Perros de caza

Dogos argentinos

Autor: José Barroso y Miguel Ángel Arnau.
Fotos: José Barroso- Achaman Chinet, GVG, Francisco Garijo, Robinson Robinson y Koco77 (Stock F. Images).

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El dogo argentino es, en España, una raza utilizada principalmente como perro de agarre en las rehalas, ya sea puro o aligerado. Pero no todas las autonomías permiten cazar con él, pues la Comunidad Valenciana, a partir de la publicación del Decreto 145/2000 sobre la tenencia de animales potencialmente peligroso, prohibió su empleo en la actividad cinegética.

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Creado en la Argentina, por los hermanos Nores, que buscaban un perro completo para la caza del jabalí, pecarí o puma, fue minuciosamente seleccionado entre diversas razas buscando valentía, resistencia, olfato, nobleza, equilibrio…, y por ello, hoy en día, es una raza muy difundida por todo el mundo en diversos trabajos, ya que por sus cualidades físico psíquicas es un perro multifuncional.

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Cuando hablamos de caza mayor en nuestro país tenemos diversas modalidades, pero en Argentina, la más común es la montería criolla. A diferencia de la nuestra, se compone de una jauría de 4 a 6 perros que sujetan a la presa para que el cazador la remate a cuchillo.

Para esto necesitan un perro que bata el monte en silencio y que sólo se haga oír sobre la pieza, para evitar que los ladridos de la jauría pongan sobre aviso a los animales. En segundo lugar debe ser un perro de buen olfato, pero que ventee arriba, como el pointer, y no sobre el rastro, porque en la caza del puma, por ejemplo, éste, para engañar a los perros, hace círculos al huir y vuelve sobre su propio rastro. Otras veces trepa a un árbol y salta a la distancia o bien franquea de un salto un precipicio, dejando a los perros que lo siguen por su huella, confundidos. En cambio, cuando el perro sigue al animal venteando no hay posibilidad de que lo engañe.

Además debe ser un perro ágil, más de lucha que de velocidad. Por último, debe ser valiente y, sobre todas las cosas, hacer firme presa, aunque se le hiera, y ser capaz de sujetar al animal y luchar él solo hasta que llegue el cazador y le abata.

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Dentro de estas cualidades anotadas, considero, por mi parte, como de singular significado la del valor a toda prueba, que es indispensable para que el perro aguante a pie firme, por un rato, sin rendirse y sin aflojar, todas las embestidas, zarpazos, colmillazos y desgarraduras que reciba de los jabalíes, para que el cazador pueda acercarse al campo de acción y ultimar a la fiera desde corta distancia, sin peligro alguno.

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Esa reciedumbre del dogo argentino hace que dentro del monte destaque por su gran velocidad, en relación a otros perros de distintas razas de caza mayor, porque al no sentir los pinchazos de espinas, arañazos de matorrales ni golpes de ramas y troncos, avanza más directamente a la presa y, por tanto, más rápido que otros perros que se resienten de heridas y contusiones por su mayor sensibilidad, lo que los obliga a buscar sendas más limpias y fáciles de recorrer, pero, lógicamente, más largas, porque dan más vueltas.

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En resumen, para esta modalidad debe ser silencioso, nunca ladrar al rastro, ágil, fuerte y sufrido, lo que equivale a rápido en los montes por las razones que dejo expuestas, de buen olfato, pero 'venteador' y no rastreador, y valiente, sin titubear, capaz de pelear hasta la muerte.

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Por último, y visto lo expuesto, quiero volver a resaltar que el dogo argentino es un perro de caza mayor completo, capaz de realizar su función íntegramente y no únicamente como perro de presa o agarre, como muchos piensan o creen.

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