ser en mazorca aún mejor. Es más barato y a los animales les gusta más, porque les encanta entretenerse en desgranarlas. Si fuera en grano al principio se ha de dispensar en hileras que vamos dejando caer del saco que llevamos a cuestas. Esto forma unos cordones compactos muy fáciles de comer por los jabalíes. Se han de hacer de unos 50 mts. de recorrido y con un trazado rectilíneo o sinuoso, ya que eso no importa de cara a los animales, pero sí es bueno que no sea muy largo para no salirse mucho del emplazamiento, o sea, una disposición en forma de U es buena.


Restregadero jabalíes en pino.

Una vez pasadas dos semanas desde que hayan comenzado a acudir al cebadero se debe empezar a esparcir el grano. En el momento en que los animales hayan cogido el hábito de acudir ya no tendremos que dejar este cordón de grano, sino más bien al contrario, habrá que comenzar a volearlo como si de una siembra a mano se tratara. Así el grano se esparce mucho más y los animales han de emplear más tiempo en consumirlo, por lo que si el acopio es puntual todos aquellos que acudieran de encames lejanos, fuera de la mancha a batir, van a ir poco a poco cambiándolos por otros más cercanos ya en el interior de la mancha en cuestión. Si la distribución del maíz fuera en mazorca, más o menos hay que hacer lo mismo. Al principio se ofrecen agrupadas en un reducido espacio y luego se van esparciendo más.

El diseminar el grano ha de hacerse de forma preferente por las mañanas con objeto de que al caer la tarde nuestro olor se haya suavizado lo suficiente. Con el tiempo los guarros acabarían entrando justo después de irnos, pero no así los grandes, que recelan más, por lo que cuando ellos quisieran llegar el cebadero estaría vacío.

La cantidad aproximada que hay que dispensar por guarro y día ha de rondar los 1 o 2 kg pero una vez bien aquerenciados en el lugar hay que subir la ración casi al doble para que surta sus efectos, ya que las necesidades aumentan porque se van haciendo más dependientes de este aporte alimentario y porque conforme avanza la temporada el frío se va recrudeciendo, por lo que las necesidades de energía crecen en consecuencia. Es importante que siempre sobre algo de alimento de un día para otro por lo que hay que ir ajustando la cantidad conforme vayan acudiendo más ejemplares.

Atrayentes


Baña jabalí.

Es interesante poder disponer en los alrededores de los cebaderos unos puntos donde los jabalíes puedan acudir a rascarse o bañarse en esas sustancias que tanto les gusta usar para estos fines. Sin embargo, conviene recordar que el empleo de combustibles como el gasoil, o aceites de motor usados, es algo reprobable por su calidad de contaminantes ambientales, además de ser totalmente ilegal.

Existen en el mercado unas resinas que son totalmente naturales y que no afectan al medio ambiente, que son una delicia para los cochinos especialmente en épocas de frío. Entre la comida y estas sustancias se conformará un buen punto de asidua visita diaria casi obligada para la población jabalinera de los contornos, y eso es precisamente lo que se pretende.

Conclusión: La verdadera utilidad del cebadero


Pino rascadero jabalí.

Para comenzar voy a ilustrar con un buen ejemplo en que consiste la verdadera utilidad de un cebadero.

Hace años teníamos proyectada una montería para la que se habían comenzado los preparativos, como debería ser en todos los casos, dos meses antes. Los cebaderos eran atendidos puntualmente y eran tomados a diario por los guarros. Unos diez días antes de celebrarse la montería, me llamó el guarda encargado de atender los cebaderos diciéndome que ese día no habían acudido los guarros y que la comida estaba intacta desde el día anterior. Al día siguiente pasó lo mismo y al tercero no hubo más remedio que suspender la montería. En contra de lo que pueda parecer, la actitud de los monteros participantes, que tenían los puestos reservados con meses de antelación, no fue negativa en absoluto, sino más bien agradecida y respetuosa con la medida adoptada, que probaba una vez más que las cosas se hacían con cierta seriedad, organización y honradez. De no haber sido así la montería habría sido un auténtico fracaso, al que normalmente se le atribuye el consabido chanteo por parte de algún agente bastante improbable. Un mes después pudimos llevar a cabo la cacería con excelentes resultados y sin ningún montero que se diera de baja por el cambio de fechas.


Cagarruta jabalí.

Lo que ocurrió es bien sencillo. Cuando los lobos hacen acto de presencia en lugares donde hace mucho tiempo que no existen, en una sola incursión hacen el efecto de chanteo más radical, porque los guarros huyen despavoridos del lugar. En ciertos puntos de nuestra geografía la presencia del lobo es más habitual y no produce estos efectos tan determinantes, pero en estas zonas carentes de este predador su presencia es definitiva. Esto pudimos corroborarlo estudiando el monte y con un par de observaciones casuales de algún ejemplar de esta especie.


Cagarrutas ciervo.

Esta es una de las principales utilidades de los cebaderos; el poder evaluar a diario el número de ejemplares que acuden, como evoluciona su cantidad, la composición de los grupos familiares, edad o tamaño aproximado, sexo, etc. Sin el cebadero sería imposible hacer un censo tan aproximado y tan seguro, porque esta información la tenemos hasta el mismo día de montear. También podemos deducir de ciertas marcas la abundancia de machos, su tamaño y condición, su asistencia puntual, su encame, etc. Si no tuviéramos esos puntos donde los animales acuden a diario por propia voluntad dejándonos esta información, estaríamos dando palos de ciego. Pero esto ocurre con independencia de que el monte tenga una buena montanera, ya que se habitúan a acudir a diario aunque exista comida por doquier. Por ello los cebaderos son independientes de esta circunstancia y hay que llevarlos a cabo como único instrumento de control de la población.

En definitiva, cuando demos suelta a las rehalas debemos saber con bastante aproximación el número de machos trofeos, hembras, bermejos y marranchones que hay en la mancha, y esto ha de ser un elemento lo más controlado posible dentro de este evento. Suficientes elementos naturales de aleatoriedad existen en una batida, como para no tratar de reducirlos al mínimo con acciones de este tipo.


Restregadero jabalí.

Sin embargo hay otras utilidades. Es muy común que en ciertas épocas del año los jabalíes actúen causando daños a plantaciones y cultivos. Una forma de evitar esto, o al menos mitigar sus efectos, es la creación de cebaderos que actúen como métodos de atracción positiva para mantenerlos activos lejos de estos cultivos, carentes del deseo de abandonar el monte para buscar una comida que pueden encontrar mejor y más tranquilamente sin abandonar su medio.

Antiguamente las manchas se daban aprovechando la oportunidad, sin previsión alguna. Se concertaba la mancha y se decidía. En nuestra sociedad actual las obligaciones nos exigen programar las salidas de caza. Con los cebaderos adecuamos la mancha para las fechas previstas y evitamos fluctuaciones en las poblaciones.

También sirven como aporte alimenticio suplementario en inviernos escasos del mismo.

 

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