Gestión

Tiempo de berrea, cuando el monte brama

Texto: equipo técnico de Ciencia y Caza.

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Se acerca el otoño y los tonos ocres comienzan a inundar los bosques que se han podido salvar del infernal verano de incendios que hemos padecido en buena parte de nuestra geografía. Incendios que no han dado tregua hasta teñir de negro miles de hectáreas que verán su luz, su vida, su naturaleza y su caza hipotecada durante unas cuantas decenas de años.

En los que quedan, que por suerte aún son muchos, estamos ansiosos por comenzar a oír esos inconfundibles bramidos de los grandes venados que surcan las sierras y nos ponen los pelos de punta. Mientras, ellos, incansables, compiten por las mejores hembras con las que perpetuar la especie y muestran su dominio, su valor y su poder alzando la voz. Se trata de uno de los espectáculos más bellos que nos ofrece nuestra maltratada naturaleza que, un año más, sin esperar nada a cambio, volverá a darnos amaneceres y atardeceres inolvidables, adornados de una gama multicolor y animados por el sonido del monte, ¡la berrea!

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Muchos estarán ya preparando sus rifles, afinando puntería, nerviosos por encontrar a ese gran macho con el que cumplir un sueño, con el que nuestra mente ha pasado muchas noches en vela. Se inicia también una modalidad de caza milenaria, de gran tradición en buena parte de España, la caza del ciervo en berrea, una modalidad selectiva, de gran interés no solo por su belleza, sino también por su utilidad para la gestión de poblaciones necesitadas de la caza activa e inteligente que mantenga la calidad, la salud y el equilibrio sin menoscabo de ciertas poblaciones en las que los predadores realicen esta función de control.

¿Qué es la berrea?

La berrea es la época de celo del ciervo, un momento de actividad sexual en la que los machos mostrarán su dominancia e intentarán atraer y cubrir al mayor número posible de hembras para perpetuar la especie y dejar que la selección natural actúe impidiendo que aquellos animales más débiles, peor conformados o más jóvenes tengan mayores dificultades para dejar descendencia que probablemente sería de peor calidad.

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Se denomina así por el inconfundible sonido que emiten estos machos intentando conseguir llamar la atención de las hembras a las que quieren conquistar. Sin embargo, a pesar de que este es el signo más característico, no son pocos los rituales que acompañan a estas vocalizaciones, movimientos de búsqueda, enfrentamientos con otros machos, intentos frustrados o no de montas, hacen que se perciba una actividad especial en nuestros montes mediterráneos, una vida que contrasta con el decrecer de los días, el aumento de las nubes y la oscuridad que anuncia invierno.

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El inicio de la berrea viene marcado por esos cambios, principalmente ambientales, que tienen lugar a finales del verano, los días comienzan a mermar y ésta es la principal señal que desata un complejo mecanismo hormonal que incita a los ciervos a iniciar su periodo reproductivo. Pero no solo eso, también es fundamental el descenso de la temperatura, la aparición de las primeras lluvias que se acompañan de los rebrotes de otoño y la presencia de un poco de agua en arroyos y charcas, secas hasta ahora por el rigor del verano.

También es importante añadir la condición corporal de los animales, esto es, el estado de carnes con el que lleguen al mes de septiembre; si la primavera se ha prolongado y el verano ha sido generoso en pastos, los ciervos estarán mejor alimentados y se encontrarán en mejores condiciones, con lo que la berrea se adelantará. Sin embargo, en años como el que nos encontramos en casi todo el territorio español, secos, con escasez de alimentos desde finales de junio en los que los ciervos no están bien del todo, es probable que en muchos lugares se retrase el celo. Otro aspecto fundamental es el estado sanitario de las poblaciones, cuando los animales están sometidos a elevadas incidencias de procesos infecciosos, como tuberculosis, brucelosis, pasterelosis o parasitosis (tanto externas como internas) la condición corporal también empeorará y los celos serán más tardíos y también más cortos.

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La repercusión de estas condiciones se observará al año siguiente, dado que las ciervas tienen una gestación que dura unos 240 días y por lo tanto, si la berrea se retrasa o se alarga demasiado hará que muchas hembras concentren los partos muy al final de la primavera siguiente, momento en el que el alimento comenzará a escasear y se verá comprometida la viabilidad de las crías nacidas.

En resumen, si las condiciones son óptimas la berrea debe comenzar a finales del verano, normalmente a mediados o finales de septiembre y no debe durar más de un mes. De este modo, los partos se agruparán en la primavera siguiente y se producirán en el momento más favorable para los nuevos cervatillos.

