No es raro que cazadores de la Cordillera Cantábrica puedan toparse con un ejemplar de oso mientras realizan una batida al jabalí, pues, en territorios oseros, el deambular diario de ambas especies es parejo. Sus desplazamientos, amparados por la espesa vegetación, la escasa visibilidad o la distancia de observación, y a pesar de sus diferentes morfologías, provocan confusiones si el cazador no se muestra atento.