Captiva nº 9
El sueño de un cetrero
Santos Romojaro
Erguida la cimera,
ojos gules de fuego,
coraza de fina malla,
alas de gris acero;
y ciñendo sus patas
bordón y prima de plata.

Quiebra el hombre el silencio
entrando con cautela
en la oscura estancia,
y bailando las pihuelas,
le saluda retador
y lisonjero el azor.

Surgen aires de heraldos,
sombras de rancios guerreros,
se crispan crines nerviosas
al ver repujado el cuero,
y salta al guante orgulloso
el altivo valeroso.

Asida firme la lonja,
deshecho el nudo cetrero,
al crepúsculo salen
el azor y el azorero;
susurra hazañas el viento
de sangre y lamento.

Mira el hombre al vacío,
lanza la mano con miedo,
sale raudo el cautivo
batiendo alas con denuedo;
libre el uno en el cielo,
condenado el otro al suelo.

Con filigrana imposible
vira el ave en gesto fiero,
y arremete … y alcanza …
y mata en lance certero;
… a lo lejos, como en sueños,
de emoción tiembla su dueño.