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Ecosistemas diferentes, berreas distintas

Como todos sabemos, España es una tierra de contrastes y esto hace que podamos disfrutar de ecosistemas diversos según viajemos a Andalucía o Galicia. Todo ello provoca adaptaciones en la conducta de los animales para aprovechar mejor los recursos de cada territorio, por eso, en el caso del ciervo y la berrea sucede también así. No es lo mismo la berrea en el Parque Nacional de Cabañeros que en la Reserva Regional de Caza de la Sierra de la Culebra, a pesar de que los venados braman igual, cuentan con estrategias diferentes para atraer a las hembras.

En el caso de zonas del sur peninsular, de bosque mediterráneo con climas más secos, mayores temperaturas medias y menor disponibilidad de recursos, la estrategia principal a utilizar por los machos es intentar buscar aquellos lugares del monte donde aún hay comida o es de mejor calidad y luchar por el control de ese territorio frente a otros machos, de modo que cuando las hembras se acerquen a comer a esos territorios de menor calidad podrá acceder a ellas con mayor facilidad. Por el contrario, en las zonas del norte, con ecosistemas más continentales o, incluso, de influencia atlántica, con temperaturas medias más suaves y mayor disponibilidad de recursos a finales del verano que hace que las hembras no tengan tanta querencia por una zona concreta, la estrategia de los machos es hacia la defensa directa de un grupo concreto de hembras impidiendo que otros se acerquen.

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Cazar en berrea

Como casi todas las modalidades de caza, la berrea cuenta con una gran cantidad de aficionados, atraídos en esta ocasión por su carácter selectivo y su dificultad, sobre todo en determinados territorios.

Se trata de una modalidad de rececho y, por tanto de gran sigilo y discreción, practicado sobre venados machos al amanecer o al anochecer, momentos en los que se producirán los bramidos que serán los que orienten al cazador hacia las piezas de mejor calidad. Todo ello debe ir acompañado de un gran conocimiento del terreno previo y también de los ejemplares que lo habitan, de modo que esta orientación nos sirva para alcanzar mayores éxitos. La compañía de un guarda, celador o agente medioambiental puede ser de gran ayuda, existiendo verdaderos profesionales de la caza en berrea que casi garantizan animales medallables en todos los lances.

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La caza en berrea, como cualquier otra basada en el rececho, debe ser pausada, tranquila, dejándonos siempre guiar por las señales del monte de los animales, del entorno en el que nos encontramos, sin olvidar los vientos, las sombras, los reflejos y otros signos que serán determinantes para poder abatir el trofeo deseado.

Las mejores armas para la caza en berrea son, como para cualquier otra modalidad, las nuestras, es decir aquellas a las que estemos acostumbrados y conozcamos bien. No debemos caer en la tentación de usar un arma prestada que nos haga fallar, simplemente por no conocerla bien. Lo normal es elegir un rifle automático o de cerrojo, bien calibrado y con una buena óptica que nos ayude a garantizar un buen resultado. En cuanto a la munición, casi cualquier cartucho entre el 243 Winchester y el 338 Winchester Magnun puede servir, debiendo elegir en función del tamaño del animal, la distancia, los vientos y, sobre todo, nuestra habilidad y acostumbramiento.

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Para tirar elegiremos un lugar con buena visibilidad, mejor ligeramente elevado y, sobre todo, de espaldas al sol para evitar deslumbramientos en el momento del tiro. Tendremos que mantener la cautela, que será nuestra mejor compañera. Controlar la distancia evitando tiros excesivamente largos que hieran al animal sin abatirlo y contemos con el riesgo de se marche maltrecho y no lo podamos cobrar pero muera finalmente será otro factor fundamental. También es esencial buscar un buen apoyo y esperar hasta que el animal esté en una posición adecuada, parado, que nos permita situar bien el punto de mira.

Un tiro precipitado será casi seguro anuncio de fracaso y de una oportunidad perdida que puede que no se nos vuelva a presentar, mientras que la calma justa en el momento adecuado puede hacer que ese día sea inolvidable y volvamos a casa con ese trofeo tantas veces soñado.

No obstante, no debemos concentrar siempre todos nuestros esfuerzos en "el medalla de oro", dado que hay estudios que confirman que, a largo plazo, la caza enfocada solamente a los mejores puede ser contraproducente para los futuros trofeos, luego de alguna manera hay que "repensar" nuestros planes de caza y prestar también mucha atención a los selectivos.

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