Captiva nº 5
Reflexiones sobre la caza del corzo con arco
Somos muchos los que, todos los años, intentamos cazar los corzos con arco. Todo un reto que sólo aquellos que lo ha probado saben realmente lo que puede llegar a costar y la satisfacción que puede llegar a producir. Es por ello que me gustaría compartir una serie de reflexiones acerca del corzo que, tal vez, le sirvan a alguno para afrontar esta temporada y animarse así a salir, arco en mano, al campo.
Pedro Ampuero
Bajo mi punto de vista, es muy importante conocer las costumbres del corzo a lo largo del año, para así adaptar nuestra estrategia a éstas. Un corzo no se comporta igual a principios de temporada como en pleno celo en verano y, por tanto, nosotros no deberíamos hacer lo mismo tampoco.

A principio de temporada los corzos se encuentran marcando territorios, aumentando su actividad y movimiento. Es, probablemente, la mejor época para cazarlos, para localizar los machos grandes, así como para entender sus territorios que limitan con rascaderos, algo que nos será muy útil posteriormente.

Además, los días suelen ser todavía frescos, por lo que podremos tener jornadas largas de rececho. Así mismo, las hojas de los árboles todavía no habrán salido, algo fundamental para cazar dentro del bosque.

En esta época es cuando salen los primeros brotes y los primeros pastos, que obligarán a los corzos a salir fuera del bosque. Si en tu zona hay sembrados, éste es el momento de aprovecharlos y cazarlos antes de que crezcan demasiado.

Aunque pueda parecer lo contrario, rececharlos en terreno abierto, en mi opinión, es más sencillo que en el bosque, ya que podremos ver a los corzos con más facilidad antes que ellos nos divisen, que es algo clave si queremos acercarnos a treinta metros.

Con la llegada de la primavera las hembras se retirarán al bosque para criar. Los machos irán cerrando sus territorios y, cada vez, se irán haciendo más ‘caseros’. A medida que se va acercando el verano, la comida fuera empezará a ser menos apetecible, las mañanas se irán acortando y nos tocará meternos al bosque, poco a poco, para buscar a los duendes. En esta época el reclamo es muy efectivo para traer a las hembras imitando el sonido de la cría, pero difícilmente les acompañará el macho, por lo que recomendaría no abusar para no enseñarles nuestras cartas demasiado pronto.

La caza se empieza a complicar con esos días de calurosos de julio. Hay comida por todos lados, el bosque está muy denso, las mañanas son cortas por el calor, los animales se mueven poco… Es, sin duda, un mes complicado, en el que haber hecho los deberes a principio de temporada nos será de gran ayuda. En estos momentos, conocer el territorio del macho que buscamos, dónde tiene las camas, los puntos cercanos de agua, la comida más fresca, etc., nos serán de gran ayuda. Tendremos que conocer su ‘casa’ mejor o igual que el corzo.

A finales de julio será cuando las cosas mejoren con la llegada del celo, siendo un momento ideal para el arco, especialmente si nos defendemos con el reclamo. El celo es tan peculiar como todo lo que rodea al corzo y, dependiendo del año, puede ser la bomba o pasar totalmente desapercibido.

El reclamo es todo un arte y es recomendable practicar y estudiar la técnica para sacar el mayor provecho. Es importante tocarlo bien, pero también hacerlo en el momento y lugar adecuado. Si se consigue realizar bien estas tres cosas, podremos conseguir lances muy cortos y, sobre todo, muy intensos. Traerte un corzo encima, en medio del bosque, es un espectáculo, aunque los tiros son complicados, ya que no suelen dar mucho tiempo y, si son en bosque, cualquier ramita puede arrojar todo por la borda.

El rececho es, sin duda, mi forma de caza preferida, aunque muchas veces no sea la más efectiva. Se abate poco, pero se caza muchísimo, y los corzos serán probablemente la mejor escuela que hay. Importantísimo es aprender a juzgar las distancias y a tirar rápido, ya que las oportunidades son tan fugaces como imprevisibles, en la mayoría de los casos.

Generalmente, se dice que los corzos se cazan con el trasero, y para el arco es una modalidad que puede traernos muchas alegrías, siempre y cuando seamos pacientes y conozcamos muy bien sus costumbres. La utilización de los puestos de árbol ha sido una revolución en la caza con arco, especialmente en Estados Unidos, país pionero en esto. Estos puestos nos permiten librar bien el aire, así como nos poder movernos más gracias a su altura, algo muy útil teniendo en cuenta que no es fácil tensar el arco sin ser vistos. También existen los puestos de suelo que, aunque hay veces que los corzos los pueden llegar a extrañar, son una buena alternativa a los árboles.

Sobre el material para la caza del corzo, con el tamaño que tiene cualquier arco por encima de 40 libras será suficiente. Como la penetración no es un problema, prefiero las flechas ligeras para intentar conseguir más velocidad y, por lo tanto, más rasante. Esto me permitirá más errores en el caso de tener que calcular la distancia de tiro. Punta de tres filos para conseguir más corte, generalmente mecánicas para conseguir un vuelo perfecto en todas las condiciones.

El uso de máscara es importante o, como alternativa, pintura o corcho quemado. El calzado, lo más plano y blando que permita el terreno para no hacer ruido.

Equipo: PSE OMEN Pro 70 lbs, flechas Carbon Expres Maxima Hunter 450, punta Grim Reaper Razortip 100 gr, visor Spot Hogg Father, estabilizador Doinker DISH, disparador Carter Simple, plumas Bohning Blazer, cuerdas Winners Choice, ropa Kuiu, primáticos Swarovski y medidor Bushnell.

Por último, unos buenos prismáticos y un medidor de distancia, que si tiene corrección de ángulo, mejor. Y, para finalizar, mencionar la gran ayuda que puede suponer contar con el apoyo de un buen perro de sangre.