Captiva nº 5
Recordando al herc, la cabra montés del Pirineo catalán
Tal vez, para quienes tienen el privilegio de caminar con regularidad por los altos valles del Pirineo catalán, no resultaría sencillo imaginar muchos de sus abruptos parajes sin la presencia familiar de los rebaños de isards (Rupicapra p. pyrenaica). Bien durante rutas de vigilancia, excursiones o jornadas cinegéticas, la observación de este caprino con cierto aspecto de antílope, resulta única e inseparable de la alta montaña catalana.
Luis Sánchez Hernández
El ungulado ausente
Sin embargo, hasta finales del siglo XIX, en el valle de Arán, y en las comarcas de la Ribagorça y los Pallars, compartiendo hábitat con el isard, existen testimonios en la bibliografía de la presencia de un raro mamífero de montaña conocido con el nombre ancestral de herc. En efecto, se trataba de la cabra montés original del Pirineo catalán (Capra pyrenaica pyrenaica).

En aquellos tiempos, los cuernos o las pieles de los hercs abatidos por la caza tradicional de carne serían piezas enormemente cotizadas, debido a la demanda, que en los museos y colecciones centroeuropeas generó, desde 1838, la descripción científica de Capra pyrenaica con rango de nueva especie.

En la alta montaña catalana la historia del herc pirenaico parece haberse detenido en el siglo XIX, cuando los mejores cazadores de isards perseguían a los últimos ejemplares supervivientes. Existen referencias de cómo esos experimentados cazadores sabían batir la montaña para “envolver” juntos en la huída a los isards y a los hercs, conduciéndolos en un mismo rebaño hacia los tiraderos.

Una especie olvidada
Su valor como pieza de museo y los más de cien años transcurridos desde su desaparición, no deben haber propiciado que, en la actualidad, se conserve ningún resto tangible de los hercs autóctonos entre los más veteranos cazadores, ganaderos o guardas de los valles de Arán, de Boí o de Aneu. Debido a la inexistencia de pieles o trofeos de hercs en las aldeas o bordas de los últimos valles donde habitó la especie, la imagen de este ungulado se ha borrado casi totalmente en la tradición oral del Pirineo catalán. Afortunadamente, todavía quedan algunos vestigios del herc en su antigua área de distribución. En Boí, por ejemplo, aún se recuerda a un viejo cabrero que, para llamar al ganado, tocaba una corneta hecha con un cuerno de herc, heredado de sus antepasados.

En otras montañas de la península Ibérica, donde la especie desapareció a comienzos del siglo XX, el hecho de que a nivel familiar se conserve (apolillado o en mal estado) algún trofeo de las cabras monteses autóctonas, ha permitido mantener vivo, a través de las generaciones, el recuerdo de este animal, sus históricas querencias o viejos lances de caza, enriqueciendo la propia identidad de esas sierras con el mito de la especie perdida.

Imaginando su regreso
Muy vulnerables a la persecución con las armas de fuego, se podría pensar que los hercs desaparecieron doblemente del Pirineo catalán. En primer lugar, se les exterminó en la alta montaña y, posteriormente, se desvanecieron de la memoria colectiva de esas comarcas.

¿Debe considerarse esta desaparición como definitiva? No resulta difícil imaginar la reintroducción de Capra pyrenaica en el alto Pirineo catalán. Mientras tanto, no se debería olvidar que, muy cerca de donde actualmente pastan los isards, hubo en tiempos otro ungulado, genuino de esas montañas, conocido históricamente con el nombre de ‘herc’.